Siempre triunfa el amor

Siempre triunfa el amor a pesar

 de los apagados atardeceres,

si bien se haya silenciado la luz apego

y aunque el inoportuno destierro,

 haya  llenado de abrojos el camino

y detenido el calor de los

 jubilosos quereres.

Siempre triunfa el amor,

no obstante lo llenan de mentiras,

odios y caminos sin huellas.

Siempre triunfa el amor,

aunque no te des cuenta,

porque el amor es verdad,

si bien a veces parezca tormenta.

La magia del amor siempre triunfa

sólo espera que llegue,

te ilumine con su luz

y vuelvan de nuevo a brillar

los enlutados atardeceres.

¿QUÉ TENGO YO?

El soneto clásico de las Rimas sacras de Lope de Vega, incluído entre los himnos de la Liturgia de las Horas, doliéndose sincera y hondamente de la dureza de corazón al aplazar un día y otro día el convertirse, evoca la experiencia, nunca frustrada, de la misericordia y el amor de Cristo y nos recuerda la imagen expresiva y tierna del Apocalipsis, 3, 20: “Mira que estoy a la puerta y llamo”.

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el Ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

Letra: Lope de Vega.

Música: Antonio Alcalde.

Gracias

Padre, te doy gracias por este día.
Te agradezco mi perfecta salud
Agradezco toda mi alegría
Agradezco la oportunidad de saber más
Te agradezco los bienes y bendiciones que he recibido
Agradezco la armonía de mi hogar.
Agradezco mi crecimiento.
Agradezco lo que voy a recibir.
Sé que mi actitud de agradecimiento me abre los portales que me conducen a una vida próspera y abundante.
Gracias, Dios, por este día tan extraordinario
Gracias por mis hijos
Gracias por mi esposa
Gracias por mis padres
Gracias por los árboles
Gracias por el azul del cielo
Gracias por la naturaleza, las plantas y los animales
Gracias por mi cuerpo.
Gracias por dejarme ver, oír, sentir, saborear y tocar,
Gracias por mi casa
Gracias por mis familiares y amigos
Gracias por mi trabajo
Gracias por ni negocio
Gracias por mis ingresos
Gracias por mis talentos y capacidades
Gracias a mis experiencias pasadas porque me han hecho más fuerte
Gracias por el día de hoy y por todas las mañanas que han de venir.
Agradezco y acepto todo el bien que me ofrece la vida.
Gracias Divinidad
Gracias Padre
Gracias Dios

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Nada te turbe,

nada te espante,

todo se pasa,

Dios no se muda;

la paciencia

todo lo alcanza;

quien a Dios tiene

nada le falta:

sólo Dios basta.

 

ESTE ES UN NUEVO DÍA – FACUNDO CABRAL

 

Esta es la canción que canto cada mañana al despertar,

Para agradecerle al Cielo,

La gentileza de un nuevo día,

Es decir de una nueva oportunidad.

Porque siempre se puede empezar de nuevo,

En una eternidad siempre se puede empezar de nuevo,

Y esto es tan cierto como que el paraiso no está perdido sino olvidado.

 

Canto:

Este es un nuevo día,

Para empezar de nuevo,

Para buscar al ángel,

Que me crece los sueños.

 

Para cantar,

Para reir,

Para volver

A ser feliz. Bis.

 

Prosa:

Todos nacemos con un ángel de la guarda,

Pero pocos lo conservamos,

Hay quien prefiere un sicoanalista.

Todos tenemos una conciencia,

Pero pocos la escuchamos,

Hay quien prefiere la televisión.

 

Todos somos ricos, es decir hijos de Dios,

Pero pocos lo sabemos,

 

Perdona hermano que yo no entienda que no seas feliz

en tan bello planeta,

que hayas hecho un cementerio de esta tierra,

que es una fiesta.

 

Tienes un corazón, un cerebro,

Un alma, un espíritu,

Entonces como puedes sentirte pobre y desdichado.

 

 

Canto:

En este nuevo día,

Yo dejaré al espejo,

Y trataré de ser,

Por fin un hombre nuevo,

 

De cara al Sol,

Caminaré,

Y con la Luna,

Volaré. Bis.

 

 

Prosa:

Ahora mismo le puedes decir basta a la mujer que ya no te gusta,

Al hombre que ya no amas,

Al trabajo que odias,

A las cosas que te encadenan a la tarjeta de crédito,

A los noticieros que te envenenan desde la mañana y desde el helicóptero,

A los que quieren dirigir tu vida.

 

Ahora mismo le puedes decir basta al miedo que heredaste,

Porque la vida es aquí y ahora mismo,

Por eso:

 

 

 

Canto:

Este es un nuevo día,

Para empezar de nuevo,

Para buscar al ángel,

Que nos crece los sueños.

 

Para cantar,

Para reir,

Para volver

A ser feliz.  Bis

 

¡Sí Señor!.

