El pecado, el arrepentimiento y el perdón

Hace aproximadamente diez años, tomé la espantosa decisión de abortar a mi pequeño hijo, el mismo que fue procreado con un hombre que era casado, al cual me entregué por primera vez. Cuando él lo supo, me pidió que lo abortara. Me dolió mucho que me lo dijera. No quise hacerlo, pero después de unos días le dije que fuéramos a hacerlo. Y así fue que yo maté a mi propio hijo.

Pasó el tiempo, me casé, tuve un hijo, y mi esposo y yo nos separamos. Después de un tiempo nos reconciliamos. Teníamos relaciones de vez en cuando, y sin darme cuenta salí embarazada. Yo le pedí que lo abortáramos, y lo hicimos.

¡Ay, Dios, cómo me duele recordarlo! Y saber que soy una asesina de mis propios hijos. Hubiera querido que nunca pasara eso, que nunca lo hubiera hecho. Sólo le pido a Dios que me perdone. ¡Que me perdone! No sé si Él puede hacerlo, perdonar a una mujer que deliberadamente mató a sus propios hijos en su propio vientre.

Esto yo no se lo había contado a nadie. Es la primera vez que escribo al respecto.

Tantas veces me he confesado de lo mismo… y aún lo sigo haciendo con cada sacerdote que encuentro a mi paso o veo que es nuevo en mi parroquia.

Ahora tengo dos hijos. Amo mucho a mis hijos, y ruego a Dios que ellos nunca pasen por lo que estoy pasando, por este sentimiento de culpabilidad que me atormenta cada día. A veces pienso cómo serían esos niños que aborté, sobre todo cuando acaricio a mis hijos.

Dios mío, ¡perdóname!


CONSEJO

Estimada amiga:

Miles de mujeres sienten el mismo dolor que usted. También ellas sufren todos los días de su vida. ¡Cuánto quisieran poder volver a hacerlo todo de nuevo! Anhelan tener en sus brazos a aquellos niños que perdieron para siempre.

Lo más importante que podemos decirle es que Dios está dispuesto a perdonarla. No importa lo que usted haya hecho. Él está listo, esperando poder limpiarla por completo. Pero usted tiene que pedírselo, creyendo de todo corazón que Cristo vino a este mundo para llevar la culpa del pecado que usted ha cometido. En otras palabras, Dios nuestro Padre celestial puede perdonarla debido a que su Hijo Jesucristo ya sufrió el castigo. Cuando Cristo murió en la cruz hace dos mil años, murió por los pecados de usted y por los nuestros. Así que ahora, cuando usted le pide a Dios que la perdone, en el nombre de Cristo, es como si Dios tomara el pecado que usted ha cometido y escribiera a su lado el nombre de Jesucristo, seguido de: «Cancelado» y «Perdonado».

Allí donde se encuentra, en sus propias palabras, dígale a Dios lo arrepentida que está y pídale que la perdone en el nombre de Cristo. Dígale que usted cree que Cristo murió para que usted pudiera recibir el perdón. Y luego dele gracias a Dios por estar dispuesto a sacrificar a su único Hijo para que todo esto fuera posible.

Confiésese, crea que el sacramento es una realidad no una fantasía, reconcíliese con su historia y voltee la página.

Una vez que haya terminado de orar, el peso del pecado y de la culpabilidad que siente desaparecerán, y se sentirá limpia y libre. ¡Escríbanos y cuéntenos cuán bien se siente al haber sido perdonada! ¡Así podremos compartir su alegría!

Con afecto fraternal

Por Linda y Carlos Rey

Hasta pronto Padre VICENTE PALACIOS DEL HOYO -OFM-

No podemos estar felices todos al mismo tiempo… 

Este domingo 21 de enero fue una mezcla de emociones las cuales teníamos que aceptarlas como tal. La emocionante y reconfortante visita del Santo Padre a Nuestro País y la partida de nuestro Padre Vicente Palacios a la Casa del Padre Celestial. 

En conversaciones con hermanos religiosos y laicos, que tuvimos la posibilidad de haber compartido experiencias con Padre Vicente, hemos coincidido en algo: era un Padre BUENO. 

Como se recordaba el día de hoy, al momento de leer su biografía, se resaltaba su bondad cuando trataba con el prójimo. Sus 60 años de sacerdocio y su pasión por las misiones. La ausencia de alguien siempre nos arrancará las lágrimas y dejará un vacío que solamente Dios puede llenar y dar un contenido. 

Nos vendrán las muchas interrogantes al momento de contemplar a un anciano que busca hacer el bien. ¿Qué es lo que veía cuando celebraba la Eucaristía ya que era evidente que la vivía como una experiencia única e irrepetible? ¿Qué es lo que le impulsaba a salir a visitar a los enfermos sabiendo que lo único que queda es asistirle en los últimos momentos de su existencia?

Creo que la respuesta la dio el Papa Francisco: 

Los jóvenes van rápido… los ancianos conocen el camino. 

Otra persona me dijo, es una tristeza que ya no esté con nosotros pero sabemos que ya está en el cielo, pues a otro lado es imposible que pueda haber ido; por eso podemos estar más que alegres. 



Es difícil pronunciar palabras de consuelo cuando estamos cara a cara con la muerte, incluso cuando la persona que murió vivió una vida plena y murió en las mejores circunstancias. Es especialmente duro cuando el que ha fallecido es una persona muy querida, todavía necesitado de cuidados.

Como sacerdote, he tenido que presidir muchos funerales, como resultado de una enfermedad, un accidente o ancianidad. Este tipo de funerales son siempre tristes. 

No hay muchas palabras que ayuden en una situación como esta, pero incluso lo poco que se puede decir, en un día como ese, cuando la muerte es tan cruda, no ofrece demasiado consuelo emocional. ¿Qué se dice cuando se enfrenta una muerte como ésta? Simplemente que esa persona está ahora en unas manos más amorosas, tiernas, suaves y seguras que las nuestras, que hay una madre y un padre que los precedieron al otro lado y ahora saldrán a recibirle, como hubo una a este lado cuando nació. Todos nacemos en los brazos de una madre. Esta es la imagen que necesitamos mantener ante nosotros para imaginar sanamente la muerte.

Cuando morimos, morimos en los brazos de Dios y seguramente somos recibidos con tanto amor, dulzura y ternura como los que seguramente recibimos en los brazos de nuestras madres cuando nacimos. Más aún, seguramente estamos más a salvo que cuando nacimos aquí en la tierra. Sospecho, también, que más de unos pocos santos nos rodearán, esperando su oportunidad para acunar al nuevo niño. Por eso está bien, incluso si morimos antes de que estemos preparados, si aún necesitamos el cuidado de alguien que nos cuide, si todavía estamos necesitados de una madre. Estamos en manos seguras, cuidadoras y tiernas. En las manos de Dios.

Esto es profundamente consolador  porque la muerte nos convierte en huérfanos y diariamente hay personas que mueren porque es la ley de la vida, inesperadamente, sin estar preparados, todavía necesitados de cuidado en sí mismos, en diferentes circunstancias. Todos morimos necesitando una mano maternal de Dios. Por eso tenemos la seguridad que nos da la fe, por la cual creemos que naceremos en unas manos más seguras y cuidadoras que las nuestras.

De cualquier manera éste consuelo no borra el dolor de la pérdida de nuestro P. Vicente. Nada se lo borra porque nada puede. La muerte marca indeleblemente nuestros corazones porque el amor nos hiere de esa manera. Tal y como Dietrich Bonhoeffer dice: “Nada puede disfrazar la ausencia de alguien querido… no tiene sentido decir que Dios llena el hueco; Dios no lo llena, al contrario, Dios lo mantiene vacío de manera que éste vacío nos ayude a mantener viva nuestra comunión con los otros, incluso pagando el precio del dolor… Lo más querido y rico de nuestros recuerdos, la más difícil separación. Pero la gratitud cambia la herida de nuestros recuerdos por una alegría tranquila. La belleza del pasado nace, no como una espina clavada en la carne, sino como un precioso regalo para nosotros mismos.”

Les dejo aquí las fotografías de la santa Misa y del Funeral:

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PESCADORES DE HOMBRES

«Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia».

Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres». Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.

Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron» (Mc 1,14-20).





Durante su actividad en Galilea comenzó a reunir­se en torno a Jesús un grupo de discípulos entre los que eligió, más tarde, a «doce para que estuvieran siempre con él» (Mc 3,14). No se trataba de una manera nueva o desconocida de proceder, ya que no sólo el Bautista había reu­nido su propio círculo de discípulos, sino que también los maestros de la Ley tenían a su alrededor un grupo de alumnos que los seguían para vivir con ellos.

Sin embargo hay una importante diferencia entre el modo de vinculación de los demás maestros de la Ley y sus respectivos alum­nos, por un lado, y entre Jesús y sus discípulos, por otro. Especialmente porque la ini­ciativa de llegar hasta cualquier rabí partía de los propios discípulos, que se sentían atraí­dos por la autoridad erudita de ese maestro que ellos mismos elegían:

 «Rabán Gama­liel decía: consíguete un maestro, aléjate de la duda» (Mishná, Abot I,16).

 Más tarde ellos podían cambiar libremente de maestro. Pero, en el caso de Jesús, era él quien convocaba per­sonalmente a cada uno de sus seguidores con su autori­dad carismática. Esto sucedía así porque Jesús reunía a sus discípulos como profeta y no como simple rabí.

Esto se puede advertir en los relatos de vocación de los primeros discípulos, que encontramos en el Evangelio. Los elementos estructurales se asemejan notablemente a los del llamado dirigido por el profeta Elías a Eliseo:

 «Elías partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando con doce yuntas delante de él, y él estaba con la duodécima. Elías fue a donde él estaba y le echó su manto encima. Inmediatamente dejó él los bueyes, corrió tras Elías y dijo: Permíte­me besar a mi padre y a mi madre, entonces te se­guiré. Y él dijo: Vé, vuélvete. ¿Qué te he hecho yo? … Después se levantó y fue tras Elías y le servía» (1 Re 19,19-21).

En ambos casos parecía ser el primer encuentro entre el que llamaba y los que eran llamados; tam­bién la tarea cotidiana era el ámbito en el que eran llamados los discípulos de ambos profetas, y la respuesta era siempre inmediata; la despedida de los padres era también una nota común.

La imagen de la pesca define un nuevo modo de vida, que parte de lo que ellos ya hacen. La vocación supone así CONTINUIDAD y RUPTURA a la vez. Pero también expresa la novedad del Evangelio. Porque la pesca aparecía en los oráculos de los profetas como imagen de la acción de Dios para castigar a los injustos. Nadie se puede escapar de sus anzuelos y redes:

«Yo voy a enviar numerosos pescadores -oráculo del Señor- y ellos los pescarán; después de esto, enviaré numerosos cazadores que los cazarán por todas las montañas y colinas, y hasta en las hendiduras de las rocas. Porque yo tengo los ojos fijos sobre todos sus caminos; ellos no se me ocultan, y su iniquidad no puede esconderse a mis ojos» (Jer 6,16-17).

«Así habla el Señor: Aquí estoy contra ti, Faraón, rey de Egipto, enorme dragón recostado en el cauce de sus Nilos, que dices: «El Nilo me pertenece, yo mismo me lo hice». Yo te pondré garfios en las mandíbulas, pegaré a tus escamas los peces de tus Nilos y te sacaré fuera de sus corrientes, con todos los peces de tus Nilos pegados a tus escamas. Te arrojaré en el desierto, a ti y a todos los peces de tus Nilos; quedarás tendido en pleno campo y no serás recogido ni enterrado. Te daré como pasto a las bestias de la tierra y a los pájaros del cielo» (Ez 29,3-5).

