REFLEXIÓN AL EVANGELIO DEL SÁBADO 23 DE ABRIL DEL 2016

MI AMIGA SIRI LEYENDO EL SIGUIENTE TEXTO:



Del Evangelio según Juan

Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.» Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.

Palabra del Señor… Gloria a Ti Señor Jesús.

 

REFLEXIONEMOS:

Análisis exegético:

La meta:

Jesús, uno con el Padre

Si llegan a conocerme del todo, conocerán también a mi Padre; aunque ya ahora lo conocen y lo están viendo presente.

El término del camino y de la semejanza es el Padre, pero éste está presente en Jesús. Los discípulos poseen ya un conocimiento de Jesús y, por tanto, ven en él al Padre presente. Ese conocimiento, sin embargo, no es algo dado de una vez para siempre. Es progresivo y va revelando más plenamente al Padre. No es meramente intelectual ni exterior, sino relacional, la familiaridad que crea el amor y que se alcanza sólo por la práctica del amor; supone la comunión en el Espíritu, que hace nacer de Dios. Progresar en el conocimiento de Jesús, es decir, ahondar la comunión con él por la práctica del amor, va haciendo al hombre hijo de Dios y dándole a conocer al Padre.

Felipe le dijo: Señor, haznos ver al Padre, y nos basta. La petición de Felipe denota su falta de comprensión. Había sido invitado por Jesús a seguirlo, pero lo identificó con la figura del Mesías que podía deducirse de la Ley de Moisés y de los profetas. No ha comprendido, por tanto, que Jesús es la realización, no de la Ley, sino del amor y la lealtad de Dios. En la escena de los panes mostró no haber entendido la novedad del reino mesiánico; tampoco entiende aún la calidad de Jesús Mesías. Queda estancado en la mentalidad de la antigua alianza. Ve en Jesús al representante de Dios. Bendito el que llega en nombre del Señor, en quien se cumplen las antiguas promesas. No se ha dado cuenta de que Jesús desborda toda promesa, que él es la presencia misma de Dios en el mundo.

Jesús le contestó: Tanto tiempo como llevo con vosotros y ¿no has llegado a conocerme, Felipe? Quien me ve presente a mí, ve presente al Padre; ¿cómo dices tú: Haz que veamos al Padre?.

Jesús le contesta con una queja. La convivencia con él, ya prolongada, no ha ampliado su horizonte. Anclado en la idea tradicional, no puede comprender que el Padre esté presente en Jesús.

Explica aquí Jesús el contenido de la promesa hecha a los discípulos en el episodio de Felipe y Natanael: Veréis el cielo quedar abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar por este Hombre. Como allí se ha explicado, el punto de comparación con Jacob estaba en la presencia de la gloria de Dios en Jesús; la presencia de la gloria-amor es la del Padre. Como los Judíos de Cafarnaún aún separa Felipe a Dios del hombre. No conoce el alcance de su amor ni de su proyecto.

No concibe que en el Hombre esté presente y se manifieste Dios, que el Hombre sea Dios. Como lo ha notado Juan, sólo después de la resurrección de Jesús comprendieron los discípulos ser él el nuevo santuario donde habita la gloria. Dios, por tanto, es visible en Jesús.

¿No crees que yo estoy identificado con el Padre y el Padre conmigo? Las exigencias que yo propongo no las propongo como cosa mía: es el Padre, que, viviendo en mí, realiza sus obras.

La presencia del Padre en Jesús es dinámica; a través de él ejerce su actividad. Jesús, por ser la localización de la presencia del Padre, lo es de su acción creadora.

Las exigencias que Jesús propone reflejan las múltiples facetas de la actividad del amor y no son independientes de su persona. Formulan la acción del Padre en él, que es su acción en favor del hombre. El Padre ha realizado su obra en Jesús y, por medio de las exigencias que éste propone expresando su propia experiencia, realiza su obra en la humanidad. Las exigencias de Jesús concretan y acrecientan el amor, que es el Espíritu: por eso comunican Espíritu y vida y hacen presente a Dios mismo, que es Espíritu. Esta presencia creciente del Padre en el hombre, como principio de vida y actividad, realiza en él su obra, su designio creador. Así salva Dios al hombre.