 

Comentario al Evangelio de hoy jueves, 21 de julio de 2016

Desde hace unos años se han puesto de moda novelas y películas con un tema muy parejo: en todas ellas se habla de un misterio muy importante, del que el protagonista tiene que seguir la pista pasando por pruebas y dificultades a cuál más complicada y difícil de superar. El misterio tiene siempre un calado “misterioso” que afecta a la supervivencia de la vida en el planeta, al futuro de la humanidad. El protagonista se constituye en salvador de la humanidad al defender el misterioso secreto de las fuerzas del mal que se intentan apoderar de él para dominarnos y destruirnos. Seguro que la mayoría de los lectores de estas líneas podrían poner ahora mismo sobre la mesa los títulos de varios películas y novelas con un tema muy parecido. 

      La realidad es mucho más rutinaria. No existe ese gran secreto. No existe ese gran misterio. No hay salvadores en los que confiar ciegamente. Las fuerzas del mal no andan por ahí amenazándonos. En realidad, todo se juega en nuestro corazón y en las relaciones entre las personas. Como Jesús dice en el Evangelio de hoy: “a vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino”.

      ¿Qué misterio es ése? No está escondido ni hay que superar pruebas imposibles para conocerlo. Está ahí. En la vida de Jesús, en sus palabras, en sus hechos. El misterio es el amor de Dios. El misterio es el Reino. El misterio es que la salvación no viene a nosotros ni a nuestro mundo de una forma milagrosa, de golpe o por la intervención de un héroe sino que es fruto del esfuerzo, del compromiso, del trabajo diario en favor del Reino. 

      La salvación no es algo que está en el futuro sino que la vamos actuando ya aquí y ahora cuando nos comportamos como Jesús, cuando trabajamos por la justicia y la fraternidad, cuando acogemos a todos, cuando los marginados y rechazados encuentran en nuestra casa la acogida que les dedicó Jesús. La salvación se nos da cuando somos capaces de amar gratuitamente y sin pedir nada a cambio. 

      El milagro verdadero es el de la fidelidad al Evangelio en el día a día de nuestras vidas. El misterio del Reino se transparenta en las cosas más sencillas del día a día: en el cariño de unos esposos y en la sonrisa de un niño, en el trabajo del juez que se esfuerza por hacer justicia de forma imparcial y en el político (que también los hay) honesto que dedica su vida al servicio del bien común. 

      Se están produciendo miles de milagros de esos cada día. Hay millones de héroes que están salvando al mundo y a mí mismo, que escribo estas líneas y que quizá no hago todo lo que debiera hacer para transparentar con mi vida y mi forma de comportarme el misterio del Reino. Que no seamos de esos que han cerrado los ojos y los oídos a ese despliegue del amor de Dios en nuestro mundo que son los millones de personas que viven comprometidos en crear un mundo mejor y más justo y más hermano.

Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,41-50):

(Alejandro Carbajo, cmfQueridos amigos, paz y bien.

La cuestión del dinero, la riqueza, los ricos, ha sido siempre muy discutida. Mejor, qué hacer con el dinero, qué le está permitido a un rico católico, o si puede haber ricos católicos. Trabajar en Rusia me ha dado la posibilidad de tomar contacto con la Doctrina Social de la Iglesia y, sobre todo, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia,que puedes consultar en este enlace. La Iglesia no habla mal del dinero ni de los ricos. Habla del mal uso del dinero y de la riqueza.

Lo que la doctrina de la Iglesia recuerda es que, por encima de todo, está el bien común. Y entre las múltiples implicaciones del bien común se encuentra “el principio del destino universal de los bienes”. Dice el número 171 del Compendio: « Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad ». Este principio se basa en el hecho que « el origen primigenio de todo lo que es un bien es el acto mismo de Dios que ha creado al mundo y al hombre, y que ha dado a éste la tierra para que la domine con su trabajo y goce de sus frutos (cf. Gn 1,28-29). Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno. He ahí, pues, la raíz primera del destino universal de los bienes de la tierra. Ésta, por su misma fecundidad y capacidad de satisfacer las necesidades del hombre, es el primer don de Dios para el sustento de la vida humana ». La persona, en efecto, no puede prescindir de los bienes materiales que responden a sus necesidades primarias y constituyen las condiciones básicas para su existencia; estos bienes le son absolutamente indispensables para alimentarse y crecer, para comunicarse, para asociarse y para poder conseguir las más altas finalidades a que está llamada.

Y el número 178 recuerda que “La enseñanza social de la Iglesia exhorta a reconocer la función social de cualquier forma de posesión privada, en clara referencia a las exigencias imprescindibles del bien común. El hombre «no debe tener las cosas exteriores que legítimamente posee como exclusivamente suyas, sino también como comunes, en el sentido de que no le aprovechen a él solamente, sino también a los demás». El destino universal de los bienes comporta vínculos sobre su uso por parte de los legítimos propietarios. El individuo no puede obrar prescindiendo de los efectos del uso de los propios recursos, sino que debe actuar en modo que persiga, además de las ventajas personales y familiares, también el bien común. De ahí deriva el deber por parte de los propietarios de no tener inoperantes los bienes poseídos y de destinarlos a la actividad productiva, confiándolos incluso a quien tiene el deseo y la capacidad de hacerlos producir.”

Aquí se encuentra la raíz del problema. Podemos tener poco y ser muy avaros, egoístas, o se puede tener mucho y compartir. Por supuesto, es cuestión de actitud. De vivir atentos a las necesidades de los demás, y ayudar en la medida de las posibilidades. Y ser justo en las relaciones sociales, laborales y económicas.

