Hasta pronto Padre VICENTE PALACIOS DEL HOYO -OFM-

No podemos estar felices todos al mismo tiempo… 

Este domingo 21 de enero fue una mezcla de emociones las cuales teníamos que aceptarlas como tal. La emocionante y reconfortante visita del Santo Padre a Nuestro País y la partida de nuestro Padre Vicente Palacios a la Casa del Padre Celestial. 

En conversaciones con hermanos religiosos y laicos, que tuvimos la posibilidad de haber compartido experiencias con Padre Vicente, hemos coincidido en algo: era un Padre BUENO. 

Como se recordaba el día de hoy, al momento de leer su biografía, se resaltaba su bondad cuando trataba con el prójimo. Sus 60 años de sacerdocio y su pasión por las misiones. La ausencia de alguien siempre nos arrancará las lágrimas y dejará un vacío que solamente Dios puede llenar y dar un contenido. 

Nos vendrán las muchas interrogantes al momento de contemplar a un anciano que busca hacer el bien. ¿Qué es lo que veía cuando celebraba la Eucaristía ya que era evidente que la vivía como una experiencia única e irrepetible? ¿Qué es lo que le impulsaba a salir a visitar a los enfermos sabiendo que lo único que queda es asistirle en los últimos momentos de su existencia?

Creo que la respuesta la dio el Papa Francisco: 

Los jóvenes van rápido… los ancianos conocen el camino. 

Otra persona me dijo, es una tristeza que ya no esté con nosotros pero sabemos que ya está en el cielo, pues a otro lado es imposible que pueda haber ido; por eso podemos estar más que alegres. 



Es difícil pronunciar palabras de consuelo cuando estamos cara a cara con la muerte, incluso cuando la persona que murió vivió una vida plena y murió en las mejores circunstancias. Es especialmente duro cuando el que ha fallecido es una persona muy querida, todavía necesitado de cuidados.

Como sacerdote, he tenido que presidir muchos funerales, como resultado de una enfermedad, un accidente o ancianidad. Este tipo de funerales son siempre tristes. 

No hay muchas palabras que ayuden en una situación como esta, pero incluso lo poco que se puede decir, en un día como ese, cuando la muerte es tan cruda, no ofrece demasiado consuelo emocional. ¿Qué se dice cuando se enfrenta una muerte como ésta? Simplemente que esa persona está ahora en unas manos más amorosas, tiernas, suaves y seguras que las nuestras, que hay una madre y un padre que los precedieron al otro lado y ahora saldrán a recibirle, como hubo una a este lado cuando nació. Todos nacemos en los brazos de una madre. Esta es la imagen que necesitamos mantener ante nosotros para imaginar sanamente la muerte.

Cuando morimos, morimos en los brazos de Dios y seguramente somos recibidos con tanto amor, dulzura y ternura como los que seguramente recibimos en los brazos de nuestras madres cuando nacimos. Más aún, seguramente estamos más a salvo que cuando nacimos aquí en la tierra. Sospecho, también, que más de unos pocos santos nos rodearán, esperando su oportunidad para acunar al nuevo niño. Por eso está bien, incluso si morimos antes de que estemos preparados, si aún necesitamos el cuidado de alguien que nos cuide, si todavía estamos necesitados de una madre. Estamos en manos seguras, cuidadoras y tiernas. En las manos de Dios.

Esto es profundamente consolador  porque la muerte nos convierte en huérfanos y diariamente hay personas que mueren porque es la ley de la vida, inesperadamente, sin estar preparados, todavía necesitados de cuidado en sí mismos, en diferentes circunstancias. Todos morimos necesitando una mano maternal de Dios. Por eso tenemos la seguridad que nos da la fe, por la cual creemos que naceremos en unas manos más seguras y cuidadoras que las nuestras.

