Hasta pronto Padre VICENTE PALACIOS DEL HOYO -OFM-

No podemos estar felices todos al mismo tiempo… 

Este domingo 21 de enero fue una mezcla de emociones las cuales teníamos que aceptarlas como tal. La emocionante y reconfortante visita del Santo Padre a Nuestro País y la partida de nuestro Padre Vicente Palacios a la Casa del Padre Celestial. 

En conversaciones con hermanos religiosos y laicos, que tuvimos la posibilidad de haber compartido experiencias con Padre Vicente, hemos coincidido en algo: era un Padre BUENO. 

Como se recordaba el día de hoy, al momento de leer su biografía, se resaltaba su bondad cuando trataba con el prójimo. Sus 60 años de sacerdocio y su pasión por las misiones. La ausencia de alguien siempre nos arrancará las lágrimas y dejará un vacío que solamente Dios puede llenar y dar un contenido. 

Nos vendrán las muchas interrogantes al momento de contemplar a un anciano que busca hacer el bien. ¿Qué es lo que veía cuando celebraba la Eucaristía ya que era evidente que la vivía como una experiencia única e irrepetible? ¿Qué es lo que le impulsaba a salir a visitar a los enfermos sabiendo que lo único que queda es asistirle en los últimos momentos de su existencia?

Creo que la respuesta la dio el Papa Francisco: 

Los jóvenes van rápido… los ancianos conocen el camino. 

Otra persona me dijo, es una tristeza que ya no esté con nosotros pero sabemos que ya está en el cielo, pues a otro lado es imposible que pueda haber ido; por eso podemos estar más que alegres. 



Es difícil pronunciar palabras de consuelo cuando estamos cara a cara con la muerte, incluso cuando la persona que murió vivió una vida plena y murió en las mejores circunstancias. Es especialmente duro cuando el que ha fallecido es una persona muy querida, todavía necesitado de cuidados.

Como sacerdote, he tenido que presidir muchos funerales, como resultado de una enfermedad, un accidente o ancianidad. Este tipo de funerales son siempre tristes. 

No hay muchas palabras que ayuden en una situación como esta, pero incluso lo poco que se puede decir, en un día como ese, cuando la muerte es tan cruda, no ofrece demasiado consuelo emocional. ¿Qué se dice cuando se enfrenta una muerte como ésta? Simplemente que esa persona está ahora en unas manos más amorosas, tiernas, suaves y seguras que las nuestras, que hay una madre y un padre que los precedieron al otro lado y ahora saldrán a recibirle, como hubo una a este lado cuando nació. Todos nacemos en los brazos de una madre. Esta es la imagen que necesitamos mantener ante nosotros para imaginar sanamente la muerte.

Cuando morimos, morimos en los brazos de Dios y seguramente somos recibidos con tanto amor, dulzura y ternura como los que seguramente recibimos en los brazos de nuestras madres cuando nacimos. Más aún, seguramente estamos más a salvo que cuando nacimos aquí en la tierra. Sospecho, también, que más de unos pocos santos nos rodearán, esperando su oportunidad para acunar al nuevo niño. Por eso está bien, incluso si morimos antes de que estemos preparados, si aún necesitamos el cuidado de alguien que nos cuide, si todavía estamos necesitados de una madre. Estamos en manos seguras, cuidadoras y tiernas. En las manos de Dios.

Esto es profundamente consolador  porque la muerte nos convierte en huérfanos y diariamente hay personas que mueren porque es la ley de la vida, inesperadamente, sin estar preparados, todavía necesitados de cuidado en sí mismos, en diferentes circunstancias. Todos morimos necesitando una mano maternal de Dios. Por eso tenemos la seguridad que nos da la fe, por la cual creemos que naceremos en unas manos más seguras y cuidadoras que las nuestras.

De cualquier manera éste consuelo no borra el dolor de la pérdida de nuestro P. Vicente. Nada se lo borra porque nada puede. La muerte marca indeleblemente nuestros corazones porque el amor nos hiere de esa manera. Tal y como Dietrich Bonhoeffer dice: “Nada puede disfrazar la ausencia de alguien querido… no tiene sentido decir que Dios llena el hueco; Dios no lo llena, al contrario, Dios lo mantiene vacío de manera que éste vacío nos ayude a mantener viva nuestra comunión con los otros, incluso pagando el precio del dolor… Lo más querido y rico de nuestros recuerdos, la más difícil separación. Pero la gratitud cambia la herida de nuestros recuerdos por una alegría tranquila. La belleza del pasado nace, no como una espina clavada en la carne, sino como un precioso regalo para nosotros mismos.”

Les dejo aquí las fotografías de la santa Misa y del Funeral:

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Jesús elige a los doce

«Después subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios.

Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre de Pedro; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; luego, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó» (Mc 3,13-19).

Los textos proféticos y otros escritos sapienciales o apocalípticos con frecuencia expresan la esperanza de la reunión futura de las tribus de Israel dispersas. Desde ese contexto se comprende la institución del grupo de los Doce. La restauración de todo Israel constituye el objeto de la misión de Jesús. Y la elección de Doce discípulos es un gesto profético que simboliza tal misión.

Como los gestos de otros profetas, además de estar cargado de significado también está dotado de poder realizador. Lo que los profetas expresaban se ponía en marcha en la historia apenas ejecutado el gesto. De este modo la sola elección de los Doce ponía en marcha la realización de aquella reunión de las tribus, antes que ellos comenzaran a predicar siguiendo el mandato de Jesús.

Hoy también cada discípulo llamado por Jesús debe tomar conciencia de ser un agente en la realización del Reinado de Dios en la historia. No sólo con su acción apostólica, o con su testimonio de vida; también a través de su acogida del mensaje evangélico por la fe está haciendo posible la presencia transformadora de Dios en el mundo.

El Secreto mesiánico

«Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea. Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón.

Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara. Porque, como curaba a muchos, todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo. Y los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies, gritando: «¡Tú eres el Hijo de Dios!».

Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto» (Mc 3,7-12).

 

La multitud que busca a Jesús recurre a él a causa de su fama como obrador de milagros. Esa misma gente es la que contribuye a que la fama de Jesús crezca aún más:

«Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban» (Mc 7,36).