Ojalá que no tengamos que cortarnos una mano o un pie por culpa de los bienes temporales. Quiera Dios que el Espíritu nos ayude a ser sal de la tierra, y vivir en paz con todos.

Comentario al Evangelio de hoy domingo, 24 de abril de 2016


Jesús aborda dos temas, favoritos del evangelista: la gloria y el amor.
Acace durante la última cena, tras lavar los pies a sus discípulos, e inmediatamente después de que le diera un trozo de pan mojado al que lo traiciona. El texto litúrgico trae un añadido para poner el contexto: “Cuando salió Judas del Cenáculo…”

Jesús dice que la entrega de su vida -que va a ser “pronto”- manifiesta su gloria (se refiere a sí mismo como “Hijo del hombre”) y la gloria de Dios.

Como le “queda poco tiempo de estar entre vosotros”, da a conocer su última voluntad, a la que llama “mandamiento nuevo”, presentándose así como un nuevo Moisés (que había dado los diez mandamiento). Tal será “la señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos” -por tanto es algo que pide sólo a su comunidad de seguidores- y consiste en el amor mutuo (“unos a otros”, por dos veces insiste en que ha de ser recíproco entre sus discípulos) concretado en el servicio mutuo (“como yo os he amado”, siendo así que nos “amó hasta el extremo” -13,1- expresado con el gesto de “lavar los pies de los discípulos” -13,5-). Ya había hablado antes sobre este servicio recíproco (“también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros” -13,14) y cómo es Él el punto de referencia (“os he dado ejemplo para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros” -13,15).  Por tanto, se modifica el antiguo punto de referencia: “Ama a los demás como a ti mismo”. Este “amor extremo” de Jesús se manifesta en la entrega de su vida, también sus discípulos han de desvivirse unos por otros.

El texto litúrgico omite 13,33b que introduce un tema del que hablará más tarde: “a donde yo voy vosotros no podéis venir”

Al releer este bonito texto del Evangelio, no puedo dejar de acordarme de mi hermana de comunidad Ana (trabaja también en un hospital, como pediatra). Ella está obsesionada por cómo los demás notan que es seglar comprometida y pertenece a una comunidad cristiana. “¿Se me notará en medio del hospital, entre mis amigos, en mi familia?” Nosotros nos reímos a veces por esta obsesión, y algún gracioso le dice que ¡se le nota en los andares!

Sin embargo, haciendo memoria, recuerdo que un día nos contaste que, una noche al estar de guardia, atendiste a una madre con su niño pequeño. Trataste al niño, lo exploraste, le pusiste el tratamiento y le diste de alta. Eran las cuatro o las cinco de la mañana y te retiraste  hasta el siguiente aviso.

De repente se te ilumino el corazón, en la calle estaba diluviando y te acordaste de aquella pobre señora con el niño. Había venido al hospital en una ambulancia y ahora no tenía medios para volver a su casa. Y por lo que comentó anteriormente, ella vivía en un barrio en las periferias.

Al sentir esto, tu corazón se conmovió, y saliste al encuentro de la madre y el niño. Todavía seguían en la sala de espera, menos mal. La miraste y le pediste una ambulancia para poder regresar a su domicilio. Seguro que alguien a tu alrededor se percató de este hecho. Pues ahí, en esos pequeños detalles de Amor, de acercarse al otro, de ponerse en el lugar del otro, se nos conocerá que somos discípulos, que nos une el Amor de unos a otros.
De este modo somos expresión del Amor con que Dios nos Ama.

El AMOR es el motor del mundo. Y de la familia. Nuestros hijos, que están “al loro” de todo, tienen que percibirlo. Aunque sólo vean la punta de un iceberg que queda oculto a su ingenuidad, ya que no se percatarán del esfuerzo que hay detrás de una mesa puesta, una casa recogida, un uniforme planchado, un carro de la compra del supermercado, un apoyo en la tarea de clase o un rato de escucha en exclusiva, seguramente, hasta que les toque a ellos como padres.

Las cosas se hacen a veces, inevitablemente, rozando la desesperación propia del agotamiento. Pero cuando se hacen desde la perspectiva de que Dios es un miembro más de la familia, incluso en esos momentos extremos, cobran una especial trascendencia.
Una vez más sale a relucir la educación en el ejemplo, en la coherencia, en el entendimiento en la pareja educadora y con la mirada puesta en el Señor.

Psalm 121

El laico pregunta al salir del templo: ¿de dónde me vendrá el auxilio?, y el sacerdote le responde desde dentro: El auxilio te viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.


En árabe:


I lift up my eyes to the mountains; where is my help to come from?
My help comes from Yahweh who made heaven and earth.
May he save your foot from stumbling; may he, your guardian, not fall asleep!
You see*he neither sleeps nor slumbers, the guardian of Israel.
Yahweh is your guardian, your shade, Yahweh, at your right hand.
By day the sun will not strike you, nor the moon by night.
Yahweh guards you from all harm Yahweh guards your life,
Yahweh guards your comings and goings, henceforth and for ever.


en hebreo:

Para un estudio más profundo, visita: https://frpicus.wordpress.com/page/3/

https://frpicus.wordpress.com/2016/02/25/del-senor-me-viene-el-auxilio-comentario-i/

Comentario al Evangelio de hoy jueves, 14 de abril de 2016


Hoy el libro de los Hechos nos presenta un cambio de escena en la campaña misionera de Felipe. La iniciativa del Espíritu, que es lo que continuamente está resaltando Lucas, aparece aquí más clara todavía. Felipe recibe una orden que lo lleva, no a la ciudad sino al desierto; no a evangelizar multitudes, sino a una sola persona de la que no conocemos ni siquiera su nombre, sólo se nos dice que era etíope, o sea de una región lejanísima. Por primera vez se anuncia el evangelio a un extranjero. Esta narración está dando como un eco al encuentro de Jesús con los dos discípulos  camino de Emaús.