De cualquier manera éste consuelo no borra el dolor de la pérdida de nuestro P. Vicente. Nada se lo borra porque nada puede. La muerte marca indeleblemente nuestros corazones porque el amor nos hiere de esa manera. Tal y como Dietrich Bonhoeffer dice: “Nada puede disfrazar la ausencia de alguien querido… no tiene sentido decir que Dios llena el hueco; Dios no lo llena, al contrario, Dios lo mantiene vacío de manera que éste vacío nos ayude a mantener viva nuestra comunión con los otros, incluso pagando el precio del dolor… Lo más querido y rico de nuestros recuerdos, la más difícil separación. Pero la gratitud cambia la herida de nuestros recuerdos por una alegría tranquila. La belleza del pasado nace, no como una espina clavada en la carne, sino como un precioso regalo para nosotros mismos.”

Les dejo aquí las fotografías de la santa Misa y del Funeral:

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Comentario al Evangelio de hoy viernes, 5 de agosto de 2016

Aprendí hace muchos años que la mejor razón para vivir es al mismo tiempo la mejor razón para morir. Por paradójico que pueda parecer es así. La razón de vivir de unos padres pueden ser sus hijos. Precisamente por eso darían la vida por ellos. En un momento de sacrificio final y en el día a día hecho de trabajo y servicio por el bien de sus hijos. La darían del todo porque ya la están dando en el día. Y eso no les haría perder ni un ápice de su felicidad. Dan su vida por bien vivida, entregándose por sus hijos. A pesar de que mirado desde fuera, quizá podamos tener la sensación de que esos padres en realidad están “perdiendo” su vida. 

      Hoy Jesús, en coincidencia con lo que acabamos de comentar, habla en el Evangelio a aquellos que hacen todos los esfuerzos posibles por ganar su propia vida, por salvarse. Y les dice que precisamente son ellos los que se están perdiendo. Tanto preocuparse de sí mismos para al final no ganar nada. Es como el que pretende apretar mucho los dedos de la mano para retener agua o arena. Al final, todo se le escapa y se queda con las manos vacías. Precisamente, dice Jesús, es el que pierde su vida por el reino el que la termina encontrando en plenitud.

      Hoy hablamos mucho de auto-estima, de auto-realización. Se dice que cada uno tiene que mirar por su propia felicidad. Se busca el bienestar. Todo es colocarse uno en el centro del mundo, en el centro del universo. Y todo lo que me rodea tiene que servirme para ser yo feliz.  Como decía un sociólogo, hoy en día todo es una prótesis que uso en tanto en cuanto me ayuda a sentirme mejor. Uso gafas porque así veo mejor. Uso una dentadura postiza porque así puedo comer. Tengo amigos porque me ayudan a sentirme acompañado. Tengo una relación de pareja que me hace sentirme feliz y realizado. Tengo hijos por la misma razón. Pero en el momento en que las gafas o la pareja o los hijos no me hacen sentirme bien o suponen una carga, me deshago de ellos y busco otra “prótesis” que me siente mejor, que me haga verme más guapo o sentirme más feliz. 

      La propuesta de Jesús va en la dirección opuesta. Los otros no son la prótesis que me hace falta para sentirme bien. Los otros son mis hermanos, parte de mi propia vida. Sólo en tanto en cuanto soy capaz de compartir mi vida, de “perderla”, de regalarla, por su vida, podré encontrar mi propia plenitud. 

      Sólo al perder la vida, se encuentra la propia plenitud. ¿Suena raro? Quizá sí, pero es así como son las cosas. En el Reino nadie mira en primer lugar por su propio bien sino por el bien de los hermanos. Y ahí es donde encuentro mi propia plenitud. ¿Por qué no hacemos la prueba?motu

¿Cómo obtener indulgencia plenaria durante el Año de la Misericordia?

En su carta por el Año de la Misericordia, el Papa Francisco explicó las formas en las que los fieles podrán obtener la indulgencia durante este jubileo; ya sea en Roma, en cualquier lugar del mundo e incluso en las cárceles. El Santo Padre también explica el modo en el que deben proceder los enfermos y ancianos para obtener esta gracia.

En cualquiera de los siguientes casos que se mencionan para obtener la indulgencia se debe cumplir primeramente con las condiciones habituales: confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre.

1.- Los fieles “están llamados a realizar una breve peregrinación hacia la Puerta Santa, abierta en cada catedral o en las iglesias establecidas por el obispo diocesano y en las cuatro basílicas papales en Roma, como signo del deseo profundo de auténtica conversión”.