Este amplio radio de transmisión fuera del grupo de los discípulos (Judea, Idumea, la Transjordania y la región de Tiro y Sidón), probablemente se habría interesado por los aspectos más sensacionales de la actividad de Jesús, y habría desatendido los puntos centrales del mensaje del Evangelio, a los que estaban ligados los milagros, como la vinculación entre sanación y conversión.

El Evangelio de Marcos habría integrado algunos relatos de divulgación popular, que reflejaban la creencia general en los milagros. Pero a la vez muestra a un Jesús que se opone a tal tipo de divulgación.

  • El «secreto mesiánico» de Jesús buscaría corregir una imagen suya que fascinaba, no sólo a la multitud del pueblo, sino también a muchos en la comunidad de los discípulos.
  • Marcos integra estas tradiciones populares en su Evangelio, pero combina dichos relatos con la decisión de seguir a Jesús, que incluye la pasión. Sólo así los milagros alcanzan su pleno significado y la curación llega a ser verdadera salvación para el hombre.

En sábado SÍ está permitido hacer el bien

«Jesús entró nuevamente en una sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo curaba en sábado, con el fin de acusarlo.

Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: «Ven y colócate aquí delante».

Y les dijo: «¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?». Pero ellos callaron.

Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: «Extiende tu mano». El la extendió y su mano quedó curada.

Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la forma de acabar con él» (Mc 3,1-6).

 

Entre los maestros de la Ley eran frecuentes las discusiones acerca de la interpretación de los mandamientos, porque siempre los preceptos tienen una formulación general que hay que aplicar en lo concreto de cada situación. De ahí que en algunas circunstancias puedan surgir dificultades para cumplir dos preceptos con sus respectivas exigencias. ¿Cuál es la voluntad de Dios, observar el descanso sabático que prescribe la Ley o atender la salud y la vida de las personas, que también es una exigencia de la Ley?

Así se hace necesario establecer una jerarquía de obediencia, donde se privilegia el cumplimiento del precepto que se considera más importante. En el caso del precepto del descanso sabático los maestros de la Ley aceptaban como excepción aquellas situaciones en que peligraba la propia vida o en las que se seguiría la muerte de alguna persona si no se le prestaba ayuda:

«si una persona siente dolores en la garganta, se le puede dar una medicina por vía bucal en día de sábado, ya que hay peligro de vida y todo peligro de vida desplaza el sábado» (Mishná Yomá VIII,6).

Esta interpretación prudente de la Ley se fundaba en un principio, que es muy semejante al que invoca Jesús.

El criterio de la vida hombre como realidad sagrada que debe custodiarse es lo que permite ordenar la prioridad del cumplimiento. Jesús no declara la abolición de los preceptos rituales, pero los subordina a los preceptos de carácter ético, como la misericordia y el amor al prójimo. En este sentido Jesús se situó dentro de la tradición profética:

«Porque yo quiero amor, no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos» (Os 6,6).

Jesús es buscado para que siga curando

«Cuando salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.

Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él.

Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando».

El les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido».

Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios» (Mc 1,29-39).

Buscando la clave de la misión

En el relato anterior del Evangelio, después de convocar a los primeros seguidores, Jesús realizó su primer prodigio. Allí los testigos del exorcismo se maravillaron por su «doctrina NUEVA» y porque tenía AUTORIDAD, incluso sobre los espíritus impuros, que lo obedecen (Mc 1,27).

Ahora una curación en un domicilio contribuye a que su fama se extienda rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea (Mc 1,28).

Esta actividad sanadora de Jesús superará, en la tradición evangélica, a la de exorcista (15 curaciones frente a 6 expulsiones de demonios).

Sin embargo el Evangelista quiere destacar ante todo la opción de Jesús por la PREDICACIÓN.

Libres para servir

A la escena acontecida en la SINAGOGA (espacio público) sucede otra que tiene lugar en una CASA (espacio privado).

Si bien la anterior trataba de un EXORCISMO y ahora de una CURACIÓN, en ambos casos se da una situación de POSESIÓN, de la cual Jesús libera:

en la SINAGOGA
en la CASA
«El espíritu impuro lo sacudió violentamente, y dando un alarido, salió de ese hombre» (Mc 1,26) «Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó» (Mc 1,31)
Pero en esta escena se inicia también un modo de relación con Jesús que se destaca a lo largo de todo el Evangelio, y que señala el sentido de toda transformación personal. La suegra de Pedro será modelo para otras mujeres:

En el Calvario «había también unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de Joset, y Salomé, que le seguían y le SERVÍAN cuando estaba en Galilea» (Mc 15,40-41).

Anticipando una clave

El sumario resume la actividad que Jesús ha realizado el sábado (Mc 1,21) hasta que este concluyó. Además de ser una síntesis señala también una conclusión que permite iniciar algo nuevo en la narración.

La nueva insistencia en el SILENCIO impuesto por Jesús vuelve a dirigir la atención del lector a un punto distinto de la misión de Jesús. Las menciones de tiempo parecen ser un indicio de orientación hacia la historia de la Pasión (constante en Marcos), que el redactor quiere ofrecer:

Final del Primer sábado
Final del Último sábado
Al atardecer, a la puesta del sol (1,32). Y ya al atardecer, como era la Preparación [de la Pascua] (15,42)
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se LEVANTÓ [anastas] (1,35) Jesús RESUCITÓ [anastas] en la madrugada, el primer día de la semana (16,9).
«Todos te buscan» (1,37). «Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí» (16,6).
El Evangelista quiere orientar desde el comienzo la búsqueda que el creyente hace de Jesús.

Otra anticipación puede ser la actitud de Pedro (y los demás discípulos), caracterizados por tener la «mente embotada» (Mc 6,52; 8,17) y por no comprender «los pensamientos de Dios» (8,33).

Antes de comenzar a predicar
Iniciado su ministerio
el Espíritu le empuja al desierto (1,12). fue a un lugar desierto y allí se puso a hacer oración (1,35)
siendo tentado por Satanás (1,13) reprendió a Pedro, diciéndole: «¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios» (8,33).
Marcos no describió el contenido de la tentación de Satanás. Mateo y Lucas relataron, en cambio, que el tentador pidió a Jesús que demuestre que es Hijo de Dios, sugiriéndole OTRAS ALTERNATIVAS para su misión mesiánica:

TENER
OSTENTACION
PODER
Pero Marcos describe la tentación de Pedro como «pensamientos de los hombres» (8,33).