El etíope en su carroza estaba leyendo una profecía de Isaías. El pasaje era éste: «Como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de los vivos.» Parece ser que con este mismo texto del profeta Isaías la comunidad cristiana de aquella época iluminaba el sentido de la pasión y muerte de Jesús. Y partiendo de ese texto Felipe anuncia al etíope el sentido de la pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús. El etíope tiene tanto interés en conocer el sentido de la Palabra de Dios, que con toda sencillez escucha las explicaciones de  Felipe. Y su respuesta inmediata es la fe en Jesús, una fe que se completa y se confirma con el Bautismo. 
Lucas ha embellecido su narración con un hermoso símbolo que da unidad a la narración: del terreno desierto brota una fuente de agua vivificante; del libro incomprensible brota un sentido que ilumina y transforma; y el hombre estéril, el eunuco etíope, recobra una nueva vida.
De pronto, Felipe desaparece de la escena, pero la alegría acompaña al peregrino durante el camino de regreso a su patria.



En el evangelio de hoy  leemos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre”.

Los antiguos Mártires de la Iglesia ya decían que sin la Eucaristía no estaban preparados para el martirio. El mártir cristiano siempre ha buscado en la Eucaristía el pan para vencer el sufrimiento y la muerte. En la película “Un Dios prohibido” hay una escena muy emocionante: ¡cuando les reparten el bocadillo del desayuno aparece encima del trocito de chocolate la sagrada forma para comulgar! ¿Cómo estos jóvenes iban a poder enfrentar solos los sufrimientos y torturas del martirio? El Señor quiso hacerse prisionero con ellos para sostenerlos en la lucha. Y por eso alcanzaron la palma del martirio como verdaderos héroes de la fe.

“LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA”

 

 Tú dices: ” Yo soy la resurrección y la vida”, 

y todo cambia a nuestros ojos. 

En tus manos se transforma el mundo, Señor. 

Nuestra tierra, escenario del odio,

se convierte en la semilla de tu Reino.

En tus surcos, Tú trabajas.

 

Nuestra alegría, que pronto pasa, 

se hace semilla de alegría eterna. 

De su luz Tú sacas el sol.

 

La muerte ya no pone término, 

porque en el término Tú siembras el comienzo,

el amanecer de todo lo nuevo.

 

La vida y la muerte en duro combate.

Vence la vida porque Tú estás con ella.

Y nosotros vencemos contigo. 

 

En ti resucitó la tierra. En ti resucitó el cielo.

 En ti se hunde todo y se yergue, sola, la vida.

 

(P. Loidi)

El Viernes santo al alma

Alma, pues hoy el que formó la vida
y el que tiene poder sobre la muerte,
sólo por remediar tu eterna muerte
dio el precio inestimable de su vida,

mira que es justo que en ti tengan vida
los méritos y pasos de su muerte,
y conoce que es viento, sombra o muerte
cuando el error del mundo llama vida.

Y así podrás, saliendo de esta muerte,
entrar en posesión de aquella vida
que no la acabará tiempo ni muerte.

Endereza el camino a mejor vida,
deja el siniestro que te lleva a muerte,
que el derecho es más llano y va a la vida.

“El nombre de Jesús es superior a todo nombre, porque delante de él se dobla toda rodilla. Si lo predicas, ablanda las voluntades más obstinadas. Si lo invocas, dulcifica las más ásperas tentaciones. Si piensas en él, se te ilumina la inteligencia. Si lo lees, te alimenta el corazón.”

“¿Saben cuál es el poder más bello y más laudable? Es aquel que domina a sí mismo su propia soberbia.”

“La esperanza es la aceptación de los bienes futuros.”

“El rostro de Dios está impreso en nuestra razón.”

“La habitual contemplación de Cristo paciente y despreciado, y el recuerdo de sus sacrificios, hacen insensibles los placeres y gozos de la tierra.”

“El lobo devora con gusto a su presa; así el demonio busca, sobre todo, manchar la pureza.”

“¡Qué grande es la vanagloria de creerse que pueda el hombre hacerse Dios! ¡Desgraciado! Por haber querido vanamante divinizarte te has rebajado hasta infrahumanizarte.”

“¡Oh bondad de Dios! ¡Oh dignidad del penitente! Aquel que habita en la eternidad habita en el corazón del humilde y en el espíritu del penitente!”

“Me confieso con un hombre, pero no como a un hombre, sino como a Dios.”

“David tiró por tierra a Goliat con la honda y una piedra; así Cristo con la honda de la humanidad y la piedra de la Pasión venció al diablo.”