2.- “Igualmente dispongo que se pueda ganar la indulgencia en los santuarios donde se abra la Puerta de la Misericordia y en las iglesias que tradicionalmente se identifican como Jubilares. Es importante que este momento esté unido, ante todo, al Sacramento de la Reconciliación y a la celebración de la Santa Eucaristía con un reflexión sobre la misericordia”.

El Papa precisa que “será necesario acompañar estas celebraciones con la profesión de fe y con la oración por mí y por las intenciones que llevo en el corazón para el bien de la Iglesia y de todo el mundo”.

3.- El Papa Francisco señala también que cada vez que un fiel realice personalmente una o más las obras de misericordia corporales y espirituales “obtendrá ciertamente la indulgencia jubilar”.

“De aquí el compromiso a vivir de la misericordia para obtener la gracia del perdón completo y total por el poder del amor del Padre que no excluye a nadie. Será, por lo tanto, una indulgencia jubilar plena, fruto del acontecimiento mismo que se celebra y se vive con fe, esperanza y caridad”, resalta el Papa.

4.- Sobre los enfermos y las personas ancianas que no pueden salir de casa, el Pontífice afirma que para ellos “será de gran ayuda vivir la enfermedad y el sufrimiento como experiencia de cercanía al Señor que en el misterio de su pasión, muerte y resurrección indica la vía maestra para dar sentido al dolor y a la soledad”.

“Vivir con fe y gozosa esperanza este momento de prueba, recibiendo la comunión o participando en la Santa Misa y en la oración comunitaria, también a través de los diversos medios de comunicación, será para ellos el modo de obtener la indulgencia jubilar”.

5.- Sobre los presos, el Pontífice explica que “en las capillas de las cárceles podrán ganar la indulgencia, y cada vez que atraviesen la puerta de su celda, dirigiendo su pensamiento y la oración al Padre, pueda este gesto ser para ellos el paso de la Puerta Santa, porque la misericordia de Dios, capaz de convertir los corazones, es también capaz de convertir las rejas en experiencia de libertad”.

6.- Indulgencia para los difuntos: “de igual modo que los recordamos en la celebración eucarística, también podemos, en el gran misterio de la comunión de los santos, rezar por ellos para que el rostro misericordioso del Padre los libere de todo residuo de culpa y pueda abrazarlos en la bienaventuranza que no tiene fin”.

REFLEXIÓN AL EVANGELIO DEL SÁBADO 23 DE ABRIL DEL 2016

MI AMIGA SIRI LEYENDO EL SIGUIENTE TEXTO:



Del Evangelio según Juan

Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.» Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.

Palabra del Señor… Gloria a Ti Señor Jesús.

 

REFLEXIONEMOS:

Análisis exegético:

La meta:

Jesús, uno con el Padre

Si llegan a conocerme del todo, conocerán también a mi Padre; aunque ya ahora lo conocen y lo están viendo presente.

El término del camino y de la semejanza es el Padre, pero éste está presente en Jesús. Los discípulos poseen ya un conocimiento de Jesús y, por tanto, ven en él al Padre presente. Ese conocimiento, sin embargo, no es algo dado de una vez para siempre. Es progresivo y va revelando más plenamente al Padre. No es meramente intelectual ni exterior, sino relacional, la familiaridad que crea el amor y que se alcanza sólo por la práctica del amor; supone la comunión en el Espíritu, que hace nacer de Dios. Progresar en el conocimiento de Jesús, es decir, ahondar la comunión con él por la práctica del amor, va haciendo al hombre hijo de Dios y dándole a conocer al Padre.

Felipe le dijo: Señor, haznos ver al Padre, y nos basta. La petición de Felipe denota su falta de comprensión. Había sido invitado por Jesús a seguirlo, pero lo identificó con la figura del Mesías que podía deducirse de la Ley de Moisés y de los profetas. No ha comprendido, por tanto, que Jesús es la realización, no de la Ley, sino del amor y la lealtad de Dios. En la escena de los panes mostró no haber entendido la novedad del reino mesiánico; tampoco entiende aún la calidad de Jesús Mesías. Queda estancado en la mentalidad de la antigua alianza. Ve en Jesús al representante de Dios. Bendito el que llega en nombre del Señor, en quien se cumplen las antiguas promesas. No se ha dado cuenta de que Jesús desborda toda promesa, que él es la presencia misma de Dios en el mundo.

