SI ESTÁS ENAMORADO ¡NO TE CASES!

El enamoramiento es un estado gratificante, pleno, pasajero y de una total idealización de la otra persona. Por eso, no puede ser el estado ideal para tomar una decisión tan importante como la de casarse. Quien está enamorado no conoce realmente a la otra persona, sino que la ha idealizado como aquella que realiza todas sus expectativas. No hay capacidad crítica, no se tiene conciencia de los errores y se cree que ella es la perfección bajada del cielo. Quien está enamorado corre el riesgo de vivir un estado psicótico de pérdida de sentido de la realidad. Por eso no puede casarse en ese estado, sino que tiene que esperar conocer realmente y aceptar la realidad de su pareja.

El amor es una decisión. Es la preferencia de compartir mi vida con alguien real, con errores y virtudes, con quien me agrada estar y con quien siento que me complemento. El amor es realidad, sé quién es la otra persona y decido estar con ella en medio de todas las circunstancias de la vida. Sé que no ha sido creado para mí y que tiene su propia autonomía, que tengo que aceptar y valorar. La amo con sus defectos, la amo desde sus valores y quiero estar con ella para siempre. Creo que un sacramento tan importante como el matrimonio necesita esta realidad del amor para poder darse.

Cuando no ves errores en tu pareja es porque no la conoces y estás enamorado. Cuando sabes qué la caracteriza y tienes claro sus errores, pero aún así quieres estar con ella es porque la amas.

El amor es una decisión que debe sostenerse a diario con nuevas decisiones. Es una experiencia que exige buena comunicación, buena capacidad de resolución de conflictos, soñar juntos, sacrificarse por el otro y dar lo mejor de sí para que el otro sea feliz. Es buscar ser uno sin dejar de ser dos.

El enamoramiento es la fase inicial del amor, pero no es el amor. El enamorado tiene que trascender hasta amar y así sí vivir una relación plena. Cuando las mariposas se han muerto en el estómago, pero aún se quiere estar al lado de esa persona, es porque el enamoramiento ha dado paso al amor.

Esa es la condición para el matrimonio. Quienes se aman así tendrán muchas menos posibilidades de separarse y de fracasar en su relación que aquellos que sin conocerse, enajenados por las emociones, han decidido casarse. El sacramento exige como condición de posibilidad el amor. Un amor real que va más allá de los emocionalismos y está encarnado en la realidad.

Creo que el Espíritu Santo es una gran ayuda para vivir el sacramento del matrimonio. Creo que el amor de Dios que llena los corazones puede generar las actitudes que se requieren para vivir amándose y felices el resto de la vida. Propiciar una experiencia espiritual en la que el Espíritu Santo los mueva a dar lo mejor de sí es fundamental para vivir este sacramento que pide eternidad. Por eso los invito a estar este lunes 9 de mayo, en el Estadio Metropolitano, a partir de la una de la tarde, en la fiesta de Pentecostés. Estoy seguro que eso los animará en su experiencia de creyentes y en su experiencia de pareja.

¿Prefiero estar solo y no mal acompañado? o ¿prefiero estar mal acompañado que estar solo?

“Prefiero estar mal acompañado que estar solo”
Hay muchas expresiones de amor, que evidentemente no tienen nada que ver con amor, en el tanto causan dolor y desazón. He venido planteando semana a semana, el fundamento central de cualquier relación humana es el bienestar y la construcción de la felicidad, no hay otro, pero nos cuesta asumir que múltiples expresiones de amor no son sanas, porque le damos cabida a la negación, a la fantasía o a justificar nuestras motivaciones cuando sabemos que éstas desde el inicio estaban mal.

Quise darle la vuelta a este refrán, en lugar de decir prefiero estar solo que mal acompañado, porque tristemente hay muchísimas relaciones estructuradas sobre el aguante, el soporte, la anulación. Lo que desgasta día a día, usted lo sabe, la pregunta es ¿Por qué se lo permite?

No importa el dolo, lo mal que la esté pasando hay personas que se dicen a sí mismas “ya estoy en esto, no lo voy a dejar así”, entonces construimos relaciones que no funcionan, simplemente porque están impregnadas de un enorme conjunto de malos hábitos, que lo único que hacen es joder la vida, fastidiar el proceso de relación en pareja, pero no hacemos nada por cambiarlos.

¿Esta seguro de que amar es sufrir?
¿De verdad vos crees que amar es aguantar?
¿Se te ha ocurrido que puede haber otras formas de amar?

El propósito
El propósito de una relación es la felicidad, es el eje que no se puede perder, es el norte que nos debe guiar, es la vela que se debe izar. Si esto se deja de lado nada tiene sentido. No cabe estar en una relación por miedo a la soledad, no cabe estar mal, por miedo a no tener a alguien al lado.

Cuando usted en una relación de pareja, opta por tener hábitos poco constructivos, ¿Hacia dónde va? Entonces, ¿Qué espera?, ¿Qué sentido tiene esto en su vida? Usted está en una relación de pareja, lo hace bien, o no tiene sentido.

Si usted decide actuar con indiferencia, con ella construye frialdad. Si decide caminar en su relación con intransigencia, ¿Qué construye? Si avanza en el tiempo al lado de su pareja cargado de orgullo y resentimiento, todo esto a flor de piel ¿Qué espera?, ¿Qué sentido tiene esto en su vida? Nada de esto crea empatía.

Sí usted propone estupideces, si se vive en medio de discusiones, nada se resuelve. Si usted asume actitudes inmaduras ¿Cómo espera un diálogo justo?. Si usted es de los que pega gritos, hace caras, pasa cargando su relación de celos, inseguridades, usted sabe que no actúa bien. ¿Qué espera? ¿Qué sentido tiene esto en su vida?

¿Esta seguro(a)?
Entonces si este es el cóctel, la fórmula que usted ofrece a la relación, que aburrida, fea y disfuncional es su propuesta. ¿Por qué quedarse al lado de alguien que huele a complicación, tensión? Resulta casi irracional decir, “prefiero esto a la soledad” ¿Esta seguro(a)?

Que esto es mejor que la soledad, vea la realidad, hay ira, resentimiento, impaciencia, impulsividad, no se ha preguntado ¿Por qué su pareja sigue a su lado? Quizá, dentro de muchas otras variables, tenga que ver con el hecho de que él o ella prefiere estar mal acompañado que estar solo, esto solo es un reflejo de la mala integración emocional que tiene una persona, esto es admisible en el amor.

Este es un acto de conciencia para usted, para mi, para todos. Si estar bajo una propuesta es mala se abraza como un estilo de vida, hay dos personas que requieren sanar sus emociones.

Todos y todas sabemos reconocer el lenguaje frío, las expresiones indiferentes, sabemos cuando causamos tristezas profundas a nuestra pareja ¿Seguir igual, es una opción? ¿Le parece que debe estar ahí al lado de una propuesta tan carente y vacía?

Esto solo se explica por motivaciones que no tiene que ver con el amor, quizá tenga mucho que ver con el pseudoamor, que se alimenta de muchas presiones emocionales, sociales, religiosas, económicas, de carencias emocionales, que nos mantiene atados a una persona cuya propuesta es deplorable.

Si usted esta en una relación de pareja
Si usted esta en una relación de pareja, así, porque en lugar de sufrir, no hacen ambos un trabajo interno muy fuerte, consciente, maduro para asumir lo que hay que arreglar por dentro para proponer y llevar a la despensa emocional de esa vida de pareja una relación diferente, que sea gratificante, realizante, en definitiva que le haga a usted y a su pareja felices.

Los amores son sanos o no sirve.

Es acá donde quiero proponerle varias cosas importantes:

Primero no busque la perfección de su pareja ni usted, ni yo, ni la otra persona somos perfectos, no podemos buscar perfección, pero esto no significa que no podamos aprender formas sanas de estar en una relación.

¿Pregúntese por qué reacciona tan mal ante los problemas de la vida de pareja?
Recuerde aquel momento, aquel día ,aquel lugar, en el que usted dijo, a “te voy amar siempre”, quiero que recuerde ese momento en el que usted le dijo “pasemos la vida juntos” ¿Qué pasó? ¿Qué sucedió? ¿En qué momento su despensa emocional se lleno de productos vencidos que huelen y saben tan mal?

