El pecado, el arrepentimiento y el perdón

Hace aproximadamente diez años, tomé la espantosa decisión de abortar a mi pequeño hijo, el mismo que fue procreado con un hombre que era casado, al cual me entregué por primera vez. Cuando él lo supo, me pidió que lo abortara. Me dolió mucho que me lo dijera. No quise hacerlo, pero después de unos días le dije que fuéramos a hacerlo. Y así fue que yo maté a mi propio hijo.

Pasó el tiempo, me casé, tuve un hijo, y mi esposo y yo nos separamos. Después de un tiempo nos reconciliamos. Teníamos relaciones de vez en cuando, y sin darme cuenta salí embarazada. Yo le pedí que lo abortáramos, y lo hicimos.

¡Ay, Dios, cómo me duele recordarlo! Y saber que soy una asesina de mis propios hijos. Hubiera querido que nunca pasara eso, que nunca lo hubiera hecho. Sólo le pido a Dios que me perdone. ¡Que me perdone! No sé si Él puede hacerlo, perdonar a una mujer que deliberadamente mató a sus propios hijos en su propio vientre.

Esto yo no se lo había contado a nadie. Es la primera vez que escribo al respecto.

Tantas veces me he confesado de lo mismo… y aún lo sigo haciendo con cada sacerdote que encuentro a mi paso o veo que es nuevo en mi parroquia.

Ahora tengo dos hijos. Amo mucho a mis hijos, y ruego a Dios que ellos nunca pasen por lo que estoy pasando, por este sentimiento de culpabilidad que me atormenta cada día. A veces pienso cómo serían esos niños que aborté, sobre todo cuando acaricio a mis hijos.

Dios mío, ¡perdóname!


CONSEJO

Estimada amiga:

Miles de mujeres sienten el mismo dolor que usted. También ellas sufren todos los días de su vida. ¡Cuánto quisieran poder volver a hacerlo todo de nuevo! Anhelan tener en sus brazos a aquellos niños que perdieron para siempre.

Lo más importante que podemos decirle es que Dios está dispuesto a perdonarla. No importa lo que usted haya hecho. Él está listo, esperando poder limpiarla por completo. Pero usted tiene que pedírselo, creyendo de todo corazón que Cristo vino a este mundo para llevar la culpa del pecado que usted ha cometido. En otras palabras, Dios nuestro Padre celestial puede perdonarla debido a que su Hijo Jesucristo ya sufrió el castigo. Cuando Cristo murió en la cruz hace dos mil años, murió por los pecados de usted y por los nuestros. Así que ahora, cuando usted le pide a Dios que la perdone, en el nombre de Cristo, es como si Dios tomara el pecado que usted ha cometido y escribiera a su lado el nombre de Jesucristo, seguido de: «Cancelado» y «Perdonado».

Allí donde se encuentra, en sus propias palabras, dígale a Dios lo arrepentida que está y pídale que la perdone en el nombre de Cristo. Dígale que usted cree que Cristo murió para que usted pudiera recibir el perdón. Y luego dele gracias a Dios por estar dispuesto a sacrificar a su único Hijo para que todo esto fuera posible.

Confiésese, crea que el sacramento es una realidad no una fantasía, reconcíliese con su historia y voltee la página.

Una vez que haya terminado de orar, el peso del pecado y de la culpabilidad que siente desaparecerán, y se sentirá limpia y libre. ¡Escríbanos y cuéntenos cuán bien se siente al haber sido perdonada! ¡Así podremos compartir su alegría!

Con afecto fraternal

Por Linda y Carlos Rey

Hasta pronto Padre VICENTE PALACIOS DEL HOYO -OFM-

No podemos estar felices todos al mismo tiempo… 

Este domingo 21 de enero fue una mezcla de emociones las cuales teníamos que aceptarlas como tal. La emocionante y reconfortante visita del Santo Padre a Nuestro País y la partida de nuestro Padre Vicente Palacios a la Casa del Padre Celestial. 

En conversaciones con hermanos religiosos y laicos, que tuvimos la posibilidad de haber compartido experiencias con Padre Vicente, hemos coincidido en algo: era un Padre BUENO. 

Como se recordaba el día de hoy, al momento de leer su biografía, se resaltaba su bondad cuando trataba con el prójimo. Sus 60 años de sacerdocio y su pasión por las misiones. La ausencia de alguien siempre nos arrancará las lágrimas y dejará un vacío que solamente Dios puede llenar y dar un contenido. 

Nos vendrán las muchas interrogantes al momento de contemplar a un anciano que busca hacer el bien. ¿Qué es lo que veía cuando celebraba la Eucaristía ya que era evidente que la vivía como una experiencia única e irrepetible? ¿Qué es lo que le impulsaba a salir a visitar a los enfermos sabiendo que lo único que queda es asistirle en los últimos momentos de su existencia?

Creo que la respuesta la dio el Papa Francisco: 

Los jóvenes van rápido… los ancianos conocen el camino. 

Otra persona me dijo, es una tristeza que ya no esté con nosotros pero sabemos que ya está en el cielo, pues a otro lado es imposible que pueda haber ido; por eso podemos estar más que alegres. 



Es difícil pronunciar palabras de consuelo cuando estamos cara a cara con la muerte, incluso cuando la persona que murió vivió una vida plena y murió en las mejores circunstancias. Es especialmente duro cuando el que ha fallecido es una persona muy querida, todavía necesitado de cuidados.

Como sacerdote, he tenido que presidir muchos funerales, como resultado de una enfermedad, un accidente o ancianidad. Este tipo de funerales son siempre tristes. 

No hay muchas palabras que ayuden en una situación como esta, pero incluso lo poco que se puede decir, en un día como ese, cuando la muerte es tan cruda, no ofrece demasiado consuelo emocional. ¿Qué se dice cuando se enfrenta una muerte como ésta? Simplemente que esa persona está ahora en unas manos más amorosas, tiernas, suaves y seguras que las nuestras, que hay una madre y un padre que los precedieron al otro lado y ahora saldrán a recibirle, como hubo una a este lado cuando nació. Todos nacemos en los brazos de una madre. Esta es la imagen que necesitamos mantener ante nosotros para imaginar sanamente la muerte.

Cuando morimos, morimos en los brazos de Dios y seguramente somos recibidos con tanto amor, dulzura y ternura como los que seguramente recibimos en los brazos de nuestras madres cuando nacimos. Más aún, seguramente estamos más a salvo que cuando nacimos aquí en la tierra. Sospecho, también, que más de unos pocos santos nos rodearán, esperando su oportunidad para acunar al nuevo niño. Por eso está bien, incluso si morimos antes de que estemos preparados, si aún necesitamos el cuidado de alguien que nos cuide, si todavía estamos necesitados de una madre. Estamos en manos seguras, cuidadoras y tiernas. En las manos de Dios.

Esto es profundamente consolador  porque la muerte nos convierte en huérfanos y diariamente hay personas que mueren porque es la ley de la vida, inesperadamente, sin estar preparados, todavía necesitados de cuidado en sí mismos, en diferentes circunstancias. Todos morimos necesitando una mano maternal de Dios. Por eso tenemos la seguridad que nos da la fe, por la cual creemos que naceremos en unas manos más seguras y cuidadoras que las nuestras.

De cualquier manera éste consuelo no borra el dolor de la pérdida de nuestro P. Vicente. Nada se lo borra porque nada puede. La muerte marca indeleblemente nuestros corazones porque el amor nos hiere de esa manera. Tal y como Dietrich Bonhoeffer dice: “Nada puede disfrazar la ausencia de alguien querido… no tiene sentido decir que Dios llena el hueco; Dios no lo llena, al contrario, Dios lo mantiene vacío de manera que éste vacío nos ayude a mantener viva nuestra comunión con los otros, incluso pagando el precio del dolor… Lo más querido y rico de nuestros recuerdos, la más difícil separación. Pero la gratitud cambia la herida de nuestros recuerdos por una alegría tranquila. La belleza del pasado nace, no como una espina clavada en la carne, sino como un precioso regalo para nosotros mismos.”

Les dejo aquí las fotografías de la santa Misa y del Funeral:

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Jesús elige a los doce

«Después subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios.

Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre de Pedro; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; luego, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó» (Mc 3,13-19).

Los textos proféticos y otros escritos sapienciales o apocalípticos con frecuencia expresan la esperanza de la reunión futura de las tribus de Israel dispersas. Desde ese contexto se comprende la institución del grupo de los Doce. La restauración de todo Israel constituye el objeto de la misión de Jesús. Y la elección de Doce discípulos es un gesto profético que simboliza tal misión.

Como los gestos de otros profetas, además de estar cargado de significado también está dotado de poder realizador. Lo que los profetas expresaban se ponía en marcha en la historia apenas ejecutado el gesto. De este modo la sola elección de los Doce ponía en marcha la realización de aquella reunión de las tribus, antes que ellos comenzaran a predicar siguiendo el mandato de Jesús.

Hoy también cada discípulo llamado por Jesús debe tomar conciencia de ser un agente en la realización del Reinado de Dios en la historia. No sólo con su acción apostólica, o con su testimonio de vida; también a través de su acogida del mensaje evangélico por la fe está haciendo posible la presencia transformadora de Dios en el mundo.

El Secreto mesiánico

«Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea. Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón.

Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara. Porque, como curaba a muchos, todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo. Y los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies, gritando: «¡Tú eres el Hijo de Dios!».

Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto» (Mc 3,7-12).

 

La multitud que busca a Jesús recurre a él a causa de su fama como obrador de milagros. Esa misma gente es la que contribuye a que la fama de Jesús crezca aún más:

«Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban» (Mc 7,36).

Este amplio radio de transmisión fuera del grupo de los discípulos (Judea, Idumea, la Transjordania y la región de Tiro y Sidón), probablemente se habría interesado por los aspectos más sensacionales de la actividad de Jesús, y habría desatendido los puntos centrales del mensaje del Evangelio, a los que estaban ligados los milagros, como la vinculación entre sanación y conversión.