Jesús le contestó: Tanto tiempo como llevo con vosotros y ¿no has llegado a conocerme, Felipe? Quien me ve presente a mí, ve presente al Padre; ¿cómo dices tú: Haz que veamos al Padre?.

Jesús le contesta con una queja. La convivencia con él, ya prolongada, no ha ampliado su horizonte. Anclado en la idea tradicional, no puede comprender que el Padre esté presente en Jesús.

Explica aquí Jesús el contenido de la promesa hecha a los discípulos en el episodio de Felipe y Natanael: Veréis el cielo quedar abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar por este Hombre. Como allí se ha explicado, el punto de comparación con Jacob estaba en la presencia de la gloria de Dios en Jesús; la presencia de la gloria-amor es la del Padre. Como los Judíos de Cafarnaún aún separa Felipe a Dios del hombre. No conoce el alcance de su amor ni de su proyecto.

No concibe que en el Hombre esté presente y se manifieste Dios, que el Hombre sea Dios. Como lo ha notado Juan, sólo después de la resurrección de Jesús comprendieron los discípulos ser él el nuevo santuario donde habita la gloria. Dios, por tanto, es visible en Jesús.

¿No crees que yo estoy identificado con el Padre y el Padre conmigo? Las exigencias que yo propongo no las propongo como cosa mía: es el Padre, que, viviendo en mí, realiza sus obras.

La presencia del Padre en Jesús es dinámica; a través de él ejerce su actividad. Jesús, por ser la localización de la presencia del Padre, lo es de su acción creadora.

Las exigencias que Jesús propone reflejan las múltiples facetas de la actividad del amor y no son independientes de su persona. Formulan la acción del Padre en él, que es su acción en favor del hombre. El Padre ha realizado su obra en Jesús y, por medio de las exigencias que éste propone expresando su propia experiencia, realiza su obra en la humanidad. Las exigencias de Jesús concretan y acrecientan el amor, que es el Espíritu: por eso comunican Espíritu y vida y hacen presente a Dios mismo, que es Espíritu. Esta presencia creciente del Padre en el hombre, como principio de vida y actividad, realiza en él su obra, su designio creador. Así salva Dios al hombre.

Creedme: yo estoy identificado con el Padre y el Padre conmigo; y si no, cree dio por las obras mismas. Insiste Jesús en su total sintonía con el Padre, y como último criterio, como hizo con los dirigentes judíos, se remite a sus obras.

Quien considere la calidad de sus obras, tiene que concluir que son de Dios. El último argumento para probar la autenticidad de su misión y su identificación con el Padre es objetivo. Dios creador tiene que estar necesariamente en favor del hombre, su criatura. Si las obras de Jesús están hechas sólo y totalmente en favor del hombre, es evidente que está identificado con el Padre. Sus exigencias, por tanto, que responden a sus obras, son las exigencias del Padre, para el bien del hombre. La muerte de Jesús, su entrega para dar vida al hombre, demostrará su identificación total con el Padre, dador de vida.

Sí, os lo aseguro: Quien me presta adhesión, las obras que yo hago también él las hará, y las hará mayores.

La obra de Jesús ha sido sólo un comienzo, el futuro reserva una labor más extensa. El no se propone a sí mismo como modelo inalcanzable, el único capaz de hacer tales obras. El discípulo podrá hacer lo mismo y aún más. Esto confirma que las señales hechas por Jesús no son irrepetibles por lo extraordinarias, sino que su carácter principal es ser símbolos de la actividad que libera al hombre ofreciéndole la vida.

Con este dicho da ánimos a los suyos para el futuro trabajo. Sus obras no han sido un relámpago momentáneo y deslumbrador, sino el principio de una nueva actividad en favor del hombre, que ha de ser realizada por los que están adheridos a él, viven de su vida y cumplen sus mandamientos. La liberación ha de ir adelante. Su presencia y actividad en el mundo significa un recodo en la historia; Jesús ha venido para cambiar su rumbo; toca a los discípulos continuar la dirección dada por él.