 

Sin embargo la imagen de la pesca tenía un sentido positivo en los oráculos post-exílicos sobre la renovación que Dios realizaría en orden a la santificación de su pueblo.

Según Ezequiel, del costado del Templo Dios haría surgir un torrente de agua purificadora y vivificadora, capaz de transformar la salobridad del Mar Muerto:

«Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes que se mueven por el suelo y habrá peces en abundancia. Porque cuando esta agua llegue hasta el Mar, sus aguas quedarán saneadas, y habrá vida en todas parte adonde llegue el torrente.

Los pescadores se apostarán a su orilla: desde Engadí hasta En Eglaim habrá lugares para tender las redes. Allí habrá tantas clases de peces como en el Mar Grande, y serán muy numerosos» (Ez 47,9-10).

Los enviados de Jesús deberán realizar la misma tarea de búsqueda, revolviendo mares, pero para que los hombres sean encontrados por la misericordia de Dios.

Tréboles de 4, 5, 6, 7, 8 y 21 hojas

Todos en la vida hemos buscado un trébol de 4 hojas para que nos dé buena suerte, es un amuleto, como se acostumbra creer. Generalmente los tréboles tienen sólo 3 hojas, si aparece uno de 4 hojas es por una anomalía de ese individuo. Aunque no se crea posible también hay tréboles con 5, 6, 7, 8 e inclusive 21 hojas. [Ver fotos abajo]

 

CARACTERÍSTICAS DE UN TRÉBOL

Trifolium es un género que comprende unas 300 especies de plantas de la subfamilia de las faboideas, conocidas genéricamente como tréboles, ampliamente extendidas por las regiones templadas del Hemisferio Norte.

Son por lo general hierbas de pequeño tamaño, de hojas característicamente divididas en 3 lóbulos, característica que les da su nombre.

Simbolismo y mitología

Shamrock, el tradicional símbolo irlandés acuñado por San Patricio para la Sagrada Trinidad, comúnmente asociado con el trébol, aunque también con especies de Oxalis, que también son trifoliadas.

A veces el trébol tiene hojas de 4 folíolos, en vez de las usuales 3. Éste, como otras rarezas de las leyendas, es considerado de suerte. Aunque es extraño, también hay tréboles con 5 o 6 folíolos.

TRÉBOL DE 4 HOJAS

El trébol de 4 hojas es una variación infrecuente del trébol de tres hojas comúnmente hallado en el campo. Según la tradición, tales hojas traen buena suerte a sus buscadores, especialmente si es encontrado accidentalmente.

Se ha estimado que hay aproximadamente 10.000 tréboles de la tres hojas por cada trébol de cuatro hojas.

Según leyenda, cada hoja representa algo:

  • La primera es para la esperanza.
  • La segunda es para la fe.
  • La tercera es para el amor.
  • La cuarta para la suerte.

Se discute si la generación de la cuarta hoja está causada por razones genéticas o ambientales. Su rareza sugiere un gen recesivo posible que aparece con baja frecuencia. Alternativamente, los tréboles de 4 hojas podían ser causados por mutación somática o un error de desarrollo de causas ambientales. Podrían también ser causados por la interacción de varios genes que se segregan en la planta individual. Es posible que las cuatro explicaciones podría aplicarse a los casos individuales.

PRODUCCIÓN DE TRÉBOLES DE 4 HOJAS EN MASA

Ciertas compañías producen actualmente tréboles de 4 hojas por diversos medios. Richard Mabey alega, en la Flora Británica, que hay granjas en los E.E.U.U. que se especializan en cultivar tréboles de 4 hojas, produciendo hasta 10.000 al día (envasados en plástico como encantos afortunados) alimentándolos con un ingrediente secreto genéticamente-dirigido a las plantas para animar la aberración. Mabey también indica que los niños aprenden que un trébol de 5 hojas es incluso más afortunado que uno de 4.

Los tréboles pueden tener más de 4 hojas. El mayor número de hojas encontrado jamás en un trébol era de 18 pero ya hay uno de 21.

EL TRÉBOL DE 7 HOJAS DE FRY EN FUTURAMA

En la serie animada Futurama, el protagonista Phillip J. Fry tiene un trébol de 7 hojas, el cual le daba increíble suerte en todo momento. Este luego pasó a manos de su sobrino, quien murió enterrado como un héroe junto con el trébol en un cementerio especial (y espacial) para hombres célebres porque él fue la primera persona en pisar Marte.

EL CINE

Trébol en inglés es Clover, y la película Cloverfield sería: Campo de tréboles.

TRÉBOL DE MAYOR CANTIDAD DE HOJAS: 18 HOJAS SEGÚN GUINNESS

Quien: Shigeo Obara
Que: 18 hojas
Donde: Hanamaki City, Iwate, Japan
Cuando: Mayo 25, 2002

El récord mundial para el trébol con mayor cantidad de hojas en un mismo tallo (Trifolium repens L.) es de 18, este fue descubierto por Shigeo Obara de la ciudad Hanamak, Iwate, Japón.
[Fuente Guinness World Records]

TRÉBOL DE 21 HOJAS

Un agricultor japonés encontró un trébol de 21 hojas en Mayo del 2008. Es un nuevo Récord Guinness, que supera al anterior trébol de 18 hojas encontrado también por la misma persona y en el mismo jardín en Mayo del 2002. Parece ser que este agricultor, el señor Shigeo Obara, lleva más de 50 años plantando y cruzando tréboles en el jardín de su casa. Su afición comenzó cuando descubrió en 1951 un matojo del que siempre crecían tréboles de cuatro hojas en una esquina de su jardín. El objetivo del señor Obara es llegar a conseguir un trébol de 30 hojas, dice que está cerca de conseguirlo.

Trébol de 21 hojas

En occidente cel encontrar un trébol de 4 hojas se supone que da suerte, en Japón un trébol de 4 hojas simboliza felicidad y uno de 5 hojas simboliza riqueza.

[Fuente: Kirai]

Ahora pasemos a ver las prometidas fotos de tréboles de 4, 5, 6, 7 y 8 hojas.

TRÉBOLES DE 3 HOJAS

Trébol de 21 hojas

TRÉBOL DE 4 HOJAS

suerte Trébol de 4 hojas
Mim Eisenberg en Atlanta, Georgia

Trébol de 4 hojas
Matthew J. Stinson en Tianjin, China

Trébol de 4 hojas
Holanda

2 Tréboles de 4 hojas
Vean que salen 2 tréboles de 4 hojas en esta misma foto.

TRÉBOL DE 5 HOJAS

Trébol de 5 hojas
Mim Eisenberg en Atlanta, Georgia

Trébol de 5 hojas
Japón

Trébol de 5 hojas
Japón

Trébol de 5 hojas
Boston, USA

Trébol de 5 hojas

TRÉBOL DE 6 HOJAS

Trébol de 6 hojas
Iwate, Japón

Trébol de 6 hojas
Trébol de 6 hojas
Trébol de 6 hojas
Irlanda
suerte Trébol de 6 hojas

suerte Trébol de 6 hojas
suerte Trébol de 6 hojas

TRÉBOL DE 7 HOJAS

Trébol de 7 hojas
Trébol de 7 hojas encontrado en una montaña.
Trébol de 7 hojas
Trébol de 7 hojas

Philip J. Fry de Futurama estaría orgulloso de aquí en adelante.

TRÉBOL DE 8 HOJAS

Trébol de 8 hojas
Encontrado en un jardín.

Trébol de 8 hojas
Matthew J. Stinson en China

Pero, ¿alguien está dispuesto?

¿Hay alguien que quiera ser el último, sirviendo y pasando inadvertido?

El ser transparente no es un opción en esta sociedad nuestra. Buscamos significación mediática y presencial para sentirnos importantes y acogidos. Y las palabras de Jesús proponiendo humildad, trabajo callado e implícito, parecen intragables.

Este fragmento está reelaborado por los primeros cristianos que, en tiempos de Mateo, están siendo perseguidos por anunciar a Jesús resucitado. Ellos retoman la palabras del Maestro que les animan y defienden y, también, las que les dan identidad. Ser humildes, va a ser el modo de responder -los “cristianos”- a aquellos que les critican y desvalorizan a Cristo. Y el adjetivo “hipócritas”, la defensa ante los fariseos que les rechazan.

Muchas de las reacciones que tenemos y de la palabras que emitimos dependen del contexto que vivimos. A veces, ni nosotros mismos comprendemos nuestras salidas de tono. Los demás las sufren y tampoco saben cómo explicarlas. Pero lo que es verdad, es que podemos dar la impresión de decir una cosa y vivir la contraria; como los fariseos.

Supongo que mucha gente se “echa para atrás” al entrar en contacto con nosotros. Ven nuestras incoherencias de curas, de religiosos, de matrimonios o grupos de jóvenes y se van. Encuentran dentro lo que ya tienen fuera. Y es cierto, pero no es menos verdad que el único al que seguimos, el verdadero modelo, el que no falla es Cristo.

Si yo fuera sencillo para presentarme como torpe y ofrecerme como instrumento, seguro que sería más testigo y menos protagonista. Y entonces las palabras de Jesús no causarían tanta extrañeza: no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor”.

Revisemos, también, en nuestra comunidad y el testimonio que damos: ¿Hay alguno que quiera servir y  pasar inadvertido?

El AMOR no es romanticismo barato

El amor en la posmodernidad es una utopía colectiva que se expresa en y sobre los cuerpos y los sentimientos de las personas, y que, lejos de ser un instrumento de liberación colectiva, sirve como anestesiante social.

El amor hoy es un producto cultural de consumo que calma la sed de emociones y entretiene a las audiencias. Alrededor del amor ha surgido toda una industria y un estilo de vida que fomenta lo que H.D. Lawrence llamó “egoísmo a dúo”, una forma de relación basada en la dependencia, la búsqueda de seguridad, necesidad del otro, la renuncia a la interdependencia personal, la ausencia de libertad, celos, rutina, adscripción irreflexiva a las convenciones sociales, el enclaustramiento mutuo…

Este enclaustramiento de parejas propicia el conformismo, el viraje ideológico a posiciones más conservadoras, la despolitización y el vaciamiento del espacio social, con notables consecuencias para las democracias occidentales y para la vida de las personas. Las redes de cooperación y ayuda entre los grupos se han debilitado o han desaparecido como consecuencia del individualismo y ha aumentado el número de hogares monoparentales. La gente dispone de poco tiempo de ocio para crear redes sociales en la calle, y el anonimato es el modus vivendi de la ciudad: un caldo de cultivo, pues, ideal para las uniones de dos en dos (a ser posible monogámicas y heterosexuales).

De este modo, nos atrevemos a afirmar que los modelos de relación erótica y amorosa de la cultura de masas están basadas en la ideología del “sálvese quién pueda”. Mucha gente se queja de que los amores posmodernos son superficiales, rápidos e intensos, como la vida en las grandes urbes. Es cada vez más común el enamoramiento fugaz, y pareciera que las personas, más que lograr la fusión, lo que hacen es “chocar” entre sí.

Creo, coincidiendo con Erich Fromm, que a pesar de que el anhelo de enamorarse es muy común, en realidad el amor es un fenómeno relativamente poco frecuente en nuestras sociedades actuales: “La gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza la excepción; el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad actual”. Y lo es porque el amor requiere grandes dosis de apertura de uno mismo, de entrega, generosidad, sinceridad, comunicación, honestidad, capacidad de altruismo, que chocan con la realidad de las relaciones entre los hombres y las mujeres posmodernas.

Por eso creo que el amor, más que una realidad, es una utopía emocional de un mundo hambriento de emociones fuertes e intensas. En la posmodernidad existe un deseo de permanecer entretenido continuamente; probablemente la vida tediosa y mecanizada exacerba estas necesidades evasivas y escapistas. Esta utopía emocional individualizada surge además en lo que Lasch denomina la era del narcisismo; en ella las relaciones se basan en el egoísmo y el egocentrismo del individuo.