Creedme: yo estoy identificado con el Padre y el Padre conmigo; y si no, cree dio por las obras mismas. Insiste Jesús en su total sintonía con el Padre, y como último criterio, como hizo con los dirigentes judíos, se remite a sus obras.

Quien considere la calidad de sus obras, tiene que concluir que son de Dios. El último argumento para probar la autenticidad de su misión y su identificación con el Padre es objetivo. Dios creador tiene que estar necesariamente en favor del hombre, su criatura. Si las obras de Jesús están hechas sólo y totalmente en favor del hombre, es evidente que está identificado con el Padre. Sus exigencias, por tanto, que responden a sus obras, son las exigencias del Padre, para el bien del hombre. La muerte de Jesús, su entrega para dar vida al hombre, demostrará su identificación total con el Padre, dador de vida.

Sí, os lo aseguro: Quien me presta adhesión, las obras que yo hago también él las hará, y las hará mayores.

La obra de Jesús ha sido sólo un comienzo, el futuro reserva una labor más extensa. El no se propone a sí mismo como modelo inalcanzable, el único capaz de hacer tales obras. El discípulo podrá hacer lo mismo y aún más. Esto confirma que las señales hechas por Jesús no son irrepetibles por lo extraordinarias, sino que su carácter principal es ser símbolos de la actividad que libera al hombre ofreciéndole la vida.

Con este dicho da ánimos a los suyos para el futuro trabajo. Sus obras no han sido un relámpago momentáneo y deslumbrador, sino el principio de una nueva actividad en favor del hombre, que ha de ser realizada por los que están adheridos a él, viven de su vida y cumplen sus mandamientos. La liberación ha de ir adelante. Su presencia y actividad en el mundo significa un recodo en la historia; Jesús ha venido para cambiar su rumbo; toca a los discípulos continuar la dirección dada por él.

Jesús da la razón de su afirmación anterior: los discípulos harán obras como las suyas, y aun mayores, porque desde su nueva condición en la esfera divina, él seguirá actuando con ellos. Su muerte no va a poner fin al proceso iniciado por él ni significa tampoco que él vaya a desentenderse del mundo. Los discípulos no están solos en su trabajo ni en su camino. A través de Jesús, el amor del Padre (su gloria) seguirá manifestándose en la ayuda a los discípulos para su misión.

La expresión en unión conmigo formula la experiencia de la comunidad: todos los dones que ésta recibe vienen por Jesús y toda su comunicación con el Padre se hace en Jesús. Es una de las expresiones de la realidad simbolizada bajo la figura de la rampa de Jacob; el cielo va a quedar abierto, es decir, no se interrumpirá ya la comunicación de Dios con los hombres, y el lugar de esa comunicación es Jesús. El mismo es la presencia del Padre y el acceso al Padre.

EN SÍNTESIS:

La oración de la comunidad expresa su vinculación a Jesús; se hace desde la realidad de la unión con él y a través de él. Tal vinculación, que va a definirse como identificación, hace de Jesús centro y miembro de la comunidad cristiana; así pone él su potencia a disposición de los suyos: Lo que pidáis unidos a mí, yo lo haré. Esta fórmula se refiere siempre a un verbo plural, pues dice relación a la comunidad. El contenido de la petición son los intereses de la comunidad en cuanto tal, que son los de Jesús, para realizar su obra.