Recuerde que usted hizo una promesa, ambos hicieron una promesa, porque no mantener esa promesa activa, bajo esquema de conciliación muy positivo y sano, en el que palabras como: perdón, lo siento, te escucho, tienes la razón, te explico, necesito tu apoyo, por favor, me comprometo, y mil frases, que bien usadas podrían cambiar el norte, rumbo, el curso de su relación.
¿Dónde quedó aquella persona detallista? Que con tiempo o sin él, con dinero o sin él, marcaba la diferencia en el día a día ¿Dónde quedo?¿Qué sucedió?
Dense cuenta, usted y su pareja perdieron esto, si lo que han hecho es cargarse problemas, que los llevan a explotar una y otra vez ¿Cuándo va hacer resolver? Dar el brazo a torcer para dejar de lado el orgullo y abrirse al bienestar, puede ser profundamente liberador.
No podemos pensar y dar por sentado que el amor se puede mantener activo solo, el amor solo se mantiene activo en una relación de pareja sin hacer las cosas bien. ¿Realmente no sabía esto?

Les propongo este decálogo, quise llamarlo la La declaración del auto-respeto en el amor”
Te amo, porque no me duele.
Te amo, porque disfruto.
Te amo, porque nos hace bien.
Te amo, porque siento paz.
Te amo, porque siento confianza.
Te amo, porque no hay angustia.
Te amo, porque tu molestia no me maltrata.
Te amo, porque ambos nos comprometemos igual.
Te amo, porque vamos en la misma dirección.
Te amo, porque las cosas son claras, cero confusión

Siempre triunfa el amor

Siempre triunfa el amor a pesar

 de los apagados atardeceres,

si bien se haya silenciado la luz apego

y aunque el inoportuno destierro,

 haya  llenado de abrojos el camino

y detenido el calor de los

 jubilosos quereres.

Siempre triunfa el amor,

no obstante lo llenan de mentiras,

odios y caminos sin huellas.

Siempre triunfa el amor,

aunque no te des cuenta,

porque el amor es verdad,

si bien a veces parezca tormenta.

La magia del amor siempre triunfa

sólo espera que llegue,

te ilumine con su luz

y vuelvan de nuevo a brillar

los enlutados atardeceres.

“MI ESPOSA ME RECOMENDÓ SALIR CON OTRA”

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(Bella Reflexión, vale la pena leerlo)

Después de varios años de matrimonio descubrí una nueva manera de mantener viva la chispa del amor.

Desde hace poco había comenzado a salir con otra mujer. En realidad había sido idea de mi esposa.

– “Tú sabes que la amas – me dijo un día, tomándome por sorpresa – la vida es muy corta, dedícale tiempo”

– “Pero yo te amo a ti” – protesté.

– “Lo sé. Pero también la amas a Ella”

La otra mujer a quien mi esposa quería que yo visitara, era mi Madre, viuda desde hace unos años; pero las exigencias de mi trabajo y mis hijos hacían que sólo la visitara ocasionalmente.

Esa noche la llamé para invitarla a cenar y al cine.

– “¿Qué te ocurre? ¿Estás bien?” – me preguntó.

Mi Madre es el tipo de mujer que una llamada tarde, en la noche o una invitación sorpresa es indicio de malas noticias.

– “Creí que sería agradable pasar algún tiempo contigo – le respondí – los dos solitos… ¿qué opinas?”

Reflexionó sobre ello un momento:

– “Me gustaría muchísimo” – dijo.

Ese viernes mientras conducía para recogerla después de mi trabajo me encontraba nervioso. Era el nerviosismo que antecede una cita… Y, cuando llegué a su casa, vi que Ella también estaba muy emocionada. Me esperaba en la puerta con su viejo abrigo puesto, se había rizado el cabello y usaba el vestido con que celebró su último aniversario de bodas, su rostro sonreía, irradiaba luz como un ángel.

-“Les dije a mis amigas que iba a salir con mi hijo y se mostraron muy emocionadas – me comentó mientras subía a mi auto – No podrán esperar hasta mañana para escuchar acerca de nuestra velada”

Fuimos a un restaurante no muy elegante, pero si muy acogedor. Mi Madre se aferró a mi brazo como si fuera “La Primera Dama de la Nación”. Cuando nos sentamos tuve que leerle el menú… sus ojos sólo veían grandes figuras. Cuando iba por la mitad de las entradas, levante la vista; mi Madre estaba sentada al otro lado de la mesa y sólo me miraba. Una sonrisa nostálgica se le delineaba en los labios.

-“Era Yo quien te leía el menú cuando eras pequeño. ¿Recuerdas?” – me dijo.

-“Entonces es hora que te relajes y me permitas devolverte el favor” – respondí.

Durante la cena tuvimos una agradable conversación, nada extraordinario, sólo ponernos al día uno con la vida del otro. Hablamos tanto que perdimos el cine.

-“Saldré contigo otra vez, pero sólo si me dejas invitar” – dijo mi Madre cuando la llevé a su casa. Asentí, la besé, la abracé.

-“¿Cómo estuvo la cita?” – quiso saber mi esposa cuando llegué aquella noche.

-“Muy agradable, gracias. Mucho más de lo que imaginé” – le contesté.

Días más tarde mi Madre murió de un infarto masivo. Todo fue tan rápido… No pude hacer nada. Al poco tiempo recibí un sobre del restaurante donde habíamos cenado con mi Madre, y una nota que decía:

-“La cena está pagada por anticipado. Estaba casi segura que no podría estar allí, pero igual pagué para dos, para Ti y para tu Esposa. Jamás podrás entender lo que aquella noche significó para Mí. ¡TE AMO!”.

En ese momento comprendí la importancia de decir a tiempo “TE AMO” y darle a nuestros seres queridos el espacio que se merecen; nada en la vida será más importante que Dios y mi familia… hay que darles tiempo porque ellos no pueden esperar. Si está viva tu Madre… disfrútala. 

Si no… recuérdela. 

Dios perdona… pero el tiempo nunca perdona ni puede regresar. 

Reflexión de: “un sentimiento llamado amor”

Comentario al Evangelio de hoy viernes, 5 de agosto de 2016

Aprendí hace muchos años que la mejor razón para vivir es al mismo tiempo la mejor razón para morir. Por paradójico que pueda parecer es así. La razón de vivir de unos padres pueden ser sus hijos. Precisamente por eso darían la vida por ellos. En un momento de sacrificio final y en el día a día hecho de trabajo y servicio por el bien de sus hijos. La darían del todo porque ya la están dando en el día. Y eso no les haría perder ni un ápice de su felicidad. Dan su vida por bien vivida, entregándose por sus hijos. A pesar de que mirado desde fuera, quizá podamos tener la sensación de que esos padres en realidad están “perdiendo” su vida. 

      Hoy Jesús, en coincidencia con lo que acabamos de comentar, habla en el Evangelio a aquellos que hacen todos los esfuerzos posibles por ganar su propia vida, por salvarse. Y les dice que precisamente son ellos los que se están perdiendo. Tanto preocuparse de sí mismos para al final no ganar nada. Es como el que pretende apretar mucho los dedos de la mano para retener agua o arena. Al final, todo se le escapa y se queda con las manos vacías. Precisamente, dice Jesús, es el que pierde su vida por el reino el que la termina encontrando en plenitud.

      Hoy hablamos mucho de auto-estima, de auto-realización. Se dice que cada uno tiene que mirar por su propia felicidad. Se busca el bienestar. Todo es colocarse uno en el centro del mundo, en el centro del universo. Y todo lo que me rodea tiene que servirme para ser yo feliz.  Como decía un sociólogo, hoy en día todo es una prótesis que uso en tanto en cuanto me ayuda a sentirme mejor. Uso gafas porque así veo mejor. Uso una dentadura postiza porque así puedo comer. Tengo amigos porque me ayudan a sentirme acompañado. Tengo una relación de pareja que me hace sentirme feliz y realizado. Tengo hijos por la misma razón. Pero en el momento en que las gafas o la pareja o los hijos no me hacen sentirme bien o suponen una carga, me deshago de ellos y busco otra “prótesis” que me siente mejor, que me haga verme más guapo o sentirme más feliz. 

      La propuesta de Jesús va en la dirección opuesta. Los otros no son la prótesis que me hace falta para sentirme bien. Los otros son mis hermanos, parte de mi propia vida. Sólo en tanto en cuanto soy capaz de compartir mi vida, de “perderla”, de regalarla, por su vida, podré encontrar mi propia plenitud. 

      Sólo al perder la vida, se encuentra la propia plenitud. ¿Suena raro? Quizá sí, pero es así como son las cosas. En el Reino nadie mira en primer lugar por su propio bien sino por el bien de los hermanos. Y ahí es donde encuentro mi propia plenitud. ¿Por qué no hacemos la prueba?motu

Comentario al Evangelio de hoy viernes, 22 de julio de 2016

      ¿Cuál es la imagen más habitual que tenemos de María Magdalena? No hace falta más que mirar a los cuadros de siglos pasados y a las imágenes de muchas iglesias. Se ve casi siempre a una mujer muy austeramente vestida y entregada a la penitencia imaginamos que a causa de sus muchos pecados. 