“Casa de Dios llaman también a la confesión por la reconciliación del pecador. En ella se reconcilia el hombre con Dios, como se reconcilia el hijo con el padre cuando éste le recibe en la casa paterna.”

“Si en la casa de la confesión se hace oír la sinfonía del canto y de la compunción amarga, responde inmediatamente al unísono el coro de la divina misericordia para perdonar los pecados.”

“Roguemos al mismo Jesucristo, Hijo de Dios, y pidámosle insistentemente nos conceda llegar con espíritu contrito al desierto de la confesión y merezcamos recibir esta cuaresma, el perdón de nuestras iniquidades.”

“Tan pobre como es la mesa que carece de pan, así la vida más ejemplar resulta vacía si le falta amor.”

“Hijo mío, si te pones al servicio del Señor, prepara tu alma para la tentación.”

“Cristo, el sol divino, estaba protegido por la nube, la Virgen María, y emitía sus rayos de oro, a través de los ojos y del semblante de su Madre. Sí, el semblante de María está lleno de todas las gracias, grato a los ojos de Dios y espejo para todos los hombres.”

“María es como el arco-iris, señal de reconciliación entre Dios y los hombres. Es como un capullo de rosa que abre sus pétalos en pleno invierno; como un lirio que crece junto a la corriente de las aguas; como un incienso que esparce suaves aromas. Ella es un cáliz de oro cubierto de piedras preciosas, un olivo que jamás pierde su follaje, un ciprés que se eleva sobre todos los árboles del bosque.”

“María es como la estrella de la mañana en medio de la oscuridad de las nubes, y el curso de su vida brilló como resplandece la luna en la plenitud de su luz. Como el sol, envía también ella fúlgidos resplandores.”

“La fe y la esperanza son las dos alas del alma, con ellas se eleva de las cosas terrenas y asciende de lo visible a lo invisible.”

“No es el juicio de los hombres que nos manifestará lo que somos. Los hombres se engañan y se dejan engañar; llaman al mal, bien y al bien, mal. Cada uno vale lo que vale delante de Dios y nada más.”

“La puerta del cielo es baja, y quien quiere entrar debe necesariamente inclinarse. Nos lo enseñó el propio Jesús, quien al morir, inclinó la cabeza.”

“Cuando el hombre espiritual se siente agobiado por la tentación, por alguna terrible sugestión diabólica, levántese pronto para la lucha y eleve su mente a las cosas celestiales.”

“Quien hace ostentación de los propios dotes y de sus buenas acciones, comete una especia de idolatría, que es el más grande de los pecados, porque llega a negar la gracia de Dios, se atribuye lo que únicamente es don de Dios.”

“Sólo en caso de necesidad y después de habernos corregido a nosotros mismos, se puede reprender a los demás.”

“Prefieran más ser amados que temidos. El amor dulcifica lo amargo y aligera el peso insoportable. El temor, al contrario, nos hace intolerables hasta las cosas más insignificantes.”

“La avaricia roba, hiere y chupa la sangre. ¡Maldito el avaro! Poseído por la codicia del dinero, esa plata miserable que encierra el genio del mal, el avaro husmea doquiera el olor de la ganancia, oprime al pobre y desangra al desgraciado. No tiene corazón en el pecho. No ve la angustia de las lágrimas. No siente piedad. Sus manos chorrean sangre: sangre de los pobres, viudas y huérfanos. Sus vestidos están tejidos de robos y rapiñas. Su opulencia es su condenación. Aplastad al ladrón infame bajo las piedras de la maldición.”

“Espinas son las riquezas. Y cuando pinchan hacen brotar la sangre. Bestias feroces son los pérfidos usureros, que roban y devoran. Raza maldita, se han desarrollado y esparcido por todas partes. No respetan ni al Señor ni a los hombres. A veces tienen la osadía e hipocresía de dar limosna que chorrea sangre de pobres.”

“El que posee bienes, que utilice lo necesario para comer y vestir, el resto entréguelo al hermano necesitado, por el que Cristo murió. Si no da, si hace el tacaño ante la necesidad del pobre, peca mortalmente, no está en él la gracia de Dios, ya que si la tuviese, sería generoso con el hermano.”

“¡Ay de los que tienen la despensa y los graneros repletos y el ropero bien provisto, mientras los pobres de Cristo, hambrientos y desnudos, gritan desconsolados ante sus puertas, no obteniendo más que algunas migajas de lo sobrante!”

“La naturaleza nos engendra pobres: desnudos nacemos y desnudos morimos. La malicia humana ha creado a los ricos y el que quiere serlo cae en la red tendida por el diablo.”

“Oh pobreza, fuente de alegría cuando es auténtica, tesoro que los hijos del diablo desprecian y odian, ¡tus encantos hacen saborear delicias eternas a los que en verdad te aman!”

“Debemos a menudo meditar la Pasión del Señor. De ello debemos servirnos como de un sudario, para secar el sudor de nuestras fatigas y la sangre de nuestros sufrimientos. En toda prueba debemos recordar los ejemplos de paciencia que nos dio Jesús.”

“Si tú predicas a Jesús, Él ablanda los corazones y dulcifica las ásperas tentaciones. Si piensas en Él, domina tu corazón. Si lo lees, sacia tu mente.”