La comunidad de Jesús tiene que recorrer un camino. La metáfora del camino expresa el dinamismo de la vida, que es progresión. Es un vivir que va terminando al hombre. Pero su término puede ser éxito o fracaso. El éxito es la madurez, el pleno desarrollo de las potencialidades. El fracaso, la decadencia, la ruina. Jesús marca la dirección en que el hombre se realiza: es el camino que él mismo ha abierto y trazado, el de la solidaridad con el hombre y la entrega, el del amor creciente. Ahí se encuentra el éxito de la vida, la vida definitiva. Todo otro camino lleva a la nada, a la muerte. La meta es la máxima solidaridad con el hombre, dándose enteramente por él. En ese amor se encuentra al Padre.

Pero Jesús no es solamente el camino como modelo; al mismo tiempo, la energía que él comunica (el Espíritu) impulsa y desarrolla en su misma dirección. Con el Espíritu, Jesús crea una onda de solidaridad con el hombre, de amor desinteresado que sigue sus pasos y lleva a la humanidad al encuentro final con el Padre. Así se constituirá el reino definitivo. Jesús acompaña siempre a los suyos en ese camino. No es solamente individual, sino comunitario. Su muerte no interrumpe el contacto. El los acompaña, su amor se asocia al itinerario.


o Radio Palabra:


Comentario al Evangelio del viernes, 22 de abril de 2016

            (Alejandro Carbajo, cmf) Qué bien suenan esas palabras de Jesús: “Que no tiemble su corazón; creed en Dios y creed también en mí”. Jesús es el Camino. ¿Adónde lleva este camino? Por supuesto, al Padre.



            Una vez, el patriarca Jacob tuvo un sueño: “Y he aquí, había una escalera apoyada en la tierra cuyo extremo superior alcanzaba hasta el cielo; y he aquí, los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Y he aquí, el Señor estaba sobre ella, y dijo: Yo soy el Señor el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac.” ¡Cómo nos gustaría tener esa escalera, para subir con seguridad hacia el cielo! Pero, ¿cuáles serían los escalones? ¿Quizá el guardar fielmente los Mandamientos? La historia del Antiguo Testamento demuestra que ningún mortal podía subir por esa escalera. Por eso Dios mismo vino a nosotros, bajó de los Cielos, para convertirse en nuestro Camino, en nuestra escalera.

            ¿Por qué solo Jesús es el Camino? Es el único que conoce al Padre, como él mismo nos dijo: “A Dios no lo ha visto nadie nunca,” Jesús nos muestra al Padre. “El que me ve a Mí, ve al Padre”. Él y el Padre son uno. Por eso, el que acepta a Jesús, acepta al Padre. Cristo es el modelo del peregrino que va hacia el Padre. Siguiendo a Jesús, nos hacemos como él y acabamos donde Él está, junto al Padre.

            Jesús es la Verdad. ¿Qué es la verdad? En la Carta a los Corintios, Pablo escribe: “Porque en verdad los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos, y necedad para los gentiles”. ¿No se parece esto a la búsqueda de la verdad en nuestro mundo contemporáneo? Unos se sumergen en la ciencia y la filosofía, otros en la astrología y la esotérica, pero nadie puede alcanzar así la Verdad. Porque la verdad la puede conocer solo el que conoció al Alfa y Omega, la Sabiduría, Creador de todo y de todos.

            Jesús es la Vida. El que era, El que es y El que será siempre. Junto a Él, estamos en la fuente de agua viva. Comulgando el Cuerpo de Cristo, nos llenamos de la vida en Dios. Por eso Jesús dijo: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna”.

            Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida. El que tiene a Jesús, lo tiene todo. Disfruta hoy de este enorme tesoro.

            ¡Señor Jesús, Tú eres mi Camino, mi Verdad y mi Vida! Te amo con todo mi corazón. Hazme uno Contigo en todo momento de mi vida.

Cantos Litúrgicos de Semana Santa.

Los Mejores Cantos para Domingo de Ramos y Semana Santa.

Francisco Palazon.

1.- HOSANA AL HIJO DE DAVID. 

2.- GLORIA, ALABANZA Y HONOR.

3.- LOS NIÑOS HEBREOS.