      No se entiende muy bien la razón por la que se terminó identificando a la pecadora que lava con sus lágrimas los pies de Jesús con María Magdalena. En cualquier caso, María Magdalena pudo haber sido lo que fuera. ¿Quién no tiene una historia guardada en su baúl, en el pasado? ¿Quién puede dar un paso al frente y decir que tiene las manos y el corazón y todo su ser limpio como una patena? A los que iba a apedrear a la mujer a la que habían encontrado en pleno adulterio, Jesús les dijo con mucha tranquilidad que “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. 

      Así que nos da lo mismo lo que fuese o hiciese María Magdalena antes de conocer a Jesús. Es irrelevante. Lo importante fue el momento en que se encontró con él y se convirtió en una de sus discípulas. Y debió ocupar en el grupo de seguidores de Jesús un puesto importante porque el evangelista Juan le hace aparecer como prácticamente la primera misionera, la primera evangelizadora, la primera testigo de la resurrección, la primera a quien se aparece el resucitado. 

      De Pedro y Juan se dice que fueron al sepulcro, que lo encontraron vacío y que creyeron. Pero el relato termina diciendo que “regresaron a casa”. Ahí se quedaron. María se queda fuera. El Maestro se le aparece, resucitado. Y a ella se le hace el encargo de ir a decir a los hermanos que ha resucitado. Y es lo que hace: “fue y contó a los discípulos que había visto al Señor y también lo que él le había dicho.”

      Si queremos ser evangelizadores no tenemos más que imitar a María. Hay que rondar el sepulcro. Nada de “volverse a casa” como Pedro y Juan. Hay que estar ahí. Hay que leer la Palabra. Hay que abrir los ojos. Hay que dejar que Jesús nos encuentre en vela. Y luego ir y decir a los hermanos que hemos visto al Señor y lo que nos ha dicho. No es un mensaje para quedárnoslo en exclusividad. Es para comunicarlo, para regalarlo, para compartirlo. 

      En la Iglesia el mandato primero, fundamental y casi único es “anunciar la buena nueva del Reino.” María Magdalena, mujer, es la primera evangelizadora. ¿Por qué no la imitamos?

Comentario al Evangelio de hoy jueves, 21 de julio de 2016

Desde hace unos años se han puesto de moda novelas y películas con un tema muy parejo: en todas ellas se habla de un misterio muy importante, del que el protagonista tiene que seguir la pista pasando por pruebas y dificultades a cuál más complicada y difícil de superar. El misterio tiene siempre un calado “misterioso” que afecta a la supervivencia de la vida en el planeta, al futuro de la humanidad. El protagonista se constituye en salvador de la humanidad al defender el misterioso secreto de las fuerzas del mal que se intentan apoderar de él para dominarnos y destruirnos. Seguro que la mayoría de los lectores de estas líneas podrían poner ahora mismo sobre la mesa los títulos de varios películas y novelas con un tema muy parecido. 

      La realidad es mucho más rutinaria. No existe ese gran secreto. No existe ese gran misterio. No hay salvadores en los que confiar ciegamente. Las fuerzas del mal no andan por ahí amenazándonos. En realidad, todo se juega en nuestro corazón y en las relaciones entre las personas. Como Jesús dice en el Evangelio de hoy: “a vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino”.

      ¿Qué misterio es ése? No está escondido ni hay que superar pruebas imposibles para conocerlo. Está ahí. En la vida de Jesús, en sus palabras, en sus hechos. El misterio es el amor de Dios. El misterio es el Reino. El misterio es que la salvación no viene a nosotros ni a nuestro mundo de una forma milagrosa, de golpe o por la intervención de un héroe sino que es fruto del esfuerzo, del compromiso, del trabajo diario en favor del Reino. 

      La salvación no es algo que está en el futuro sino que la vamos actuando ya aquí y ahora cuando nos comportamos como Jesús, cuando trabajamos por la justicia y la fraternidad, cuando acogemos a todos, cuando los marginados y rechazados encuentran en nuestra casa la acogida que les dedicó Jesús. La salvación se nos da cuando somos capaces de amar gratuitamente y sin pedir nada a cambio. 

      El milagro verdadero es el de la fidelidad al Evangelio en el día a día de nuestras vidas. El misterio del Reino se transparenta en las cosas más sencillas del día a día: en el cariño de unos esposos y en la sonrisa de un niño, en el trabajo del juez que se esfuerza por hacer justicia de forma imparcial y en el político (que también los hay) honesto que dedica su vida al servicio del bien común. 

      Se están produciendo miles de milagros de esos cada día. Hay millones de héroes que están salvando al mundo y a mí mismo, que escribo estas líneas y que quizá no hago todo lo que debiera hacer para transparentar con mi vida y mi forma de comportarme el misterio del Reino. Que no seamos de esos que han cerrado los ojos y los oídos a ese despliegue del amor de Dios en nuestro mundo que son los millones de personas que viven comprometidos en crear un mundo mejor y más justo y más hermano.

Comentario al Evangelio de hoy miércoles, 20 de julio de 2016


Atención a la primera lectura. Es el comienzo del libro del profeta Jeremías y el profeta nos cuenta como se sintió llamado a ser profeta. Él no quería. Él no se sentía digno de semejante encargo. Puso todas las dificultades posibles. Pero el Señor quería y cuando Dios quiere algo, lo suele conseguir. El profeta podía estar seguro de que iba a tener la presencia y la gracia de Dios con él. No tenía nada que temer. Su misión consistiría en “arrancar y arrasar, destruir y demoler, edificar y plantar”. Todo eso y por ese orden. 

      A veces pensamos que ser profeta es conocer el futuro, adivinar lo que va a suceder, los castigos o los premios que van a venir sobre nosotros si nos portamos mal (castigo) o nos portamos bien (premio). En el Antiguo Testamento, el profeta no es el adivino sino simplemente el vocero de Dios. Es una especie de altavoz que tiene como deber fundamental recordar al  pueblo la Palabra y la Ley de Dios. 

      Por eso su misión no es sentarse delante de la bola de cristal y adivinar el número de la lotería que va a tocar en el sorteo de dentro de una semana. Su misión es proclamar la palabra de Dios sin acepción de personas (“ante pueblos y reyes”) para ayudar a arrancar las malas hierbas que nacen en nuestros corazones (arrancar, arrasar, destruir, demoler). Pero sobre todo, para promover lo mejor de nosotros, para que seamos conscientes de que Dios está con nosotros, de que nos ama, de que somos su pueblo. El profeta está, sobre todo, para edificar y plantar la nueva ciudad, la nueva Jerusalén, donde todos se sentirán como en casa porque Dios estará en medio de todos. 

      En el Evangelio de hoy se cuenta la parábola del sembrador que siembre la semilla y luego la tierra da su cosecha de acuerdo con su calidad. Pero la parábola no nos cuenta el trabajo que tiene el agricultor antes de sembrar. La tierra hay que roturarla, allanarla, limpiarla. Todo eso es necesario para que esté preparada para recibir la semilla. Y sin ese trabajo no podrá dar su fruto. 

      El profeta es el que prepara la tierra y luego siembra la semilla de la palabra y del amor de Dios para con nosotros. Él no es el protagonista de la historia. El protagonista es Dios mismo, es la semilla, es la palabra que crece en el corazón de cada hombre y mujer. La cosecha será el fruto de amor para la vida del mundo que brotará de esa semilla hecha planta. 

      Cada vez que amamos, que decimos una palabra de consuelo, que actuamos con justicia, que creamos fraternidad en medio del odio, que devolvemos la esperanza al que la ha perdido, allanamos, roturamos, limpiamos y plantamos la semilla. Ese es nuestro deber. Como lo hizo Jeremías. El resultado, la cosecha, ya no depende de nosotros. Crecerá en el misterio del corazón de cada persona. A nosotros sólo nos quedará contemplar agradecidos como va creciendo la mies.

¿Por qué los judíos y los católicos usamos imágenes?

1. No diremos más “¡Dios nuestro!” a la obra de nuestras manos

Hay un texto de la Biblia, Oseas 14, 2-10, en que el profeta del amor de Dios nos sigue mostrando el corazón compasivo de nuestro Dios y nos enseña una oración breve para pedir perdón a Dios, expresándole nuestro arrepentimiento y propósito de enmienda.

El versículo 4 es muy importante para dilucidar el tema de la idolatría:

Asiria no nos salvará, ya no montaremos a caballo, ni diremos más “¡Dios nuestro!” a la obra de nuestras manos, porque sólo en ti el huérfano encuentra compasión (Os 14, 4).

La idolatría consiste en darle a la imagen un culto equivocado. Como se nota en este pasaje bíblico, la idolatría consiste en llamar “Dios” a lo que hemos hecho con nuestras manos.