Y muestra cómo Pedro interrumpe la oración de Jesús para presentar las expectativas de «todos los que lo andan buscando» (1,37).

Enviado para predicar

La actividad de Jesús no se agota en el ministerio de curación, ni tampoco su identidad de Hijo se explica exclusivamente por el poder de hacer milagros. La RELACIÓN con Dios mantenida en su diálogo secreto y sin testigos es lo constitutivo de su condición de Hijo.

Igualmente destaca como dimensión más importante de su misión el PREDICAR. Es el principal motivo de su envío. Porque lo primero que Marcos relató de la actividad de Jesús es que proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo:

«El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia» (Mc 1,14-15).

La fe que propone el Evangelio es una confianza en Dios, que siempre tiene que estar precedida por un compromiso firme de cambiar la propia vida.

Más allá de la búsqueda motivada por las propias necesidades, Marcos nos muestra a un Jesús atento a cumplir su misión profética como anunciador del Reinado de Dios. Los que acepten verdaderamente este anuncio serán los que sean capaces de seguir a Jesús de una manera incondicional; también en su silencio y soledad

San Esteban Protomartir

Los que, siguiendo a Jesús, han comenzado a transformar su vida, son enviados a los que aún no han escuchado el llamado a acoger la presencia del Reino. Encontrarán seguramente mucha resistencia porque aquellos no siempre estarán dispuestos a cambiar su vida. El discurso apostólico evoca una máxima sapiencial:

«¿Qué tienen de común el lobo y el cordero? Así pasa con el pecador y el hombre bueno» (Eclo 13,17).

Y los seguidores de Jesús deben recordar también el anuncio del profeta:

«El hijo denigra al padre, la hija se alza contra su madre, la nuera contra su suegra, y cada uno tiene como enemigos a los de su casa» (Miq 7,6).

De hecho, unos pocos años antes que se escribiera el Evangelio de Mateo, todo eso se había visto con lamentable frecuencia durante la guerra que terminó con la destrucción de Jerusalén:

«Entre los que incitaban a la guerra y los que reclamaban la paz, se produjo un duro enfrentamiento. La pelea arreció primero en las familias, entre personas que habían vivido en armonía; luego los mejores amigos se lanzaron unos contra otros» (Josefo, Guerra IV,132).

La tradición posterior interpretaría el momento de la llegada de la redención como un tiempo de enfrentamiento aún entre las personas más cercanas, según las palabras de Miqueas 7,6:

«En esa situación, ¿en quién se puede confiar? Solamente en nuestro Padre del Cielo» (Talmud Sanhedrín 97).

Por la misma época ya era conocido el desenlace de las vidas de los apóstoles. Se sabía que el TESTIMONIO (martyrion) tenía un costo alto. Pero los apóstoles deben confiar en la asistencia de Dios, que no dejó solos a enviados tan inseguros como Moisés y Jeremías:

«YHWH respondió a Moisés: «¿Quién dio al hombre una boca? ¿Y quién hace al hombre mudo o sordo, capaz de ver o ciego? ¿No soy yo, el Señor? Ahora ve: yo te asistiré siempre que hables y te indicaré lo que debes decir» (Ex 4,11-12).

Jeremías dijo: «¡Ah, Señor! Mira que no sé hablar, porque soy demasiado joven».

YHWH le dijo: «No digas: «Soy demasiado joven», porque tú irás adonde yo te envíe y dirás todo lo que yo te ordene. No temas delante de ellos, porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor -»

YHWH extendió su mano, tocó mi boca y me dijo: «Yo pongo mis palabras en tu boca» (Jer 1,6-9).

Dichosa tú por haber Creído

«En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».

María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!

Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.

Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.

Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.

Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.

Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre».

María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa» (Lc 1,39-56).



Cuando Isabel recibe el saludo de María, el movimiento de su hijo, Juan el Bautista, es un salto de alegría, un estremecimiento de felicidad (cf. Lc 6,23), mientras que su madre es colmada por el Espíritu Santo y se hace profetisa. La primera voz humana en profetizar en el Nuevo Testamento es una voz de mujer, al igual que las mujeres serán las primeras mensajeras de la resurrección.

La visitación es la escena del contagio del gozo y del don del Espíritu Santo. Apenas ha recibido el mensaje del ángel, María se apresura a visitar a su pariente y vivir con ella una efusión inaugural del Espíritu profético. Su marcha es también una respuesta de su fe a la gracia.

La palabra profética de Isabel es en primer lugar una bendición. Entre todas las mujeres, María es objeto de una bendición especial, la que hace de ella la Madre del Mesías, el Bendito por excelencia. Isabel hace también un acto de fe, porque ve ya en la madre de Jesús la madre de su Señor. Parece reconocer en ella una presencia divina que está portando. Sus palabras recuerdan las de David al recibir el Arca de la Alianza en su casa:

«¿Cómo va a entrar en mi casa el Arca del Señor?» (2 Sam 6,9).

Isabel pronuncia después la primera bienaventuranza, la de la fe: María es bienaventurada porque ha creído que iba a ser la madre del Mesías. Así lo confirmará Jesús durante su ministerio. María no es proclamada feliz por haber llevado a Jesús en su seno o por haberlo amamantado, sino más bien por «escuchar la Palabra de Dios y practicarla» (Lc 11,28).

María, por su parte, proclama en un cántico su lugar en la historia: como humilde sierva del Señor, el Todopoderoso ha hecho grandes cosas en ella. Por eso ella proclama que todas las generaciones la llamarán bienaventurada, por haber creído en las promesas hechas por Dios a su pueblo. Siguiendo la tradición bíblica, proclama que Dios visita a los humildes, los pobres y los hambrientos, para llevar a cumplimiento, en ellos y por medio de ellos, las promesas de los profetas.

Allí se fundamenta la alabanza a Dios que la Iglesia de todos los tiempos ha invitado a cantar cada tarde por el don recibido por María. Ésa es también la razón por la cual tantas personas han buscado en ella consuelo, reconociendo en ella un rostro de maternal ternura y compasión.

MARIA: La que ha Creído

«En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Angel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».

María dijo al Angel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?».

El Angel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios».

María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». Y el Angel se alejó» (Lc 1,26-38).