“Jesús es un nombre dulce que alimenta la esperanza; nombre que es, como dice San Bernardo, júbilo para el corazón, melodía para el oído y miel para la boca.”

“Quien se humilla en el pensamiento de la muerte, pone en orden toda su vida, y está atento a todo lo que le rodea. Sacude de sí la ociosidad, se da ánimo, en los trabajos y confía en la misericordia del Señor, y dirige el curso de la existencia hacia el puerto de la eternidad.”

“Con la muerte volvemos a Dios, como el navegante entra en la tranquila bahía del puerto. Escapados de la tempestad del mundo, nos refugiamos en la paz de la vida inmortal. Volvemos a Dios como el niño lloroso se recuesta contra el seno de su madre que lo acaricia y enjuga sus lágrimas. Del llanto de este mundo los justos entran en la gloria, donde Dios ‘enjugará toda lágrima’.”

“¡Vivir sin Jesús es morir! ¡Jesús, nombre dulce y consolador, esperanza de eterna dicha! ¡Es alegría al corazón, melodía al oído, miel a los labios!”

“Después de haber cometido tantos pecados al alma infeliz no le queda otro remedio que la confesión.”

Espíritu de Dios en el hombre

Dicen que si escucho muy dentro
ahí habitas.
Más dentro que el miedo o el coraje.
Más profundo que la risa o la lágrima.
Más mío que la certeza o la duda.
Más amor que el más tierno abrazo.

Dicen que tu voz arrulla los vacíos
y tu silencio acalla los ruidos.
Dicen que sacias el hambre
de quien no sabe,
de quien no tiene,
de quien no puede,
de quien no llega…

Y vuelcas, en mí, palabras de evangelio
y justicia, de perdón y paz,
de llamada y envío, de encuentro…
nombres que en toda lengua se entienden.

Agua fresca en la garganta reseca,
rescoldo de una Vida
que se niega a rendirse,
serenidad en la hora crítica,
tormenta en la historia insípida,

puente que salta abismos imposibles…
… haciendo de mi casa pequeña
la mansión de un Dios.

(José María R. Olaizola sj)

Comentario al Evangelio de hoy jueves, 17 de diciembre de 2015

Lectura del libro del Génesis (49,1-2.8-10):

En aquellos días, Jacob llamó a sus hijos y les dijo: «Reuníos, que os voy a contar lo que os va a suceder en el futuro; agrupaos y escuchadme, hijos de Jacob, oíd a vuestro padre Israel: A ti, Judá, te alabarán tus hermanos, pondrás la mano sobre la cerviz de tus enemigos, se postrarán ante ti los hijos de tu padre. Judá es un león agazapado, has vuelto de hacer presa, hijo mío; se agacha y se tumba como león o como leona, ¿quién se atreve a desafiarlo? No se apartará de Judá el cetro, ni el bastón de mando de entre sus rodillas, hasta que venga aquel a quien está reservado, y le rindan homenaje los pueblos.»

Palabra de Dios



Comienza la cuenta atrás. Una semana para celebrar el misterio del Dios-con-nosotros. La Natividad. El nacimiento. Que también puede ser tu re-nacimiento. En Él y con Él.

El Evangelio de hoy consiste en una larga lista de nombres que remiten a los antepasados de Jesús. Ante ese relato, me surgen varias intuiciones.

La primera: que somos fruto de una historia. Ninguno nos hemos creado a nosotros mismos. Lo que somos, viene de otros, del Otro. Lo mejor de la vida es recibido. Y cuando Dios quiere hacerse parte de nuestra historia, entronca en esa sucesión humana, como cada uno de nosotros. Un buen principio.

La segunda: que cada uno de nosotros tenemos algo que aportar en la historia de la humanidad. Uno podría pensar que esa aportación es muy insignificante: con todos los hombres y mujeres, a lo largo de los siglos… ¿qué puede aportar uno? Decía la madre Teresa de Calcuta: “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota”. Y es verdad. Cuando en una familia falta alguien, se nota. Porque cada uno aportamos algo que no pueden aportar los demás. Pues así en la gran familia de la humanidad: cada uno estamos llamados a aportar algo único e irrepetible. Y lo que no hagamos nosotros, nadie lo va a hacer por nosotros. Esa es nuestra vocación personal. A descubrir y a realizar.

En esta octava previa a la Navidad, pídele al Señor re-nacer en Él y con Él. Que te muestre su camino, si aún no lo tienes claro: ¿qué puedes hacer tú en esa historia de la humanidad? No excluyas ninguna opción. Lo que Él quiera de ti. Porque será para tu bien y para el bien de otros. Y si ya estás recorriendo un camino, pídele ser fiel y generoso. Como María. La mujer que le dijo al Señor: “Hágase en mí, según tu Palabra”… y que, en su camino, permaneció hasta el pie de la Cruz.


 

POEMAS PARA ADVIENTO

 

“VEN, SEÑOR” 

¿Qué puedo hacer si no vivir alerta

para estar preparado a tu llamada,

si me espera la luz de tu mirada

para abrazarme tras la muerte cierta?

¡Oh quién pudiera traspasar la puerta

sin la angustia y nostalgia de la nada!

Tu venida invisible, tu llegada,

encontrará mi casa siempre abierta.