Jesús da la razón de su afirmación anterior: los discípulos harán obras como las suyas, y aun mayores, porque desde su nueva condición en la esfera divina, él seguirá actuando con ellos. Su muerte no va a poner fin al proceso iniciado por él ni significa tampoco que él vaya a desentenderse del mundo. Los discípulos no están solos en su trabajo ni en su camino. A través de Jesús, el amor del Padre (su gloria) seguirá manifestándose en la ayuda a los discípulos para su misión.

La expresión en unión conmigo formula la experiencia de la comunidad: todos los dones que ésta recibe vienen por Jesús y toda su comunicación con el Padre se hace en Jesús. Es una de las expresiones de la realidad simbolizada bajo la figura de la rampa de Jacob; el cielo va a quedar abierto, es decir, no se interrumpirá ya la comunicación de Dios con los hombres, y el lugar de esa comunicación es Jesús. El mismo es la presencia del Padre y el acceso al Padre.

EN SÍNTESIS:

La oración de la comunidad expresa su vinculación a Jesús; se hace desde la realidad de la unión con él y a través de él. Tal vinculación, que va a definirse como identificación, hace de Jesús centro y miembro de la comunidad cristiana; así pone él su potencia a disposición de los suyos: Lo que pidáis unidos a mí, yo lo haré. Esta fórmula se refiere siempre a un verbo plural, pues dice relación a la comunidad. El contenido de la petición son los intereses de la comunidad en cuanto tal, que son los de Jesús, para realizar su obra.

La comunidad de Jesús tiene que recorrer un camino. La metáfora del camino expresa el dinamismo de la vida, que es progresión. Es un vivir que va terminando al hombre. Pero su término puede ser éxito o fracaso. El éxito es la madurez, el pleno desarrollo de las potencialidades. El fracaso, la decadencia, la ruina. Jesús marca la dirección en que el hombre se realiza: es el camino que él mismo ha abierto y trazado, el de la solidaridad con el hombre y la entrega, el del amor creciente. Ahí se encuentra el éxito de la vida, la vida definitiva. Todo otro camino lleva a la nada, a la muerte. La meta es la máxima solidaridad con el hombre, dándose enteramente por él. En ese amor se encuentra al Padre.

Pero Jesús no es solamente el camino como modelo; al mismo tiempo, la energía que él comunica (el Espíritu) impulsa y desarrolla en su misma dirección. Con el Espíritu, Jesús crea una onda de solidaridad con el hombre, de amor desinteresado que sigue sus pasos y lleva a la humanidad al encuentro final con el Padre. Así se constituirá el reino definitivo. Jesús acompaña siempre a los suyos en ese camino. No es solamente individual, sino comunitario. Su muerte no interrumpe el contacto. El los acompaña, su amor se asocia al itinerario.


o Radio Palabra:


Comentario al Evangelio de hoy martes, 19 de abril de 2016


Queridos amigos, paz y bien.

            Muchas veces, nuestra imagen de la Iglesia se limita a nuestra parroquia o, lo más, a nuestra diócesis. Cuando yo empecé en la vida religiosa, era lo máximo que imaginaba. Mi parroquia, mis grupos, mis jóvenes, mis… En teoría, todos sabemos que la Iglesia es católica, está extendida por todo el mundo. Pero eso no se refleja en nuestra mirada espiritual. Estamos habituados a hacer las cosas de una manera, por ejemplo, tomar la Comunión de rodillas, o en la mano, y nos parece extraño, incluso salvaje, que alguien lo haga de otra manera.

            Por eso es útil visitar la Comunidad de Taizé, por ejemplo, o las Jornadas Mundiales de la Juventud, o lugares como Santiago de Compostela, Lourdes o Fátima, para para rezar junto con miles de personas de diversos lugares. Así se puede sentir que la Iglesia es católica, universal. De todos los colores, razas, etnias y opiniones.

        ¿Cómo sucedió esto? Los cristianos, dispersos por la persecución que tuvo lugar después de la muerte de Esteban, llegaron a Chipre y Antioquia. Hablaban de Cristo a los judíos, y algunos se adhirieron y comenzaron, a su vez, a predicar el Evangelio de Cristo. Y muchos creyeron y se convirtieron al Señor.