Actualizando los textos del pasado

Los relatos de la infancia son textos que surgieron en una fase muy desarrollada de la tradición evangélica. Están ausentes en Marcos y en Juan, que presenta en su lugar un Prólogo sobre la Palabra hecha carne (1,1-18).

En Mateo y en Lucas los relatos del nacimiento desempeñarían las funciones de prólogo, para definir desde el comienzo la identidad de Jesús como Hijo de Dios.

Hay diferencias notables entre los relatos de la infancia de Mateo y los de Lucas. Los relatos de Mateo no dicen nada de Juan Bautista, ni de la venida de los pastores a Belén, de la presentación de Jesús en el Templo o de su visita a Jerusalén a los doce años.

Además, en Mateo José recibe la comunicación celestial sobre la concepción virginal de María, mientras que en Lucas es María la que recibe el anuncio.

Estos relatos responden más a una motivación TEOLÓGICA que a un interés documental. Se estaría utilizando en ellos un recurso semejante al que encontramos en la literatura judía, llamado MIDRASH, a través del cual se intenta hacer comprensible un texto bíblico del pasado, teniendo en cuenta las circunstancias presentes de los lectores.

El Precursor y el Esperado

Los relatos de la infancia de Lucas están estructurados principalmente mediante el paralelismo entre Juan y Jesús, para destacar la superioridad de aquel a quien el Bautista precedió:

JUAN JESUS
Nace prodigiosamente de padres ancianos (y madre estéril) Nace más prodigiosamente aún de una JOVEN madre virgen, sin intervención de varón.
El Angel le dijo: «No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan. El será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento, porque será grande a los ojos del Señor». (Lc 1,13-15) El Angel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin» (Lc 1,30-33).
[Cuando se circuncidó a Juan] Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios. Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea (Lc 1,64-65). [Cuando nació Jesús] apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él» (Lc 2,13-14).
Síntesis de las ANTIGUAS promesas Inicio del mundo NUEVO esperado

El ángel Gabriel fue enviado por Dios

Lucas sigue un patrón pre-establecido en los relatos bíblicos de Anunciación, que destacan antes del nacimiento la misión que desempeñarán los elegidos de Dios:

  • ISMAEL: Gn 16,7-12
  • ISAAC: Gn 17-18
  • SANSON: Jue 13,3-20
  1. Situación de los personajes, señalando al mismo tiempo una dificultad (esterilidad de Isabel, virginidad de María).
  2. Aparición del ángel del Señor.
  3. Miedo-asombro producido por la aparición y que generalmente se expresa con la fórmula “no temas” (Lc 1,13 y 30).
  4. Anuncio de la llegada, mención del nombre y de la misión, que muchas veces empieza con la expresión técnica “He aquí “(Lc 1,20.31).
  5. Pregunta que plantea la dificultad (Lc 1,18.34).
  6. El mensajero da una señal que apoya y garantiza la anunciación (Lc 1,19-20 y 35-36).
  7. ejecución del signo y realización del anuncio.

La identidad mesiánica de Jesús

El núcleo de la Anunciación está en la declaración de la identidad de Jesús, Mesías prometido por Dios a la casa real de David.

El anuncio del Ángel guarda correspondencia con la profecía de Natán, que promete la asistencia divina y relaciones paterno-filiales para los reyes descendientes de David:

2 Sam 7,9-16 Lc 1,32-33
«voy a hacerte un nombre grande…yo afianzaré para siempre su trono real…Seré un Padre para él, y él será para mí un hijo…

Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y su trono será estable para siempre»

«él será grande y será llamado Hijo del AltísimoEl Señor Dios le dará el trono de David, su padre,  reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».

Con el final de la monarquía se comenzó a esperar el cumplimiento de esa promesa en un rey ideal que Dios suscitaría en el tiempo de la redención definitiva.

El Espíritu Santo vivificador

A diferencia de los otros anuncios de nacimientos prodigiosos en la Biblia, el de Jesús tiene su propia peculiaridad: no interviene ningún ser humano como padre.

El anuncio no es fácil y María intenta comprender. Su pregunta hace repetir el mensaje del ángel. En un nuevo, y solemne anuncio, Gabriel revela que este niño será el Hijo de Dios.

El Espíritu Santo ejercerá en María su papel creador y vivificante, el que tenía desde el origen del mundo (Gn 1,2).

También es un eco de la proclamación pascual de los primeros misioneros cristianos:

«Jesucristo Señor nuestro
nacido del linaje de Davids según la carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad
por su resurrección de entre los muertos» (Rom 1,3-4)

La esclava del Señor

Habiendo creído en la palabra del ángel que la concernía, María puede creerlo también cuando éste le anuncia todo lo que Dios ha realizado en su prima. La alusión a Isabel muestra que nada es imposible para Dios. Es suficiente creer en la promesa para que Dios suscite la vida.

María es bienaventurada porque ha creído que iba a ser la madre del Mesías. Así lo confirmará Jesús durante su ministerio. María no es proclamada feliz por haber llevado a Jesús en su seno o por haberlo amamantado, sino más bien por «escuchar la Palabra de Dios y practicarla»  (Lc 11,28).

Al llamarse la esclava del Señor, María que no es tal por status social, expresa su disponibilidad al Señor, de modo libre y responsable. Se pone al servicio del que tomará la condición de Siervo (Fil 2,7).

Demos gracias al Señor por el ejemplo de María. Pidamos que nuestra existencia se configure, como la suya, en el amor gratuito de Dios y en la aceptación de sus planes y proyectos.

Acojamos la gracia de Dios sobre nuestra vida. Alegrémonos con María. Que la experiencia de la gracia nos lleve al compromiso para hacer presente en el mundo el proyecto de Dios.

Conmigo lo hicieron…

http://www.youtube.com/watch?v=7_dIvveYIjs

Como el pastor separa las ovejas de los cabritos

Las imágenes de juicio están muy presentes en la literatura apocalíptica. Según ellas se separa a los que ejercieron la tiranía, que son despojados de poder y reciben el castigo merecido.

Los oprimidos encuentran finalmente la justicia que les había sido negada.

«He aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia. A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás… El tribunal se sentará, y el dominio le será quitado [al reino tiránico], para ser destruido y aniquilado definitivamente. Y el reino y el imperio y la grandeza de los reinos bajo los cielos todos serán dados al pueblo de los santos del Altísimo. Reino eterno es su reino, y todos los imperios le servirán y le obedecerán» (Dn 7,13.14.26-27).