El Evangelio de Marcos habría integrado algunos relatos de divulgación popular, que reflejaban la creencia general en los milagros. Pero a la vez muestra a un Jesús que se opone a tal tipo de divulgación.

  • El «secreto mesiánico» de Jesús buscaría corregir una imagen suya que fascinaba, no sólo a la multitud del pueblo, sino también a muchos en la comunidad de los discípulos.
  • Marcos integra estas tradiciones populares en su Evangelio, pero combina dichos relatos con la decisión de seguir a Jesús, que incluye la pasión. Sólo así los milagros alcanzan su pleno significado y la curación llega a ser verdadera salvación para el hombre.

En sábado SÍ está permitido hacer el bien

«Jesús entró nuevamente en una sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo curaba en sábado, con el fin de acusarlo.

Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: «Ven y colócate aquí delante».

Y les dijo: «¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?». Pero ellos callaron.

Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: «Extiende tu mano». El la extendió y su mano quedó curada.

Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la forma de acabar con él» (Mc 3,1-6).

 

Entre los maestros de la Ley eran frecuentes las discusiones acerca de la interpretación de los mandamientos, porque siempre los preceptos tienen una formulación general que hay que aplicar en lo concreto de cada situación. De ahí que en algunas circunstancias puedan surgir dificultades para cumplir dos preceptos con sus respectivas exigencias. ¿Cuál es la voluntad de Dios, observar el descanso sabático que prescribe la Ley o atender la salud y la vida de las personas, que también es una exigencia de la Ley?

Así se hace necesario establecer una jerarquía de obediencia, donde se privilegia el cumplimiento del precepto que se considera más importante. En el caso del precepto del descanso sabático los maestros de la Ley aceptaban como excepción aquellas situaciones en que peligraba la propia vida o en las que se seguiría la muerte de alguna persona si no se le prestaba ayuda:

«si una persona siente dolores en la garganta, se le puede dar una medicina por vía bucal en día de sábado, ya que hay peligro de vida y todo peligro de vida desplaza el sábado» (Mishná Yomá VIII,6).

Esta interpretación prudente de la Ley se fundaba en un principio, que es muy semejante al que invoca Jesús.

El criterio de la vida hombre como realidad sagrada que debe custodiarse es lo que permite ordenar la prioridad del cumplimiento. Jesús no declara la abolición de los preceptos rituales, pero los subordina a los preceptos de carácter ético, como la misericordia y el amor al prójimo. En este sentido Jesús se situó dentro de la tradición profética:

«Porque yo quiero amor, no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos» (Os 6,6).

SI ESTÁS ENAMORADO ¡NO TE CASES!

El enamoramiento es un estado gratificante, pleno, pasajero y de una total idealización de la otra persona. Por eso, no puede ser el estado ideal para tomar una decisión tan importante como la de casarse. Quien está enamorado no conoce realmente a la otra persona, sino que la ha idealizado como aquella que realiza todas sus expectativas. No hay capacidad crítica, no se tiene conciencia de los errores y se cree que ella es la perfección bajada del cielo. Quien está enamorado corre el riesgo de vivir un estado psicótico de pérdida de sentido de la realidad. Por eso no puede casarse en ese estado, sino que tiene que esperar conocer realmente y aceptar la realidad de su pareja.

El amor es una decisión. Es la preferencia de compartir mi vida con alguien real, con errores y virtudes, con quien me agrada estar y con quien siento que me complemento. El amor es realidad, sé quién es la otra persona y decido estar con ella en medio de todas las circunstancias de la vida. Sé que no ha sido creado para mí y que tiene su propia autonomía, que tengo que aceptar y valorar. La amo con sus defectos, la amo desde sus valores y quiero estar con ella para siempre. Creo que un sacramento tan importante como el matrimonio necesita esta realidad del amor para poder darse.

Cuando no ves errores en tu pareja es porque no la conoces y estás enamorado. Cuando sabes qué la caracteriza y tienes claro sus errores, pero aún así quieres estar con ella es porque la amas.

El amor es una decisión que debe sostenerse a diario con nuevas decisiones. Es una experiencia que exige buena comunicación, buena capacidad de resolución de conflictos, soñar juntos, sacrificarse por el otro y dar lo mejor de sí para que el otro sea feliz. Es buscar ser uno sin dejar de ser dos.

El enamoramiento es la fase inicial del amor, pero no es el amor. El enamorado tiene que trascender hasta amar y así sí vivir una relación plena. Cuando las mariposas se han muerto en el estómago, pero aún se quiere estar al lado de esa persona, es porque el enamoramiento ha dado paso al amor.

Esa es la condición para el matrimonio. Quienes se aman así tendrán muchas menos posibilidades de separarse y de fracasar en su relación que aquellos que sin conocerse, enajenados por las emociones, han decidido casarse. El sacramento exige como condición de posibilidad el amor. Un amor real que va más allá de los emocionalismos y está encarnado en la realidad.

Creo que el Espíritu Santo es una gran ayuda para vivir el sacramento del matrimonio. Creo que el amor de Dios que llena los corazones puede generar las actitudes que se requieren para vivir amándose y felices el resto de la vida. Propiciar una experiencia espiritual en la que el Espíritu Santo los mueva a dar lo mejor de sí es fundamental para vivir este sacramento que pide eternidad. Por eso los invito a estar este lunes 9 de mayo, en el Estadio Metropolitano, a partir de la una de la tarde, en la fiesta de Pentecostés. Estoy seguro que eso los animará en su experiencia de creyentes y en su experiencia de pareja.

San Esteban Protomartir

Los que, siguiendo a Jesús, han comenzado a transformar su vida, son enviados a los que aún no han escuchado el llamado a acoger la presencia del Reino. Encontrarán seguramente mucha resistencia porque aquellos no siempre estarán dispuestos a cambiar su vida. El discurso apostólico evoca una máxima sapiencial:

«¿Qué tienen de común el lobo y el cordero? Así pasa con el pecador y el hombre bueno» (Eclo 13,17).

Y los seguidores de Jesús deben recordar también el anuncio del profeta:

«El hijo denigra al padre, la hija se alza contra su madre, la nuera contra su suegra, y cada uno tiene como enemigos a los de su casa» (Miq 7,6).

De hecho, unos pocos años antes que se escribiera el Evangelio de Mateo, todo eso se había visto con lamentable frecuencia durante la guerra que terminó con la destrucción de Jerusalén:

«Entre los que incitaban a la guerra y los que reclamaban la paz, se produjo un duro enfrentamiento. La pelea arreció primero en las familias, entre personas que habían vivido en armonía; luego los mejores amigos se lanzaron unos contra otros» (Josefo, Guerra IV,132).

La tradición posterior interpretaría el momento de la llegada de la redención como un tiempo de enfrentamiento aún entre las personas más cercanas, según las palabras de Miqueas 7,6:

«En esa situación, ¿en quién se puede confiar? Solamente en nuestro Padre del Cielo» (Talmud Sanhedrín 97).

Por la misma época ya era conocido el desenlace de las vidas de los apóstoles. Se sabía que el TESTIMONIO (martyrion) tenía un costo alto. Pero los apóstoles deben confiar en la asistencia de Dios, que no dejó solos a enviados tan inseguros como Moisés y Jeremías:

«YHWH respondió a Moisés: «¿Quién dio al hombre una boca? ¿Y quién hace al hombre mudo o sordo, capaz de ver o ciego? ¿No soy yo, el Señor? Ahora ve: yo te asistiré siempre que hables y te indicaré lo que debes decir» (Ex 4,11-12).

Jeremías dijo: «¡Ah, Señor! Mira que no sé hablar, porque soy demasiado joven».

YHWH le dijo: «No digas: «Soy demasiado joven», porque tú irás adonde yo te envíe y dirás todo lo que yo te ordene. No temas delante de ellos, porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor -»

YHWH extendió su mano, tocó mi boca y me dijo: «Yo pongo mis palabras en tu boca» (Jer 1,6-9).

¿Prefiero estar solo y no mal acompañado? o ¿prefiero estar mal acompañado que estar solo?

“Prefiero estar mal acompañado que estar solo”
Hay muchas expresiones de amor, que evidentemente no tienen nada que ver con amor, en el tanto causan dolor y desazón. He venido planteando semana a semana, el fundamento central de cualquier relación humana es el bienestar y la construcción de la felicidad, no hay otro, pero nos cuesta asumir que múltiples expresiones de amor no son sanas, porque le damos cabida a la negación, a la fantasía o a justificar nuestras motivaciones cuando sabemos que éstas desde el inicio estaban mal.

Quise darle la vuelta a este refrán, en lugar de decir prefiero estar solo que mal acompañado, porque tristemente hay muchísimas relaciones estructuradas sobre el aguante, el soporte, la anulación. Lo que desgasta día a día, usted lo sabe, la pregunta es ¿Por qué se lo permite?

No importa el dolo, lo mal que la esté pasando hay personas que se dicen a sí mismas “ya estoy en esto, no lo voy a dejar así”, entonces construimos relaciones que no funcionan, simplemente porque están impregnadas de un enorme conjunto de malos hábitos, que lo único que hacen es joder la vida, fastidiar el proceso de relación en pareja, pero no hacemos nada por cambiarlos.

¿Esta seguro de que amar es sufrir?
¿De verdad vos crees que amar es aguantar?
¿Se te ha ocurrido que puede haber otras formas de amar?

El propósito
El propósito de una relación es la felicidad, es el eje que no se puede perder, es el norte que nos debe guiar, es la vela que se debe izar. Si esto se deja de lado nada tiene sentido. No cabe estar en una relación por miedo a la soledad, no cabe estar mal, por miedo a no tener a alguien al lado.

Cuando usted en una relación de pareja, opta por tener hábitos poco constructivos, ¿Hacia dónde va? Entonces, ¿Qué espera?, ¿Qué sentido tiene esto en su vida? Usted está en una relación de pareja, lo hace bien, o no tiene sentido.