En la Iglesia católica no adoramos a las imágenes ni pensamos que sean dioses, ni les damos ese nombre, que sólo corresponde al Altísimo.

Leer también: ¿Los católicos adoran las imágenes?

2. Excavan unos mosaicos deslumbrantes en una antigua sinagoga de Israel

El 7 de julio de 2016, The National Geographic publicó, en su sitio de Internet una importante noticia sobre el hallazgo de unos bellísimos mosaicos en una antigua sinagoga del norte de Israel. Este es el link de la noticia (
http://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/excavan-unos-mosaicos-deslumbrantes-antigua-sinagoga-israel_9537 ).

Los mosaicos, ubicados en la nave central de la sinagoga, representan dos relatos bíblicos: el Arca de Noé y la separación de las aguas del mar Rojo por Moisés.

En el panel del Arca de Noé aparece la legendaria embarcación rodeada de pares de animales como elefantes, leopardos, burros, serpientes, osos, leones, avestruces, camellos, ovejas y cabras.

En el panel del mar Rojo aparecen los soldados del faraón y unos peces grandes que se los intentan tragar, además de carros de guerra volcados con sus respectivos caballos y sus conductores.

Esto nos ayuda a recordar que Dios prohíbe los ídolos (Ex 20, 4; Salmo 115, Salmo 135, etc.), pero permite las imágenes ( Ex 25, 18; Nm 21, 8).

De hecho, hay, en hebreo, tres términos que nos ayudan a comprender mejor el tema.

  • Pesel
  • Tselem
  • Pittuach

Pesel (פֶסֶל) es el término bíblico para designar un ídolo. Es el término que aparece en Éxodo 20, 4 y en Deuteronomio 4, 15, entre otros. Pesel se refiere a un ídolo, a una imagen idolátrica, hecha con la finalidad específica de adorarla, como el becerro de oro (Ex 32).

Tselem (צֶ֫לֶם) es el término hebreo para imagen. Aparece, por ejemplo, en Génesis 1, 26, donde YHWH dice: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.

Pittuach (פִּתּ֫וּחַ) es el término para grabado.

Tanto tselem como pittuach se refieren a imágenes representativas no idolátricas; es decir, no se las fabrica para adorarlas. Es lícito tener estas imágenes, como se ve en Éxodo 25, 18 a propósito de los querubines de oro, y en Números 21, 6-9, a propósito de la serpiente de bronce.

El hallazgo de la sinagoga que nos presenta The National Geographiccorresponde con lo que describe la Biblia a propósito del Templo de YHWH construido por el rey Salomón.

En el interior de la Casa, el cedro había sido esculpido en forma de calabazas y de guirnaldas de flores: todo estaba revestido de cedro y no se veían las piedras. El Santo de los Santos, en lo más interior de la Casa, había sido preparado para poner allí el Arca de la Alianza de Yavé. Delante del Santo de los Santos, que tenía diez metros de largo, diez de ancho y diez de alto, se levantó un altar de cedro recubierto de oro fino. Salomón revistió de oro fino el interior de la Casa y una cadena enchapada en oro cerraba el Santo de los Santos. Toda la Casa estaba pues recubierta de oro; también estaba recubierto de oro el altar ubicado delante del Santo de los Santos. En el Santo de los Santos puso dos Querubines de madera de olivo silvestre de cinco metros de alto. Cada una de las alas del querubín tenía dos metros y medio de largo, de manera que había cinco metros de una punta a la otra de las alas. El segundo querubín medía también cinco metros; ambos querubines tenían el mismo porte y la misma forma. La altura del primero y del segundo era de cinco metros. Salomón puso los querubines en el centro de la Casa, con las alas desplegadas; el ala del primero rozaba uno de los muros y el ala del segundo tocaba el otro muro, y sus alas se tocaban una con otra en el medio de la Casa. Salomón revistió de oro a los querubines. Hizo esculpir en relieve en todas las paredes de la Casa, por todo el derredor, tanto por fuera como por dentro, querubines, palmas y flores. Por dentro y por fuera, el piso de la Casa estaba recubierto de oro. Las puertas del Santo de los Santos eran de madera de olivo silvestre, el dintel y los postes ocupaban la quinta parte de la puerta, ambas puertas de madera de olivo silvestre estaban esculpidas con querubines, palmas y flores; todo estaba recubierto de oro, incluso los querubines y las palmas. De igual modo la entrada del Santuario estaba guarnecida de postes de madera de olivo silvestre, que ocupaban un cuarto de la puerta. Las dos puertas eran de madera de ciprés; cada una estaba constituida por dos paneles que se articulaban; allí habían esculpido querubines, palmas y flores, todo recubierto de oro. Se construyó el patio interior con tres hileras de piedra tallada y una hilera de postes de cedro. El año cuarto, en el mes de Ziv, se pusieron los cimientos de la Casa de Yavé, y en el undécimo año, en el mes de Bul, el mes octavo, se terminó el Templo con todos sus detalles, de acuerdo al plano que se había diseñado; Salomón construyó el Templo en siete años (1Reyes 6, 19-38).

Algo similar se lee en 1 Reyes 7, 25-51, donde se describen otros elementos de la Casa de Yavé, que manifiestan que el Pueblo de Israel tenía imágenes en el Templo. La arqueología nos presenta que en las sinagogas también había imágenes sagradas.

Un elocuente ejemplo lo tenemos en Dura-Europos, una población destruida hacia el 272 d.C. y descubierta en 1919, donde hay una capilla paleocristiana y una sinagoga. Pues bien, en ambas hay imágenes sagradas, como se puede ver en el siguiente enlace: https://es.wikipedia.org/wiki/Dura_Europos

Conclusión

Los católicos no tenemos Pesel (פֶסֶל). La Iglesia nunca nos ha enseñado que debemos adorar a las imágenes.

Los católicos tenemos Tselem (צֶ֫לֶם) y Pittuach (פִּתּ֫וּחַ), es decir, imágenes representativas, no idolátricas, a las que veneramos por las personas representadas por ellas.

Fuente: JORGE LUIS ZARAZÚA

EL DIOS CERCANO

El dios de los filósofos es un dios lejano, ajeno al mundo humano, y es rechazado categóricamente por monseñor Romero: “El dios que allí se revela no nos parece un Dios íntimo; y, para muchos, esa metafísica, esa filosofía, les seca el corazón y el cerebro, y hasta los lleva al materialismo”. Esta imagen distorsionada de Dios que le perfila como un ser remoto, impersonal, restringido a los libros de texto, sin tener nada que ver con la realidad vivida en el mundo, es una imagen falsa. En cambio, monseñor Romero presenta la imagen del Dios vivencial que habita en lo íntimo del ser humano: “Cada hombre tiene en la intimidad de su ser su conciencia como una cámara secreta donde Dios baja a hablar con el hombre y donde el hombre decide su propio destino”. Tal Dios espera la invitación del ser humano y no se impone a la fuerza. Simplemente, se puede explicar este Dios íntimo y relacional por decir, “Dios va con nosotros”; es “un Dios dinámico (…), un Dios que camina con su pueblo, un Dios que actúa y que inspira a los hombres en sus esfuerzos liberadores, un Dios que no mira con indiferencia el clamor de los que sufren, que, como en Egipto, escucha la esclavitud, el látigo, la marginación, la humillación”. Está presente en la debilidad de su pueblo, cercano, escuchando “el sordo clamor” de los pobres que caminan en busca de su liberación. Es el Dios peregrino del Éxodo.

Una característica de este Dios personal es la alegría. Dios es libremente alegre, esparciendo la alegría en el mundo: “Dios quiere que los hombres gocen la felicidad de la tierra, la alegría de vivir, la felicidad de amar, de compartir, de hacer fiesta. Dios no es un Dios triste. Dios es Dios-fiesta, Dios-festín, Dios-alegría”. El Dios caluroso y dichoso no es el dios impersonal, racionalizado, frío, el dios-impostor de los libros de la filosofía. El Dios verdadero inspira a los afligidos desde muy cerca: “Ningún pueblo debe ser pesimista, aun en medio de las crisis que parecen más insolubles, como la de nuestro país. Dios está en medio de nosotros (…). Dios está cerca, fuente de alegría”.

Otra característica es la mansedumbre. El Dios de la ternura entrañable no quiere, ni mucho menos causa, el sufrimiento humano, el cual forma parte intrínseca de la imperfección evolutiva de nuestro planeta, pero “¡Dios no nos ha hecho para el sufrimiento!”.

Es el Dios del amor relacional, amorosamente abierto a sus criaturas, porque es, en esencia, trinitariamente relacional:

Se ha dicho en forma bella y profunda que nuestro Dios en su misterio más íntimo no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en sí mismo paternidad, filiación, y la esencia de la familia que es el amor. Este amor es la familia divina, es el Espíritu Santo.