4.- NOSOTROS HEMOS DE GLORIARNOS.

5.- OS DOY UN MANDATO NUEVO.

6.- QUE LA LENGUA HUMANA CANTE.

7.- PUEBLO MÍO.

8.- CRISTO POR NOSOTROS.

9.- TU CRUZ ADORAMOS, SEÑOR.

10.- COMO BUSCA LA CIERVA.

11.- CANTEMOS EL GOZO DE LA RESURRECCIÓN.

 

 

Reflexión al 4° Domingo de Cuaresma -Fray Alejandro Wiesse OFM-

Viernes de la Tercera Semana de Cuaresma

La profundidad de las enseñanzas de Jesús despertó la curiosidad de los escribas, que eran las personas más expertas y con mayor autenticidad sobre la Biblia. En diálogo con uno de estos expertos expone cuáles son los mayores mandamientos: el amor radical a Dios y el amor al prójimo. Toda la vida cristiana debe estar subordinada a estos dos mandamientos. El escriba concuerda con Jesús y lo elogia, porque también él considera que son más valiosos el amor a Dios al prójimo que las expresiones rituales por sí mismas. Por su parte, Jesús manifiesta que está cerca del reino de los cielos quien considera más importante el amor a Dios y al prójimo que los holocaustos y sacrificios. Jesús nos pide que pongamos en práctica sus enseñanzas para que realmente con nuestra vida podamos convertirnos en instrumento del amor de Dios a nuestros semejantes. 

Señor, acepta nuestra alabanza que consiste en obras concretas de amor al prójimo porque te amamos con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas. 

Jueves de la Tercera Semana de Cuaresma

Las acciones de Jesús despertaban sentimientos de admiración por parte de la mayoría de la gente. Su modo de actuar era entendido como consecuencia de su envío por parte del Padre. Sin embargo, también existieron personas que se negaron a entender a Jesús y a su mensaje y, en vez de seguirlo, respondieron con hostilidad. Estas personas lo acusaron y trataron de explicar el poder de Jesús sobre los demonios porque Jesús no habría sido enviado por el Padre sino por Belzebú, príncipe de los demonios. Con la maestría propia de Jesús, él explica el equívoco de sus opositores y deja ver con absoluta claridad su propia autenticidad. Además de responder la grave acusación que se le había hecho sino que Él mism0 se convierte en acusador de sus propios acusadores y en todos aquellos que no aceptan su mensaje. Ante Jesús no se justifica la indiferencia. Sus palabras y acciones exigen una toma de posición, pues como él mismo lo afirma: “El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama” (Lc 11, 23)

Padre de bondad que nos has mostrado tu amor mediante las palabras y acciones de tu Hijo, concédenos superar la indiferencia ante su mensaje. 

Miércoles de la Tercera Semana de Cuaresma

Con frecuencia el Antiguo Testamento se denomina a sí mismo como la Ley y los profetas. De manera que cuando Jesús habla de la Ley y los profetas, se refiere al conjunto de libros consignados es la Escritura. Las actitudes radicales de Jesús ante el Antiguo Testamento habían hecho que Él fuera considerado por los fariseos, y demás judíos apegados a la letra de la Ley, como un trasgresor de la Escritura. Sin embargo, con su enseñanza en la parte en la parte inicial del sermón de la montaña, Jesús se presenta no como el trasgresor sino como el verdadero cumplidor de la Escritura. Cumplir la enseñanza de la Ley y los profetas de manera exterior es incumplirla en realidad. Por eso, Jesús afirma que no ha venido a abolir la Escritura sino a darle su verdadero cumplimiento. Para Jesús no es suficiente cumplir lo que dice la Biblia de manera literal, sino ir más allá, comprender el llamado profundo que nos hace la Escritura para que nuestro comportamiento exprese el sentido profundo que Dios nos exige.

