Hasta pronto Padre VICENTE PALACIOS DEL HOYO -OFM-

No podemos estar felices todos al mismo tiempo… 

Este domingo 21 de enero fue una mezcla de emociones las cuales teníamos que aceptarlas como tal. La emocionante y reconfortante visita del Santo Padre a Nuestro País y la partida de nuestro Padre Vicente Palacios a la Casa del Padre Celestial. 

En conversaciones con hermanos religiosos y laicos, que tuvimos la posibilidad de haber compartido experiencias con Padre Vicente, hemos coincidido en algo: era un Padre BUENO. 

Como se recordaba el día de hoy, al momento de leer su biografía, se resaltaba su bondad cuando trataba con el prójimo. Sus 60 años de sacerdocio y su pasión por las misiones. La ausencia de alguien siempre nos arrancará las lágrimas y dejará un vacío que solamente Dios puede llenar y dar un contenido. 

Nos vendrán las muchas interrogantes al momento de contemplar a un anciano que busca hacer el bien. ¿Qué es lo que veía cuando celebraba la Eucaristía ya que era evidente que la vivía como una experiencia única e irrepetible? ¿Qué es lo que le impulsaba a salir a visitar a los enfermos sabiendo que lo único que queda es asistirle en los últimos momentos de su existencia?

Creo que la respuesta la dio el Papa Francisco: 

Los jóvenes van rápido… los ancianos conocen el camino. 

Otra persona me dijo, es una tristeza que ya no esté con nosotros pero sabemos que ya está en el cielo, pues a otro lado es imposible que pueda haber ido; por eso podemos estar más que alegres. 



Es difícil pronunciar palabras de consuelo cuando estamos cara a cara con la muerte, incluso cuando la persona que murió vivió una vida plena y murió en las mejores circunstancias. Es especialmente duro cuando el que ha fallecido es una persona muy querida, todavía necesitado de cuidados.

Como sacerdote, he tenido que presidir muchos funerales, como resultado de una enfermedad, un accidente o ancianidad. Este tipo de funerales son siempre tristes. 

No hay muchas palabras que ayuden en una situación como esta, pero incluso lo poco que se puede decir, en un día como ese, cuando la muerte es tan cruda, no ofrece demasiado consuelo emocional. ¿Qué se dice cuando se enfrenta una muerte como ésta? Simplemente que esa persona está ahora en unas manos más amorosas, tiernas, suaves y seguras que las nuestras, que hay una madre y un padre que los precedieron al otro lado y ahora saldrán a recibirle, como hubo una a este lado cuando nació. Todos nacemos en los brazos de una madre. Esta es la imagen que necesitamos mantener ante nosotros para imaginar sanamente la muerte.

Cuando morimos, morimos en los brazos de Dios y seguramente somos recibidos con tanto amor, dulzura y ternura como los que seguramente recibimos en los brazos de nuestras madres cuando nacimos. Más aún, seguramente estamos más a salvo que cuando nacimos aquí en la tierra. Sospecho, también, que más de unos pocos santos nos rodearán, esperando su oportunidad para acunar al nuevo niño. Por eso está bien, incluso si morimos antes de que estemos preparados, si aún necesitamos el cuidado de alguien que nos cuide, si todavía estamos necesitados de una madre. Estamos en manos seguras, cuidadoras y tiernas. En las manos de Dios.

Esto es profundamente consolador  porque la muerte nos convierte en huérfanos y diariamente hay personas que mueren porque es la ley de la vida, inesperadamente, sin estar preparados, todavía necesitados de cuidado en sí mismos, en diferentes circunstancias. Todos morimos necesitando una mano maternal de Dios. Por eso tenemos la seguridad que nos da la fe, por la cual creemos que naceremos en unas manos más seguras y cuidadoras que las nuestras.

De cualquier manera éste consuelo no borra el dolor de la pérdida de nuestro P. Vicente. Nada se lo borra porque nada puede. La muerte marca indeleblemente nuestros corazones porque el amor nos hiere de esa manera. Tal y como Dietrich Bonhoeffer dice: “Nada puede disfrazar la ausencia de alguien querido… no tiene sentido decir que Dios llena el hueco; Dios no lo llena, al contrario, Dios lo mantiene vacío de manera que éste vacío nos ayude a mantener viva nuestra comunión con los otros, incluso pagando el precio del dolor… Lo más querido y rico de nuestros recuerdos, la más difícil separación. Pero la gratitud cambia la herida de nuestros recuerdos por una alegría tranquila. La belleza del pasado nace, no como una espina clavada en la carne, sino como un precioso regalo para nosotros mismos.”