Quiero soñar el día del encuentro,

salir de mí hacia ti que eres centro,

acelerar mi paso a tu venida.

Ven, Señor, a cogerme de la mano,

que estoy ciego sin verte tan cercano,

cuando Tú vas conmigo por la vida.

(Bernardo Velado Graña)

Adviento-7

Comentario al Evangelio del lunes, 30 de noviembre de 2015

Me encanta el tiempo de Adviento que acabamos de comenzar. Ojalá viviéramos en esta clave de esperanza todos los días del año; una esperanza fundada, no ingenua, pues sabemos de Quién nos hemos fiado, a Quién esperamos y Quién queremos que venga un año más a nuestras vidas.

Pero atención, el Adviento es un tiempo cronológico tan corto -cuatro semanas- que,   aunque los reclamos comerciales de nuestras ciudades con sus luces y sonidos ya comenzaron su particular “adviento” hace unos días, el auténtico puede pasar tan rápido que, como te despistes, puedes llegar a las puertas del día 25 de diciembre casi sin darte cuenta. Lo peor que podría pasar es no haber podido tener ningún momento de calidad para reflexionar y orar la vida en este breve pero intenso tiempo de preparación para el Nacimiento de nuestro Señor. Un tiempo para que el Niño Dios nazca más en ti, en tu familia, en tu lugar de trabajo, en tu ambiente. Hemos comenzado un breve pero intenso periodo para sincronizar nuestro reloj con el tiempo de la Esperanza que la Iglesia nos propone vivir a todos los cristianos.

Es la esperanza en la que creyó Andrés, apóstol del Señor que hoy recordamos, natural de Betsaida, hermano de Pedro y pescador como él. Fue el primero de los discípulos de Juan el Bautista a quien llamó el Señor Jesús junto al Jordán y que le siguió, trayendo consigo a su hermano. La tradición dice que, después de Pentecostés, predicó el Evangelio en la región de Acaya, en Grecia, y que fue crucificado en Patrás.

¿Esperanza? Sí. Esperanza para los pueblos, las sociedades, las familias, los corazones humanos. Esperanza para los lugares y corazones donde Dios no se hace presente: la guerra en Siria o en República Centroafricana -entre otras-, la violencia en Latinoamérica, la sin razón de los atentados terroristas, el drama de los refugiados y emigrantes, el crimen de los niños abortados, las víctimas de la violencia de género… Esperanza para mis violencias y mis guerras interiores…

Y yo Señor, ¿cómo me encuentro al inicio del Adviento? ¿Cuáles son las debilidades que me vencen, que no me dejan alzar la mirada para verte y ver mi realidad más allá, con esperanza? Siento que necesito reposar de vez en cuando, subir a la colina de mi vida y mirar mi caminar con perspectiva; con realismo, pero con esperanza, pues un camino donde Tú vas conmigo, nunca puede terminar mal.

¿Qué me falta para vivir la esperanza del Adviento? Pídele al Señor que te ilumine y te conceda sabiduría para escrutar y discernir qué le falta a tu vida para vivir en clave de Adviento. Pídeselo con fe, con decisión, como los hermanos Pedro y Andrés, que inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Tú y yo también estamos llamados en este tiempo a ponernos delante del Señor para ser curados de nuestras desesperanzas. Confía en Él. Ora más en este tiempo.

Prepara tu corazón para la Navidad. Déjate querer.

¡De corazón, te deseo un feliz Adviento!

Fuentes:

Audio: Rezandovoy.org

Texto: Ciudadredonda.org

Busco una verdad

Cardenal Carlo M Martini – Viernes, 4 de febrero de 2011

Todos andamos en busca de la verdad.

Deseamos la verdad, la buscamos,

la pedimos y la queremos para cada momento de nuestra vida.

Si tuviera que traducir esa búsqueda, la traduciría como un deseo de ser auténticos.

Deseo ante el Señor y ante todos vosotros, ser auténtico.

Quisiera que existiera una correspondencia entre los gestos y las palabras,

una correspondencia entre las palabras y las acciones,

una correspondencia entre las promesas y los cumplimientos,

una correspondencia entre lo que nosotros queremos ser

y lo que tratamos de ser y nos esforzamos por ser en nuestra vida cotidiana.

Deseamos la verdad, deseamos la autenticidad,

deseamos que, en nuestras palabras, gestos y acciones, todo lo que decimos y hacemos, 

corresponda a lo que el Señor pone dentro de nosotros.

Que no haya rechazo, 

que no exista diferencia ni distancia entre lo que sentimos y lo que vivimos.

Buscamos juntos la autenticidad, la deseamos y la queremos

en las relaciones de amistad, de fraternidad, en las relaciones cotidianas entre nosotros.

Busco, Señor, una verdad que sea genuina y pura como el agua,

que sea simple como el pan,

que sea clara como la luz,

que sea poderosa como la vida.

Busco una verdad que sea genuina y pura como el agua:

una verdad que no tenga que pedir prestada cada vez a unos y a otros,

a derecha y a izquierda;

una verdad para la que no tenga que referirme continuamente a modelos externos,

sino que me salga de dentro;

una verdad que continuamente se renueve en mí y en cada uno de nosotros

como se renueva continuamente, siempre nuevo y siempre igual,  el agua del manantial.