Jesús, tú que no has venido a abolir la ley y los profetas, sino a darles su verdadero sentido, guíanos con tu Espíritu. 

Martes de la Tercera Semana de Cuaresma

El perdón es una característica esencial de la vida cristiana. Sin embargo, es una de las exigencias más difíciles de poner en práctica. Porque tiene que ver con todo tipo de ofensas recibidas por los demás. La paciencia humana tiene límites; por eso Pedro pregunta por el límite del perdón. El mismo Pedro se atreve a sugerir un límite amplio para el perdón y por eso indica el siete. que en el mundo judío equivale a la perfección, como número máximo de veces para perdonar al hermano. Jesús no está de acuerdo con el número planteado por Pedro. Para Jesús hay que perdonar setenta veces siete; es decir siempre. El perdón no tiene límites, pues el cristiano que lleva las cuentas de cada vez que obedece a Jesús, muestra que no lo hace de corazón. Con la parábola del hombre que pide perdón pero que no está dispuesto a perdonar a sus semejantes, Jesús nos pone de manifiesto la necesidad de perdonar de corazón, así como el Dios de la misericordia siempre nos perdona. 

Padre de misericordia, infunde tu espíritu en nosotros para que podamos personar de corazón a nuestros hermanos. 

Lunes de la Tercera Semana de Cuaresma

Del santo evangelio según san Lucas 4,24-30

Los paisanos de Jesús pensaban que por el simple hecho de compartir sus orígenes tenían derecho a la salvación de Dios que llegaba a través de Él. Sin embargo, lo que Jesús exige no es la cercanía cultural sino la disposición de un corazón abierto. Paradójicamente, en un contexto de desprecio a los que no comparten la cultura judía, pone como ejemplo de la benevolencia de parte de Dios a dos extranjeros. El primero se trata de Naamán, general del rey de Siria, quien mediante la intervención del profeta Eliseo fue sanado de la lepra. Jesús también recuerda el caso de la viuda de Sarepta que fue preferida sobre muchas viudas e Israel, y gracias a su generosidad a favor de Elías fue bendecida por Dios y librada de la hambruna. Con estos ejemplos, Jesús nos invita a no creernos ya salvados y a librarnos de cualquier falsa pretensión. Los paisanos se sintieron ofendidos por Jesús; ¿también nosotros queremos despeñarlo de nuestro corazón? O ¿acogemos con humildad su invitación a la conversión?

Señor Dios, míranos siempre con tu bondad, para que también nosotros podamos ser dignos de compasión y misericordia salvadora. 

Comentario al evangelio del viernes de la primera semana de Cuaresma

Jesús nos invita a dar un paso mayor en nuestra relación con los demás. Se trata de un paso mayor en profundidad. Para los maestros de la ley y los fariseos, el “no matarás” marcaba con claridad el límite. Al prójimo no hay que hacerle ni desearle ningún mal. Respetar al prójimo (sobre todo su vida) es, sin duda, todo un logro. Esta ley quizá fuera suficiente para una convivencia social justa y en paz. En muchos lugares del mundo, acuciados por situaciones de guerra y de violencia, se conformarían, sin duda, tan solo con eso. No es poco.

Para Jesús, sin embargo, no es suficiente. Sus seguidores han de superar a los maestros de la ley y a los fariseos, tratando de vivir reconciliados con sus semejantes, a quienes han de comprender como hermanos. Ahí está la diferencia. El otro no es uno más, un número,  alguien distante al cual tan sólo respetar. El otro es más que eso. Es mi prójimo, mi hermano. Y esto lo cambia todo. Los creyentes nos reconocemos hijos de un mismo Padre y, por tanto, como tales hemos de vivir y comportarnos. Esto añade un “plus” a nuestras relaciones y a nuestra forma de comprender a los demás. A su vez, para nosotros supone un verdadero desafío.  El desafío nos lo pone Jesús: “se os ha dicho… pero yo os digo…”.  Jesús nos propone siempre algo más. Y en este algo más, está la diferencia que nos hace realmente seguidores suyos. Ante el otro, no encuentro en él alguien anónimo, sino a mi prójimo, a mi hermano.