Reflexión para el Sábado 21 de mayo 2016

Del santo Evangelio según Marcos 10,13-16

Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él.» Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos.

REFLEXIÓN

• El evangelio de ante-ayer traía consejos sobre la relación de los adultos con los pequeños y excluidos (Mc 9,41-50). El evangelio de ayer traía consejos sobre la relación entre hombre y mujer, marido y esposa (Mc 10,1-12). El evangelio de hoy trae consejos sobre la relación entre madres e hijos. Para los pequeños y excluidos Jesús pedía la máxima acogida. En la relación entre hombre-mujer, pide la máxima igualdad. Ahora con los niños, pide la máxima ternura.

• Marcos 10,13-16: Recibir el Reino como un niño. Llevaron a Jesús unos niños para que Jesús los tocara. Los discípulos trataban de impedirlo. ¿Por qué lo impiden? El texto no lo dice. Tal vez porque, según las normas rituales de la época, los niños pequeños con sus madres, vivían casi constantemente en la impureza legal. ¡Tocarlos significaba contraer impureza! Y así, si los niños tocaban a Jesús, ¡él también quedaría impuro! Pero Jesús no se incomoda con estas normas rituales de pureza legal. Corrige a los discípulos y acoge a las madres con los niños. Toca a los críos y les da un abrazo diciendo: “Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos”. Y cuando Jesús abraza a los niños y los bendice, pone sobre ellos la mano. ¿Qué significa esta frase? a) los niños reciben todo de sus padres. No consiguen merecer lo que reciben, pero viven de amor gratuito. b) Los padres reciben a los niños como un don de Dios y curan de ellos con todo cariño. La preocupación de los padres no es dominar a los críos, sino amarlos y educarlos, ¡para que crezcan y se realicen como personas!

• Un signo del Reino: Acoger a los pequeños y a los excluidos.Hay muchos signos de la presencia actuante del Reino en la vida y en la actividad de Jesús. Uno de ellos es su manera de acoger a los niños y a los pequeños. Además del episodio del evangelio de hoy, he aquí una lista de algunos otros momentos de acogida a los pequeños y a los niños:

a) Acoger y no escandalizar. Una de las palabras más duras de Jesús es contra aquellos que causan escándalo en los pequeños, esto es, que son motivo para el cual los pequeños dejan de creer en Dios. Para ellos, mejor sería tener una piedra de molino al cuello y ser arrojado al mar.

b) Identificarse con los pequeños. Jesús abraza a los niños y se identifica con ellos. Quien recibe a un niño, a “mí me recibe”. “Y todo lo que hacéis a uno de estos niños, a mí me lo hacéis”.

c) Hacerse como niños. Jesús pide que los discípulos se vuelvan como niños y acepten el Reino como niños. Sin esto, no es posible entrar en el Reino (Mc 10,15; Mt 18,3; Lc 9,46-48). El pone a los niños como profesores de adulto. Lo cual no es normal. Acostumbramos hacer lo contrario.

d) Defender el derecho que los niños tienen de gritar. Al entrar en el Templo, Jesús derriba las mesas de los vendedores, y son los niños los que más gritan: “¡Hosanna al hijo de David!” (Mt 21,15). Criticado por los jefes de los sacerdotes y de los escribas, Jesús se defiende y, en su defensa, hasta invoca las Escrituras (Mt 21,16).

e) Agradecer por el Reino presente en los pequeños. La alegría de Jesús es grande, cuando percibe que los niños, los pequeños, entienden las cosas del Reino que él anunciaba a la gente. “Padre, yo te doy gracias.”  ¡Jesús reconoce que los pequeños entienden mejor que los doctores las cosas del Reino!

f) Acoger y curar. Son muchos los niños y los jóvenes que él acoge, cura y resucita: la hija de Jairo de 12 años , la hija de la mujer cananea, el hijo de la viuda de Naím, el niño epiléptico, el hijo del Centurión, el hijo del funcionario público, el niño de los cinco panes y dos peces.

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• En nuestra sociedad y en nuestra comunidad ¿quiénes son los pequeños y los excluidos? ¿Cómo está siendo la acogida que les damos?

• En mi vida, ¿qué aprendí de los niños sobre el Reino de Dios?

¿Cómo obtener indulgencia plenaria durante el Año de la Misericordia?

En su carta por el Año de la Misericordia, el Papa Francisco explicó las formas en las que los fieles podrán obtener la indulgencia durante este jubileo; ya sea en Roma, en cualquier lugar del mundo e incluso en las cárceles. El Santo Padre también explica el modo en el que deben proceder los enfermos y ancianos para obtener esta gracia.

En cualquiera de los siguientes casos que se mencionan para obtener la indulgencia se debe cumplir primeramente con las condiciones habituales: confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre.

1.- Los fieles “están llamados a realizar una breve peregrinación hacia la Puerta Santa, abierta en cada catedral o en las iglesias establecidas por el obispo diocesano y en las cuatro basílicas papales en Roma, como signo del deseo profundo de auténtica conversión”.

2.- “Igualmente dispongo que se pueda ganar la indulgencia en los santuarios donde se abra la Puerta de la Misericordia y en las iglesias que tradicionalmente se identifican como Jubilares. Es importante que este momento esté unido, ante todo, al Sacramento de la Reconciliación y a la celebración de la Santa Eucaristía con un reflexión sobre la misericordia”.

El Papa precisa que “será necesario acompañar estas celebraciones con la profesión de fe y con la oración por mí y por las intenciones que llevo en el corazón para el bien de la Iglesia y de todo el mundo”.

3.- El Papa Francisco señala también que cada vez que un fiel realice personalmente una o más las obras de misericordia corporales y espirituales “obtendrá ciertamente la indulgencia jubilar”.

“De aquí el compromiso a vivir de la misericordia para obtener la gracia del perdón completo y total por el poder del amor del Padre que no excluye a nadie. Será, por lo tanto, una indulgencia jubilar plena, fruto del acontecimiento mismo que se celebra y se vive con fe, esperanza y caridad”, resalta el Papa.

4.- Sobre los enfermos y las personas ancianas que no pueden salir de casa, el Pontífice afirma que para ellos “será de gran ayuda vivir la enfermedad y el sufrimiento como experiencia de cercanía al Señor que en el misterio de su pasión, muerte y resurrección indica la vía maestra para dar sentido al dolor y a la soledad”.

“Vivir con fe y gozosa esperanza este momento de prueba, recibiendo la comunión o participando en la Santa Misa y en la oración comunitaria, también a través de los diversos medios de comunicación, será para ellos el modo de obtener la indulgencia jubilar”.

5.- Sobre los presos, el Pontífice explica que “en las capillas de las cárceles podrán ganar la indulgencia, y cada vez que atraviesen la puerta de su celda, dirigiendo su pensamiento y la oración al Padre, pueda este gesto ser para ellos el paso de la Puerta Santa, porque la misericordia de Dios, capaz de convertir los corazones, es también capaz de convertir las rejas en experiencia de libertad”.

6.- Indulgencia para los difuntos: “de igual modo que los recordamos en la celebración eucarística, también podemos, en el gran misterio de la comunión de los santos, rezar por ellos para que el rostro misericordioso del Padre los libere de todo residuo de culpa y pueda abrazarlos en la bienaventuranza que no tiene fin”.

Comentario al Evangelio de hoy domingo, 24 de abril de 2016


Jesús aborda dos temas, favoritos del evangelista: la gloria y el amor.
Acace durante la última cena, tras lavar los pies a sus discípulos, e inmediatamente después de que le diera un trozo de pan mojado al que lo traiciona. El texto litúrgico trae un añadido para poner el contexto: “Cuando salió Judas del Cenáculo…”

Jesús dice que la entrega de su vida -que va a ser “pronto”- manifiesta su gloria (se refiere a sí mismo como “Hijo del hombre”) y la gloria de Dios.

Como le “queda poco tiempo de estar entre vosotros”, da a conocer su última voluntad, a la que llama “mandamiento nuevo”, presentándose así como un nuevo Moisés (que había dado los diez mandamiento). Tal será “la señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos” -por tanto es algo que pide sólo a su comunidad de seguidores- y consiste en el amor mutuo (“unos a otros”, por dos veces insiste en que ha de ser recíproco entre sus discípulos) concretado en el servicio mutuo (“como yo os he amado”, siendo así que nos “amó hasta el extremo” -13,1- expresado con el gesto de “lavar los pies de los discípulos” -13,5-). Ya había hablado antes sobre este servicio recíproco (“también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros” -13,14) y cómo es Él el punto de referencia (“os he dado ejemplo para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros” -13,15).  Por tanto, se modifica el antiguo punto de referencia: “Ama a los demás como a ti mismo”. Este “amor extremo” de Jesús se manifesta en la entrega de su vida, también sus discípulos han de desvivirse unos por otros.