«En esos días rogarán los poderosos y los reyes que poseen la tierra a sus ángeles castigadores, a los que habrán sido entregados, que les concedan un breve descanso para prosternarse y adorar al Señor de los espíritus y confesar su pecado ante él. Entonces dirán:

―Saciada está nuestra alma de bienes inicuos, pero no nos libran de bajar al oneroso šeol.

Después de esto se llenarán sus rostros de tiniebla y vergüenza ante aquel Hijo del hombre, y serán expulsados de su presencia, y la espada morará ante su rostro entre ellos» (1 Henoc 63,1.10-11).

La mentalidad del Benefactor

La lápida conmemorativa de un funcionario egipcio reza:

«Yo di pan al hambriento, vestidos al desnudo; desterré sufrimientos y alejé la indigencia… asistí a los ancianos, remedié la necesidad del que nada tenía; fue sombra protectora de los huérfanos, apoyo de las viudas».

Se trata de la “biografía ideal”, que expresa una mentalidad muy extendida en la antigüedad: la “mentalidad del BENEFACTOR”.

A pesar de la semejanza con el texto evangélico de Mateo, su motivación no es la misma. En el Oriente reyes y funcionarios exhibían su asistencia a los pobres y los débiles. En el occidente, en cambio, personas privadas gastaban su dinero para una beneficencia que favorecía a todos los habitantes (libres) de la ciudad, sin el mínimo interés en apoyar a los pobres en particular.

Una y otra actitud consistía en formas de dominio: reyes, aristócratas y funcionarios se aseguran con ese comportamiento la lealtad de los súbditos. No se trata del establecimiento de una identidad moral para obtener fama en este mundo y acceso al otro mundo. Se trata de manifestar un STATUS SOCIAL que mantiene la dependencia entre BENEFICIADO y BENEFACTOR.

La espiritualidad del Servidor

Jesús cuestiona directamente ese comportamiento, en apariencia elogiable, como ideología de dominadores:

«Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los que ejercen el poder sobre ellas se hacen llamar Benefactores; pero no así vosotros, sino que el mayor entre vosotros sea como el más joven y el que dirige como el que sirve» (Lc 22,25-26).

Aquí vemos la diferencia esencial de perspectiva que presenta el Evangelio. En él las buenas obras no están ordenadas a crear lazos de dependencia. Al contrario, las buenas obras en favor de los necesitados se resumen en el término SERVIR (Mt 25,44).

Y la actitud de servicio encuentra su mejor ejemplo en el Hijo del hombre que “no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mt 20,28).

El Evangelio muestra entonces que la actitud básica en la realización del bien debe ser el compromiso de la vida, de la persona entera.

La Presencia Divina

Según la tradición judía y cristiana en la persona extraño se acoge una presencia sobrenatural:

«Es mayor acoger a los viajeros que recibir la divina Presencia» (Talmud Shebu 35,b)

«Cuando existía el templo se usaba el altar de expiación, pero ahora, desde que ya no hay templo para la expiación, se usa la mesa de cada uno» (Talmud Menajot 97a)

«No se olviden de la hospitalidad; gracias a ella algunos [como Abraham] hospedaron, sin saberlo, a ángeles» (Heb 13,2).

En el Evangelio tanto los justos como los reprobados se sorprenden en el juicio. Ninguno había reconocido el rostro del Rey futuro en aquellos a quienes acogieron o rechazaron. Vieron simplemente a personas necesitadas y procedieron de diversa manera con ellas.

El Rey mesiánico llega a identificarse con el necesitado, hasta llamarlo incluso hermano.

Mt 23,1-12. HACERSE SERVIDOR DE LOS OTROS

«Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos: «Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen.

Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.

Todo lo hacen para que los vean: agradan las filacterias y alargas los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludamos en las plazas y oírse llamar “mi maestro” por la gente.

En cuanto a ustedes, no se hagan llamar “maestro”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen “padre”, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco “doctores”, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.

Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado» (Mt 23,1-12).

Jesús había enseñado en el Sermón de la Montaña: «No juzguen, para no ser juzgados. Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes» (Mt 7,1-2).

Y así es un hecho que los predicadores del Evangelio también son hasta el presente juzgados con la MISMA MEDIDA con que ellos juzgan a los fariseos. Con frecuencia se dice de los clérigos: «no se guíen por sus obras, porque NO HACEN lo que dicen» (Mt 23,3).

¿Héroes o villanos?

Si bien Jesús no concuerda con los fariseos en algún punto (el divorcio: Mt 19,3-9), en otros sí (la resurrección: Lc 20,39). Y reconoce su autoridad religiosa.

Las imágenes que nos llegan de los fariseos son muy dispares. Según Josefo:

«Tenían conquistado crédito ante el pueblo y todas las cosas divinas, las oraciones y las ofrendas de sacrificios se cumplían según su interpretación. Las ciudades habían rendido homenaje a tantas virtudes, aplicándose a lo hay de más perfecto en ellos tanto en la práctica como en la doctrina» (cf. Antigüedades XVIII,11-25).

«Los ricos se inclinaban por los saduceos, mientras que los fariseos contaban con la simpatía de la multitud» (Antigüedades XIII,298).

Por su parte rigoristas esenios cuestionan a los fariseos, pero por considerarlos laxos en la interpretación de la Ley:

«Se indignan al oírme los que gustan de contemporizar… los intérpretes de la mentira, la horda de seductores» (Himnos II,15.32).

«Ellos buscaron interpretaciones fáciles, escogieron ilusiones, escudriñaron brechas, escogieron el cuello hermoso, justificaron al culpable y condenaron al justo, transgredieron la alianza, quebrantaron el precepto, se agruparon contra la vida del justo, su alma aborreció a todos los que caminan en la perfección…» (Documento de Damasco 1,18-21).

Buenos y malos, … como en todos lados

La inconsecuencia entre la propia identidad y la conducta concreta es una herida que afecta a todo ser humano. La Mishná lo expresa con dolor:

«Un piadoso idiota, un malvado astuto, una mujer hipócrita y las heridas de los fariseos destruyeron el mundo» (Sotah 3,4).