Recordemos la historia de aquel caminante del desierto que ve una figura a lo lejos. Desde el miedo, comienza a pensar si quizá no sea una fiera amenazante que tan pronto se le acerque de seguro le iba a atacar. Al acercarse,  el caminante va descubriendo que la fiera no es tal y que, más o menos, aquello que ve tiene su mismo tamaño y una figura similar. En un principio se siente más tranquilo. De pronto, vuelve a avivarse su temor y vuelve a desconfiar: “quizá sea un maleante que me quiera robar. Me tendré que defender”. Pero, a medida que se acerca más y más, comienza a darse cuenta de que aquel que se le acerca es un hombre tranquilo que camina. Se acerca todavía más y descubre que es su propio hermano, que hacía tiempo que no veía. Entonces, desaparecido todo temor, corre hacia él y se funden en un abrazo. Recuerda: en la cercanía, cuando me hago prójimo, todo cambia.

Tu amigo y hermano,
Fernando Prado, CMF

Fuente. Ciudadredonda.org

DECÁLOGO CUARESMAL

 FB_IMG_1455054277969

1. Dejar de ver la televisión nos hará ser más objetivos, y más reflexivos. La familia tendrá  una oportunidad para aquella palabra no dicha por falta de tiempo. 

2. Olvidar unos pitillos contribuirá a la limpieza de los pulmones y el riesgo de otras tantas enfermedades.

3. El hablar bien de Dios, además de estar en consonancia con el segundo mandamiento, será signo de cultura, equilibrio, delicadeza y de recurso lingüístico.

4. Racionalizar los “cubatas”, el vino o cualquier licor (a fin de no multiplicar la lista por dos) nos arrancará del puro consumismo.

5. Hablar menos y rezar más puede ser un modo práctico de conservar bien las cuerdas vocales y la salud cristiana. La Oración es el mejor cosmético para el corazón y el alma. Un Padrenuestro al inicio del día y otro más antes del descanso nos acercará a Dios que es nuestro Padre y de los demás que son,  por sí lo hemos olvidado, nuestros hermanos.

6. Escuchar la Palabra de Dios, y no dejarnos llevar por la última opinión de turno, dará seguridad a nuestros pasos y proyección  a nuestra vida cristiana.

7. Hacer un poco más que la gimnacia y el deporte el ejercicio espiritual (según un estudio reciente) prolonga la vida, calma el flujo sanguíneo y procura un mayor enriquecimiento personal (eucaristía diaria, cinco minutos de Oración en una iglesia, rezo del ángelus,  vía crucis, rosario, laúdes, vísperas, contemplación) 

8. Olvidarnos de tanto rostro político, divos, revistas de corazón, etc., y leer por ejemplo, el programa de Jesús de Nazaret narrado y dibujado con  letra y con sangre en los Evangelios. Nos daremos cuenta que es el único que no engaña. 

9. Recuperar el símbolo de la Cruz y llevarlo especialmente en el pecho durante estos cuarenta días. Lejos de ser un adorno puede ser una “pancarta” de la vida que quiere conquistar quien lo lleva colgado.

10. Perdonar las pequeñas cosas del ayer, no dejar que el rencor anide en nuestro corazón por que se convierten en permanentes sufrimientos del hoy. El perdón, entre otras cosas, aligera peso a la conciencia y hace más feliz la vida.

 Que María Nuestra Buena Madre nos ayude a recorrer este Camino Cuaresmal desde la Fe, la Esperanza y el Amor.

¡Hacia la Pascua con ellos! 