            Esto es una señal clara de la acción del Espíritu Santo, que une a gente de diversas edades, culturas y posiciones políticas en el culto al Dios verdadero y único. La Iglesia unida y diversa a la vez. Nuestra unidad la da el Bautismo, que nos hace a todos miembros de una gran familia.

            La próxima vez que vayas al templo, habla con alguien que te parezca extraño. Intenta sentir la unidad que da la misma fe. Si puedes participar en la liturgia de fieles de otra cultura, hazlo, para ver la riqueza de la diversidad de tradiciones cristianas. Haz algo concreto para fortificar la unidad entre los cristianos, y verás la acción del Espíritu Santo, que da vida a la Iglesia.

            Señor Jesús, ayúdanos a aceptar las diferencias y reconocernos en tu único Cuerpo, la Iglesia.


Pastor de tu pueblo,

Tú nos guiaste por mesetas montes y cañadas,

con paciencia, ternura y sabiduría,

como los viejos pastores guían sus rebaños.

Hoy estamos desorientados y sin sueños.

¿Por qué no vienes a estar con nosotros un rato?

¿Por qué no nos sacas de estos apriscos vanos?

¿Por qué sigues sentado en tu trono de nubes?

Andamos errantes por campos agostados

sorbiendo el polvo y nuestro llanto;

nos flaquean el ánimo y las fuerza

y no encontramos un lugar de descanso.

Hemos perdido el horizonte que nos señalaste

y somos víctimas de nuestros miedos,

de nuestros anhelos frustrados en el camino,

de nuestros egoísmos y laberintos diarios.

Tú, que eres buen pastor, con entrañas y corazón…

Tú, que conoces a los tuyos por su nombre…

Tú, que los defiendes de lobos y otros peligros…

Tú, que prometiste darnos vida siempre…

¡Sílbanos tus alegres canciones que motivan,

llévanos por tus caminos preferidos,

condúcenos a los pastos que alimentan

y a las fuentes refrescantes que Tú conoces.

¡Muéstranos tu rostro alegre y luminoso,

como el sol nos ofrece generoso el suyo!

¡Guíanos, en estos tiempos de duda e incertidumbre,

con paciencia, ternura y sabiduría!

¡Reúnenos,

cúranos,

defiéndenos

y danos tu Espíritu!

Florentino Ulibarri

“Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”

IMG_2519541351617

El Evangelio, donde deslumbra gloriosa la Cruz de Cristo, invita insistentemente a la alegría. Basta  algunos ejemplos: “Alégrate” es el saludo del ángel a María (Lc. 1, 28). La visita de María a Isabel hace que Juan salte de alegría en el seno de su madre (cf Lc 1, 41). En su canto María proclama: “Mi espíritu se estremece de alegría en Dios, mi salvador” (Lc 1,47). Cuando Jesús comienza su ministerio, Juan exclama: “Esta es mi alegría, que ha llegado a su plenitud” (Jn 3,29). Jesús mismo “se llenó de alegría en el Espíritu Santo” (Lc 10,21). Su mensaje es fuente de gozo: “Os he dicho estas cosas para que mi alegría este en vosotros y vuestra alegría sea plena” (Jn 15, 11). Nuestra alegría cristiana bebe de la fuente de su corazón rebosante. Él promete a los discípulos: “Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría” (Jn 16,20). E insiste: “Volveré a veros y se alegrará vuestro corazón, y nadie os podrá quitar vuestra alegría” (Jn 16,22). Después ellos, al verlo resucitado, “se alegraron” (Jn 20,20). El libro de los Hechos de los Apóstoles cuenta que en la primera comunidad “tomaban el alimento con alegría” (2,46). Por donde los discípulos pasaban, había “una gran alegría” (8,8), y ellos, en medio de la persecución, se llenan de gozo” (13,52). Un eunuco, apenas bautizado, “siguió gozoso su camino” (8,39), y el carcelero “se alegró con toda su familia por haber creído en Dios” (16,34). ¿Por qué no entrar también nosotros en ese río de alegría? 