Y el Talmud comenta la frase catalogando a los fariseos (Sotah 22b)

  Apodo Explicación
1 Fariseo Ancho de HOMBROS Lleva sus acciones en los hombros para que todos las vean.
2 Fariseo REZAGADO Se atrasa respecto a los deberes de justicia porque siempre tiene otro precepto que cumplir.
3 Fariseo CALCULADOR Puede permitirse algún delito porque antes realizó otras obras buenas.
4 Fariseo AHORRADOR Se pregunta constantemente qué otro deber puede cumplir que resulte virtuoso.
5 Fariseo ESCRUPULOSO Se preguntan por los pecados ocultos para compensarlos con una buena acción
6 Fariseo del TEMOR Temen el castigo
7 Fariseo del AMOR Aman a Dios y confían en su recompensa

Un lenguaje bastante habitual

El duro tono dirigido contra los referentes religiosos era habitual entre los profetas (Os 5,1-10). Jesús se integra en esa misma corriente.

La Mishná es testigo de las descalificaciones entre SADUCEOS y FARISEOS por desacuerdos en la jurisprudencia de la Torah (Yadayim 4,6-8).

También los mismos fariseos discutían entre sí; no siempre con humildad:

«Durante muchos años discutieron las escuelas de Hillel y Shammay. Unos decían: la jurisprudencia es tal cual nosotros la interpretamos. Los otros, a su vez, abogaban por su propia razón… ¿Por qué se determinó en la mayoría de los casos que la razón la tienen los discípulos de Hillel? Porque eran amables y humildes. Esto te enseña: El que se humilla, es enaltecido. El que se enaltece, es humillado» (Talmud, Erubim 13).

Pero también el Apóstol Pablo descalifica a otros predicadores del Evangelio:

«Atención a los perros; atención a los obreros malos… Porque muchos viven según os dije tantas veces, y ahora os lo repito con lágrimas, como enemigos de la cruz de Cristo, cuyo final es la perdición, cuyo Dios es el vientre, y cuya gloria está en su vergüenza, que no piensan más que en las cosas de la tierra» (Flp 3,2.18-19).

Con mucho acierto observa John Meier: «El diálogo cortés entre grupos religiosos diferentes es una feliz invención moderna» (Un Judío Marginal III, p.355).

El más grande de entre ustedes será servidor

Si bien los cuestionados son «los escribas y fariseos», la advertencia va dirigida «a la multitudy a los discípulos» (Mt 23,1). Los reproches quieren prevenir lo que muy fácilmente les puede ocurrir a los seguidores de Jesús en el ejercicio de la autoridad en la nueva comunidad que se va formando. Esto queda claro en el contraste de la advertencia: «En cuanto a ustedes…» (23,8).

En el Sermón de la Montaña se criticaba el exhibicionismo en la práctica religiosa, tales como:

  • «ir pregonando la limosna, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles» (Mt 6,2)
  • «orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos» (6,5)
  • «desfigurar el rostro para que se note el ayuno» (6,16)

A pesar de la ostentación, la práctica era efectiva: se daba limosna, se dedicaba tiempo a orar y había privación de alimento. Aquí se lo reconoce también cuando se denuncia: «Todo lo HACEN para que los vean» (23,5). Pero también se señala que en muchas otras cosas que son objeto enseñanza hay una gran inconsecuencia: «no se guíen por sus obras, porque NO HACEN lo que dicen» (23,3).

Sin embargo el Evangelio no cuestiona el concepto de presidencia con autoridad, pues manda a sus oyentes: «hagan y cumplan todo lo que les digan». Además Jesús declara que, así como algunos entonces ocupaban la cátedra de Moisés, «los que lo han seguido, también se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel» (19,28).

Si bien el Evangelio propone un modo igualitario de relaciones, donde deben desaparecer las actitudes de superioridad, no por eso suprime los «cargos» que se desempeñan en la comunidad. Más bien se trata de devolver el sentido que éstos tienen, que es el de la RESPONSABILIDAD y el SERVICIO. En otras palabras, se amonesta a poner el hombro a las «pesadas CARGAS que se han puesto sobre los demás» (23,4) y a las que están implicadas en el propio CARGO: comportarse como padres y maestros, y no quedarse con la ostentación del título.

Martín de la Caridad

Martín, con el ejemplo de su vida, nos demuestra que es posible conseguir la salvación y la santidad por el camino que Cristo enseña: si ante todo amamos a Dios de todo corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente; y, en segundo lugar, si amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Por lo cual, ante todo, Martín, ya desde niño, amó a Dios, dulcísimo Padre de todos: y con tales características de ingenuidad y sencillez que no pudieron menos que agradar a Dios.

Posteriormente cuando entró en la Orden Dominicana, de tal modo ardió en piedad que, no una sola vez, mientras oraba, libre su mente de todas las cosas, parecía estar arrebatado al cielo. Pues tenia en su corazón bien fijo lo que Santa Catalina de Sena había afirmado con estas palabras: “Es normal amar a aquel que ama. Aquel que vuelve amor por amor puede decirse que da un vaso de agua a su Creador” (Carta número 8 de Santa Catalina). Después de haber meditado que Cristo padeció por nosotros…, que llevó en su cuerpo nuestros pecados sobre el madero, se encendió en amor a Cristo crucificado, y al contemplar sus acerbos dolores, no podía dominarse y lloraba abundantemente. Amó también con especial caridad al augusto Sacramento de la Eucaristía al que, con frecuencia escondido, adoraba durante muchas horas en el sagrario y del que se nutría con la mayor frecuencia posible. Amó de una manera increíble a la Virgen María, y la tuvo siempre como una Madre querida. Además, San Martín, siguiendo las enseñanzas del Divino Maestro, amó con profunda caridad, nacida de una fe inquebrantable y de un corazón desprendido a sus hermanos. Amaba a los hombres porque los juzgaba hermanos suyos por ser hijos de Dios; más aún, los amaba más que a sí mismo, pues en su humildad juzgaba a todos más justos y mejores que él. Amaba a sus prójimos con la benevolencia propia de los héroes de la fe cristiana.