Comentario al Evangelio de hoy martes, 16 de febrero de 2016

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,7-15

Dios bien sabe lo que necesitamos. Él nos conoce en lo más profundo. A pesar de ello, no podemos dejar de orar y pedir a Dios aquello que más deseamos. Él no necesita nuestras oraciones, pero nosotros no podemos evitar dirigirnos a él. Es nuestro grito, a veces desesperado, ante aquel de quien lo esperamos todo, porque confiamos en su poder. Nuestra oración es, fundamentalmente pedigüeña. Y lo es porque es expresión de nuestra fragilidad. A su vez, nuestra oración es confiada.

Pedimos a Dios aquello que no podemos darnos a nosotros mismos, con la confianza de que Él, que es quien tiene Poder, nos lo concederá. Cuándo lo hará o cómo lo hará, lo desconocemos. Sin embargo, confiamos en que él obrará el milagro. Así es nuestra fe.

Lo curioso que sucede con la oración es que este deseo de cambiar el corazón de Dios, acaba por cambiar el nuestro. Orar nos hace mejores, nos hace confiados, magnánimos, nos hace más dóciles a la voluntad de Dios, nos hace pacientes… nos hace, en definitiva, misericordiosos. En la escuela de la oración aprendemos a ser como el Padre, asimilamos sus actitudes, sus sentimientos, sus maneras de proceder. En ella encontramos respuestas a nuestros discernimientos, encontramos fuerza para actuar y razones para amar a los demás.

La oración pedigüeña y confiada nos lleva a la oración de alabanza, que reconoce la grandeza de Dios y la pequeñez del hombre. A su vez, esta nos lleva a la adoración, a ese estar ante un misterio de amor infinito que milagrosamente obra en nosotros haciéndonos hijos y hermanos. Por eso orar no es solo pedir favores, sino también dejarse amar y dejarse envolver por ese gran Misterio de amor que un día nos será revelado en su diáfana plenitud.

No hacen falta muchas palabras. La oración, normalmente, brota del silencio, de un corazón pobre y necesitado que se pone ante Dios y en Él espera. La Madre Teresa de Calcuta nos dejó aquella frase tan sabia: “El fruto del silencio es la oración, el fruto de la oración es la fe, el fruto de la fe es el amor, el fruto del amor es el servicio, el fruto del servicio es la paz”. Te invito a que este día la medites y a que, si te parece bien, te la aprendas de memoria para conservarla para siempre.

Tu amigo y hermano,
Fernando Prado, CMF

Comentario al Evangelio de hoy lunes, 15 de febrero de 2016

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25,31-46 

El papa Francisco ha querido que en este año jubilar, el tiempo de Cuaresma sea vivido de una forma especial, si cabe, con más intensidad, con mayor fervor. En la Bula con la que convocó el jubileo extraordinario de la misericordia, el Papa nos invitaba a reflexionar y a tener muy presentes las tradicionales obras de misericordia, que, como bien sabemos, encuentran su origen en este texto de Mateo que hoy se proclama en toda la Iglesia.

Hace unos días, en el mensaje papal para la cuaresma, Francisco nos ha vuelto a invitar a tenerlas en consideración. La razón es clara: Dios no es un “Spray”, un amor en nebulosa o etéreo. El nuestro es un Dios que se ha hecho “carne”, que ha querido venir a nuestra historia asumiendo nuestra propia humanidad en la suya. Este modo de proceder de Dios es, para nosotros, normativo y aleccionador.

En Jesús, que es el rostro visible del Dios invisible, hemos podido comprender que no se aman las ideas, sino las personas. Ahí precisamente, en este amor concreto que Jesús nos ha enseñado como camino para la vida, es en donde nos lo jugamos todo. El examen del creyente no es teórico, sino práctico, como el que se nos exige para pasar las pruebas y concedernos el permiso de conducir. Al atardecer de la vida, decía S. Juan de la Cruz, “nos examinarán del amor”.