Si usted decide actuar con indiferencia, con ella construye frialdad. Si decide caminar en su relación con intransigencia, ¿Qué construye? Si avanza en el tiempo al lado de su pareja cargado de orgullo y resentimiento, todo esto a flor de piel ¿Qué espera?, ¿Qué sentido tiene esto en su vida? Nada de esto crea empatía.

Sí usted propone estupideces, si se vive en medio de discusiones, nada se resuelve. Si usted asume actitudes inmaduras ¿Cómo espera un diálogo justo?. Si usted es de los que pega gritos, hace caras, pasa cargando su relación de celos, inseguridades, usted sabe que no actúa bien. ¿Qué espera? ¿Qué sentido tiene esto en su vida?

¿Esta seguro(a)?
Entonces si este es el cóctel, la fórmula que usted ofrece a la relación, que aburrida, fea y disfuncional es su propuesta. ¿Por qué quedarse al lado de alguien que huele a complicación, tensión? Resulta casi irracional decir, “prefiero esto a la soledad” ¿Esta seguro(a)?

Que esto es mejor que la soledad, vea la realidad, hay ira, resentimiento, impaciencia, impulsividad, no se ha preguntado ¿Por qué su pareja sigue a su lado? Quizá, dentro de muchas otras variables, tenga que ver con el hecho de que él o ella prefiere estar mal acompañado que estar solo, esto solo es un reflejo de la mala integración emocional que tiene una persona, esto es admisible en el amor.

Este es un acto de conciencia para usted, para mi, para todos. Si estar bajo una propuesta es mala se abraza como un estilo de vida, hay dos personas que requieren sanar sus emociones.

Todos y todas sabemos reconocer el lenguaje frío, las expresiones indiferentes, sabemos cuando causamos tristezas profundas a nuestra pareja ¿Seguir igual, es una opción? ¿Le parece que debe estar ahí al lado de una propuesta tan carente y vacía?

Esto solo se explica por motivaciones que no tiene que ver con el amor, quizá tenga mucho que ver con el pseudoamor, que se alimenta de muchas presiones emocionales, sociales, religiosas, económicas, de carencias emocionales, que nos mantiene atados a una persona cuya propuesta es deplorable.

Si usted esta en una relación de pareja
Si usted esta en una relación de pareja, así, porque en lugar de sufrir, no hacen ambos un trabajo interno muy fuerte, consciente, maduro para asumir lo que hay que arreglar por dentro para proponer y llevar a la despensa emocional de esa vida de pareja una relación diferente, que sea gratificante, realizante, en definitiva que le haga a usted y a su pareja felices.

Los amores son sanos o no sirve.

Es acá donde quiero proponerle varias cosas importantes:

Primero no busque la perfección de su pareja ni usted, ni yo, ni la otra persona somos perfectos, no podemos buscar perfección, pero esto no significa que no podamos aprender formas sanas de estar en una relación.

¿Pregúntese por qué reacciona tan mal ante los problemas de la vida de pareja?
Recuerde aquel momento, aquel día ,aquel lugar, en el que usted dijo, a “te voy amar siempre”, quiero que recuerde ese momento en el que usted le dijo “pasemos la vida juntos” ¿Qué pasó? ¿Qué sucedió? ¿En qué momento su despensa emocional se lleno de productos vencidos que huelen y saben tan mal?

Recuerde que usted hizo una promesa, ambos hicieron una promesa, porque no mantener esa promesa activa, bajo esquema de conciliación muy positivo y sano, en el que palabras como: perdón, lo siento, te escucho, tienes la razón, te explico, necesito tu apoyo, por favor, me comprometo, y mil frases, que bien usadas podrían cambiar el norte, rumbo, el curso de su relación.
¿Dónde quedó aquella persona detallista? Que con tiempo o sin él, con dinero o sin él, marcaba la diferencia en el día a día ¿Dónde quedo?¿Qué sucedió?
Dense cuenta, usted y su pareja perdieron esto, si lo que han hecho es cargarse problemas, que los llevan a explotar una y otra vez ¿Cuándo va hacer resolver? Dar el brazo a torcer para dejar de lado el orgullo y abrirse al bienestar, puede ser profundamente liberador.
No podemos pensar y dar por sentado que el amor se puede mantener activo solo, el amor solo se mantiene activo en una relación de pareja sin hacer las cosas bien. ¿Realmente no sabía esto?

Les propongo este decálogo, quise llamarlo la La declaración del auto-respeto en el amor”
Te amo, porque no me duele.
Te amo, porque disfruto.
Te amo, porque nos hace bien.
Te amo, porque siento paz.
Te amo, porque siento confianza.
Te amo, porque no hay angustia.
Te amo, porque tu molestia no me maltrata.
Te amo, porque ambos nos comprometemos igual.
Te amo, porque vamos en la misma dirección.
Te amo, porque las cosas son claras, cero confusión

Dichosa tú por haber Creído

«En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».

María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!

Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.

Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.

Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.

Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.

Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre».

María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa» (Lc 1,39-56).



Cuando Isabel recibe el saludo de María, el movimiento de su hijo, Juan el Bautista, es un salto de alegría, un estremecimiento de felicidad (cf. Lc 6,23), mientras que su madre es colmada por el Espíritu Santo y se hace profetisa. La primera voz humana en profetizar en el Nuevo Testamento es una voz de mujer, al igual que las mujeres serán las primeras mensajeras de la resurrección.

La visitación es la escena del contagio del gozo y del don del Espíritu Santo. Apenas ha recibido el mensaje del ángel, María se apresura a visitar a su pariente y vivir con ella una efusión inaugural del Espíritu profético. Su marcha es también una respuesta de su fe a la gracia.

La palabra profética de Isabel es en primer lugar una bendición. Entre todas las mujeres, María es objeto de una bendición especial, la que hace de ella la Madre del Mesías, el Bendito por excelencia. Isabel hace también un acto de fe, porque ve ya en la madre de Jesús la madre de su Señor. Parece reconocer en ella una presencia divina que está portando. Sus palabras recuerdan las de David al recibir el Arca de la Alianza en su casa:

«¿Cómo va a entrar en mi casa el Arca del Señor?» (2 Sam 6,9).

Isabel pronuncia después la primera bienaventuranza, la de la fe: María es bienaventurada porque ha creído que iba a ser la madre del Mesías. Así lo confirmará Jesús durante su ministerio. María no es proclamada feliz por haber llevado a Jesús en su seno o por haberlo amamantado, sino más bien por «escuchar la Palabra de Dios y practicarla» (Lc 11,28).

María, por su parte, proclama en un cántico su lugar en la historia: como humilde sierva del Señor, el Todopoderoso ha hecho grandes cosas en ella. Por eso ella proclama que todas las generaciones la llamarán bienaventurada, por haber creído en las promesas hechas por Dios a su pueblo. Siguiendo la tradición bíblica, proclama que Dios visita a los humildes, los pobres y los hambrientos, para llevar a cumplimiento, en ellos y por medio de ellos, las promesas de los profetas.

Allí se fundamenta la alabanza a Dios que la Iglesia de todos los tiempos ha invitado a cantar cada tarde por el don recibido por María. Ésa es también la razón por la cual tantas personas han buscado en ella consuelo, reconociendo en ella un rostro de maternal ternura y compasión.

MARIA: La que ha Creído

«En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Angel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».

María dijo al Angel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?».

El Angel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios».

María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». Y el Angel se alejó» (Lc 1,26-38).

Actualizando los textos del pasado

Los relatos de la infancia son textos que surgieron en una fase muy desarrollada de la tradición evangélica. Están ausentes en Marcos y en Juan, que presenta en su lugar un Prólogo sobre la Palabra hecha carne (1,1-18).

En Mateo y en Lucas los relatos del nacimiento desempeñarían las funciones de prólogo, para definir desde el comienzo la identidad de Jesús como Hijo de Dios.

Hay diferencias notables entre los relatos de la infancia de Mateo y los de Lucas. Los relatos de Mateo no dicen nada de Juan Bautista, ni de la venida de los pastores a Belén, de la presentación de Jesús en el Templo o de su visita a Jerusalén a los doce años.

Además, en Mateo José recibe la comunicación celestial sobre la concepción virginal de María, mientras que en Lucas es María la que recibe el anuncio.

Estos relatos responden más a una motivación TEOLÓGICA que a un interés documental. Se estaría utilizando en ellos un recurso semejante al que encontramos en la literatura judía, llamado MIDRASH, a través del cual se intenta hacer comprensible un texto bíblico del pasado, teniendo en cuenta las circunstancias presentes de los lectores.

El Precursor y el Esperado

Los relatos de la infancia de Lucas están estructurados principalmente mediante el paralelismo entre Juan y Jesús, para destacar la superioridad de aquel a quien el Bautista precedió:

JUAN JESUS
Nace prodigiosamente de padres ancianos (y madre estéril) Nace más prodigiosamente aún de una JOVEN madre virgen, sin intervención de varón.
El Angel le dijo: «No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan. El será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento, porque será grande a los ojos del Señor». (Lc 1,13-15) El Angel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin» (Lc 1,30-33).
[Cuando se circuncidó a Juan] Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios. Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea (Lc 1,64-65). [Cuando nació Jesús] apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él» (Lc 2,13-14).
Síntesis de las ANTIGUAS promesas Inicio del mundo NUEVO esperado

El ángel Gabriel fue enviado por Dios

Lucas sigue un patrón pre-establecido en los relatos bíblicos de Anunciación, que destacan antes del nacimiento la misión que desempeñarán los elegidos de Dios:

  • ISMAEL: Gn 16,7-12
  • ISAAC: Gn 17-18
  • SANSON: Jue 13,3-20
  1. Situación de los personajes, señalando al mismo tiempo una dificultad (esterilidad de Isabel, virginidad de María).
  2. Aparición del ángel del Señor.
  3. Miedo-asombro producido por la aparición y que generalmente se expresa con la fórmula “no temas” (Lc 1,13 y 30).
  4. Anuncio de la llegada, mención del nombre y de la misión, que muchas veces empieza con la expresión técnica “He aquí “(Lc 1,20.31).
  5. Pregunta que plantea la dificultad (Lc 1,18.34).
  6. El mensajero da una señal que apoya y garantiza la anunciación (Lc 1,19-20 y 35-36).
  7. ejecución del signo y realización del anuncio.