Las relaciones superficiales que establecen a menudo las personas se basan en una idealización del otro que luego se diluye como un espejismo. En realidad, las personas a menudo no aman a la otra persona por como es, en toda su complejidad, con sus defectos y virtudes, sino más bien por cómo querría que fuese. El amor es así un fenómeno de idealización de la otra persona que conlleva una frustración; cuanto mayores son las expectativas, más grande es el desencanto.

El amor romántico se adapta al individualismo porque no incluye a terceros, ni a grupos, se contempla siempre en uniones de dos personas que se bastan y se sobran para hacerse felices el uno al otro. Esto es bueno para que la democracia y el capitalismo se perpetúen, porque de algún modo se evitan movimientos sociales amorosos de carácter masivo que podrían desestabilizar el statu quo. Por esto en los medios de comunicación de masas, en la publicidad, en la ficción y en la información nunca se habla de un “nosotros” colectivo, sino de un “tú y yo para siempre”. El amor se canaliza hacia la individualidad porque, como bien sabe el poder, es una fuerza energética muy poderosa. Jesús y Gandhi expandieron la idea del amor como modo de relacionarse con la naturaleza, con las personas y las cosas, y tuvieron que sufrir las consecuencias de la represión que el poder ejerció sobre ellos.

El amor constituye una realidad utópica porque choca con la realidad del día a día, normalmente monótona y rutinaria para la mayor parte de la Humanidad. Las industrias culturales actuales ofrecen una cantidad inmensa de realidades paralelas en forma de narraciones a un público hambriento de emociones que demanda intensidad, sueños, distracción y entretenimiento. Las idealizaciones amorosas, en forma de novela, obra de teatro, soap opera, reality show, concurso, canciones, etc. son un modo de evasión y una vía para trascender la realidad porque se sitúa como por encima de ella, o más bien porque actúa de trasfondo, distorsionando, enriqueciendo, transformando la realidad cotidiana.

Necesitamos enamorarnos del mismo modo que necesitamos rezar, leer, bailar, navegar, ver una película o jugar durante horas: porque necesitamos trascender nuestro “aquí y ahora”, y este proceso en ocasiones es adictivo. Fusionar nuestra realidad con la realidad de otra persona es un proceso fascinante o, en términos narrativos, maravilloso, porque se unen dos biografías que hasta entonces habían vivido separadas, y se desea que esa unión sitúe a los enamorados en una realidad idealizada, situada más allá de la realidad propiamente dicha, y alejada de la contingencia. Por eso el amor es para los enamorados como una isla o una burbuja, un refugio o un lugar exótico, una droga, una fiesta, una película o un paraíso: siempre se narran las historias amorosas como situadas en lugares excepcionales, en contextos especiales, como suspendidas en el espacio y el tiempo. El amor en este sentido se vive como algo extraordinario, un suceso excepcional que cambia mágicamente la relación de las personas con su entorno y consigo mismas.

Sin embargo, este choque entre el amor ideal y la realidad pura se vive, a menudo, como una tragedia. Las expectativas y la idealización de una persona o del sentimiento amoroso son fuente de un sufrimiento excepcional para el ser humano, porque la realidad frente a la mitificación genera frustración y dolor. Y, como admite Freud (1970), “jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos; jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado o su amor”.

Quizás la característica más importante de esta utopía emocional reside en que atenúa la angustia existencial, porque en la posmodernidad la libertad da miedo, el sentido se ha derrumbado, las verdades se fragmentan, y todo se relativiza. Mientras decaen los grandes sistemas religiosos y los bloques ideológicos como el anarquismo y el comunismo, el amor, en cambio, se ha erigido en una solución total al problema de la existencia, el vacío y la falta de sentido.

Otro rasgo del amor romántico en la actualidad es que en él confluyen las dos grandes contradicciones de los urbanitas posmodernos: queremos ser libres y autónomos, pero precisamos del cariño, el afecto y la ayuda de los demás. El ser humano necesita relacionarse sexual y afectivamente con sus semejantes, pero también anhela la libertad, así que la contradicción es continua, y responde a lo que he denominado la insatisfacción permanente, un estado de inconformismo continuo por el que no valoramos lo que tenemos, y deseamos siempre lo que no tenemos, de manera que nunca estamos satisfechos. A los seres humanos nos cuesta hacernos a la idea de que no se puede tener todo a la vez, pero lo queremos todo y ya: seguridad y emoción, estabilidad y drama, euforia y rutina.

La insatisfacción permanente es un proceso que nos hace vivir la vida en el futuro, y no nos permite disfrutar del presente; en él se aúna esa contradicción entre idealización y desencanto que se da en el amor posmoderno, porque la nota común es desear a la amada o el amado inaccesible, y no poder corresponder a los que nos aman. La clave está en el deseo, que muere con su realización y se mantiene vivo con la imposibilidad.

Si la primera contradicción amorosa posmoderna reside fundamentalmente en el deseo de libertad y de exclusividad, la segunda reside en la ansiada igualdad entre mujeres y hombres. Por un lado, la revolución feminista de los 70 logró importantes avances en el ámbito político, económico y social; por otro, podemos afirmar que el patriarcado aún goza de buena salud en su dimensión simbólica y emocional.

En algunos países las leyes han logrado llevar las reivindicaciones de los feminismos a la realidad social, pese a que la crisis económica nos aleja aún más de la paridad y la igualdad de mujeres y hombres en el seno de las democracias occidentales. Además de esta ansiada igualdad legal, política y económica, tenemos que empezar a trabajar también el mundo de las emociones y los sentimientos. El patriarcado se arraiga aún con fuerza en nuestra cultura, porque los cuentos que nos cuentan son los de siempre, con ligeras variaciones. Las representaciones simbólicas siguen impregnadas de estereotipos que no liberan a las personas, sino que las constriñen; los modelos que nos ofrecen siguen siendo desiguales, diferentes y complementarios, y nos seguimos tragando el mito de la media naranja y el de la eternidad del amor romántico, que se ha convertido en una utopía emocional colectiva impregnada de mitos patriarcales.

Algunos de ellos siguen presentes en nuestras estructuras emocionales, configuran nuestras metas y anhelos, seguimos idealizando y decepcionándonos, y mientras los relatos siguen reproduciendo el mito de la princesa en su castillo (la mujer buena, la madre, la santa,) y el mito del príncipe azul (valiente a la vez que romántico, poderoso a la par que tierno). Muchos hombres han sufrido por no poder amar a mujeres poderosas; sencillamente porque no encajan en el mito de la princesa sumisa y porque esto conlleva un miedo profundo a ser traicionados, absorbidos, dominados o abandonados. Los mitos femeninos han sido dañinos para los hombres porque al dividir a las mujeres en dos grupos (las buenas y las malas), perpetúan la deigualdad y el miedo que los hombres sienten hacia las mujeres. Este miedo aumenta su necesidad de dominarlas; el imaginario colectivo está repleto de mujeres pecadoras y desobedientes (Eva, Lilith, Pandora), mujeres poderosas y temibles (Carmen, Salomé, Lulú), perversas o demoníacas (las harpías, las amazonas, las gorgonas, las parcas, las moiras).

Paralelamente, multitud de mujeres han besado sapos con la esperanza de hallar al hombre perfecto: sano, joven, sexualmente potente, tierno, guapo, inteligente, sensible, viril, culto, y rico en recursos de todo tipo. El príncipe azul es un mito que ha aumentado la sujeción de la mujer al varón, al poner en otra persona las manos de su destino vital. Este héroe ha distorsionado la imagen masculina, engrandeciéndola, y creando innumerables frustraciones en las mujeres. El príncipe azul, cuando aparece, conlleva otro mito pernicioso: el amor verdadero junto al hombre ideal que las haga felices.

Pese a estos sueños de armonía y felicidad eterna, las luchas de poder entre hombres y mujeres siguen siendo el principal escollo a la hora de relacionarse libre e igualitariamente en nuestras sociedades posmodernas; por ello es necesario  seguir luchando por la igualdad, derribar estereotipos, destrozar los modelos tradicionales, subvertir los roles, inventarnos otros cuentos y aprender a querernos más allá de las etiquetas.

Fuente: http://www.entretantomagazine.com

Mt 23,1-12. HACERSE SERVIDOR DE LOS OTROS

«Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos: «Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen.

Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.

Todo lo hacen para que los vean: agradan las filacterias y alargas los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludamos en las plazas y oírse llamar “mi maestro” por la gente.

En cuanto a ustedes, no se hagan llamar “maestro”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen “padre”, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco “doctores”, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.

Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado» (Mt 23,1-12).

Jesús había enseñado en el Sermón de la Montaña: «No juzguen, para no ser juzgados. Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes» (Mt 7,1-2).

Y así es un hecho que los predicadores del Evangelio también son hasta el presente juzgados con la MISMA MEDIDA con que ellos juzgan a los fariseos. Con frecuencia se dice de los clérigos: «no se guíen por sus obras, porque NO HACEN lo que dicen» (Mt 23,3).

¿Héroes o villanos?

Si bien Jesús no concuerda con los fariseos en algún punto (el divorcio: Mt 19,3-9), en otros sí (la resurrección: Lc 20,39). Y reconoce su autoridad religiosa.

Las imágenes que nos llegan de los fariseos son muy dispares. Según Josefo:

«Tenían conquistado crédito ante el pueblo y todas las cosas divinas, las oraciones y las ofrendas de sacrificios se cumplían según su interpretación. Las ciudades habían rendido homenaje a tantas virtudes, aplicándose a lo hay de más perfecto en ellos tanto en la práctica como en la doctrina» (cf. Antigüedades XVIII,11-25).

«Los ricos se inclinaban por los saduceos, mientras que los fariseos contaban con la simpatía de la multitud» (Antigüedades XIII,298).

Por su parte rigoristas esenios cuestionan a los fariseos, pero por considerarlos laxos en la interpretación de la Ley:

«Se indignan al oírme los que gustan de contemporizar… los intérpretes de la mentira, la horda de seductores» (Himnos II,15.32).

«Ellos buscaron interpretaciones fáciles, escogieron ilusiones, escudriñaron brechas, escogieron el cuello hermoso, justificaron al culpable y condenaron al justo, transgredieron la alianza, quebrantaron el precepto, se agruparon contra la vida del justo, su alma aborreció a todos los que caminan en la perfección…» (Documento de Damasco 1,18-21).

Buenos y malos, … como en todos lados

La inconsecuencia entre la propia identidad y la conducta concreta es una herida que afecta a todo ser humano. La Mishná lo expresa con dolor:

«Un piadoso idiota, un malvado astuto, una mujer hipócrita y las heridas de los fariseos destruyeron el mundo» (Sotah 3,4).

Y el Talmud comenta la frase catalogando a los fariseos (Sotah 22b)

  Apodo Explicación
1 Fariseo Ancho de HOMBROS Lleva sus acciones en los hombros para que todos las vean.
2 Fariseo REZAGADO Se atrasa respecto a los deberes de justicia porque siempre tiene otro precepto que cumplir.
3 Fariseo CALCULADOR Puede permitirse algún delito porque antes realizó otras obras buenas.
4 Fariseo AHORRADOR Se pregunta constantemente qué otro deber puede cumplir que resulte virtuoso.
5 Fariseo ESCRUPULOSO Se preguntan por los pecados ocultos para compensarlos con una buena acción
6 Fariseo del TEMOR Temen el castigo
7 Fariseo del AMOR Aman a Dios y confían en su recompensa

Un lenguaje bastante habitual

El duro tono dirigido contra los referentes religiosos era habitual entre los profetas (Os 5,1-10). Jesús se integra en esa misma corriente.

La Mishná es testigo de las descalificaciones entre SADUCEOS y FARISEOS por desacuerdos en la jurisprudencia de la Torah (Yadayim 4,6-8).