Excusaba las faltas de los demás; perdonaba duras injurias, estando persuadido de que era digno  de mayores penas por sus pecados; procuraba traer al buen camino con todas sus fuerzas a los pecadores; asistía complaciente a los enfermos; proporcionaba comida, vestidos y medicinas a los débiles; favorecía con todas sus fuerzas a los campesinos, a los negros y a los mestizos que en aquel tiempo desempeñaban los más bajos oficios, de tal manera que fue llamado por la voz popular Martín de la Caridad. Hay que tener también en cuenta que en esto siguió caminos, que podemos juzgar ciertamente nuevos en aquellos tiempos, y que pueden considerarse como anticipados a nuestros días. Por esta razón ya nuestro predecesor de feliz memoria Pío XII nombró a Martín de Porres Patrono de todas las instituciones sociales de la República del Perú.

Con tanto ardor siguió los caminos del Señor que llegó a un alto grado de perfecta virtud y se inmoló como hostia propiciatoria. Siguiendo la vocación del Divido Redentor, abrazó la vida religiosa para ligarse con vínculos de más perfecta santidad. Ya en el convento no se contentó con guardar con diligencia lo que le exigían sus votos, sino que tan íntegramente cultivó la castidad, la pobreza y la obediencia que sus compañeros y superiores lo tenían como una perfecta imagen de la virtud.

La dulzura y delicadeza de su santidad de vida llegó a tanto que durante su vida y después de la muerte ganó el corazón de todos, aun de razas y procedencias distintas; por esto nos parece muy apropiada la comparación de este hijo pequeño de la nación peruana con Santa Catalina de Sena, estrella brillante también de la familia dominicana, elevada al honor de los altares hace ya cinco siglos: ésta, porque sobresalió por su claridad de doctrina y firmeza de ánimo; aquél, porque adaptó sus actividades durante toda su vida a los preceptos cristianos.

Venerables hermanos y queridos hijos. Como ya hemos afirmado al comienzo de nuestra homilía, juzgamos muy oportuno el que este año en que se ha de celebrar el Concilio, sea enumerado entre los santos Martín de Porres. Pues la senda de santidad que él siguió y los resplandores de preclara virtud con que brilló su vida, pueden contemplarse como los frutos saludables que deseamos a la Iglesia católica y a todos los hombres como consecuencia del Concilio Ecuménico.

Porque este santo varón, que con su ejemplo de virtud atrajo a tantos a la religión, ahora también, a los tres siglos de su muerte, de una manera admirable, hace elevar nuestros pensamientos hacia el cielo. No todos, por desgracia, comprenden cómo son precisos estos supremos bienes, no todos los tienen como un honor; más aún, hay muchos que siguiendo el placer y el vicio los desestiman, los tienen como fastidiosos, o los desprecian. ¡Ojalá que el ejemplo de Martín enseñe a muchos lo feliz y maravilloso que es seguir los pasos y obedecer los mandatos divinos de Cristo!

Venerables hermanos y queridos hijos. Tenéis trazada a grandes rasgos la imagen de este santo celestial. Miradla con admiración y procurad imitar en vuestra vida su excelsa virtud. Invitamos a esto especialmente a la juventud animosa que hoy se ve rodeada de tantas insidias y peligros. Y que especialmente el pueblo peruano para Nos tan querido emule sus glorias en la religión católica, y por la intercesión de San Martín de Porres, produzca nuevos ejemplos de virtud y santidad. Amen, Jesús.

De la homilía pronunciada por el Papa Juan XXIII en la Canonización de San Martín de Porres

Esperando la Resurrección Final: Día de los fieles difuntos

“Una flor sobre su tumba se marchita, una lágrima sobre su recuerdo se evapora. Una oración por su alma, la recibe Dios”, decía San Agustín. Cada 2 de noviembre la Iglesia recuerda con mucho cariño a los fieles difuntos y por ello te recomendamos estas oraciones por las almas de tus familiares que ya partieron a la Casa del Padre.

Por los padres y abuelos

¡Oh Dios! Nos mandaste honrar padre y madre. Por tu misericordia, ten piedad de mi padre (madre) y no recuerdes sus pecados. Que yo pueda verlo (la) de nuevo en el gozo de eterno fulgor. Te lo pido por Cristo nuestro Señor. Amén.

Todos tenemos familiares y amigos que han muerto. Hoy los recordamos a ellos y a todos los que han fallecido y los encomendamos a la misericordia de Dios. En este cementerio nos unimos para afirmar nuestra fe en Cristo que ha vencido la muerte y nuestra esperanza de que él vencerá también nuestra muerte y nos reunirá con nuestros seres queridos en su reino de gloria. Que esta celebración nos anime a ser fieles al Señor y a seguir los buenos ejemplos que nuestros familiares nos dejaron en su vida. Comencemos reconociendo nuestros pecados ante el Señor (momentos de silencio).


“Hermanos: No queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza”. Así empezaba el fragmento de la carta de san Pablo que hemos escuchado. ¡La suerte de los difuntos, de nuestros difuntos, de este hermano nuestro, cuyos restos mortales vamos a depositar en el sepulcro! ¿Qué pasa con ellos?

Esta es una pregunta fundamental que se hacen todos los hombres, sobre todo en momentos como éstos, cuando sufrimos la pérdida de un ser querido. La experiencia de la muerte está ahí; es una realidad de cada día, de la que no podemos sustraernos. Todos sabemos que tenemos que morir, que la muerte es el destino final de la vida humana. A pesar de eso, es decir, a pesar de que la muerte es la certeza más segura, vivimos como si la muerte no nos hubiera de visitar nunca, como si los que han de morir fueran los demás. A la vera del camino van quedando otros, mientras nosotros continuamos viviendo y preguntándonos de vez en cuando por los que ya han muerto.

A la pregunta por “la suerte de los difuntos”, dónde van a parar, qué será de ellos, no hay más que dos respuestas mutuamente excluyentes: o bien no hay ninguna “suerte”, es decir, los muertos están bien muertos y punto; o bien su destino es la vida junto a Dios, si fueron fieles a El mientras vivieron en este mundo. El pensamiento acerca de “la suerte de los difuntos” está íntimamente ligado a la fe en Dios, que la Sagrada Escritura llama “Dios de vivos, no de muertos”. Para el que no cree en Dios, la cosa está resuelta de antemano: si Dios no existe, mucho menos existirá una vida después de la muerte, por tanto, de lo que se trata es de vivir esta vida, la única que hay, lo mejor posible y sacándole el mayor provecho posible en cada momento: “comamos y bebamos, que mañana moriremos”, así caracteriza san Pablo la “filosofía” materialista de los que se apuntan únicamente a esta vida: “su dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas. Sólo aspiran a cosas terrenas”(Fil 3,19). Ciertamente, también hay otros que, sin esperar otra vida, porque no han recibido el don de la fe, viven esta vida de una manera digna, más digna a veces que los que “esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro”.