La identidad mesiánica de Jesús

El núcleo de la Anunciación está en la declaración de la identidad de Jesús, Mesías prometido por Dios a la casa real de David.

El anuncio del Ángel guarda correspondencia con la profecía de Natán, que promete la asistencia divina y relaciones paterno-filiales para los reyes descendientes de David:

2 Sam 7,9-16 Lc 1,32-33
«voy a hacerte un nombre grande…yo afianzaré para siempre su trono real…Seré un Padre para él, y él será para mí un hijo…

Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y su trono será estable para siempre»

«él será grande y será llamado Hijo del AltísimoEl Señor Dios le dará el trono de David, su padre,  reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».

Con el final de la monarquía se comenzó a esperar el cumplimiento de esa promesa en un rey ideal que Dios suscitaría en el tiempo de la redención definitiva.

El Espíritu Santo vivificador

A diferencia de los otros anuncios de nacimientos prodigiosos en la Biblia, el de Jesús tiene su propia peculiaridad: no interviene ningún ser humano como padre.

El anuncio no es fácil y María intenta comprender. Su pregunta hace repetir el mensaje del ángel. En un nuevo, y solemne anuncio, Gabriel revela que este niño será el Hijo de Dios.

El Espíritu Santo ejercerá en María su papel creador y vivificante, el que tenía desde el origen del mundo (Gn 1,2).

También es un eco de la proclamación pascual de los primeros misioneros cristianos:

«Jesucristo Señor nuestro
nacido del linaje de Davids según la carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad
por su resurrección de entre los muertos» (Rom 1,3-4)

La esclava del Señor

Habiendo creído en la palabra del ángel que la concernía, María puede creerlo también cuando éste le anuncia todo lo que Dios ha realizado en su prima. La alusión a Isabel muestra que nada es imposible para Dios. Es suficiente creer en la promesa para que Dios suscite la vida.

María es bienaventurada porque ha creído que iba a ser la madre del Mesías. Así lo confirmará Jesús durante su ministerio. María no es proclamada feliz por haber llevado a Jesús en su seno o por haberlo amamantado, sino más bien por «escuchar la Palabra de Dios y practicarla»  (Lc 11,28).

Al llamarse la esclava del Señor, María que no es tal por status social, expresa su disponibilidad al Señor, de modo libre y responsable. Se pone al servicio del que tomará la condición de Siervo (Fil 2,7).

Demos gracias al Señor por el ejemplo de María. Pidamos que nuestra existencia se configure, como la suya, en el amor gratuito de Dios y en la aceptación de sus planes y proyectos.

Acojamos la gracia de Dios sobre nuestra vida. Alegrémonos con María. Que la experiencia de la gracia nos lleve al compromiso para hacer presente en el mundo el proyecto de Dios.

Y Sobreabundó la Gracia: Inmaculada Concepción

«En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Angel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».

María dijo al Angel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?».

El Angel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios».

María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». Y el Angel se alejó» (Lc 1,26-38).

Un estado de fragilidad moral caracteriza a la condición humana. Se manifiesta como una tendencia que nos empuja a comportarnos de un modo egoísta; con una ambición desmedida que no nos deja ver nuestros propios límites ni las necesidades de otras personas; que nos hace caer fácilmente en el desprecio de nuestros semejantes, y a sentirnos tan superiores a ellos, que nos envuelve en la fantasía de ser omnipotentes; es decir, de ser como Dios mismo… Es la realidad que la teología llama pecado presente desde los orígenes.

Esta realidad que nos afecta a todos se verifica en el hecho de que cueste mucho cultivar las virtudes y que realizar actos buenos nos reclame tanto esfuerzo. Y que por el contrario, no se necesite ninguna dedicación para llenarse de vicios. Simplemente hay que dejarse estar. Y cuando se generaliza la falta de esfuerzo para hacer el bien la situación resultante es la que el libro del Génesis refiere cuando dice que la tierra se llenó de violencias (Gn 6,11). La misma situación que los medios informativos nos describen todos los días.

El pecado tiene siempre un verdadero carácter estructural, que se consolida con el obrar de cada persona. No deberíamos minimizar la pequeña maldad o egoísmo que se da en cada acto personal, simplemente porque medimos que no llega a ser un pecado mortal para nosotros. Sigue siendo nocivo para todos, en la medida en que contribuye, aunque imperceptiblemente, al afianzamiento del “pecado del mundo”, a la extensión de esa corrupción de la que a veces tanto se habla, que no es un mal reciente, sino tan antiguo como el hombre.

Pero el apóstol Pablo extiende ante la situación sombría de la humanidad un horizonte de esperanza. El bien también se propaga. Su influencia es eficaz, aunque no tan llamativa como la del mal. Y la respuesta generosa al don de Dios puede revertir el distanciamiento de la humanidad respecto a la voluntad divina:

“no sucede con el don como con las consecuencias del pecado de uno solo; porque la sentencia, partiendo de uno solo, lleva a la condenación, mas la obra de la gracia, partiendo de muchos delitos, se resuelve en justificación” (Rom 5,16).

La gracia que Dios nos otorga permite revertir la triste historia de injusticia y violencia de la humanidad. Reflexionar en la obra de nuestra Redención tendría que llevarnos a valorar el alcance que pueden tener nuestras buenas acciones. ¿Qué pueden lograr mis modestos actos? ¿Voy a cambiar yo a la humanidad? Así como innumerables malas acciones contribuyen a la consolidación del pecado del mundo, así también cada pequeña buena obra, vivificada por la inspiración y el poder divino, en virtud de una misteriosa solidaridad, hace crecer el Reino de justicia y de paz, iniciado por Dios en nuestro mundo. Jesús lo ha realizado en su vida y en su muerte, y ha abierto para todos nosotros un camino de retorno a Dios.

Esta solidaridad hoy la celebramos en María, la madre de Jesús, aquella de quien el Evangelio afirma que halló gracia delante de Dios (Lc 1,30). Ella nos recuerda que el Poderoso hace maravillas (1,49) y que «toda palabra que viene de Dios nunca deja de ser eficaz» (1,37). En María, la que ha sido «agraciada» por Dios (1,28) nos volvemos a encontrar con la presencia del Dios que no abandonó a los hombres al poder del pecado, sino que tiende siempre su mano a aquellos que con fe abren su corazón, para que se haga la voluntad del que nos ha llamado a la vida y a la felicidad.

Como ella queremos decir un “sí” total a la Palabra que Dios nos dirige. La celebración de hoy nos muestra la primacía de la gracia sobre cualquier iniciativa humana si queremos que se hagan realidad los cielos nuevos y la tierra nueva, que tenemos prometidos, donde habitará la justicia (2 Pe 3,13). Que María nos ayude con su intercesión.

El Reino de Dios está llegando

«Y Jesús les hizo esta comparación: «Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol. Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca.

Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Lc 21,29-33).

La parábola sobre la higuera no es tanto un producto de la reflexión sapiencial, como de la inspiración profética. Ciertamente las comparaciones con los árboles siempre fueron útiles para describir actitudes humanas, de modo que se pudieran tomar decisiones sabias en la vida.

El libro de los jueces ofrece una parábola irónica sobre un israelita llamado Abimelek, que siente satisfacción por haber sido solicitado por los cananeos para regir su ciudad. Se lo compara con una zarza que es elegida como rey de los árboles, no por sus cualidades (es totalmente inútil), sino porque los árboles valiosos no accedieron al pedido; tenían cosas más importantes que hacer:

«Los árboles dijeron a la higuera: «Ven tú a reinar sobre nosotros». Pero la higuera les respondió: «¿Voy a renunciar a mi dulzura y a mi sabroso fruto, para ir a mecerme por encima de los árboles?» (Jue 9,10-11).

Diverso es el caso de la observación de Jeremías. No es la reflexión contemplativa de un sabio, que saca lecciones para la vida. Es una VISIÓN profética que muestra lo que Dios está por realizar en la historia:

«¿Qué ves, Jeremías?». Yo respondí: «Veo una rama de almendro». Entonces el Señor me dijo: «Has visto bien, porque yo vigilo sobre mi palabra para realizarla» (Jer 1,11-12).

Al almendro en hebreo se lo llama literalmente VIGILANTE, porque es el primero en florecer, y así es el primer árbol en anunciar que llega la primavera. La visión de Jeremías habla de un Dios atento en que se cumpla la palabra que anunció.

Jesús ofrece el ejemplo de la higuera en el contexto de un discurso sobre la venida del Reino de Dios. El almendro da una alerta temprana, pero no infalible, pues avisa el primer calor, que, a veces, es seguido por una helada tardía. La higuera es más segura. Produce los brotes cuando el calor se ha instalado y el verano se aproxima.

Jesús invita a ver signos más seguros que las catástrofes que tanto impresionan a las personas. Jesús invita a ver que en la generación presente el Reino de Dios comienza a realizarse. Ya hay brotes: no hay que desesperar de los frutos.

Conmigo lo hicieron…

http://www.youtube.com/watch?v=7_dIvveYIjs

Como el pastor separa las ovejas de los cabritos

Las imágenes de juicio están muy presentes en la literatura apocalíptica. Según ellas se separa a los que ejercieron la tiranía, que son despojados de poder y reciben el castigo merecido.

Los oprimidos encuentran finalmente la justicia que les había sido negada.

«He aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia. A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás… El tribunal se sentará, y el dominio le será quitado [al reino tiránico], para ser destruido y aniquilado definitivamente. Y el reino y el imperio y la grandeza de los reinos bajo los cielos todos serán dados al pueblo de los santos del Altísimo. Reino eterno es su reino, y todos los imperios le servirán y le obedecerán» (Dn 7,13.14.26-27).