El texto litúrgico omite 13,33b que introduce un tema del que hablará más tarde: “a donde yo voy vosotros no podéis venir”

Al releer este bonito texto del Evangelio, no puedo dejar de acordarme de mi hermana de comunidad Ana (trabaja también en un hospital, como pediatra). Ella está obsesionada por cómo los demás notan que es seglar comprometida y pertenece a una comunidad cristiana. “¿Se me notará en medio del hospital, entre mis amigos, en mi familia?” Nosotros nos reímos a veces por esta obsesión, y algún gracioso le dice que ¡se le nota en los andares!

Sin embargo, haciendo memoria, recuerdo que un día nos contaste que, una noche al estar de guardia, atendiste a una madre con su niño pequeño. Trataste al niño, lo exploraste, le pusiste el tratamiento y le diste de alta. Eran las cuatro o las cinco de la mañana y te retiraste  hasta el siguiente aviso.

De repente se te ilumino el corazón, en la calle estaba diluviando y te acordaste de aquella pobre señora con el niño. Había venido al hospital en una ambulancia y ahora no tenía medios para volver a su casa. Y por lo que comentó anteriormente, ella vivía en un barrio en las periferias.

Al sentir esto, tu corazón se conmovió, y saliste al encuentro de la madre y el niño. Todavía seguían en la sala de espera, menos mal. La miraste y le pediste una ambulancia para poder regresar a su domicilio. Seguro que alguien a tu alrededor se percató de este hecho. Pues ahí, en esos pequeños detalles de Amor, de acercarse al otro, de ponerse en el lugar del otro, se nos conocerá que somos discípulos, que nos une el Amor de unos a otros.
De este modo somos expresión del Amor con que Dios nos Ama.

El AMOR es el motor del mundo. Y de la familia. Nuestros hijos, que están “al loro” de todo, tienen que percibirlo. Aunque sólo vean la punta de un iceberg que queda oculto a su ingenuidad, ya que no se percatarán del esfuerzo que hay detrás de una mesa puesta, una casa recogida, un uniforme planchado, un carro de la compra del supermercado, un apoyo en la tarea de clase o un rato de escucha en exclusiva, seguramente, hasta que les toque a ellos como padres.

Las cosas se hacen a veces, inevitablemente, rozando la desesperación propia del agotamiento. Pero cuando se hacen desde la perspectiva de que Dios es un miembro más de la familia, incluso en esos momentos extremos, cobran una especial trascendencia.
Una vez más sale a relucir la educación en el ejemplo, en la coherencia, en el entendimiento en la pareja educadora y con la mirada puesta en el Señor.

REFLEXIÓN AL EVANGELIO DEL SÁBADO 23 DE ABRIL DEL 2016

MI AMIGA SIRI LEYENDO EL SIGUIENTE TEXTO:



Del Evangelio según Juan

Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.» Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.

Palabra del Señor… Gloria a Ti Señor Jesús.

 

REFLEXIONEMOS:

Análisis exegético:

La meta:

Jesús, uno con el Padre

Si llegan a conocerme del todo, conocerán también a mi Padre; aunque ya ahora lo conocen y lo están viendo presente.

El término del camino y de la semejanza es el Padre, pero éste está presente en Jesús. Los discípulos poseen ya un conocimiento de Jesús y, por tanto, ven en él al Padre presente. Ese conocimiento, sin embargo, no es algo dado de una vez para siempre. Es progresivo y va revelando más plenamente al Padre. No es meramente intelectual ni exterior, sino relacional, la familiaridad que crea el amor y que se alcanza sólo por la práctica del amor; supone la comunión en el Espíritu, que hace nacer de Dios. Progresar en el conocimiento de Jesús, es decir, ahondar la comunión con él por la práctica del amor, va haciendo al hombre hijo de Dios y dándole a conocer al Padre.

Felipe le dijo: Señor, haznos ver al Padre, y nos basta. La petición de Felipe denota su falta de comprensión. Había sido invitado por Jesús a seguirlo, pero lo identificó con la figura del Mesías que podía deducirse de la Ley de Moisés y de los profetas. No ha comprendido, por tanto, que Jesús es la realización, no de la Ley, sino del amor y la lealtad de Dios. En la escena de los panes mostró no haber entendido la novedad del reino mesiánico; tampoco entiende aún la calidad de Jesús Mesías. Queda estancado en la mentalidad de la antigua alianza. Ve en Jesús al representante de Dios. Bendito el que llega en nombre del Señor, en quien se cumplen las antiguas promesas. No se ha dado cuenta de que Jesús desborda toda promesa, que él es la presencia misma de Dios en el mundo.

Jesús le contestó: Tanto tiempo como llevo con vosotros y ¿no has llegado a conocerme, Felipe? Quien me ve presente a mí, ve presente al Padre; ¿cómo dices tú: Haz que veamos al Padre?.

Jesús le contesta con una queja. La convivencia con él, ya prolongada, no ha ampliado su horizonte. Anclado en la idea tradicional, no puede comprender que el Padre esté presente en Jesús.

Explica aquí Jesús el contenido de la promesa hecha a los discípulos en el episodio de Felipe y Natanael: Veréis el cielo quedar abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar por este Hombre. Como allí se ha explicado, el punto de comparación con Jacob estaba en la presencia de la gloria de Dios en Jesús; la presencia de la gloria-amor es la del Padre. Como los Judíos de Cafarnaún aún separa Felipe a Dios del hombre. No conoce el alcance de su amor ni de su proyecto.

No concibe que en el Hombre esté presente y se manifieste Dios, que el Hombre sea Dios. Como lo ha notado Juan, sólo después de la resurrección de Jesús comprendieron los discípulos ser él el nuevo santuario donde habita la gloria. Dios, por tanto, es visible en Jesús.

¿No crees que yo estoy identificado con el Padre y el Padre conmigo? Las exigencias que yo propongo no las propongo como cosa mía: es el Padre, que, viviendo en mí, realiza sus obras.

La presencia del Padre en Jesús es dinámica; a través de él ejerce su actividad. Jesús, por ser la localización de la presencia del Padre, lo es de su acción creadora.

Las exigencias que Jesús propone reflejan las múltiples facetas de la actividad del amor y no son independientes de su persona. Formulan la acción del Padre en él, que es su acción en favor del hombre. El Padre ha realizado su obra en Jesús y, por medio de las exigencias que éste propone expresando su propia experiencia, realiza su obra en la humanidad. Las exigencias de Jesús concretan y acrecientan el amor, que es el Espíritu: por eso comunican Espíritu y vida y hacen presente a Dios mismo, que es Espíritu. Esta presencia creciente del Padre en el hombre, como principio de vida y actividad, realiza en él su obra, su designio creador. Así salva Dios al hombre.

Creedme: yo estoy identificado con el Padre y el Padre conmigo; y si no, cree dio por las obras mismas. Insiste Jesús en su total sintonía con el Padre, y como último criterio, como hizo con los dirigentes judíos, se remite a sus obras.

Quien considere la calidad de sus obras, tiene que concluir que son de Dios. El último argumento para probar la autenticidad de su misión y su identificación con el Padre es objetivo. Dios creador tiene que estar necesariamente en favor del hombre, su criatura. Si las obras de Jesús están hechas sólo y totalmente en favor del hombre, es evidente que está identificado con el Padre. Sus exigencias, por tanto, que responden a sus obras, son las exigencias del Padre, para el bien del hombre. La muerte de Jesús, su entrega para dar vida al hombre, demostrará su identificación total con el Padre, dador de vida.

Sí, os lo aseguro: Quien me presta adhesión, las obras que yo hago también él las hará, y las hará mayores.

La obra de Jesús ha sido sólo un comienzo, el futuro reserva una labor más extensa. El no se propone a sí mismo como modelo inalcanzable, el único capaz de hacer tales obras. El discípulo podrá hacer lo mismo y aún más. Esto confirma que las señales hechas por Jesús no son irrepetibles por lo extraordinarias, sino que su carácter principal es ser símbolos de la actividad que libera al hombre ofreciéndole la vida.

Con este dicho da ánimos a los suyos para el futuro trabajo. Sus obras no han sido un relámpago momentáneo y deslumbrador, sino el principio de una nueva actividad en favor del hombre, que ha de ser realizada por los que están adheridos a él, viven de su vida y cumplen sus mandamientos. La liberación ha de ir adelante. Su presencia y actividad en el mundo significa un recodo en la historia; Jesús ha venido para cambiar su rumbo; toca a los discípulos continuar la dirección dada por él.