Busco una verdad que sea simple como el pan:

una verdad que se pueda tocar, que se pueda ver, 

que no nos engañe, que no sea complicada ni difícil

y que, como el pan, pueda ser repartida, dividida y distribuida a otros.

Una verdad que nosotros podamos mirar a la cara, tocar, meditar

y acercarla a nosotros de manera sencilla.

No una verdad por la que estemos obligados a pensar continuamente 

en qué consiste y qué significa, sino una verdad que, en sí misma, como el pan,

nos comunique su sustancia, su capacidad de nutrirnos, su realidad concreta e inmediata.

Busco una verdad que sea clara como la luz:

una verdad capaz de renovarse siempre, nunca cansada de sí misma;

una verdad que continuamente resurja de su propio cansancio,

de su propia desconfianza,

de su propio acomodo perezoso;

una verdad que continuamente reviva en nosotros,

que sea poderosa igual que la vida es poderosa.

Ésta es mi búsqueda, nuestra búsqueda, el deseo que pongo en común con vosotros

porque confío en que éste sea también vuestro deseo, nuestra búsqueda común.

Pero la verdad es débil.

Porque se necesita poco para oscurecerla y herirla.

Es débil en nosotros, porque nuestra fragilidad la pone constantemente en duda.

Es muy fácil ensuciar una fuente: basta echarle un puñado de tierra.

Es muy fácil cerrar los ojos y no ver la luz.

Es muy fácil, por desgracia, suprimir la vida: 

basta un momento de odio, un arma en la mano, 

basta una jeringuilla, bastan poquísimas cosas para suprimir una vida.

¡La verdad es frágil!

Frágil como el agua que discurre por la tierra y que cualquiera puede pisar.

Es frágil como el pan que se tira.

Es frágil como la luz que se puede no ver.

Es frágil porque está en manos frágiles,  en vasos de barro que somos nosotros.

Es frágil porque continuamente puede ser rota, partida, pisada, olvidada, traicionada…

Y nos dice Jesús de Nazareth:

Yo soy el agua viva que nunca se acaba y que apaga la sed,

yo soy el agua viva que brota hasta la vida eterna.

Yo soy el pan de vida. El que come de él no morirá.

Yo soy la luz que brilla en las tinieblas y que las tinieblas no pueden ocultar.

Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá

y todo el que vive en mí tendrá vida eterna.

Señor, tú eres mi verdad, tú eres la verdad del hombre.

Tú, Padre de Jesucristo, te has convertido en mi verdad,

y en el Espíritu, cada día, te haces verdad en mí.

Y tú eres el primero, Señor, en hacerme hombre y en el darme esta verdad.

Si tú me faltas, si tú te alejas, yo ni siquiera soy hombre,

soy como una piltrafa, como un náufrago que busca la salvación y no la encuentra,

un náufrago al borde de la muerte.

Señor, tu gracia, tu verdad, tu luz, me hacen hombre

y son ni gracia, mi verdad y mi luz.

Escúchame viejo amigo,

¿es que te has vuelto inclemente?

Me reflejas diferente 

ya no eres bueno conmigo.

No te enfades mi señora

por lo que ahora percibes

si comentarios recibes

y no piropos, ahora.

Estas libras y estas canas…

ya no me luce el vestido…

¡Jamás lo habría creído!

¡Y estas arrugas! ¿son vanas?

Tú bien sabes que no es cuento.

que la juventud se enrancia.

¡Aprovecha tu elegancia!

¡Te ha llegado ya el momento!

¡Me hieres el corazón!

¡Espejo, has enloquecido!

¿Cómo es que te has atrevido?

¡Sé que aún no tienes razón!

Sabes que mucho te quiero,

nunca osaría mentir

ni cosas feas decir.

Soy un amigo sincero.

Creértelo no querría,

pues si aceptara el reflejo

tendrías razón, mi espejo.

Ya hablaremos otro día.

Fuente: Poema Sobre la verdad del reflejo

 

Me embadurno

para ti

Unto la cara de charol

para alumbrar la quietud

que la vida ha dejado,

quemada, en mi semblante.

He gastado mi savia

vegetal a fuego lento,

metamorfoseando rocas calcáreas

en finos granates de fuego,

transparentes.

Escarba en mi cernada,

donde vive el amor,

granate y magnésico;

mete tus dedos en los ojos 

de las tijeras tiernas de la lisonja.

Dime un madrigal,una terneza;

córtame una flor íntima…

¡Necesito un piropo!

(metamorfosis):


  • * piropo: del latín, pyropus: piedra fina, especie de granate transparente y de color de fuego; delgriego, pyropos (a su vez, de pyr-pyros:fuego).

  • – Min. granate alumínico magnésico.– lisonja, alabanza, dicha a una persona, especialmente los cumplidos halagadores dirigidos auna mujer. – fig. el piropo sonroja, pone fuego en la cara.– sinónimos: ternura, terneza, madrigal, flor…

  • ** granate: mineral sorosilicato que se presenta en cristales rombo-dodecaédricos y trapezoédricostípicos de las regiones metamórficas, procedentes del matamorfismo de las rocas calcáreas.*** embadurnar: untar, embetunar, abrillantar, charolar.

  • **** cernada: ceniza vegetal que queda en el hogar, arropando a las brasas