«En esos días rogarán los poderosos y los reyes que poseen la tierra a sus ángeles castigadores, a los que habrán sido entregados, que les concedan un breve descanso para prosternarse y adorar al Señor de los espíritus y confesar su pecado ante él. Entonces dirán:

―Saciada está nuestra alma de bienes inicuos, pero no nos libran de bajar al oneroso šeol.

Después de esto se llenarán sus rostros de tiniebla y vergüenza ante aquel Hijo del hombre, y serán expulsados de su presencia, y la espada morará ante su rostro entre ellos» (1 Henoc 63,1.10-11).

La mentalidad del Benefactor

La lápida conmemorativa de un funcionario egipcio reza:

«Yo di pan al hambriento, vestidos al desnudo; desterré sufrimientos y alejé la indigencia… asistí a los ancianos, remedié la necesidad del que nada tenía; fue sombra protectora de los huérfanos, apoyo de las viudas».

Se trata de la “biografía ideal”, que expresa una mentalidad muy extendida en la antigüedad: la “mentalidad del BENEFACTOR”.

A pesar de la semejanza con el texto evangélico de Mateo, su motivación no es la misma. En el Oriente reyes y funcionarios exhibían su asistencia a los pobres y los débiles. En el occidente, en cambio, personas privadas gastaban su dinero para una beneficencia que favorecía a todos los habitantes (libres) de la ciudad, sin el mínimo interés en apoyar a los pobres en particular.

Una y otra actitud consistía en formas de dominio: reyes, aristócratas y funcionarios se aseguran con ese comportamiento la lealtad de los súbditos. No se trata del establecimiento de una identidad moral para obtener fama en este mundo y acceso al otro mundo. Se trata de manifestar un STATUS SOCIAL que mantiene la dependencia entre BENEFICIADO y BENEFACTOR.

La espiritualidad del Servidor

Jesús cuestiona directamente ese comportamiento, en apariencia elogiable, como ideología de dominadores:

«Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los que ejercen el poder sobre ellas se hacen llamar Benefactores; pero no así vosotros, sino que el mayor entre vosotros sea como el más joven y el que dirige como el que sirve» (Lc 22,25-26).

Aquí vemos la diferencia esencial de perspectiva que presenta el Evangelio. En él las buenas obras no están ordenadas a crear lazos de dependencia. Al contrario, las buenas obras en favor de los necesitados se resumen en el término SERVIR (Mt 25,44).

Y la actitud de servicio encuentra su mejor ejemplo en el Hijo del hombre que “no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mt 20,28).

El Evangelio muestra entonces que la actitud básica en la realización del bien debe ser el compromiso de la vida, de la persona entera.

La Presencia Divina

Según la tradición judía y cristiana en la persona extraño se acoge una presencia sobrenatural:

«Es mayor acoger a los viajeros que recibir la divina Presencia» (Talmud Shebu 35,b)

«Cuando existía el templo se usaba el altar de expiación, pero ahora, desde que ya no hay templo para la expiación, se usa la mesa de cada uno» (Talmud Menajot 97a)

«No se olviden de la hospitalidad; gracias a ella algunos [como Abraham] hospedaron, sin saberlo, a ángeles» (Heb 13,2).

En el Evangelio tanto los justos como los reprobados se sorprenden en el juicio. Ninguno había reconocido el rostro del Rey futuro en aquellos a quienes acogieron o rechazaron. Vieron simplemente a personas necesitadas y procedieron de diversa manera con ellas.

El Rey mesiánico llega a identificarse con el necesitado, hasta llamarlo incluso hermano.

Pero, ¿alguien está dispuesto?

¿Hay alguien que quiera ser el último, sirviendo y pasando inadvertido?

El ser transparente no es un opción en esta sociedad nuestra. Buscamos significación mediática y presencial para sentirnos importantes y acogidos. Y las palabras de Jesús proponiendo humildad, trabajo callado e implícito, parecen intragables.

Este fragmento está reelaborado por los primeros cristianos que, en tiempos de Mateo, están siendo perseguidos por anunciar a Jesús resucitado. Ellos retoman la palabras del Maestro que les animan y defienden y, también, las que les dan identidad. Ser humildes, va a ser el modo de responder -los “cristianos”- a aquellos que les critican y desvalorizan a Cristo. Y el adjetivo “hipócritas”, la defensa ante los fariseos que les rechazan.

Muchas de las reacciones que tenemos y de la palabras que emitimos dependen del contexto que vivimos. A veces, ni nosotros mismos comprendemos nuestras salidas de tono. Los demás las sufren y tampoco saben cómo explicarlas. Pero lo que es verdad, es que podemos dar la impresión de decir una cosa y vivir la contraria; como los fariseos.

Supongo que mucha gente se “echa para atrás” al entrar en contacto con nosotros. Ven nuestras incoherencias de curas, de religiosos, de matrimonios o grupos de jóvenes y se van. Encuentran dentro lo que ya tienen fuera. Y es cierto, pero no es menos verdad que el único al que seguimos, el verdadero modelo, el que no falla es Cristo.

Si yo fuera sencillo para presentarme como torpe y ofrecerme como instrumento, seguro que sería más testigo y menos protagonista. Y entonces las palabras de Jesús no causarían tanta extrañeza: no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor”.

Revisemos, también, en nuestra comunidad y el testimonio que damos: ¿Hay alguno que quiera servir y  pasar inadvertido?

Ama a tu prójimo si te amas a ti mismo

La confianza en sí mismo significa, entre otras cosas, estar consigo mismo, estar en sí mismo, sentirse bien consigo, ser independiente de los demás. Muchos no pueden construir un sentimiento del propio valor, porque DAN a otros PODER sobre SÍ MISMOS. No están consigo, sino siempre con los otros. No descansan EN SÍ mismos, sino que adquieren única y exclusivamente el sentimiento del propio valor recibiéndolo de los otros, de su benevolencia, de sus alabanzas, de sus gestos de confirmación. No son capaces de deslindarse de ellos. Todo lo refieren A SÍ, se sienten heridos por cualquier observación ingeniosa (de los otros).

A tales personas aconsejo que entren en contacto con sus propias agresiones. Por medio de la agresión soy capaz de deslindarme de otros. La agresión es el impulso de distanciarme del otro para poder estar conmigo mismo. Alguna vez a aquel que nos hiere habrá que echarlo primero de nosotros mismos. Tan solo cuando expulsó a quien me ha herido, puedo verle de manera más objetiva y PERDONARLE DE CORAZÓN. Quien no es capaz de perdonar está siendo determinado por la persona que le ha ofendido.  

Mientras estoy poseído por una persona distinta, no puedo estar conmigo mismo, no puedo desarrollar un sentimiento del propio valor. SOY VIVIDO POR OTROS, en vez de ser yo mismo el que viva mi propia vida.

Estar consigo es algo que puede tener distintos aspectos. Estoy conmigo cuando me siento A MÍ, cuando confío en MIS propios sentimientos, cuando descanso en MÍ mismo. no dependo del estado de animo de otros, sino que ESTOY EN CONTACTO con mis propios sentimientos. Estoy conmigo, cuando me siento en el cuerpo. Por ejemplo, si hago una carrera por el bosque y, a causa del esfuerzo físico, me pongo a sudar, entonces estoy conmigo. Siento mi cuerpo, y me siento bien dentro de él. Entonces no se me ocurre en absoluto la idea de poner en duda mi propio valor. Yo me siento, luego soy. No tengo que demostrar mi valor en realizaciones externas. Yo me siento. Eso me hace bien. De la misma manera que yo siento, no siente nadie. Yo soy único. Yo soy yo mismo. Esto no es un conocimiento, sino una experiencia que me enseña mi propio valor singularísimo.  

Muchas personas buscan las causas de sus problemas en los demás. Tendrían que aprender a estar consigo mismas, a descubrir la genuina razón, y a desarrollar la sensibilidad hacia sí mismas, hacia sus sentimientos y hacia su cuerpo.

AUTOR: Anselm Grün.

LIBRO: Como estar en armonía consigo mismo.

Quiero añadir a este interesante escrito, de uno de mis libros favoritos, que me ha ayudado mucho a irme descubriendo y que aconsejo leer (a quien le haya interesado este escrito y otros del mismo libro que voy a ir poniendo), que es triste pero muy común que a veces en épocas de nuestra vida e incluso en el presente pongamos nuestro valor y valía en los demás (porque somos nosotros mismos los que damos ese poder a los demás), a quienes muchas veces admiramos, idolatramos de una forma poco sana para nosotros mismos, porque a la vez que las idolatramos y creemos perfectas a otras personas, nos miramos con mucha pena, con crítica destructiva, juzgándonos incapaces de lo que otros creemos que hacen fácilmente, de llegar a donde otros llegan sin parecernos que hagan esfuerzo alguno…..

En esa comparación está reflejada nuestra propia debilidad… nuestra poca autoestima o propio valor (como dice el autor del libro) hace que estemos midiéndonos constantemente con los otros (y minusvalorándonos consecuentemente), sin darnos cuenta de que todo el mundo tiene una opinion basada en su tamiz e historia personal, con sus propios miedos y frustraciones, sus propias heridas, …

HABILIDAD EMOCIONAL.