Hay cristianos cuya obción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua. Pero reconozco que la alegría no se vive del mismo modo en todas las etapas y circunstancias de la vida, a veces muy duras. Se adapta y se transforma, y siempre permanece al menos como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo. Comprendo a las personas que tienden a la tristeza por las graves dificultades que tienen que sufrir, pero poco a poco hay que permitir que la alegría de la fe comience a despertarse, como una secreta pero firme confianza, aun en medio de las peores angustias: “Me encuentro lejos de la paz, he olvidado la dicha [ … ]. Pero algo traigo a la memoria, algo que me hace esperar. Que el amor del Señor no se ha acabado, no se ha agotado su ternura. Mañana tras mañana se renueva. ¡Grande es su fidelidad!  [ … ]. Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor” (Lam 3,17. 21-23. 26).  

DE: “EVANGELII GAUDIUM”

Exhortación Apostólica del Papa Francisco.

Números 5 y 6.

 

Comentario al Evangelio de hoy domingo, 17 de enero de 2016

san Juan 2,1-11


Vamos de boda y hay demasiada agua y poco vino. Boda…, vino…, todo en San Juan son símbolos, hasta a los milagros los llama signos. Desde el profeta Oseas, hasta el texto de la primera lectura de hoy: “Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyo; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo”, la relación de Dios con su pueblo se presenta en clave matrimonial. Lo mismos pasa con el vino, que es el signo mesiánico por excelencia, como nos recuerdan los Salmos: “Y vino que alegra el corazón” (104,15). Una boda sin vino es como una vida sin alegría.

No necesitamos mucha imaginación, para conectar la boda de Caná, con Jesús, que viene a desposarse con su novia, la humanidad, el pueblo de Dios, que busca el Reino, montones de veces representado por una comida. Banquete, que es eucaristía, en la que se toma el vino de la sangre derramada y en el que están presentes: la comunidad, los discípulos y María. La boda es fiesta, cosa que no siempre tenemos presente los cristianos, que a veces miramos un poco de reojo, lo que es diversión, placer y alegría. Todos están invitados, pero a la hora de brindar: “Faltó el vino”.

Es María la que se da cuenta y se adelanta a buscar una solución: “La madre de Jesús le dijo: No les queda vino. Jesús le contestó: Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora”. La respuesta de Jesús podemos interpretarla de diversas maneras, no la llama madre sino “mujer” y continúa con un: “Déjame, todavía no ha llegado mi hora”, que no es muy alentador. Pero eso no desanima a María que aconseja a los sirvientes ponerse a disposición de Jesús: “Haced lo que él diga”. Es la creyente que es capaz de percibir las cosas y las situaciones, más allá de lo inmediato y sobre todo es la que lleva a Jesús.

El agua debe ser convertida en vino, no se puede aguar la fiesta. Los sirvientes llenan hasta arriba de agua seis tinajas de cien litros, los invitados deben ser numerosos y aquellos novios están a punto de hacer el ridículo. La gente siguió bebiendo y disfrutando, sin darse cuenta del signo. El mayordomo se percata al probarlo, de que este vino del final es bueno y se lo comenta al novio, en caso de apuro igual se le hubiera ocurrido echar agua al vino. Seguimos con el simbolismo, es preciso ponerse al servicio de Jesús, el cuenta con nosotros para hacer sus signos, no debemos aguar la vida, ni aguar el Evangelio. El amor de Dios quiere nuestro bien y el de este matrimonio, pero no olvidemos que necesita de nuestra acción, de nuestra vida, de nuestra disponibilidad: “Y las llenaron hasta arriba”.

Intencionadamente el relato termina con estas palabras: “Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él”. Jesús da la primera señal del amor de Dios, un amor tierno y delicado como el de los novios, (que nos recuerda también la primera lectura: “Te llamarán Mi favorita, Desposada…), que sabe estar en los momentos delicados, que es sensible a cuanto afecta a nuestra vida y a nuestra felicidad. Este primer signo viene a decirnos que Jesús establece un nuevo estado de vida: un matrimonio en que el novio y la novia, Dios y su pueblo, se unen en la felicidad que da el amor.