Jesús da la razón de su afirmación anterior: los discípulos harán obras como las suyas, y aun mayores, porque desde su nueva condición en la esfera divina, él seguirá actuando con ellos. Su muerte no va a poner fin al proceso iniciado por él ni significa tampoco que él vaya a desentenderse del mundo. Los discípulos no están solos en su trabajo ni en su camino. A través de Jesús, el amor del Padre (su gloria) seguirá manifestándose en la ayuda a los discípulos para su misión.

La expresión en unión conmigo formula la experiencia de la comunidad: todos los dones que ésta recibe vienen por Jesús y toda su comunicación con el Padre se hace en Jesús. Es una de las expresiones de la realidad simbolizada bajo la figura de la rampa de Jacob; el cielo va a quedar abierto, es decir, no se interrumpirá ya la comunicación de Dios con los hombres, y el lugar de esa comunicación es Jesús. El mismo es la presencia del Padre y el acceso al Padre.

EN SÍNTESIS:

La oración de la comunidad expresa su vinculación a Jesús; se hace desde la realidad de la unión con él y a través de él. Tal vinculación, que va a definirse como identificación, hace de Jesús centro y miembro de la comunidad cristiana; así pone él su potencia a disposición de los suyos: Lo que pidáis unidos a mí, yo lo haré. Esta fórmula se refiere siempre a un verbo plural, pues dice relación a la comunidad. El contenido de la petición son los intereses de la comunidad en cuanto tal, que son los de Jesús, para realizar su obra.

La comunidad de Jesús tiene que recorrer un camino. La metáfora del camino expresa el dinamismo de la vida, que es progresión. Es un vivir que va terminando al hombre. Pero su término puede ser éxito o fracaso. El éxito es la madurez, el pleno desarrollo de las potencialidades. El fracaso, la decadencia, la ruina. Jesús marca la dirección en que el hombre se realiza: es el camino que él mismo ha abierto y trazado, el de la solidaridad con el hombre y la entrega, el del amor creciente. Ahí se encuentra el éxito de la vida, la vida definitiva. Todo otro camino lleva a la nada, a la muerte. La meta es la máxima solidaridad con el hombre, dándose enteramente por él. En ese amor se encuentra al Padre.

Pero Jesús no es solamente el camino como modelo; al mismo tiempo, la energía que él comunica (el Espíritu) impulsa y desarrolla en su misma dirección. Con el Espíritu, Jesús crea una onda de solidaridad con el hombre, de amor desinteresado que sigue sus pasos y lleva a la humanidad al encuentro final con el Padre. Así se constituirá el reino definitivo. Jesús acompaña siempre a los suyos en ese camino. No es solamente individual, sino comunitario. Su muerte no interrumpe el contacto. El los acompaña, su amor se asocia al itinerario.


o Radio Palabra:


Comentario al Evangelio del viernes, 22 de abril de 2016

            (Alejandro Carbajo, cmf) Qué bien suenan esas palabras de Jesús: “Que no tiemble su corazón; creed en Dios y creed también en mí”. Jesús es el Camino. ¿Adónde lleva este camino? Por supuesto, al Padre.



            Una vez, el patriarca Jacob tuvo un sueño: “Y he aquí, había una escalera apoyada en la tierra cuyo extremo superior alcanzaba hasta el cielo; y he aquí, los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Y he aquí, el Señor estaba sobre ella, y dijo: Yo soy el Señor el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac.” ¡Cómo nos gustaría tener esa escalera, para subir con seguridad hacia el cielo! Pero, ¿cuáles serían los escalones? ¿Quizá el guardar fielmente los Mandamientos? La historia del Antiguo Testamento demuestra que ningún mortal podía subir por esa escalera. Por eso Dios mismo vino a nosotros, bajó de los Cielos, para convertirse en nuestro Camino, en nuestra escalera.

            ¿Por qué solo Jesús es el Camino? Es el único que conoce al Padre, como él mismo nos dijo: “A Dios no lo ha visto nadie nunca,” Jesús nos muestra al Padre. “El que me ve a Mí, ve al Padre”. Él y el Padre son uno. Por eso, el que acepta a Jesús, acepta al Padre. Cristo es el modelo del peregrino que va hacia el Padre. Siguiendo a Jesús, nos hacemos como él y acabamos donde Él está, junto al Padre.

            Jesús es la Verdad. ¿Qué es la verdad? En la Carta a los Corintios, Pablo escribe: “Porque en verdad los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos, y necedad para los gentiles”. ¿No se parece esto a la búsqueda de la verdad en nuestro mundo contemporáneo? Unos se sumergen en la ciencia y la filosofía, otros en la astrología y la esotérica, pero nadie puede alcanzar así la Verdad. Porque la verdad la puede conocer solo el que conoció al Alfa y Omega, la Sabiduría, Creador de todo y de todos.

            Jesús es la Vida. El que era, El que es y El que será siempre. Junto a Él, estamos en la fuente de agua viva. Comulgando el Cuerpo de Cristo, nos llenamos de la vida en Dios. Por eso Jesús dijo: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna”.

            Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida. El que tiene a Jesús, lo tiene todo. Disfruta hoy de este enorme tesoro.

            ¡Señor Jesús, Tú eres mi Camino, mi Verdad y mi Vida! Te amo con todo mi corazón. Hazme uno Contigo en todo momento de mi vida.

Quiero que te enamores…

 

Un-padre-en-la-boda.-

❤️ ¡VALE LA PENA LEERLO! ❤

“No puedo pedirte que te enamores de un extraño, eso es absurdo; pero, quiero pedirte que, al momento de entregar tu corazón, lo hagas a sabiendas de que quien está a tu lado, es un hombre que sabrá amarte y apreciarte por la mujer que eres.

Quiero pedirte, que te enamores de un hombre de verdad; uno, que te persiga con la mirada, como un hombre enamorado; y que, se pierda en el brillo de tus ojos, aún en la oscuridad. Enamórate de un hombre, para el cual tú seas la única mujer en este mundo; y, que sea capaz de construirte un castillo, aunque solo tenga un lápiz y papel.

No puedo pedirte que te enamores de un hombre que lo haga todo; sin embargo, te pido que te enamores de un hombre que esté dispuesto a hacerlo todo por ti.

Quiero que te enamores de un hombre con la suficiente hombría para cocinar por las noches, o cuándo estés cansada. Un hombre que pueda coser un botón de tu blusa favorita, para que puedas llegar a tiempo a esa reunión; y, por qué no, que te diga al oído que: todo estará bien.

Enamórate de un hombre que valore a Dios, a la familia y los amigos. Pues en la vida, necesitará de todos ellos. Y, si es un ladrón, procura que te robe solo algunos besos; pues, ya te habrá robado el corazón.

Quiero que te enamores de aquel que acaricie tu rostro y juegue con tu pelo, así sabrás que su mente está solo contigo. Cualquiera puede decir un “te amo”; pero, el amor se demuestra cada día, y en los pequeños: “te quiero”…

Quiero que te enamores de un hombre que procure llenarte de alegría; y que te haga sonreír, aún en tus días más difíciles. Enamórate de aquel hombre, que no se aproveche de ti, ni aún en tus momentos de vulnerabilidad. Un verdadero hombre te respetará, incluso, cuando tú no quieras.

Enamórate de un hombre que no haga alarde de los bienes que tiene; sino, que sepa apreciar y valorar todo aquello que ha vivido, las personas con las cuáles ha compartido y las experiencias que en la vida ha acumulado.

Enamórate de alguien a quien le guste cocinar y ejercitarse, así tendrás la excusa perfecta para comer tus caprichos; y luego, pasar el tiempo juntos: “quemando esas calorías”. Quiero que te enamores de un hombre que esté dispuesto a llevarte la contraria; y, que tenga un punto de vista distinto al tuyo. Así, en la salud, la distancia o la enfermedad, sabrás que siempre podrás contar con alguien que estará a tu lado: a pesar, de cualquier diferencia.

Enamórate de un hombre que te tenga presente a cada momento del día; y, que te llene la vida de detalles. Un hombre, que jamás te oculte lo que siente; y te diga, lo que necesitas saber. Quiero que te enamores de alguien que sepa escucharte, aún en el sórdido silencio del olvido.

Enamórate de un hombre que sea libre, que sea tuyo; que te ame, y que se deje amar por ti. Enamórate de alguien que, aunque no sea yo, te haga feliz.

Al final, si aún no has comprendido, eres tan digna de este amor tan tuyo y tan mío, que aquél de quién te enamores sabrá, que: sólo un hombre de verdad, es digno de ti.

No te conformes con menos…

Nunca bajes el listón de lo alto.

Te lo dice:

“UN HOMBRE ENAMORADO DE TI”

TE AMO…

“TU PADRE”.