  • “Este gozo que siento no me lo ha dado el mundo y, por tanto, el mundo no puede arrebatármelo.” SHIRLEY CAESAR.
  • “Si no lo encuentras dentro de ti, ¿dónde lo encontrarás?.” ALAN WATTS.
  • “Si alguien se encuentra a sí mismo… posee una mansión en la que podrá vivir con dignidad todos los días de su vida.” JAMES MICHENER.
  • “Ellos no pueden quitarnos nuestro autorrespeto si nosotros no se lo damos.” GANDHI.
  • “Me observo a mí mismo y llego a conocer a otros.” LAO-TSÉ.
  • “Debes aprender a ponerte en contacto con la más profunda y pura esencia de tu Ser. Esta esencia verdadera va más allá del Ego, no conoce el miedo; es libre; es inmune a la crítica; no le teme a ningún reto, no es inferior a nadie, ni superior a nadie, está lleno de magia, misterio y encanto.” DEEPAK CHOPRA.
  • “Alcanzar el centro, mantenerse en contacto con la realidad de uno mismo, es el más elevado de los estados que un ser humano puede alcanzar.” BRUCE LEE.
  • “No dejéis que el ruido ahogue vuestra propia voz interior. Ella ya sabe lo que vosotros realmente queréis ser.” STEVE JOBS.
  • “La peor soledad es la de la ausencia de uno mismo, no la de los demás.” ANÓNIMO.
  • “Los seres humanos estamos hechos para superarnos y solo somos verdaderamente nosotros mismos cuando nos trascendemos.” HUSTON SMITH.
  • “La clave para gestionar a otros de manera efectiva es manejarse uno mismo primero. Cuanto más conoces de ti mismo, más puedes relacionarte con los demás, desde una posición de confianza, seguridad en uno mismo y fortaleza.” WEISINGER.
  • “Si es paz lo que buscas, trata de cambiarte a ti mismo, no a los demás. Es más fácil calzarse unas zapatillas que alfombrar toda la tierra.” ANTHONY de MELLO.
  • “Si te olvidas de ti, tarde o temprano los demás, siguiendo tu ejemplo, también se olvidarán y quizás deduzcan que no existes.” JORGE BUCAY. 

En la balanza del cielo no pesará lo que acumulaste, sino lo que diste en vida

PIENSO QUE Somos una sociedad imperfecta y por ende consumista:

  • “Adelgaza que estás muy gorda”,
  • “búscate un marido que se te pasa el arroz”,
  • “trabaja más duro o no llegarás a nada”… etc

un sinfín de mensajes que recibimos cada día, no solo de la televisión e internet sino también de los demás, incluso de los más queridos. Hombres y mujeres estamos expuestos a unos duros criterios ficticios para ser mejores estudiantes, hijos, padres, trabajadores y todo lo que se nos pueda ocurrir.

Hemos instaurado un canon para todo y ¡cuidado el que se salga de la norma! Un ideal absurdo que no solo se ha llevado vidas por delante (por culpa de la anorexia o la bulimia nerviosa, el suicidio o la depresión, por ejemplo) sino que, además, es imposible de alcanzar.

Hagas lo que hagas siempre habrá alguien que te critique. SIEMPRE. No importa que creas que estás haciendo lo correcto. 

Una experiencia:

“Hace años cuando compré mi casa mi madre me preguntó justo antes de coger las vacaciones ‘hija ¿cómo es que te vas de viaje si no has cambiado las ventanas de tu casa?’. En ese momento algunas ventanas no cerraban bien y entraba un frío considerable por ellas. Quizás lo ‘sensato’ hubiera sido quedarme, en cambio mi respuesta fue ‘prefiero invertir mi dinero en algo que pueda llevarme al morir’.

»Mis ventanas se quedarán aquí. Mis muebles, mi ropa y todo lo que poseo también. Mis viajes, mis lecturas, mis aprendizajes, mis decisiones, mis atrevimientos, mis relaciones, mis recuerdos… Todo eso me lo llevo donde vaya y es lo que me convierte en lo que soy.

CREO QUE »Estamos en una sociedad que nos da múltiples ideas sobre dónde gastar nuestro dinero, que da importancia a lo banal y nos convence de que somos imperfectos. Deberías quitarte esos kilos de más, deberías de ganar más (como tu hermano), deberías casarte que se te va a pasar el arroz, deberías ser diez centímetros más alto, deberías teñirte el pelo que se te ven las canas, deberías ser mejor madre… Todo a nuestro alrededor indica que ni tú ni yo somos lo esperado, lo perfecto. Y ahora ¿qué hacemos? Una posibilidad es luchar desesperadamente intentando llegar a un ideal absurdo.

»Nos dejaremos un dineral intentando aparentar ser alguien que no somos. Al final de esta carrera estaremos como el hámster en la rueda: en el mismo sitio. Un lugar muy, muy lejos de nuestro verdadero ser.

»Hay que comenzar a tomar decisiones de compra conscientes. Tampoco tiene que ser algo drástico, tómate tu tiempo. Las pequeñas decisiones repetidas en el tiempo son las importantes. La próxima vez que vayas a comprar cremas, comida o ropa pregúntate ¿realmente necesito esto? Y, muy importante, ¿qué emoción me impulsa a hacer esta compra?

Al reflexionar quizás veas que detrás de lo que compras hay miedo, falta de valoración personal o ganas de aparentar. En tal caso, ahórratelo.

»Puedes hacer una hucha donde ir echando todo lo que ahorres en esas compras que evitas. Luego gástalo en ti. En viajes, en cursos de cocina sana o de crecimiento personal, en un masaje, en terapia, en clases de yoga, en unas cervezas con los amigos, en una donación a una causa en la que creas, en un buen libro… En algo que te aporte, en algo que, cuando conectes con la emoción que te impulsa, te llene de alegría, amor o conexión. Hay un dicho que escuché hace años y me encanta: ‘Quien compra lo que no necesita se roba a sí mismo’.

El que fue presidente de Uruguay, José Mujica, lo explica de una manera muy lúcida: ‘Cuando tú gastas, en el fondo lo que estás gastando es tiempo de vida que se te fue’. 

»Quizás no lo hayas visto antes así, lo cierto es que el dinero sale de tu trabajo y ese trabajo son horas de tu vida que dedicaste a eso. Por tanto, al comprar algo estás dando a cambio horas de vida que no volverán ¡que sea por algo que valga la pena!

»Si hay algo que siempre he temido es llegar al momento de la muerte, mirar atrás y darme cuenta de que no entendí lo importante. Bronnie Ware es autora de un libro llamado Los cinco arrepentimientos de los moribundos. Ella ha trabajado años como enfermera en cuidados paliativos, eso la ha hecho estar en contacto con muchas personas en uno de los momentos más importantes de su vida, la muerte. Escuchar sus inquietudes y reflexiones ha cambiado su vida, algo que ha querido compartir en su obra y que resume en los siguientes arrepentimientos:

1. Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer.

2. Ojalá no hubiera trabajado tanto.

3. Ojalá hubiera tenido el coraje de expresar lo que realmente sentía.

4. Ojalá hubiera vuelto a tener contacto con mis amigos.

5. Ojalá hubiera sido más feliz.

»No menciona ‘ojalá hubiera sido más estiloso’, ‘ojalá hubiera tenido un Lamborghini’ y tampoco dice ‘ojalá hubiera tenido un culo más firme’. Menciona lo importante de la vida: escucharte, pasar tiempo con los que amas, expresar tus emociones para conectar mejor y apreciar lo que tienes para ser más feliz.

»Recuérdalo cada día y cuando llegue tu momento de dejar este plano te irás lleno de historias hermosas, de vivencias y, muy importante, de paz”.

Fuente original: Hekay

Podemos huir del llamado de Dios, pero de su presencia jamás…

Cada uno de nosotros en algún momento de nuestra vida podemos llegar a encontrarnos en un momento de crisis. Nadie es la excepción. Un momento de crisis saca de ti lo que tú mismo ni siquiera sabes que tienes dentro y es este el punto de partida que define si ves en tu crisis una oportunidad o un problema más sin solución.

Cuando tu vida está envuelta en cualquier tipo de crisis tienes dos opciones: Seguir adelante o escapar.
Huir resulta la más sencilla y por ende es la que con frecuencia escogemos. Hoy debo decir que nuestras excusas han sido las que por mucho tiempo, incluso años, han impulsado nuestros más grandes temores y miedos. Estas son las que nos han sumergido dentro de un inmenso mar oscuro y frío donde parece no haber salida y lo único en que pensamos es en huir… Huir de situaciones adversas, críticas, huir a nuestro mismo llamado y huir de Cristo.

Hace poco, una joven me expresaba una inquietud que tenía en su corazón y me preguntaba si cada uno de nosotros tenía un llamado.  Ella me especificaba que amaba a Dios con todo su ser pero al mismo tiempo no tenía un norte hacia donde dirigir su llamado. Es una mujer apasionada haciendo lo que más le gusta, pero dentro de eso no ha hallado el llamado que Dios tiene para su vida.
En medio de esa conversación yo recordé que yo descubrí mi llamado escapando de Él. Sí, leíste bien: escapando de las manos de Jesús.
Como lo mencioné antes, tú escapas es de los más grandes miedos que tienes dentro de ti. Yo le huí a Cristo, tal vez por mis temores al creer que no era suficiente para construir el sueño de Dios. Es una misión tan grande que en mi mente me ‘’quedaba corta’’ a la hora de empezarla.

Seguramente después de esto hayas obtenido fuerzas para seguir adelante en medio de tus problemas, pero tal vez hayan aumentado tus ganas de huir de tu llamado y de Jesús. En mi caso, descubrí la única clave para escapar de Cristo y quiero compartirla contigo.

FORTALECE TU INCREDULIDAD CON UN CÓMO.

Absolutamente cualquier duda que tengas para confrontar tus situaciones pregúntaselo a Dios con un CÓMO.

  • ¿CÓMO voy a predicar tu palabra si no sé hablar?
  • ¿CÓMO conseguiré este negocio si no tengo influencias?
  • ¿CÓMO influenciar mi trabajo, barrio o universidad si soy muy joven/viejo?
  • ¿CÓMO pastorear sin saber pastorear?