Las obras de misericordia pueden ser para nosotros un indicador fiable de nuestra fidelidad a nuestra fe; un elemento de discernimiento y de juicio para saber si seguimos adecuadamente al Señor o no lo hacemos. ”Venid, benditos de mi padre, porque tuve hambre… ¿Cuándo te vimos, Señor…? … Cada vez que lo hicisteis con uno de estos pequeños, a mí me lo hicisteis“.

La Cuaresma es un tiempo propicio para tomar nueva conciencia de si en nuestra vida nos estamos conduciendo por el camino adecuado o nos estamos desviando. Un tiempo propicio para volver al camino recto, que siempre es un camino de amor concreto que se materializa en gestos y acciones. Nunca lo olvides. No se puede amar a Dios a quien no vemos si no amamos a nuestros hermanos a quienes sí vemos.

Tu amigo y hermano,
Fernando Prado, CMF

Viernes después de ceniza -Reflexión-

“Ayuno” es la palabra estrella en la liturgia de la Palabra de hoy. Uno de los conceptos clásicos de la Cuaresma junto a la oración y la limosna. Pero, ¿cómo entender hoy el ayuno?  No es un concepto incomprensible en nuestra cultura. Ayunar para ponerse a régimen, para realizar una dieta de adelgazamiento por motivos estéticos, de salud o deportivos, es una práctica que muchas personas realizan. En el aspecto religioso, ayunar, no sólo de alimentos, sino de todo aquello que me aleja de Dios, prácticas o vicios que me esclavizan como un uso abusivo de la televisión, de las tecnologías de la comunicación, juegos, pornografía, etc., es un tipo de ayuno que también comprendemos porque nos hace bien espiritualmente y la Cuaresma nos invita a ello. Pero la Palabra de Dios nos invita a buscar un sentido más profundo al ayuno: ¿para qué ayunar? ¿Cuál es su finalidad?

El profeta Isaías critica el ayuno carente de sentido: ¿Para qué ayunar, si no haces caso? El día de ayuno buscáis vuestro interés. ¿Es ése el ayuno que el Señor desea para el día en que el hombre se mortifica? ¿A eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor? Y es que el ayuno religioso que nace del orgullo, de la concupiscencia espiritual, es decir, de la vanagloria, del puro perfeccionamiento, del narcisismo espiritual, es el ayuno que critica el profeta y contra el que nos previene la Palabra de Dios. Todo ayuno religioso no puede verse privado de un elemento fundamental: tiene que producir beneficio en los otros, tiene que tener consecuencias positivas para los demás, especialmente para los más necesitados, no ser un ayuno de cuyos frutos yo sólo me beneficio. Así lo explica muy bien la primera lectura de hoy: El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no cerrarte a tu propia carne.

Por lo tanto, hoy en la oración se nos invita a pensar en el ayuno que Dios quiere. Por un lado ayunar de todo aquello que te haga más libre y por lo tanto más receptivo a Dios, pero sin olvidar el elemento fundamental que Dios quiere en el ayuno: que beneficie a los demás. Tu ayuno tiene que hacer la vida más agradable, más liberadora, tiene que ser luz para los otros.

Pídele luz al Señor en tu oración de hoy para contestar a esta pregunta: ¿cuál es el ayuno que tú quieres para mi Señor en este tiempo de Cuaresma?

Jueves después de Ceniza -Reflexión-

Texto bíblico: “Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor”.

El papa Francisco nos invita a vivir a la manera de los santos: Santa Faustina “interceda por nosotros y nos obtenga vivir y caminar siempre en el perdón de Dios y en la inquebrantable confianza en su amor” (MV 24).

Pensamiento: El camino de Cuaresma es un sendero de confianza, porque como en los tiempos del Éxodo somos conducidos hacia la tierra de la promesa. Quien confía es como el árbol plantado junto a la corriente, que no teme el estío, y siempre está frondoso.

Oración: “Yo como verde olivo en la casa de Dios, confío en la misericordia de Dios por siempre jamás”.

Propuesta

No dudes en acercarte a quien te pueda ayudar para salir de toda situación individualista.