Les dejo aquí las fotografías de la santa Misa y del Funeral:

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Aprender enseñando…

Cuando se comienza a leer libros se aprende mucho. Cuando se aprende a leer a las personas se aprende todo. 

Me resulta difícil expresar ideas públicamente, pero sin duda cada vez que noto que mis interlocutores entran en el ritmo y podemos llevar un diálogo en donde fácilmente puedo conversar, reír e intercambiar ideas siento que estoy entrando en un mundo totalmente apasionante. 
Creo que la forma más bella de pasar la vida es leyendo historias humanas que están cargadas de pasión, locura y maravilla. Todos tenemos una forma peculiar de pasar por el mundo y aunque quisiéramos que sea de la mejor manera siempre habrá alguien a quien no les guste. 
En mi caso, enseñar es una de las actividades que me está gustando. Llega el momento en el que el silencio invade en quienes escuchan la exposición de una idea, de un concepto o de una experiencia me doy cuenta que esa historia tal vez ya vivida por mi parte ahora le podría servir para conducirse por la vida. 
En las clases que hasta ahora he podido dar soy consciente que más que dar pautas para que sepan tener todas las respuestas me interesa que cada uno pueda, utilizando sus categorías mentales, sacar una conclusión ya que cada vida tiene una forma de desarrollarse muy distinta, aunque hayan coincidencias entre uno y otro ser humano. 
Pienso que las respuestas absolutas por lo general son una excusa agobiante que trata de extralimitar a quien quisiera pensar de manera libre, limpia y lúcidamente. 
La vida es el mejor de todos los misterios y no podríamos encerrarlo en respuestas ya practicadas sino aventurarse a la re-flexión que es inmensamente más rica que la respuesta decidida y determinante en un determinado momento.
Mirar a los ojos y ver que dentro del alma de cada ser humano hay muchos misterios por descubrir nos podrá ayudar a mirar nuestra propia condición; si es mayor para pensar que ellos podrían iluminarte con su experiencia y si son menores que andan buscando centelleos de verdad para poder encaminar su vida. 
Esa es la razón por la que enseñar es una gran responsabilidad ya que si no se hace de manera consciente podríamos terminar por dar conocimientos que confunden, que aturden, aburren y peor aún que no dejan crecer.
Religiosos y religiosas franciscanas en la clase de Admoniciones de San Francisco de Asís
Vivo convencido que el mayor logro de enseñar es que se aprende mucho. Dando es como se recibe, decía el Santo de Asís, enseñando es como se aprende podría agregar al estribillo antes citado. Cuando uno se expone ante los demás comienza a trabajar la propia persona, el propio carácter. No basta con exponer ideas, es hacer que esta idea tenga sentido y tomar una postura para defenderla o rechazarla ya que de eso depende el éxito de una buena lección. 

En mi recetario de respuestas a interrogantes obvias están las preguntas sin descuidar que todas ellas están hechas basadas en principios y no en el soberbio capricho de romperles la cabeza. Las preguntas existenciales ayudan a mis semejantes como a mí a desencadenar las opiniones que no son otra cosa que vistas de diferentes ángulos las cuales ayudan a integrar una imagen más clara del tema en cuestión. 

Ve más claro y más nítido quien sube a un lugar privilegiado y capta el panorama de modo más amplio. Subir a este lugar privilegiado se consigue por medio del diálogo, de la lectura, de la exposición de ideas y por medio de la meditación personal. 

Para aprender:

  • Escucha… y no te justifiques
  • Lee… y sorpréndete
  • Conversa… equivócate, pide disculpas, pide por favor y agradece
  • Observa… y comienza a imaginar qué sucedería una realidad opuesta a la que estás viendo
  • Investiga… sin prejuicios
  • Especula… pero no te cierres a tus supuestas conclusiones
  • Experimenta… considerando que siempre hay límites
  • Concluye… deja siempre un espacio para una posibilidad distinta y… solo después vuelve a comenzar. 

Con éste modo de actuar podrás aprender lo necesario para que al final de la jornada puedas pedir consejos y seguir teniendo ganas de seguir aprendiendo. 

Es por eso que escribo… para aprender y ojalá alguien me corrigiera. 
Con afecto AVD