La clave está en el “cómo”.
Siempre que tenemos dudas que no nos dejan avanzar, Dios siempre las responde y descubrirás que cuando empiezas con un cómo Él termina con esto:

  • «No temas, sino habla y no calles’’ – Hechos 18:9
  • «Yo pongo mis palabras en tus labios.
 Hoy te doy plena autoridad’’ – Jeremías 1:9
  • Pero el Señor me dijo:
 «No digas que eres muy joven.
 Tú irás a donde Yo te mande,
 y dirás lo que yo te ordene. – Jeremías 1:7
  •  “Yo no soy profeta, ni hijo de profeta, sino que soy boyero y cultivador de higueras. Pero el Señor me tomó cuando pastoreaba el rebaño, y me dijo: ‘Ve, profetiza a Mi pueblo Israel’’. – Amós 7:14-15

Después de esto encontrarás que cuando intentas fortalecer tu incredulidad, Él deja que tus dudas se mueran de hambre a través de la confirmación de su Palabra en ti.  ES IMPOSIBLE ESCAPAR DE DIOS. Inténtalo, hazlo, pero al fin y al cabo entenderás que Jesús no deja un llamado sin realizar y un don sin descubrir.

 Yo escapé -y he seguido tratando de escapar- de Cristo buscando una salida fácil, pero lo que encontré fue una entrada a la mayor aventura que cualquiera pueda tener.

Sigo creyendo que Dios es el único Absoluto que te quiere para Él y si tratas de escapar Él se encargará de relativizar todo cuanto te ata hasta convertirse en el único Absoluto de tu vida.

Mt 23,1-12. HACERSE SERVIDOR DE LOS OTROS

«Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos: «Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen.

Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.

Todo lo hacen para que los vean: agradan las filacterias y alargas los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludamos en las plazas y oírse llamar “mi maestro” por la gente.

En cuanto a ustedes, no se hagan llamar “maestro”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen “padre”, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco “doctores”, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.

Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado» (Mt 23,1-12).

Jesús había enseñado en el Sermón de la Montaña: «No juzguen, para no ser juzgados. Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes» (Mt 7,1-2).

Y así es un hecho que los predicadores del Evangelio también son hasta el presente juzgados con la MISMA MEDIDA con que ellos juzgan a los fariseos. Con frecuencia se dice de los clérigos: «no se guíen por sus obras, porque NO HACEN lo que dicen» (Mt 23,3).

¿Héroes o villanos?

Si bien Jesús no concuerda con los fariseos en algún punto (el divorcio: Mt 19,3-9), en otros sí (la resurrección: Lc 20,39). Y reconoce su autoridad religiosa.

Las imágenes que nos llegan de los fariseos son muy dispares. Según Josefo:

«Tenían conquistado crédito ante el pueblo y todas las cosas divinas, las oraciones y las ofrendas de sacrificios se cumplían según su interpretación. Las ciudades habían rendido homenaje a tantas virtudes, aplicándose a lo hay de más perfecto en ellos tanto en la práctica como en la doctrina» (cf. Antigüedades XVIII,11-25).

«Los ricos se inclinaban por los saduceos, mientras que los fariseos contaban con la simpatía de la multitud» (Antigüedades XIII,298).

Por su parte rigoristas esenios cuestionan a los fariseos, pero por considerarlos laxos en la interpretación de la Ley:

«Se indignan al oírme los que gustan de contemporizar… los intérpretes de la mentira, la horda de seductores» (Himnos II,15.32).

«Ellos buscaron interpretaciones fáciles, escogieron ilusiones, escudriñaron brechas, escogieron el cuello hermoso, justificaron al culpable y condenaron al justo, transgredieron la alianza, quebrantaron el precepto, se agruparon contra la vida del justo, su alma aborreció a todos los que caminan en la perfección…» (Documento de Damasco 1,18-21).

Buenos y malos, … como en todos lados

La inconsecuencia entre la propia identidad y la conducta concreta es una herida que afecta a todo ser humano. La Mishná lo expresa con dolor:

«Un piadoso idiota, un malvado astuto, una mujer hipócrita y las heridas de los fariseos destruyeron el mundo» (Sotah 3,4).

Y el Talmud comenta la frase catalogando a los fariseos (Sotah 22b)

  Apodo Explicación
1 Fariseo Ancho de HOMBROS Lleva sus acciones en los hombros para que todos las vean.
2 Fariseo REZAGADO Se atrasa respecto a los deberes de justicia porque siempre tiene otro precepto que cumplir.
3 Fariseo CALCULADOR Puede permitirse algún delito porque antes realizó otras obras buenas.
4 Fariseo AHORRADOR Se pregunta constantemente qué otro deber puede cumplir que resulte virtuoso.
5 Fariseo ESCRUPULOSO Se preguntan por los pecados ocultos para compensarlos con una buena acción
6 Fariseo del TEMOR Temen el castigo
7 Fariseo del AMOR Aman a Dios y confían en su recompensa

Un lenguaje bastante habitual

El duro tono dirigido contra los referentes religiosos era habitual entre los profetas (Os 5,1-10). Jesús se integra en esa misma corriente.

La Mishná es testigo de las descalificaciones entre SADUCEOS y FARISEOS por desacuerdos en la jurisprudencia de la Torah (Yadayim 4,6-8).

También los mismos fariseos discutían entre sí; no siempre con humildad:

«Durante muchos años discutieron las escuelas de Hillel y Shammay. Unos decían: la jurisprudencia es tal cual nosotros la interpretamos. Los otros, a su vez, abogaban por su propia razón… ¿Por qué se determinó en la mayoría de los casos que la razón la tienen los discípulos de Hillel? Porque eran amables y humildes. Esto te enseña: El que se humilla, es enaltecido. El que se enaltece, es humillado» (Talmud, Erubim 13).

Pero también el Apóstol Pablo descalifica a otros predicadores del Evangelio:

«Atención a los perros; atención a los obreros malos… Porque muchos viven según os dije tantas veces, y ahora os lo repito con lágrimas, como enemigos de la cruz de Cristo, cuyo final es la perdición, cuyo Dios es el vientre, y cuya gloria está en su vergüenza, que no piensan más que en las cosas de la tierra» (Flp 3,2.18-19).

Con mucho acierto observa John Meier: «El diálogo cortés entre grupos religiosos diferentes es una feliz invención moderna» (Un Judío Marginal III, p.355).

El más grande de entre ustedes será servidor

Si bien los cuestionados son «los escribas y fariseos», la advertencia va dirigida «a la multitudy a los discípulos» (Mt 23,1). Los reproches quieren prevenir lo que muy fácilmente les puede ocurrir a los seguidores de Jesús en el ejercicio de la autoridad en la nueva comunidad que se va formando. Esto queda claro en el contraste de la advertencia: «En cuanto a ustedes…» (23,8).

En el Sermón de la Montaña se criticaba el exhibicionismo en la práctica religiosa, tales como:

  • «ir pregonando la limosna, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles» (Mt 6,2)
  • «orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos» (6,5)
  • «desfigurar el rostro para que se note el ayuno» (6,16)

A pesar de la ostentación, la práctica era efectiva: se daba limosna, se dedicaba tiempo a orar y había privación de alimento. Aquí se lo reconoce también cuando se denuncia: «Todo lo HACEN para que los vean» (23,5). Pero también se señala que en muchas otras cosas que son objeto enseñanza hay una gran inconsecuencia: «no se guíen por sus obras, porque NO HACEN lo que dicen» (23,3).

Sin embargo el Evangelio no cuestiona el concepto de presidencia con autoridad, pues manda a sus oyentes: «hagan y cumplan todo lo que les digan». Además Jesús declara que, así como algunos entonces ocupaban la cátedra de Moisés, «los que lo han seguido, también se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel» (19,28).

Si bien el Evangelio propone un modo igualitario de relaciones, donde deben desaparecer las actitudes de superioridad, no por eso suprime los «cargos» que se desempeñan en la comunidad. Más bien se trata de devolver el sentido que éstos tienen, que es el de la RESPONSABILIDAD y el SERVICIO. En otras palabras, se amonesta a poner el hombro a las «pesadas CARGAS que se han puesto sobre los demás» (23,4) y a las que están implicadas en el propio CARGO: comportarse como padres y maestros, y no quedarse con la ostentación del título.

Martín de la Caridad

Martín, con el ejemplo de su vida, nos demuestra que es posible conseguir la salvación y la santidad por el camino que Cristo enseña: si ante todo amamos a Dios de todo corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente; y, en segundo lugar, si amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Por lo cual, ante todo, Martín, ya desde niño, amó a Dios, dulcísimo Padre de todos: y con tales características de ingenuidad y sencillez que no pudieron menos que agradar a Dios.

Posteriormente cuando entró en la Orden Dominicana, de tal modo ardió en piedad que, no una sola vez, mientras oraba, libre su mente de todas las cosas, parecía estar arrebatado al cielo. Pues tenia en su corazón bien fijo lo que Santa Catalina de Sena había afirmado con estas palabras: “Es normal amar a aquel que ama. Aquel que vuelve amor por amor puede decirse que da un vaso de agua a su Creador” (Carta número 8 de Santa Catalina). Después de haber meditado que Cristo padeció por nosotros…, que llevó en su cuerpo nuestros pecados sobre el madero, se encendió en amor a Cristo crucificado, y al contemplar sus acerbos dolores, no podía dominarse y lloraba abundantemente. Amó también con especial caridad al augusto Sacramento de la Eucaristía al que, con frecuencia escondido, adoraba durante muchas horas en el sagrario y del que se nutría con la mayor frecuencia posible. Amó de una manera increíble a la Virgen María, y la tuvo siempre como una Madre querida. Además, San Martín, siguiendo las enseñanzas del Divino Maestro, amó con profunda caridad, nacida de una fe inquebrantable y de un corazón desprendido a sus hermanos. Amaba a los hombres porque los juzgaba hermanos suyos por ser hijos de Dios; más aún, los amaba más que a sí mismo, pues en su humildad juzgaba a todos más justos y mejores que él. Amaba a sus prójimos con la benevolencia propia de los héroes de la fe cristiana.