Hasta el final, nuestra tarea será intentar seguir cambiando el agua en vino, hacer de la vida una fiesta, que al fin y al cabo es el gran objetivo del Evangelio. El cristianismo no es depresión, negativismo, ni pesimismo, hemos sido llamados a crear una comunidad que sea una auténtica fiesta: una fiesta en la que nadie se sienta marginado, aislado u olvidado. Se nos convoca a participar de un banquete de bodas en el que el vino será dado en abundancia. Vivir la Eucaristía, es poner alegría donde hay tristeza, amor donde hay odio, unidad donde hay división. Este es el signo de la presencia de Jesús en nuestra vida. ¡Venid a la boda!, que no nos falte la alegría en la vida y el entusiasmo en la Iglesia.

Papa Francisco y el diálogo entre las religiones

Fuente: The Vatican -Spanish

Comentario al Evangelio del martes, 8 de diciembre de 2015


Leo la primera lectura y me sorprende la actitud de Eva. Ha comido del árbol que no debía comer. Lo sabe y es consciente de ello. Pero, cuando le pillan en falta, hace un movimiento que es muy típico de muchos de nosotros –y ahí nos podemos sentir identificados con ella–: devuelve la pelota y dice directamente que ella no ha sido culpable sino víctima. Ciertamente ha comido del fruto prohibido pero no lo ha hecho por su voluntad sino porque “la serpiente me engañó y comí”. ¡Pobre Eva! ¡Tan inocente! ¡Tan ingenua! No se merece castigo sino consuelo. Ella no ha hecho nada. Es su debilidad la que le ha llevado a hacer lo que no debía hacer. Ella no es responsable. Ha encontrado una excusa y se siente tranquila. 

      Leo a continuación el Evangelio. Recoge hoy el relato de la anunciación. El ángel del Señor se aparece a María y mantiene un diálogo con ella. En ningún momento asume María una posición de criatura débil y encogida. En ningún momento pretende pasar la pelota a otro diciendo que ella no puede cargar con lo que se le está pidiendo. Plantea dificultades muy reales a la propuesta del ángel. Y escucha atentamente la respuesta. Lo hace desde la fe y la confianza en Dios. 

      Su respuesta final se sitúa en las antípodas de la respuesta de Eva. Ella no pone una excusa. No mira para otro lado. Simplemente, asume la propuesta y se pone a disposición de su Señor. “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.” Se siente responsable y se dispone a hacer lo que haya que hacer para llevar adelante la misión que el Señor le ha puesto por delante. 

      Son dos actitudes muy diferentes. Está el que mira para otro lado, encuentra siempre excusas y sigue su camino. Y está el que da un paso al frente, asume la responsabilidad y hace lo que tiene que hacer. Por eso, María se convierte en la primera discípula y en la primera anunciadora del Reino. Por eso, María siguió a Jesús por los caminos de Palestina y terminó a los pies de la cruz. Por eso, acompañaba en la oración y en la vida a los discípulos de su hijo después de la resurrección. No es más que asumir las consecuencias prácticas de la frase con la que se comprometió ante el ángel, cuando todo empezó: “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.”

      Hoy empieza el año de la Misericordia. Buen momento para asumir nuestra responsabilidad. No se trata de pensar en lo que tienen que hacer los demás para vivir este año la misericordia de Dios sino de ver que es lo que puedo hacer yo para en mis palabras y obras testimoniar la misericordia de Dios para con su pueblo. 

Fuentes:

Audio: Rezandovoy.org

Texto: Ciudadredonda.org

El secreto de la alegría, perseverancia y servicio… de Papa Francisco

  • Para conseguir la paz se necesita valor, mucho más que para hacer la guerra.

  • No cierren la salvación de las personas dentro de las constricciones del legalismo. El derecho está orientado a la salvación del hombre.

  • Al mundo de hoy le falta llorar, lloran los marginados, lloran los que son dejados de lado, lloran los despreciados, pero aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar.

  • Hay que despertar la palabra, porque cada palabra tiene dentro de sí una chispa de vida y este es el primer deber del comunicador.

  • ¿Que cómo lo estoy viviendo? Con gran dolor, con grandísimo dolor. Pero la verdad es la verdad y no se puede esconder (sobre los presuntos casos de pederastia en Granada).

  • Aquellos que durante su vida han escogido la vía del mal, como los mafiosos, no están en comunión con Dios, están excomulgados.