También los mismos fariseos discutían entre sí; no siempre con humildad:

«Durante muchos años discutieron las escuelas de Hillel y Shammay. Unos decían: la jurisprudencia es tal cual nosotros la interpretamos. Los otros, a su vez, abogaban por su propia razón… ¿Por qué se determinó en la mayoría de los casos que la razón la tienen los discípulos de Hillel? Porque eran amables y humildes. Esto te enseña: El que se humilla, es enaltecido. El que se enaltece, es humillado» (Talmud, Erubim 13).

Pero también el Apóstol Pablo descalifica a otros predicadores del Evangelio:

«Atención a los perros; atención a los obreros malos… Porque muchos viven según os dije tantas veces, y ahora os lo repito con lágrimas, como enemigos de la cruz de Cristo, cuyo final es la perdición, cuyo Dios es el vientre, y cuya gloria está en su vergüenza, que no piensan más que en las cosas de la tierra» (Flp 3,2.18-19).

Con mucho acierto observa John Meier: «El diálogo cortés entre grupos religiosos diferentes es una feliz invención moderna» (Un Judío Marginal III, p.355).

El más grande de entre ustedes será servidor

Si bien los cuestionados son «los escribas y fariseos», la advertencia va dirigida «a la multitudy a los discípulos» (Mt 23,1). Los reproches quieren prevenir lo que muy fácilmente les puede ocurrir a los seguidores de Jesús en el ejercicio de la autoridad en la nueva comunidad que se va formando. Esto queda claro en el contraste de la advertencia: «En cuanto a ustedes…» (23,8).

En el Sermón de la Montaña se criticaba el exhibicionismo en la práctica religiosa, tales como:

  • «ir pregonando la limosna, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles» (Mt 6,2)
  • «orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos» (6,5)
  • «desfigurar el rostro para que se note el ayuno» (6,16)

A pesar de la ostentación, la práctica era efectiva: se daba limosna, se dedicaba tiempo a orar y había privación de alimento. Aquí se lo reconoce también cuando se denuncia: «Todo lo HACEN para que los vean» (23,5). Pero también se señala que en muchas otras cosas que son objeto enseñanza hay una gran inconsecuencia: «no se guíen por sus obras, porque NO HACEN lo que dicen» (23,3).

Sin embargo el Evangelio no cuestiona el concepto de presidencia con autoridad, pues manda a sus oyentes: «hagan y cumplan todo lo que les digan». Además Jesús declara que, así como algunos entonces ocupaban la cátedra de Moisés, «los que lo han seguido, también se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel» (19,28).

Si bien el Evangelio propone un modo igualitario de relaciones, donde deben desaparecer las actitudes de superioridad, no por eso suprime los «cargos» que se desempeñan en la comunidad. Más bien se trata de devolver el sentido que éstos tienen, que es el de la RESPONSABILIDAD y el SERVICIO. En otras palabras, se amonesta a poner el hombro a las «pesadas CARGAS que se han puesto sobre los demás» (23,4) y a las que están implicadas en el propio CARGO: comportarse como padres y maestros, y no quedarse con la ostentación del título.

Martín de la Caridad

Martín, con el ejemplo de su vida, nos demuestra que es posible conseguir la salvación y la santidad por el camino que Cristo enseña: si ante todo amamos a Dios de todo corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente; y, en segundo lugar, si amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Por lo cual, ante todo, Martín, ya desde niño, amó a Dios, dulcísimo Padre de todos: y con tales características de ingenuidad y sencillez que no pudieron menos que agradar a Dios.

Posteriormente cuando entró en la Orden Dominicana, de tal modo ardió en piedad que, no una sola vez, mientras oraba, libre su mente de todas las cosas, parecía estar arrebatado al cielo. Pues tenia en su corazón bien fijo lo que Santa Catalina de Sena había afirmado con estas palabras: “Es normal amar a aquel que ama. Aquel que vuelve amor por amor puede decirse que da un vaso de agua a su Creador” (Carta número 8 de Santa Catalina). Después de haber meditado que Cristo padeció por nosotros…, que llevó en su cuerpo nuestros pecados sobre el madero, se encendió en amor a Cristo crucificado, y al contemplar sus acerbos dolores, no podía dominarse y lloraba abundantemente. Amó también con especial caridad al augusto Sacramento de la Eucaristía al que, con frecuencia escondido, adoraba durante muchas horas en el sagrario y del que se nutría con la mayor frecuencia posible. Amó de una manera increíble a la Virgen María, y la tuvo siempre como una Madre querida. Además, San Martín, siguiendo las enseñanzas del Divino Maestro, amó con profunda caridad, nacida de una fe inquebrantable y de un corazón desprendido a sus hermanos. Amaba a los hombres porque los juzgaba hermanos suyos por ser hijos de Dios; más aún, los amaba más que a sí mismo, pues en su humildad juzgaba a todos más justos y mejores que él. Amaba a sus prójimos con la benevolencia propia de los héroes de la fe cristiana.

Excusaba las faltas de los demás; perdonaba duras injurias, estando persuadido de que era digno  de mayores penas por sus pecados; procuraba traer al buen camino con todas sus fuerzas a los pecadores; asistía complaciente a los enfermos; proporcionaba comida, vestidos y medicinas a los débiles; favorecía con todas sus fuerzas a los campesinos, a los negros y a los mestizos que en aquel tiempo desempeñaban los más bajos oficios, de tal manera que fue llamado por la voz popular Martín de la Caridad. Hay que tener también en cuenta que en esto siguió caminos, que podemos juzgar ciertamente nuevos en aquellos tiempos, y que pueden considerarse como anticipados a nuestros días. Por esta razón ya nuestro predecesor de feliz memoria Pío XII nombró a Martín de Porres Patrono de todas las instituciones sociales de la República del Perú.

Con tanto ardor siguió los caminos del Señor que llegó a un alto grado de perfecta virtud y se inmoló como hostia propiciatoria. Siguiendo la vocación del Divido Redentor, abrazó la vida religiosa para ligarse con vínculos de más perfecta santidad. Ya en el convento no se contentó con guardar con diligencia lo que le exigían sus votos, sino que tan íntegramente cultivó la castidad, la pobreza y la obediencia que sus compañeros y superiores lo tenían como una perfecta imagen de la virtud.

La dulzura y delicadeza de su santidad de vida llegó a tanto que durante su vida y después de la muerte ganó el corazón de todos, aun de razas y procedencias distintas; por esto nos parece muy apropiada la comparación de este hijo pequeño de la nación peruana con Santa Catalina de Sena, estrella brillante también de la familia dominicana, elevada al honor de los altares hace ya cinco siglos: ésta, porque sobresalió por su claridad de doctrina y firmeza de ánimo; aquél, porque adaptó sus actividades durante toda su vida a los preceptos cristianos.

Venerables hermanos y queridos hijos. Como ya hemos afirmado al comienzo de nuestra homilía, juzgamos muy oportuno el que este año en que se ha de celebrar el Concilio, sea enumerado entre los santos Martín de Porres. Pues la senda de santidad que él siguió y los resplandores de preclara virtud con que brilló su vida, pueden contemplarse como los frutos saludables que deseamos a la Iglesia católica y a todos los hombres como consecuencia del Concilio Ecuménico.

Porque este santo varón, que con su ejemplo de virtud atrajo a tantos a la religión, ahora también, a los tres siglos de su muerte, de una manera admirable, hace elevar nuestros pensamientos hacia el cielo. No todos, por desgracia, comprenden cómo son precisos estos supremos bienes, no todos los tienen como un honor; más aún, hay muchos que siguiendo el placer y el vicio los desestiman, los tienen como fastidiosos, o los desprecian. ¡Ojalá que el ejemplo de Martín enseñe a muchos lo feliz y maravilloso que es seguir los pasos y obedecer los mandatos divinos de Cristo!

Venerables hermanos y queridos hijos. Tenéis trazada a grandes rasgos la imagen de este santo celestial. Miradla con admiración y procurad imitar en vuestra vida su excelsa virtud. Invitamos a esto especialmente a la juventud animosa que hoy se ve rodeada de tantas insidias y peligros. Y que especialmente el pueblo peruano para Nos tan querido emule sus glorias en la religión católica, y por la intercesión de San Martín de Porres, produzca nuevos ejemplos de virtud y santidad. Amen, Jesús.

De la homilía pronunciada por el Papa Juan XXIII en la Canonización de San Martín de Porres

Esperando la Resurrección Final: Día de los fieles difuntos

“Una flor sobre su tumba se marchita, una lágrima sobre su recuerdo se evapora. Una oración por su alma, la recibe Dios”, decía San Agustín. Cada 2 de noviembre la Iglesia recuerda con mucho cariño a los fieles difuntos y por ello te recomendamos estas oraciones por las almas de tus familiares que ya partieron a la Casa del Padre.

Por los padres y abuelos

¡Oh Dios! Nos mandaste honrar padre y madre. Por tu misericordia, ten piedad de mi padre (madre) y no recuerdes sus pecados. Que yo pueda verlo (la) de nuevo en el gozo de eterno fulgor. Te lo pido por Cristo nuestro Señor. Amén.

Todos tenemos familiares y amigos que han muerto. Hoy los recordamos a ellos y a todos los que han fallecido y los encomendamos a la misericordia de Dios. En este cementerio nos unimos para afirmar nuestra fe en Cristo que ha vencido la muerte y nuestra esperanza de que él vencerá también nuestra muerte y nos reunirá con nuestros seres queridos en su reino de gloria. Que esta celebración nos anime a ser fieles al Señor y a seguir los buenos ejemplos que nuestros familiares nos dejaron en su vida. Comencemos reconociendo nuestros pecados ante el Señor (momentos de silencio).


“Hermanos: No queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza”. Así empezaba el fragmento de la carta de san Pablo que hemos escuchado. ¡La suerte de los difuntos, de nuestros difuntos, de este hermano nuestro, cuyos restos mortales vamos a depositar en el sepulcro! ¿Qué pasa con ellos?

Esta es una pregunta fundamental que se hacen todos los hombres, sobre todo en momentos como éstos, cuando sufrimos la pérdida de un ser querido. La experiencia de la muerte está ahí; es una realidad de cada día, de la que no podemos sustraernos. Todos sabemos que tenemos que morir, que la muerte es el destino final de la vida humana. A pesar de eso, es decir, a pesar de que la muerte es la certeza más segura, vivimos como si la muerte no nos hubiera de visitar nunca, como si los que han de morir fueran los demás. A la vera del camino van quedando otros, mientras nosotros continuamos viviendo y preguntándonos de vez en cuando por los que ya han muerto.

A la pregunta por “la suerte de los difuntos”, dónde van a parar, qué será de ellos, no hay más que dos respuestas mutuamente excluyentes: o bien no hay ninguna “suerte”, es decir, los muertos están bien muertos y punto; o bien su destino es la vida junto a Dios, si fueron fieles a El mientras vivieron en este mundo. El pensamiento acerca de “la suerte de los difuntos” está íntimamente ligado a la fe en Dios, que la Sagrada Escritura llama “Dios de vivos, no de muertos”. Para el que no cree en Dios, la cosa está resuelta de antemano: si Dios no existe, mucho menos existirá una vida después de la muerte, por tanto, de lo que se trata es de vivir esta vida, la única que hay, lo mejor posible y sacándole el mayor provecho posible en cada momento: “comamos y bebamos, que mañana moriremos”, así caracteriza san Pablo la “filosofía” materialista de los que se apuntan únicamente a esta vida: “su dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas. Sólo aspiran a cosas terrenas”(Fil 3,19). Ciertamente, también hay otros que, sin esperar otra vida, porque no han recibido el don de la fe, viven esta vida de una manera digna, más digna a veces que los que “esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro”.