Excusaba las faltas de los demás; perdonaba duras injurias, estando persuadido de que era digno  de mayores penas por sus pecados; procuraba traer al buen camino con todas sus fuerzas a los pecadores; asistía complaciente a los enfermos; proporcionaba comida, vestidos y medicinas a los débiles; favorecía con todas sus fuerzas a los campesinos, a los negros y a los mestizos que en aquel tiempo desempeñaban los más bajos oficios, de tal manera que fue llamado por la voz popular Martín de la Caridad. Hay que tener también en cuenta que en esto siguió caminos, que podemos juzgar ciertamente nuevos en aquellos tiempos, y que pueden considerarse como anticipados a nuestros días. Por esta razón ya nuestro predecesor de feliz memoria Pío XII nombró a Martín de Porres Patrono de todas las instituciones sociales de la República del Perú.

Con tanto ardor siguió los caminos del Señor que llegó a un alto grado de perfecta virtud y se inmoló como hostia propiciatoria. Siguiendo la vocación del Divido Redentor, abrazó la vida religiosa para ligarse con vínculos de más perfecta santidad. Ya en el convento no se contentó con guardar con diligencia lo que le exigían sus votos, sino que tan íntegramente cultivó la castidad, la pobreza y la obediencia que sus compañeros y superiores lo tenían como una perfecta imagen de la virtud.

La dulzura y delicadeza de su santidad de vida llegó a tanto que durante su vida y después de la muerte ganó el corazón de todos, aun de razas y procedencias distintas; por esto nos parece muy apropiada la comparación de este hijo pequeño de la nación peruana con Santa Catalina de Sena, estrella brillante también de la familia dominicana, elevada al honor de los altares hace ya cinco siglos: ésta, porque sobresalió por su claridad de doctrina y firmeza de ánimo; aquél, porque adaptó sus actividades durante toda su vida a los preceptos cristianos.

Venerables hermanos y queridos hijos. Como ya hemos afirmado al comienzo de nuestra homilía, juzgamos muy oportuno el que este año en que se ha de celebrar el Concilio, sea enumerado entre los santos Martín de Porres. Pues la senda de santidad que él siguió y los resplandores de preclara virtud con que brilló su vida, pueden contemplarse como los frutos saludables que deseamos a la Iglesia católica y a todos los hombres como consecuencia del Concilio Ecuménico.

Porque este santo varón, que con su ejemplo de virtud atrajo a tantos a la religión, ahora también, a los tres siglos de su muerte, de una manera admirable, hace elevar nuestros pensamientos hacia el cielo. No todos, por desgracia, comprenden cómo son precisos estos supremos bienes, no todos los tienen como un honor; más aún, hay muchos que siguiendo el placer y el vicio los desestiman, los tienen como fastidiosos, o los desprecian. ¡Ojalá que el ejemplo de Martín enseñe a muchos lo feliz y maravilloso que es seguir los pasos y obedecer los mandatos divinos de Cristo!

Venerables hermanos y queridos hijos. Tenéis trazada a grandes rasgos la imagen de este santo celestial. Miradla con admiración y procurad imitar en vuestra vida su excelsa virtud. Invitamos a esto especialmente a la juventud animosa que hoy se ve rodeada de tantas insidias y peligros. Y que especialmente el pueblo peruano para Nos tan querido emule sus glorias en la religión católica, y por la intercesión de San Martín de Porres, produzca nuevos ejemplos de virtud y santidad. Amen, Jesús.

De la homilía pronunciada por el Papa Juan XXIII en la Canonización de San Martín de Porres

Esperando la Resurrección Final: Día de los fieles difuntos

“Una flor sobre su tumba se marchita, una lágrima sobre su recuerdo se evapora. Una oración por su alma, la recibe Dios”, decía San Agustín. Cada 2 de noviembre la Iglesia recuerda con mucho cariño a los fieles difuntos y por ello te recomendamos estas oraciones por las almas de tus familiares que ya partieron a la Casa del Padre.

Por los padres y abuelos

¡Oh Dios! Nos mandaste honrar padre y madre. Por tu misericordia, ten piedad de mi padre (madre) y no recuerdes sus pecados. Que yo pueda verlo (la) de nuevo en el gozo de eterno fulgor. Te lo pido por Cristo nuestro Señor. Amén.

Todos tenemos familiares y amigos que han muerto. Hoy los recordamos a ellos y a todos los que han fallecido y los encomendamos a la misericordia de Dios. En este cementerio nos unimos para afirmar nuestra fe en Cristo que ha vencido la muerte y nuestra esperanza de que él vencerá también nuestra muerte y nos reunirá con nuestros seres queridos en su reino de gloria. Que esta celebración nos anime a ser fieles al Señor y a seguir los buenos ejemplos que nuestros familiares nos dejaron en su vida. Comencemos reconociendo nuestros pecados ante el Señor (momentos de silencio).


“Hermanos: No queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza”. Así empezaba el fragmento de la carta de san Pablo que hemos escuchado. ¡La suerte de los difuntos, de nuestros difuntos, de este hermano nuestro, cuyos restos mortales vamos a depositar en el sepulcro! ¿Qué pasa con ellos?

Esta es una pregunta fundamental que se hacen todos los hombres, sobre todo en momentos como éstos, cuando sufrimos la pérdida de un ser querido. La experiencia de la muerte está ahí; es una realidad de cada día, de la que no podemos sustraernos. Todos sabemos que tenemos que morir, que la muerte es el destino final de la vida humana. A pesar de eso, es decir, a pesar de que la muerte es la certeza más segura, vivimos como si la muerte no nos hubiera de visitar nunca, como si los que han de morir fueran los demás. A la vera del camino van quedando otros, mientras nosotros continuamos viviendo y preguntándonos de vez en cuando por los que ya han muerto.

A la pregunta por “la suerte de los difuntos”, dónde van a parar, qué será de ellos, no hay más que dos respuestas mutuamente excluyentes: o bien no hay ninguna “suerte”, es decir, los muertos están bien muertos y punto; o bien su destino es la vida junto a Dios, si fueron fieles a El mientras vivieron en este mundo. El pensamiento acerca de “la suerte de los difuntos” está íntimamente ligado a la fe en Dios, que la Sagrada Escritura llama “Dios de vivos, no de muertos”. Para el que no cree en Dios, la cosa está resuelta de antemano: si Dios no existe, mucho menos existirá una vida después de la muerte, por tanto, de lo que se trata es de vivir esta vida, la única que hay, lo mejor posible y sacándole el mayor provecho posible en cada momento: “comamos y bebamos, que mañana moriremos”, así caracteriza san Pablo la “filosofía” materialista de los que se apuntan únicamente a esta vida: “su dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas. Sólo aspiran a cosas terrenas”(Fil 3,19). Ciertamente, también hay otros que, sin esperar otra vida, porque no han recibido el don de la fe, viven esta vida de una manera digna, más digna a veces que los que “esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro”.

Sin embargo, el misterio de la muerte y la “suerte de los difuntos” sólo halla una respuesta adecuada desde la fe. Así nos enseña el Concilio Vaticano II: “Mientras toda imaginación fracasa ante la muerte, la Iglesia, aleccionada por la Revelación divina, afirma que el hombre ha sido creado por Dios para un destino feliz situado más allá de las fronteras de la miseria terrestre. La fe cristiana enseña que la muerte corporal… será vencida cuando el omnipotente y misericordioso Salvador restituya al hombre en la salvación perdida por el pecado… Ha sido Cristo resucitado el que ha ganado esta victoria para el hombre, liberándolo de la muerte con su propia muerte”(GS 18).

Los hombres sin esperanza, es decir, sin fe se afligen ante la muerte, porque con ella todo termina irremisiblemente. El Apóstol Pablo, en cambio, quiere que los creyentes miremos a la muerte con otros ojos, con otra cara: “Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto en Jesús, Dios los llevará con El“. El punto principal es la resurrección de Cristo, ella es la garantía de la resurrección de todos los demás, que hayan muerto en Jesús. Pablo no olvida este dato: morir todos tenemos que morir, lo importante es morir en Cristo Jesús, es decir, en su gracia y amistad.

“La suerte de los difuntos” está en Dios; por la muerte temporal han entrado en la vida eterna de Dios. Como la simiente que sembramos en la tierra ha de morir, ha de pudrirse primero para dar fruto, así también nosotros, para alcanzar la vida sin fin hemos de pasar por el doloroso trance de la muerte: a la vida verdadera se pasa por la frontera del sepulcro. Pero lo  verdaderamente importante es que cuando llamemos a su puerta, El nos abra; lo decisivo es que cuando venga el Esposo para invitarnos a entrar con El al banquete del Reino, nos encuentre preparados, con las lámparas encendidas, es decir, con la llama de la fe, la esperanza y la caridad iluminando nuestra vida y nuestra muerte.

Precisamente porque nosotros confiamos en que “la suerte de los difuntos” está en Dios, por eso mismo no sólo los recordamos, sino que entramos en comunión con ellos, rezamos a Dios por ellos y ellos interceden por nosotros. Como nos enseña el Concilio Vaticano II: “la fe… ofrece la posibilidad de una comunión con nuestros queridos hermanos arrebatados por la muerte, dándonos la esperanza de que poseen ya en Dios la vida verdadera”(GS 18).

Esta comunión con nuestros difuntos alcanza su momento culminante cuando oramos a Dios por ellos en la Eucaristía; entonces la Iglesia, mientras ofrece al Padre el sacrificio de Cristo presente sobre el altar, recuerda a los difuntos y reza especialmente por ellos. Es lo que estamos haciendo nosotros reunidos hoy aquí para orar por nuestro hermano que acaba de dejarnos. Y hay que decir que este rezar por él es un verdadero acto de fe, una confesión del Dios de vivos, a cuya misericordia le confiamos con la esperanza de ser contados también nosotros en el número de los elegidos, de aquellos que entran con el Esposo al banquete de bodas del Reino, “donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria…, porque al contemplarte como tú eres, Dios nuestro, seremos para siempre semejantes a ti y cantare­mos eternamente tus alabanzas” (Plegaria III).