Fuente:  Noviazgo santo hoy.

P. D.  Me gustó este artículo y lo comparto por este medio. Creo que no sólo va dirigido a la Mujer sino también al Varón, que hoy más que nunca, debe tener esos detalles para con su amada.

 

Comentario al Evangelio de hoy jueves, 21 de abril de 2016

Queridos amigos, paz y bien.

Seguimos profundizando en el mensaje de Jesús. La primera lectura nos da una visión rápida de la historia de la salvación. Cómo llegamos a Jesús, desde los días de Egipto. En pocas líneas, vemos cómo Cristo es el cumplimiento de la promesa. Anunciado por muchos a lo largo de la historia.


El Evangelio nos recuerda que el amor que Dios nos tiene se debe transformar en obras, en servicio, para renovar la entrega de Cristo. Es poner en práctica el “amaos los unos a los otros, como yo os he amado”. Convertirnos en levadura para renovar el mundo desde dentro. Para vencer el egoísmo que impera en el mundo, necesitamos entregarnos a los demás. Y sirviendo se puede uno realizar, y, realizándose, ser feliz.

Es un buen día hoy para recordar el momento en que Cristo encarga a sus apóstoles repetir lo que Él ha hecho, el Jueves Santo. Cada uno de ellos se convierte en copartícipe de la misión de Jesús. Para ello, habrán de entregarse al servicio de Dios para salvar al hombre. Rezad por los que se han decidido a seguir más de cerca al Maestro, para que seamos cada día más santos y más entregados.

En este comienzo del siglo XXI sigue habiendo muchos signos de muerte. El Evangelio nos recuerda que con el servicio podemos ser lámparas que alumbren al mundo. Con humildad. El discípulo no es más que su Maestro. Jesús tuvo muchos problemas en su vida. No es de extrañar que nosotros, siervos inútiles, también los tengamos, si queremos vivir en fidelidad.

Que sepamos seguir hacia delante, a pesar de las traiciones, de las dificultades y de nuestra debilidad. Que, mirando a Cristo, podamos vivir con esperanza.

            Vuestro hermano en la fe, Alejandro, CMF

Comentario al Evangelio de hoy miércoles, 20 de abril de 2016

RADIO PALABRA:


Queridos amigos, paz y bien.


            ¡Es increíble cómo la Buena Noticia, expandida gracias a doce Apóstoles, llegó a todo el mundo! Y todo comenzó con Pentecostés, cuando el Espíritu Santo bajó sobre todos los reunidos en el Cenáculo y les llenó con su gracia para anunciar la Palabra de Dios en muchas lenguas. Ese día, tres mil personas escucharon el testimonio y creyeron.

            Muy pronto, después de esto Pedro y Juan curaron a un cojo de nacimiento. Este milagro provocó nuevas conversiones – otros dos mil – entre los judíos. Los Apóstoles empezaron a predicar en el templo, a hacer milagros y todavía más gente les siguió. Después de la muerte de Esteban comenzaron las persecuciones, y los cristianos se extendieron por Judea y Samaría, predicando el Evangelio. Y, por fin, gracias a los esfuerzos misioneros de Pablo y Bernabé, la Palabra de Dios llegó a Éfeso, Corinto, Roma o incluso España.

            Después de dos mil años, la Buena Nueva sigue extendiéndose por todo el mundo. Por todos los continentes, en todas las latitudes, los cristianos siguen testimoniando de qué manera el amor de Dios cambia sus vidas.

            Hoy el Espíritu Santo arde en ti y te empuja a extender el mensaje del amor de Dios por todo el mundo. La Palabra de Dios no retorna nunca a Él vacía, sino que cumple la función para la que fue enviada. Puedes estar seguro de que cada posibilidad que tú uses de anunciar el Evangelio será bendecida. Quizá veas alguna conversión, quizá seas fuente de bendición en la familia, o entre los amigos, o en el trabajo. No importa lo grande o pequeño que sea el fruto de tu esfuerzo. Recuerda que Dios ve todo lo que haces por amor y te recompensará.

            ¡Señor, te doy gracias porque tu Palabra no regresa a Ti vacía! Dame el valor para hablar de tu amor a todos los que encuentro en mi camino. Enséñame a repartir esperanza a todos los que necesitan la luz de Cristo.
 
            Vuestro hermano en la fe, Alejandro, CMF

Psalm 121

El laico pregunta al salir del templo: ¿de dónde me vendrá el auxilio?, y el sacerdote le responde desde dentro: El auxilio te viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.


En árabe:


I lift up my eyes to the mountains; where is my help to come from?
My help comes from Yahweh who made heaven and earth.
May he save your foot from stumbling; may he, your guardian, not fall asleep!
You see*he neither sleeps nor slumbers, the guardian of Israel.
Yahweh is your guardian, your shade, Yahweh, at your right hand.
By day the sun will not strike you, nor the moon by night.
Yahweh guards you from all harm Yahweh guards your life,
Yahweh guards your comings and goings, henceforth and for ever.


en hebreo:

Para un estudio más profundo, visita: https://frpicus.wordpress.com/page/3/

https://frpicus.wordpress.com/2016/02/25/del-senor-me-viene-el-auxilio-comentario-i/

Comentario al Evangelio del viernes, 15 de abril de 2016


La conversión de Pablo es uno de los acontecimientos más grandiosos que han sucedido en la historia de la Iglesia. Lucas menciona tres veces la conversión de Pablo en los Hechos. Pero el mismo Pablo nunca describe el acontecimiento, simplemente lo afirma. Con toda seguridad, su conversión era contada una y otra vez en todas las comunidades cristianas de la época: el perseguidor de nuestra fe se ha convertido en el más dinámico apóstol que lleva la Palabra de Jesús por todo el Imperio Romano.

Para describir esta escena, Lucas utiliza las imágenes bíblicas, tan frecuentes en el Antiguo Testamento, de las intervenciones espectaculares de Dios: se abre el cielo, brilla una gran luz, se oye una voz potente, los presentes caen derribados por tierra. Confusión y aturdimiento de Saulo, quien ciego y derrotado, es conducido de la mano a la ciudad de Damasco.

Mientras tanto, en la ciudad, Jesús pone en movimiento a la comunidad cristiana que esperaba atemorizada ante la llegada del perseguidor. Ananías es quien en nombre de Jesús le comunica la misión a la que está destinado. Saulo acepta la misión, recobra la vista, es bautizado y recupera las fuerzas.

Pablo se sentirá ya hasta su muerte fascinado por Jesús, por Él vivirá y sufrirá siendo su testigo en medio de hombres y mujeres de razas, religiones y culturas diferentes.

Pablo, que tanto ha hecho sufrir a los cristianos, tendrá que sufrir a su vez por el nombre de Jesús en muchas ocasiones. Esta vida y pasión de Pablo, siguiendo las huellas de su Señor, le acompañará hasta consumar su misión evangelizadora con el martirio en Roma.
¿Puede sucedernos a nosotros algo parecido en la vivencia de nuestra fe? De hecho en la historia de la Iglesia muchos cristianos y cristianas recorren también “el camino de Damasco” de la conversión. El Señor Jesús les hace conocer su santa voluntad y se produce un cambio total en su vida. Ojalá encontremos hermanos que como Ananías nos den la mano para llevar a buen término la voluntad del Señor en nuestras vidas.

¿Es cierto que sin conversión no se puede ser cristiano de verdad? Sí, la fe es un don de Dios, un regalo, pero se nos exige vivirla con todas sus consecuencias, y a eso llamamos “conversión”.

En el evangelio hemos escuchado hoy estas palabras de Jesús: “Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”.

Son palabras que acentúan el realismo de la eucaristía, tan real como el alimento que comemos cada día para estar sanos y fuertes. Comiendo la carne gloriosa de Jesús, pan de vida, el creyente recibe la vida divina para transformarse en apóstol y comunicarla a los demás.
Alejandra ha tenido una profunda experiencia de Dios y cuando el periodista le pregunta:

¿Qué consejo les darías a las personas que están alejadas y endurecidas frente a Dios? Ella responde:

“Consejo ninguno, solo decirles que Él cuida de ellas y tiene una historia de amor con cada una de ellas, que las ama con locura, y siempre está con los brazos abiertos, esperando, como la parábola del hijo pródigo. Me recuerda esta situación a la madre que tiene un hijo drogadicto. Ella odia profundamente la droga que la separa de su hijo y le impide disfrutar de todo lo bueno de la vida y, sin embargo, ama con todo su corazón a su hijo y hará todo lo que esté en su mano para sacarlo de ese mundo. Pues de ese modo veo yo la situación de las personas que viven de espaldas al Señor, a nosotros nos queda pedir por ellas, porque Él sabe lo que más les conviene”.