Sin embargo, el misterio de la muerte y la “suerte de los difuntos” sólo halla una respuesta adecuada desde la fe. Así nos enseña el Concilio Vaticano II: “Mientras toda imaginación fracasa ante la muerte, la Iglesia, aleccionada por la Revelación divina, afirma que el hombre ha sido creado por Dios para un destino feliz situado más allá de las fronteras de la miseria terrestre. La fe cristiana enseña que la muerte corporal… será vencida cuando el omnipotente y misericordioso Salvador restituya al hombre en la salvación perdida por el pecado… Ha sido Cristo resucitado el que ha ganado esta victoria para el hombre, liberándolo de la muerte con su propia muerte”(GS 18).

Los hombres sin esperanza, es decir, sin fe se afligen ante la muerte, porque con ella todo termina irremisiblemente. El Apóstol Pablo, en cambio, quiere que los creyentes miremos a la muerte con otros ojos, con otra cara: “Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto en Jesús, Dios los llevará con El“. El punto principal es la resurrección de Cristo, ella es la garantía de la resurrección de todos los demás, que hayan muerto en Jesús. Pablo no olvida este dato: morir todos tenemos que morir, lo importante es morir en Cristo Jesús, es decir, en su gracia y amistad.

“La suerte de los difuntos” está en Dios; por la muerte temporal han entrado en la vida eterna de Dios. Como la simiente que sembramos en la tierra ha de morir, ha de pudrirse primero para dar fruto, así también nosotros, para alcanzar la vida sin fin hemos de pasar por el doloroso trance de la muerte: a la vida verdadera se pasa por la frontera del sepulcro. Pero lo  verdaderamente importante es que cuando llamemos a su puerta, El nos abra; lo decisivo es que cuando venga el Esposo para invitarnos a entrar con El al banquete del Reino, nos encuentre preparados, con las lámparas encendidas, es decir, con la llama de la fe, la esperanza y la caridad iluminando nuestra vida y nuestra muerte.

Precisamente porque nosotros confiamos en que “la suerte de los difuntos” está en Dios, por eso mismo no sólo los recordamos, sino que entramos en comunión con ellos, rezamos a Dios por ellos y ellos interceden por nosotros. Como nos enseña el Concilio Vaticano II: “la fe… ofrece la posibilidad de una comunión con nuestros queridos hermanos arrebatados por la muerte, dándonos la esperanza de que poseen ya en Dios la vida verdadera”(GS 18).

Esta comunión con nuestros difuntos alcanza su momento culminante cuando oramos a Dios por ellos en la Eucaristía; entonces la Iglesia, mientras ofrece al Padre el sacrificio de Cristo presente sobre el altar, recuerda a los difuntos y reza especialmente por ellos. Es lo que estamos haciendo nosotros reunidos hoy aquí para orar por nuestro hermano que acaba de dejarnos. Y hay que decir que este rezar por él es un verdadero acto de fe, una confesión del Dios de vivos, a cuya misericordia le confiamos con la esperanza de ser contados también nosotros en el número de los elegidos, de aquellos que entran con el Esposo al banquete de bodas del Reino, “donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria…, porque al contemplarte como tú eres, Dios nuestro, seremos para siempre semejantes a ti y cantare­mos eternamente tus alabanzas” (Plegaria III).

Los Viñadores asesinos… Mt 21, 33-46

«Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. 

Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera. Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: “Respetarán a mi hijo”. 

Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: “Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia”. Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron. 

Cuando vuelve el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?». 

Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo». 

Jesús agregó: «¿No han leído nunca en las Escrituras: “La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos”? Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos».

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta» (Mt 21,33-43.45-46).

Israel, la Viña de YHWH

El comienzo de la parábola es deliberadamente evocador de una imagen usada en la Escritura: DIOS formó al pueblo de ISRAEL como se planta una VID. El Salmista ruega a Dios en su oración que no deje en manos de los enemigos al pueblo que en pasado rescató de la esclavitud y guió hasta Canaán:

«Tú sacaste de Egipto una vid, expulsaste a los gentiles y la plantaste; le preparaste el terreno, echó raíces y llenó toda la región… ¿Por qué has derribado sus cercos para que puedan saquearla todos los que pasan? … Vuélvete, YHWH de los ejércitos, observa desde el cielo y mira: ven a visitar tu vid, la cepa que plantó tu mano, el retoño que tú hiciste vigoroso» (Sal 80,9-10.13.15-16).

Por su parte los profetas describen la infidelidad del pueblo a la Alianza con Dios como una falta de fructificación de una vid muy cuidada:

 «Mi amigo tenía una viña en una loma fértil. La cavó, la limpió de piedras y la plantó con cepas escogidas; edificó una torre en medio de ella y también excavó un lagar. El esperaba que diera uvas, pero dio frutos agrios. La viña de YHWH de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantación predilecta. ¡El esperó de ellos equidad. y hay efusión de sangre; esperó justicia, y hay gritos de angustia!» (Is 5,1-2.7)

Los arrendatarios

Jesús comenzó el relato de modo idéntico a Isaías. Sin embargo introdujo una importante variación en la metáfora: la VIÑA de Dios continúa siendo Israel, pero no carece de frutos ( = buenas obras). En el Evangelio la crítica irá dirigida a los LABRADORES que debían cultivarla.

El tema de la parábola de Jesús refleja una situación frecuente por entonces. Muchas personas debían vender sus tierras a causa de las deudas. Y terminaban trabajando su campo, ya no como propietarios, sino como ARRENDATARIOS de algún terrateniente ausente que lo había adquirido. Así se quejaban ante el gobernador Nehemías unos siglos antes:

«Hemos tenido que hipotecar nuestros campos y nuestras viñas para pagar el tributo al rey. Ahora bien, nuestra carne es como la carne de nuestros hermanos, nuestros hijos son como los de ellos. Sin embargo, nosotros tenemos que someter a esclavitud a nuestros hijos y nuestras hijas, y algunas de nuestras hijas ya han sido abusadas. Y no podemos hacer nada, porque nuestros campos y nuestras viñas pertenecen a otros» (Neh 5,4-5).

Por eso era muy habitual que se juntara un gran RESENTIMIENTO contra aquellos propietarios ausentes. En la parábola los arrendatarios buscan apropiarse de los frutos, primero, y del campo, después.

Los siervos de YHWH

El relato no describe las circunstancias en las que los labradores se convirtieron en arrendatarios. Por eso el oyente no puede contemplarlos como VÍCTIMAS de un sistema social injusto. De haberse incluido ese aspecto, su violencia podía aparecer como justificada.

Pero el interés del narrador, al presentar sólo la REBELDÍA de los arrendatarios, es el de centrar la atención del oyente en la VIOLENCIA de los labradores.

Los destinatarios de la parábola no se sienten involucrados en el relato, como tampoco el rey David se sintió identificado con el rico despiadado que se apropió de la ovejita del pobre (2 Sam 12,1-6). Así expresarán espontáneamente su malestar contra los viñadores, como David lo hizo contra el rico de la parábola que le relató el profeta Natán.

Sin embargo no advierten como el narrador los va involucrando en la historia, como hizo Natán con David. Porque en el lenguaje consagrado de la Escritura los profetas son presentados frecuentemente como SIERVOS de YHWH:

«Desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta el día de hoy, yo les envié a todos mis SERVIDORES los profetas, los envié incansablemente, día tras día» (Jer 7,25).

«YHWH no hace nada sin revelar su secreto a sus SERVIDORES los profetas» (Am 3,7).

«Desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta el día de hoy, yo les envié a todos mis SERVIDORES los profetas, los envié incansablemente, día tras día» (Jer 7,25).

Violencia contra los profetas

La mención de los SERVIDORES proporciona así un carácter ALEGÓRICO al relato, que ya no puede ser leído en su literalidad. No describe un conflicto entre clases sociales en un contexto de crisis económica. Alude a la conocida historia del rechazo de los PROFETAS. Así lo reconocía un piadoso durante el destierro:

«No hemos escuchado a tus SERVIDORES los PROFETAS, que hablaron en tu Nombre a nuestros reyes, a nuestros jefes, a nuestros padres y a todo el pueblo del país» (Dn 9,6).

Los verbos usados evocan el destino de algunos profetas:

  • «Entonces [el sacerdote Pasjur] mandó GOLPEAR a Jeremías, el profeta, y lo hizo poner en el cepo que está en la puerta Alta de Benjamín, en la Casa de YHWH» (Jer 20,2).
  • «Urías, hijo de Semaías, de Quiriat Iearím, profetizó contra esta ciudad y contra este país en los mismos términos que Jeremías… El rey Joaquím lo hizo MATAR con la espada y arrojó su cadáver a la fosa común» (Jer 26,20-23).
  • «Se confabularon contra Zacarías, hijo del sacerdote Iehoiadá, y por orden del rey lo APEDREARON en el atrio de la Casa de YHWH» (2 Cro 24,21).

Ensañamiento contra el hijo

Los personajes del relato pudieron suponer que la aparición del hijo significaba que el propietario había muerto. Si también el HEREDERO moría, la viña ya no tendría dueño y los arrendatarios podrían reclamar la propiedad.

También la expresión HIJO evocaba en la Escritura la condición de verdadero representante de la VOLUNTAD de Dios:

«Tendamos trampas al JUSTO, porque nos molesta y se opone a nuestra manera de obrar; nos echa en cara las transgresiones a la Ley y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida. El se gloría de poseer el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo HIJO del Señor» (Sab 2,12-13).

La parábola ha vuelto a instalar el tema debatido por los sacerdotes del Templo en torno a la AUTORIDAD [de Juan el Bautista y] de Jesús.

Han rechazado a ambos. Jesús los ha comparado entonces como hijos que no han obedecido la llamada de Dios, a diferencia de los publicanos y las prostitutas creyeron en Juan, el mensajero de Dios (Mt 21,32).

Ahora Jesús dispone el relato para insinuar que no sólo son desobedientes. Pueden llegar a ser también homicidas si ven amenazada su autoridad.

Los malvados

La respuesta de los oyentes a Jesús es tan segura y vehemente como la de David al profeta:

«David se enfureció contra aquel hombre y dijo a Natán: «¡Por la vida de YHWH, el hombre que ha hecho eso merece la muerte! Pagará cuatro veces el valor de la oveja, por haber obrado así y no haber tenido compasión».

Entonces Natán dijo a David: «¡Ese hombre eres tú! Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te libré de las manos de Saúl; te entregué la casa de tu señor y puse a sus mujeres en tus brazos; te di la casa de Israel y de Judá, y por si esto fuera poco, añadiría otro tanto y aún más. ¿Por qué entonces has despreciado la palabra de YHWH, haciendo lo que es malo a sus ojos? ¡Tú has matado al filo de la espada a Urías, el hitita! Has tomado por esposa a su mujer, y a él lo has hecho morir bajo la espada de los amonitas» (2 Sam 12,5-9).

La última frase refuerza la acusación de MALVADOS hecha contra los labradores. Reconocen el carácter alegórico del relato, pero hasta el final no «comprendieron que se refería a ELLOS» (Mt 21,45):

«¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados… sino que se complace en la ley de YHWH y la medita de día y de noche! El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce FRUTO a su debido tiempo…No sucede así con los MALVADOS» (Sal 1,1-4).

Sustitución de los labradores

En el momento decisivo de la interpretación no se puede olvidar que Jesús, a diferencia de Isaías, no cuestiona la VIÑA (Israel), sino a los ENCARGADOS de trabajarla. Por falta de frutos (Is 5,4) el profeta amenazaba: «Les haré conocer lo que haré con mi viña; Quitaré su valla, y será destruida, derribaré su cerco y será pisoteada» (Is 5,5).

Jesús no reprocha a la viña falta de frutos, sino a los labradores no haberlos entregado al dueño. No anuncia la plantación de OTRA VIÑA (un Nuevo Israel), sino la sustitución de los viñadores.

El pensamiento es afín al de Jeremías sobre los pastores:

«Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas, de todos los países adonde las había expulsado, y las haré volver a sus praderas, donde serán fecundas y se multiplicarán. Yo suscitaré para ellas pastores que las apacentarán; y ya no temerán ni se espantarán, y no se echará de menos a ninguna -oráculo de YHWH» (Jer 23,3-4).

Según la lógica del Evangelio de Mateo, los Apóstoles de Jesús son los nuevos pastores encargados de reunir «las ovejas perdidas del pueblo de Israel» (Mt 10,6).

Responsabilidad por los frutos

Los encargados del Templo ven confirmadas las preocupaciones surgidas desde el momento que Jesús hizo su entrada en la ciudad. A la pregunta directa sobre su autoridad, Jesús les había insinuado que era semejante a la de Juan. Si bien ellos no la habían aceptado, no se animaban a rechazarlo públicamente por «temor a la multitud, porque todos consideran a Juan un PROFETA» (Mt 21,26).

Ahora Jesús insinúa que esa actitud no es diferente a la de quienes maltrataron a los profetas del pasado, de los cuales él es un sucesor (definitivo).

Lo que impide por el momento que se apoderen de Jesús es, nuevamente, el «temor a la multitud, que lo consideraba un PROFETA» (Mt 21,46).

Este temor siempre limitó la autoridad INSTITUCIONAL que ostentaban, pues «a pesar de llegar al cargo, por necesidad, concedían todo lo que decían los fariseos, por no hacerse insoportables al pueblo» (cf. Josefo, Antigüedades XVIII, 11-25).

Los NUEVOS ARRENDATARIOS no deben olvidar, por su parte, que la VIÑA no es suya, sino del Señor. A él deberán dar cuenta de los frutos producidos:

«Si tenéis en vuestro corazón amarga envidia y espíritu de contienda, no os jactéis ni mintáis contra la verdad. Tal sabiduría no desciende de lo alto, sino que es terrena, natural, demoníaca… En cambio la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía. Frutos de justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz» (Sant 3,14-18).

Los Viñadores Asesinos

Del blog En la Escuela de las Escrituras

Si vas a juzgar a los demás, no peques…

  • Hola Juana, buenos días 
  • Buenos días Angélica
  • ¿Qué de novedades?
  • Aquí conversando con las amistades, he tenido algunos apuros últimamente
  • Desde hace mucho tiempo te veo muy ocupada y corriendo como si estuvieras metida en tantos asuntos.
  • Son asuntos personales
  • Pero, en qué estás metida mira que no sería bueno que estés en problemas. La gente no se calla de nada. 
  • Nada, todo va bien no te preocupes
  • ¿Acaso no confías en mí? Cuéntame que como bien sabes de mí no sale nada. 
  • No tiene importancia, todo está bien
  • Sabes, te cuento que toda la gente sabe lo de Justina y del marido que se anda robando. Dicen que ahora está saliendo con otro hombre. Es terrible lo que la gente habla de ella. 
  • Bueno, es su vida y sabrá lo que está haciendo
  • Pero eso no debería hacer. Es una mujer casada y debe dedicarse a su familia.
  • Ay amiga y cuando tú estabas en lo mismo, ¿Quién te dijo algo?
  • Bueno, lo mío fue diferente
  • ¿Fue un hombre casado o no? Así que si tienes una viga en tu ojo no mires la paja en el ojo ajeno. Con cariño amiga, tú eres la menos indicada para opinar sobre la vida de Justina. Tú también destruiste un matrimonio.
  • Mejor me voy, contigo no se puede conversar…

(Silencio… ups se hizo humo nuestra amiga)

Nadie está autorizado a juzgar si no ama lo suficiente… ¿Quién ama lo suficiente?

Cuando uno se pone como juez de su prójimo lo que saca a relucir es su falta de caridad, su falta de conocimiento personal y su amnesia de su propia realidad ya que todos en algún momento de nuestra vida hemos transitado por los rieles de las acciones malas, incorrectas, desacertadas o incorrectas.

Creo que la vida nos da lo que merecemos ya que ni estamos para ponernos como justicieros ni como cómplices de nuestro prójimo. La caridad y la verdad son las que tienen que primar en nuestras relaciones interpersonales. Como lo decía nuestro recordado Papa Benedicto XVI que una Caridad sin verdad es una fantasía de ayuda y una Verdad sin caridad es una justicia descarnada.

Métete en la vida de los demás si vas a construir… si es para destruir o criticar es mejor que te mantengas al margen.

Pienso que aunque estemos al borde de la santidad no nos pone con la autoridad suficiente para meternos en la vida de los demás y pensar que nuestra propia historia y la de los demás necesita ser reconciliada, necesita ser vista con ojos más misericordiosos, necesita abrirse a buscar soluciones a los problemas y no un problema para cada solución. A veces cuando nos miramos en el retrovisor de nuestra historia y pensamos que ya todo ha pasado, eso no quiere decir que nunca ha sucedido sino más bien deberíamos mirar con más humildad la vida y mucho más la vida de los demás.

Los demás te pedirán un consejo en la medida que tú no los juzgues como a un criminal sino que haciéndole ver su error puedan optar por caminos más prudentes. Si la vida nos ha ofrecido oportunidades para experimentar la vida desde otros ángulos y de esta has aprendido que todos podemos cometer errores, somos frágiles cuando hay menos personas que nos brinden su ayuda; comprende a los demás porque tal vez ellos se encuentran en ese estadio de su vida y tú solamente has pasado y estás en un escalón diferente.

Vivo convencido y convenciéndome que nunca estaré a la altura para poder juzgar a mis semejantes. Aunque mis pecados no los conozcan los demás soy consciente que he cometido faltas y eso cuenta ante los ojos de Dios porque me conoce en el fondo de mi alma.

Vivo agradecido porque de esta manera no podré usurpar el puesto que solo le corresponde al Creador. Mis errores me han puesto el freno a la boca y más provecho saco tratando de mejorar mi vida que justificando mis errores con los defectos de los demás.

Mal de muchos, consuelo de tontos…

Este refrán habla de la mediocridad cuando uno para justificar los errores termina por apuntar los defectos ajenos y nunca los propios.

Cuando tengas ganas de juzgar: 

  • Recuerda que al apuntar con un dedo a alguien, son tres los que te apuntan a ti… haz la prueba
  • Si estás sin pecado tira la primera piedra… de lo contrario podría rebotar sobre ti.
  • Si crees que todo el que peca, yerra o se equivoca debe ser castigado… cuál es el castigo que merecerías si fueras tú. 
  • Si no tienes nada que hacer, ora, reza, canta, baila, lee, haz deporte… pero no des demasiado deporte a tu lengua que al estar siempre irrigada se puede pasar del límite. 
  • La vida de los demás es tan sagrada como la tuya, no la destruyas. 
  • No juzgues a nadie recuerda que el mundo es redondo y no sabrás cuándo te toca ser la piedra de escándalo. Es mejor estar limpio al momento de caer a la piscina de lo contrario todos se quejarán de tu sola presencia. 
  • Elévate por encima de tus miserias y nunca sobre los demás. Es más gratificante llegar a la cima acompañado que empujando, pisando o quitando del camino a nuestros semejantes. 
  • Si la vida te está dando oportunidades para ser feliz, multiplica esa felicidad ayudando a los demás y no la pierdas haciéndoles infelices. 

Que tengas un buen fin de semana.

 

Con Cariño Adelmo VD.

 

Júntate con los amigos para brindar un café y habla de tu vida y escucha la suya. La de los demás sobra.

Se te ashe ashiii…

  • Buenos días su majestad… 
  • Buenos días mi rey…
  • ¿Cómo te encuentras?
  • Bien, con la ayuda de Dios
  • Sabes, te manda saludos Adelmo
  • ¿Perdón?, ¿quién es Él?
  • El joven que siempre te gustaba
  • Nunca me ha gustado, usted se equivoca
  • No te hagas, se te notaba cuando lo saludabas
  • La verdad nunca me ha interesado
  • Dice que te va a visitar pronto
  • ¿En serio?
  • Ya ves, te das cuenta… cuando hablo de él se te ashe ashiii... (una forma vulgar de decir, que se te hace así)

(*Adelmo es solo una referencia arbitraria para hacer provocador el artículo a ver si te ashe ashiii…😀😝😜)

Bueno, el diálogo antes citado es una forma cómo puedo adecuar esta frase que la he repetido en son de broma con algunos de mis familiares o amistades muy cercanas.

Yendo a la vida práctica, a quién no se le ha dado vueltas el estómago, sudado las manos, trabado la lengua, temblado las rodillas, le ha bailado los ojitos, etc., cuando ha estado al lado o frente de la persona por quien guarda algún sentimiento. Eso fue en el plano sentimental… pero también está la posibilidad de tener ese sentimiento de no saber a dónde meter la cara cuando algo nos salió mal o estar al lado de alguien que dijimos que no nos gustaría verlo, o cuando ves el examen y parece que te equivocaste de aula, tantas circunstancias… que se te ashe ashiiii… 😀😀😀😝😜

Creo que mientras transitemos por este mundo y no dejemos de sentir guardaremos en el baúl de la existencia esos recuerdos que nos remiten a nuestros años primaverales donde veíamos todo con alegría, esperanza, gozo, entusiasmo e incluso con alcanzar la realidad utópica que solo nos puede regalar la rica imaginación y con una pizca de pasión, locura y maravilla nos aventuraremos en los caudales del amor aunque para algunos juzgue que ya no es oportuno cuando para amar, sonreír y gozar… siempre será oportuno.

Afrontar la vida con pasión no es lo mismo que aventurarse con locura y desmesura sino que basta con tener una buena medida de buen ánimo, una arroba de buenas intenciones de gastar el tiempo haciendo felices a los demás podremos colorear la vida aunque el cielo amanezca gris.

Pienso que a veces nos contentamos con menudencias que nos ofrece el supuesto destino y de ahí no queremos hacer algo más. No es justo que mendiguemos alegría cuando somos capaces de crear nuestro propio teatro sin ensayos, nuestra tribuna con nuestro propio público, nuestro propio escenario donde somos protagonistas, nuestra propia historia que escribimos como mejor nos parezca. Podemos y debemos hacer una historia que nos guste recordar más tarde.

Haz lo que quieras y 

quiere lo que has hecho… 

No te extralimites, si tienes miedo para hacer algo: hazlo con miedo.

Vivo creyendo que la vida es un continuo riesgo y solo se sabe hasta donde vamos a poder llegar en la medida en que uno sale a la pista y baila con su pañuelo. Baila y canta la canción que tú te inventas y no te sometas al miedo. 

Sin ser temerario sé temeroso solo de Dios, de los demás acompáñate para lograr tus objetivos.

  • Si tiemblas por algo o alguien… manifiesta tu inquietud y aunque después temblarás el doble ya has dado el primer paso. 
  • Si tienes miedo a dar el examen es mejor que estudies y te des cuenta de cuán preparado estás y solo así podrás decirte que lo afrontaste; sabiendo que no siempre se gana.
  • Si piensas que participar es solo para ganar… si no ganas el premio, gana experiencia. Meta cumplida. 
  • Si al momento de dar lo mejor te salió algo no deseado, afróntalo; si mueres tendrás a más de uno que no te dejará morir en el olvido al hacer memoria que fuiste alguien que murió por sus ideales.
  • Si te enamoraste y no fuiste correspondido al menos después de haberlo manifestado sabrás que donde está seco difícilmente se puede cultivar algo… y peor aún el amor que necesita de terreno fértil.
  • Confróntate con tu realidad, es mucho más maravillosa que la paralizante imaginación pesimista que te atemoriza, te encierra y a veces te paraliza.
  • Si crees que alguna vez se te ashe ashiii cuéntanos…  

¿Qué es el domingo de Ramos?

El Domingo de Ramos se celebra la entrada solemne de Jesús en Jerusalén y el relato de su pasión y su muerte en la cruz, antes de entrar en la Semana Santa, que prepara la resurrección del Señor.

1. El Día de Ramos es simbólicamente la “puerta de entrada” en la que los cristianos se preparan para entrar en la Semana Santa y, por tanto, para dirigirse a la Pascua. Todavía hoy, como en tiempos de Jesús, la bendición de las palmas atrae a multitudes.

Cada año, el Evangelio de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén le da todo su sentido a la bendición de las palmas. Revivimos los momentos en los que la multitud acoge a Jesús en la ciudad de David, “ciudad símbolo de la humanidad” (Juan Pablo II), como un rey, como el Mesías esperado desde hacía varios siglos. Aclaman a Jesús a las voces “Bendito el que viene en nombre del Señor” y “Hosanna” (en hebreo, esto significa literalmente “¡Salva, pues!”, y se ha convertido en una exclamación de triunfo pero también de alegría y de confianza).

Jesús es un Rey pero un Rey de paz, de humildad y de amor. Sobre un asno, una montura modesta, un animal de carga, el Señor se presenta a la multitud. Zacarías había anunciado (9,9): “He aquí que viene a ti tu rey: justo él y victorioso, humilde y montado en un asno, en un pollino, cría de asna”.

La gente tendía sus mantos a su paso, lo cubría de palmas, como relata Mateo en su Evangelio: “La gente, muy numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino” (Mt 21,8).

Todavía hoy, la bendición de las palmas atrae a multitudes, con un público a veces poco habitual seducido por estas palmas y ramas de olivo (o de boj, o de laurel, según los países) que se pueden conservar en casa hasta el año siguiente. Símbolo de vida y de resurrección, el ramo es portador de bien, más que de buena suerte. Se coloca en las casas o adorna los crucifijos: hace entrar a Jesús resucitado en nuestras casas.

Estos ramos que se toman en las manos para aclamar la cruz de Cristo se colocan también a veces sobre las tumbas y entonces adquieren un significado funerario. No es sólo para honrar la memoria de un ser querido, sino también para manifestar la propia esperanza de ver renovar y florecer la propia fe en la resurrección de Jesucristo, y en la de nuestros muertos.

Normalmente, las parroquias organizan una procesión tras la bendición de los ramos, antes de la misa. En las grandes ciudades, la asamblea puede reunir hasta varios miles de personas, como en Notre-Dame de París, donde el rito de la apertura de las puertas de la catedral siempre es impresionante. Los fieles entran después en la iglesia, detrás del sacerdote, lo cual significa que acompañan a Cristo Rey hacia su pasión.

2. Diversos testimonios revelan que Jerusalén ya celebraba en el siglo IV la entrada triunfal de Jesús en la ciudad. Una peregrina llamada Egeria, que recorrió Tierra Santa en el año 380, da testimonio de ello en un manuscrito hallado en 1884. Desde Jerusalén, la procesión se extiende al mundo entero…

Egeria, o Eteria, nos describe la procesión que, del Monte de los Olivos al Santo Sepulcro, celebra la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén:

“Y ya, cuando comienza a ser la hora undécima (17h), se lee aquel pasaje del Evangelio, cuando los niños con ramos y palmas salieron al encuentro del Señor diciendo: “Bendito el que viene en el nombre del Señor”. A continuación se levanta el obispo y todo el pueblo, se va a pie desde lo alto del Monte de los Olivos, marchando delante con himnos y antífonas, respondiendo siempre: “Bendito el que viene en el nombre del Señor”.

En su testimonio, Egeria insiste en la gran participación de niños en esta procesión: “Todos los niños que hay por aquellos lugares, incluso los que no saben andar por su corta edad, van sobre los hombros de sus padres, llevando ramos, unos de palmas, y otros, ramas de olivo”.

Desde Jerusalén, la procesión se extiende a todo Oriente y hace del domingo inaugural de la Semana Santa el Domingo de Ramos. Desde principios del siglo VII, llega a Hispania y probablemente a la Galia (certificada en el siglo IX) y después se desarrolla ampliamente en todo el imperio carolingio.

En Roma, en el siglo V, sólo se leía la Pasión. A principios del siglo XII, cuando los usos franco-germánicos penetran en Roma (tras su propia decadencia litúrgica), la Procesión de las Palmas se menciona en los libros romanos.

3. La celebración excepcional que propone la Iglesia católica el Domingo de Ramos remite a varios textos del Antiguo y del Nuevo Testamento que hacen entrar progresivamente al creyente en la celebración del “Misterio pascual de Jesucristo”.

Durante la misa, las distintas lecturas y el Evangelio de la Pasión (sobre los sufrimientos y suplicios que precedieron y acompañaron a la muerte de Cristo) introducen al creyente en la Semana Santa y en sus distintas etapas, a la luz de la Pascua.

Primero el profeta Isaías enseña que el Siervo de Dios acepta sus sufrimientos: “Mi rostro no hurté a los insultos y salivazos. Pues que Yahveh habría de ayudarme para que no fuese insultado, por eso puse mi cara como el pedernal, a sabiendas de que no quedaría avergonzado” (Is 50, 6-7).

Después san Pablo explica que Jesús, Cristo y Señor, de condición divina, no ha retenido el rango que le igualaba a Dios, “sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo … por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre” (Fil 2, 6-11).

Entre estas dos lecturas, se intercala el Salmo 22 que el Señor rezó en la cruz y que es una interrogación profunda sobre el Misterio de su abandono:

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Todos los que me ven de mí se mofan,
tuercen los labios, menean la cabeza:
«Se confió a Yahveh, ¡pues que él le libre,
que le salve, puesto que le ama!»
(···)

Pero esta llamada desesperada no queda sin respuesta porque el salmo termina así:

¡Mas tú, Yahveh, no te estés lejos, corre en mi ayuda,
Anunciaré tu nombre a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré!
«Los que a Yahveh teméis, dadle alabanza.

Además el relato de la Pasión se hace a varias voces: la voz del sacerdote encarna al personaje de Jesús. Jesús sabe que su triunfo ha provocado la envidia y el furor de los sacerdotes, que han decidido matarlo. Durante la última cena con sus discípulos (la Cena), instituye la Eucaristía: hace ofrenda de su cuerpo y de su sangre como “verdadera” comida y “verdadera” bebida que dan la Vida eterna, anticipando así a través de este gesto el sentido profundo de su próximo sacrificio, su muerte en la cruz: “Tomad, este es mi cuerpo… Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos”, relata el evangelio de Marcos.

Después Jesús lleva a sus discípulos al Monte de los Olivos y les advierte de lo que va a soportar. Ellos le prometen su apoyo incondicional. Pero en medio de la noche, en el huerto de Getsemaní, Jesús es abandonado por estos mismos discípulos, que sucumben al sueño. Él les había recomendado, sin embargo, que esperaran y velaran durante el tiempo que él rezara a su Padre un poco más lejos, después de haberles explicado que su “alma está triste hasta el punto de morir”.

Entonces Judas, uno de los doce apóstoles, llega para traicionarlo y entregarlo a las autoridades judías. Poco después, Pedro, atemorizado, niega conocer a Jesús confirmando lo que este último le había anunciado antes: «Yo te aseguro: esta misma noche, antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces”. Juzgado escuetamente, Jesús es crucificado por los romanos. En camino a su resurrección, se rebaja a lo más bajo. Tras los cantos de alegría que le han acogido, son gritos e insultos los que le acompañan cuando, llevando su cruz, sale de Jerusalén.

4. Desde 1985, el Domingo de Ramos las diócesis están invitadas a organizar su Jornada Mundial de la Juventud, que representa una etapa hacia las JMJ internacionales (Madrid, Río, …), una iniciativa querida por Juan Pablo II, impresionado por el entusiasmo de los jóvenes por encontrarse, compartir y rezar juntos.

Los jóvenes son muy sensibles a esta celebración gracias al impulso dado, en 1984, por Juan Pablo II la víspera del Domingo de Ramos. Aquel año, la Iglesia celebraba el Año Santo de la redención, 1950 años después de la Pasión de Cristo. El papa que, como se sabe siempre estaba muy cercano a los jóvenes, quiso marcar ese año jubilar con su presencia entre ellos y les invitó a un Jubileo internacional de la juventud, en la plaza de San Pedro, en Roma.

Emocionado por la llegada de centenares de miles de jóvenes, Juan Pablo II declaró: “¡Qué espectáculo extraordinario veros hoy aquí reunidos! ¿Quién ha dicho que los jóvenes de hoy han perdido el sentido de los valores? ¿Es verdad que no se pueda contar con ellos?”.

A finales de ese año, Juan Pablo II confirió a los jóvenes cristianos de todo el mundo, como símbolo de su fe, una gran cruz sencilla constituida por dos planchas de madera. Esta cruz se ha convertido ahora en el símbolo de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

El encuentro de 1984 tuvo tanto éxito que se repitió al año siguiente, con ocasión del Año Internacional de la Juventud proclamado por la ONU. El éxito será entonces mayor (300.000 jóvenes presentes) y a finales de año, Juan Pablo II anuncia la creación de la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebraría cada año en las diócesis, el Domingo de Ramos.

¿Por qué el Domingo de Ramos? “La respuesta os la habéis dado vosotros mismos, con vuestra venida a Roma de estos últimos años”, declaró el mismo papa en 1988, en su homilía de la misa del Domingo de Ramos. Y añadió: “Vosotros vais a buscar a Jesús en el centro de su misterio, y el centro del misterio de Cristo es la muerte y la resurrección”.

Fuentes :
La Semaine Sainte, n°41, La Maison-Dieu.
La liturgie du Mystère Pascal, n°68, La Maison-Dieu.
La Iglesia en oración. Introducción a la liturgia, A.G. Martimort, Desclée y otros autores.
Celebrar a Jesucristo. La Cuaresma, Adrien Nocent, Editorial Sal Terrae.
Demeurez en ma parole, Méditations et prières, Collectif, Cerf
L’entrée du Christ à Jérusalem, XXXIV, Communio, Revue catholique internationale, 2009.
Théo, 1989, Encyclopédie catholique, Droguet-Ardant / Fayard.
La Liturgia de las Horas.
Prions en Eglise, Abril 2012.
Misal Romano.

#UNASOLAFUERZA -PERÚ-

El Perú sufre…

LAS IMÁGENES LO DICEN TODO…

Jesús y el odio, Mateo 5:43-48

Mateo  5: 43 – 48 


43 En aquél tiempo les dijo Jesús: «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.
44 Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan,
45 para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos.
46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos?
47 Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles?
48 Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.

Seguramente este párrafo marca el punto culminante en el contraste entre la justicia de los escribas y fariseos, por un lado, y la del reino de los cielos, por otro. No hay otro pasaje como éste en el NT que contenga una expresión tan concentrada de la ética cristiana en cuanto a relaciones personales.

Amarás a tu prójimo (v. 43) es un mandato de la ley (Lev. 19:18). El término “prójimo” significa literalmente “cercano”, o “próximo”. Los judíos entendían que esto se refería a gente de su propio pueblo. Es posible que los fariseos lo limitaban a otros fariseos. De todos modos, la expresión aborrecerás a tu enemigo (v. 43b) no se encuentra en el AT, pero sí, en la literatura de Qumrán, conocida como “Los documentos del mar Muerto”. La cita de Jesús es evidencia de que los rabíes habían corrompido el texto de Levítico, agregando aborrecerás a tu enemigo.

Jesús rechaza la actitud de odio hacia los enemigos, indicando que si somos realmente hijos de Dios, debemos responder al enemigo como Dios lo hace: mandando lluvia y sol sobre buenos y malos. Es decir, hay algunas bendiciones que Dios reparte a todos, sin distinción. Por otro lado, hay bendiciones espirituales que Dios reserva para los que responden en fe y obediencia a su amor: perdón, salvación, paz, esperanza. De otro modo estas bendiciones serían una imposición.

El amor (agape) que Jesús exige a los ciudadanos del reino, es el amor manifestado supremamente en la cruz, el amor sacrificado, que se da a favor de otros, sin reserva y sin considerar los méritos del otro. Jesús intercedió por sus verdugos desde la cruz. Esteban, lleno del Espíritu Santo, imploró a Dios: ¡Señor, no les tomes en cuenta este pecado! (Hech. 8:60). De los cuatro términos griegos que significan amor, agape es el más parecido al amor de Dios. Este amor es una acción de voluntad más que de sentimiento emocional. No es un asunto de sentir sino de actuar en cierta manera: orar por ellos y desearles la bendición de Dios. Los que aman solamente a los que les aman, y a los hermanos amables, no son mejores que los publicanos y gentiles. Estos fueron considerados pecadores miserables, condenados.

El mandato de ser perfectos, como vuestro Padre… es perfecto (v. 48) ha sido motivo de mucha confusión, frustración y aun falsas doctrinas. Por ejemplo, algunos enseñan que el creyente puede, en esta vida, llegar a la perfección moral y espiritual. Otros, con más certeza, enseñan que “perfecto” significa “maduro”. ¿Pero puede uno llegar a ser “maduro” como nuestro Padre en los cielos es “maduro”? Aunque el término téleios (perfecto) puede traducirse “maduro”, el contexto indica que es mejor mantener el sentido básico de la palabra: completo, cumplido, perfecto, íntegro (no dividido) y comprensivo (lo incluye todo). El corazón de David fue íntegro para con JHWH su Dios (1 Rey. 11:4). Algunas versiones traducen el término “íntegro” como “perfecto”. No significa que David fue moralmente perfecto, sino que tuvo un corazón no dividido en su lealtad hacia Dios.

El término “perfecto” debe entenderse como “comprensivo”, o “lo incluye todo”. En este contexto significa que el súbdito del reino debe amar con un amor comprensivo, que encierra a todos en su afecto y expresión de buena voluntad.

En resumen, podemos decir que Jesús de ninguna manera abroga la ley (5:17), sino ratifica la ley moral del AT. Además, se siente con autoridad para ampliar conceptos y desafiar las interpretaciones oficiales de la ley con habéis oído que fue dicho a los antiguos…, pero yo os digo. El pronombre personal “yo” es enfático en cada una de las seis ilustraciones.

Desde Cristianos.org Feliz 2017!!!

Año tras año nos repetimos los mismos propósitos, muchas veces inalcanzables o complejos, para el Año Nuevo. Y, sin embargo, no es raro que tras poco más de un mes no hayamos cumplido ninguno de ellos. Así que, frustrados, los abandonamos hasta que al llegar a este día de Nochevieja nos repetimos de nuevo los mismos planes que habíamos olvidado allá por febrero.

Cuando queremos cambiar algo de nuestra vida, –antes que grandes y radicales transformaciones en nuestro modo de vivir– el poner primero nuestra “creación, vida y estado para gloria y alabanza de Dios nuestro Señor”. Esto es, orientar lo que ya somos hacia Dios, antes que querer cambiarnos. No necesitamos ser otra persona después de Año Nuevo. Más bien debemos aprovechar el impulso del cambio de año para acercarnos más a Dios, tal y como hemos sido creados, con y desde nuestras formas de ser y estar. 

¡Feliz Año Nuevo!

Comentario al Evangelio de hoy viernes, 5 de agosto de 2016

Aprendí hace muchos años que la mejor razón para vivir es al mismo tiempo la mejor razón para morir. Por paradójico que pueda parecer es así. La razón de vivir de unos padres pueden ser sus hijos. Precisamente por eso darían la vida por ellos. En un momento de sacrificio final y en el día a día hecho de trabajo y servicio por el bien de sus hijos. La darían del todo porque ya la están dando en el día. Y eso no les haría perder ni un ápice de su felicidad. Dan su vida por bien vivida, entregándose por sus hijos. A pesar de que mirado desde fuera, quizá podamos tener la sensación de que esos padres en realidad están “perdiendo” su vida. 

      Hoy Jesús, en coincidencia con lo que acabamos de comentar, habla en el Evangelio a aquellos que hacen todos los esfuerzos posibles por ganar su propia vida, por salvarse. Y les dice que precisamente son ellos los que se están perdiendo. Tanto preocuparse de sí mismos para al final no ganar nada. Es como el que pretende apretar mucho los dedos de la mano para retener agua o arena. Al final, todo se le escapa y se queda con las manos vacías. Precisamente, dice Jesús, es el que pierde su vida por el reino el que la termina encontrando en plenitud.

      Hoy hablamos mucho de auto-estima, de auto-realización. Se dice que cada uno tiene que mirar por su propia felicidad. Se busca el bienestar. Todo es colocarse uno en el centro del mundo, en el centro del universo. Y todo lo que me rodea tiene que servirme para ser yo feliz.  Como decía un sociólogo, hoy en día todo es una prótesis que uso en tanto en cuanto me ayuda a sentirme mejor. Uso gafas porque así veo mejor. Uso una dentadura postiza porque así puedo comer. Tengo amigos porque me ayudan a sentirme acompañado. Tengo una relación de pareja que me hace sentirme feliz y realizado. Tengo hijos por la misma razón. Pero en el momento en que las gafas o la pareja o los hijos no me hacen sentirme bien o suponen una carga, me deshago de ellos y busco otra “prótesis” que me siente mejor, que me haga verme más guapo o sentirme más feliz. 

      La propuesta de Jesús va en la dirección opuesta. Los otros no son la prótesis que me hace falta para sentirme bien. Los otros son mis hermanos, parte de mi propia vida. Sólo en tanto en cuanto soy capaz de compartir mi vida, de “perderla”, de regalarla, por su vida, podré encontrar mi propia plenitud. 

      Sólo al perder la vida, se encuentra la propia plenitud. ¿Suena raro? Quizá sí, pero es así como son las cosas. En el Reino nadie mira en primer lugar por su propio bien sino por el bien de los hermanos. Y ahí es donde encuentro mi propia plenitud. ¿Por qué no hacemos la prueba?motu

Comentario al Evangelio de hoy jueves, 4 de agosto de 2016

    Señor, dejo resonar en mis oídos este Evangelio de hoy. Dejo que me llegue al corazón. Lo leo entero pero hay una pregunta que se me queda metida en las tripas: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”

      Me da miedo contestarla. Porque la teoría me la sé de memoria. Podría recitar el credo. Podría decir que sé que tú eres el Hijo de Dios, que eres Jesús el que vino a salvarnos, el que con sus palabras y sus actos nos demostró el amor con que Dios nos ama. Podría rellenar unas cuantas páginas diciendo todo aquello en lo que creo. Tu nombre, Jesús, aparecería una y otra vez. He escuchado muchas homilías en mi vida. He leído algunos libros sobre ti. He tenido los Evangelios en mis manos. Sé muchas cosas de ti. 

      Pero me da vergüenza contestar a esa pregunta porque sé que todo eso que sé no lo he hecho vida. Que lo sé pero que no lo vivo. Que mi boca dice unas cosas pero que a veces mi vida dice otras. 

      Y no es que no me esfuerce. De verdad, que muchas mañanas me propongo ser mejor, perdonar, olvidar las ofensas, reconciliarme con aquellos con los que tengo pendencias, compartir con más generosidad las cosas que tengo… Pero luego viene el peso del día y las horas y me sale el egoísmo y la comodidad y tantas cosas que me hacen olvidar esos buenos propósitos. Y, ¿qué queda al final del día de los buenos propósitos de la mañana?

      Por todo ello, Señor, me da miedo responderme y responderte a la pregunta que me haces. Ni siquiera tengo el mismo arrojo, o pura inconsciencia, de Pedro que responde a bote pronto: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.” Quizá porque sé que esa confesión debe estar acompañada no sólo de buenas intenciones sino también de obras. Ya sé aquello del refrán: “obras son amores que no buenas razones.”

      Quiero responderte, Señor. Lo quiero hacer con mi vida. Pero te ruego que comprendas también mi debilidad. Y que emplees conmigo, con todos nosotros, un mucho de tu gran misericordia. Te pido que me mires como mirabas a aquellos que se te acercaban, cuando andabas por los caminos de Galilea, enfermos y heridos por la vida porque veían en ti su esperanza, su única esperanza para sanar. Hoy te miro yo también así, Señor. No hagas caso de mis grandes palabras, de mi fachada, a veces tan llena de meras apariencias. Y mírame como soy, por mucho que me cueste reconocerlo: pobre y necesitado de tu ayuda, de tu mano, de tu gracia, de tu misericordia. 

      Quiero responderte, Señor, pero me hace falta tu gracia. Cuento con ella. Cuento contigo.

Comentario al Evangelio de hoy miércoles, 3 de agosto de 2016

      A veces tenemos una idea de Jesús como si hubiese sido una especie de extraterrestre. Alguien que, aún con apariencia humana, en realidad su ser Dios le evitó todos los proceso normales por los que pasamos las personas. Nada de eso. Dios no hace ninguna cosa a medias. Y, cuando se encarnó, lo hizo de verdad. Es decir, asumiendo todos los procesos humanos en toda su profundidad y anchura. Jesús fue niño con todo lo que eso implica. Jesús vivió sometido a los procesos de crecimiento y maduración normales en su época. Jesús fue hijo de su cultura. Nació judío. Pensó como judío. Hablaba como judío.

      Pero todo eso estaba fecundado por esa presencia de Dios que le hacía vivir de otra manera y atisbar otros horizontes para su vida y para la vida de todos aquellos con los que se encontraba.

      El texto evangélico de hoy es uno de los momentos concretos en los que vemos a Jesús dar el salto más allá de lo normal y situarse en una perspectiva nueva y diferente. No sin dificultad, Jesús es capaz de situarse más allá de los prejuicios culturales. De los que existían entre los judíos, como existen en todas las culturas.

      Seguramente que lo primero que pensaron tanto Jesús como sus discípulos, al oír las palabras de aquella mujer cananea, era que lo normal es que su hijo tuviese un demonio muy malo porque ella misma era un demonio. Esa era la forma normal de pensar de los judíos sobre los paganos, sobre los de fuera, sobre los que adoraban a otros dioses. Tener contacto con ellos era motivo de impureza. Era parte de castigo por el pecado de Israel que su misma tierra estuviese llena de todos esos hombres y mujeres “impuros” que no reconocían al verdadero Dios, al único, al Dios de Israel.

      Jesús no la rechaza directamente pero dice, de entrada, que él sólo ha sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Es la mujer la que, con sus palabras, provoca a Jesús, despierta en él algo más profundo y le hace darse cuenta de que el amor de Dios es para todos, sin excepción y que se expresa y se manifiesta allí donde encuentra un corazón abierto y receptivo.

      En ese momento, Jesús fue capaz de superar los prejuicios de raza y de cultura. En su proceso de crecimiento humano se dio cuenta de que la humanidad es una sola. Y que no hay razón para discriminar por razón de etnia, de origen, de color, de religión, de cultura, de lengua, de nada. Que todos somos hermanos y hermanas y que el amor de Dios es para todos sin que nadie pueda quedar nunca excluido.

      Estaría bien que nosotros, que queremos seguirle, fuésemos también superando los muchos prejuicios que a veces llenan nuestras vidas. Hasta llegar a ver en el otro un hijo/hija de Dios. Un hermano siempre.

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