Sin embargo, el misterio de la muerte y la “suerte de los difuntos” sólo halla una respuesta adecuada desde la fe. Así nos enseña el Concilio Vaticano II: “Mientras toda imaginación fracasa ante la muerte, la Iglesia, aleccionada por la Revelación divina, afirma que el hombre ha sido creado por Dios para un destino feliz situado más allá de las fronteras de la miseria terrestre. La fe cristiana enseña que la muerte corporal… será vencida cuando el omnipotente y misericordioso Salvador restituya al hombre en la salvación perdida por el pecado… Ha sido Cristo resucitado el que ha ganado esta victoria para el hombre, liberándolo de la muerte con su propia muerte”(GS 18).

Los hombres sin esperanza, es decir, sin fe se afligen ante la muerte, porque con ella todo termina irremisiblemente. El Apóstol Pablo, en cambio, quiere que los creyentes miremos a la muerte con otros ojos, con otra cara: “Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto en Jesús, Dios los llevará con El“. El punto principal es la resurrección de Cristo, ella es la garantía de la resurrección de todos los demás, que hayan muerto en Jesús. Pablo no olvida este dato: morir todos tenemos que morir, lo importante es morir en Cristo Jesús, es decir, en su gracia y amistad.

“La suerte de los difuntos” está en Dios; por la muerte temporal han entrado en la vida eterna de Dios. Como la simiente que sembramos en la tierra ha de morir, ha de pudrirse primero para dar fruto, así también nosotros, para alcanzar la vida sin fin hemos de pasar por el doloroso trance de la muerte: a la vida verdadera se pasa por la frontera del sepulcro. Pero lo  verdaderamente importante es que cuando llamemos a su puerta, El nos abra; lo decisivo es que cuando venga el Esposo para invitarnos a entrar con El al banquete del Reino, nos encuentre preparados, con las lámparas encendidas, es decir, con la llama de la fe, la esperanza y la caridad iluminando nuestra vida y nuestra muerte.

Precisamente porque nosotros confiamos en que “la suerte de los difuntos” está en Dios, por eso mismo no sólo los recordamos, sino que entramos en comunión con ellos, rezamos a Dios por ellos y ellos interceden por nosotros. Como nos enseña el Concilio Vaticano II: “la fe… ofrece la posibilidad de una comunión con nuestros queridos hermanos arrebatados por la muerte, dándonos la esperanza de que poseen ya en Dios la vida verdadera”(GS 18).

Esta comunión con nuestros difuntos alcanza su momento culminante cuando oramos a Dios por ellos en la Eucaristía; entonces la Iglesia, mientras ofrece al Padre el sacrificio de Cristo presente sobre el altar, recuerda a los difuntos y reza especialmente por ellos. Es lo que estamos haciendo nosotros reunidos hoy aquí para orar por nuestro hermano que acaba de dejarnos. Y hay que decir que este rezar por él es un verdadero acto de fe, una confesión del Dios de vivos, a cuya misericordia le confiamos con la esperanza de ser contados también nosotros en el número de los elegidos, de aquellos que entran con el Esposo al banquete de bodas del Reino, “donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria…, porque al contemplarte como tú eres, Dios nuestro, seremos para siempre semejantes a ti y cantare­mos eternamente tus alabanzas” (Plegaria III).

No den al César lo que es de Dios

«Los fariseos se reunieron entonces para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones. Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque tú no te fijas en la categoría de nadie. Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?».

Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa? Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto».

Ellos le presentaron un denario. Y él les preguntó: «¿De quién es esta figura y esta inscripción?».

Le respondieron: «Del César».

Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios» (Mt 22,15-21).

Se reunieron para sorprender a Jesús

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El Evangelio viene mostrando un episodio en que la AUTORIDAD de Jesús fue CUESTIONADA por sus interlocutores. Las preguntas planteadas constituían un DESAFÍO, al cual Jesús debía responder para conservar la consideración que de él tuviera el público.

Este tipo de relación era frecuente en la sociedad del antiguo Mediterráneo. Constituye un modo de comunicación en la que se quiere COMPARTIR o DISPUTAR el HONOR de otra persona.

Todo esto sucedía públicamente, ya que así se obligaba al que era desafiado a que reaccionara de algún modo. Su falta de REACCIÓN se interpretaría como una incapacidad para responder y quedaría desacreditado delante de todos.

La trampa puesta a Jesús es difícil de evitar, porque tanto la afirmación como la negación lo compromete. Sobre todo cuando se confronta esa respuesta con las ya conocidas declaraciones de un famoso líder rebelde:

[Judas el Galileo] «decía que era una vergüenza aceptar pagar tributo a Roma y soportar, después de Dios, a unos dueños mortales» (Josefo, Guerra de los Judíos II,118).

 La negativa al pago sería usada, pues, como acusación de rebeldía frente a la autoridad romana. Pero, confrontada con esa declaración, una respuesta afirmativa parecería al pueblo una falta de lealtad ante Dios:

[Los seguidores de Judas Galileo] «creen que Dios es el único Dueño y Señor. Les importa poco padecer cualquier tipo de muerte, hasta el más inaudito; el único objetivo que tienen es NO DAR EL NOMBRE DE SEÑOR A NINGÚN SER HUMANO» (Josefo, Antigüedades  XVIII 25).

¿Está permitido pagar el impuesto al César o no? NO El César no es SeñorConflicto con el Imperio
Dios no es el único SeñorConflicto con el Pueblo

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Contra-desafío de Jesús

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Jesús es puesto en la disyuntiva de contradecir la POTESTAD IMPERIAL o contradecir la REALEZA de DIOS que viene predicando.

Por eso devuelve el desafío comprometiendo a los retadores.

ACCIÓN Desafío «¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?»
RECEPCIÓN Manifestación de haber recibido el mensaje «¿por qué me tienden una trampa? Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto».
REACCIÓN Contra-desafío «¿De quién es esta figura y esta inscripción?».«Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios»

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La lealtad Decisiva

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El movimiento revolucionario había radicalizado el PRIMER MANDAMIENTO: la lealtad al emperador era una traición a Dios.

Jesús también lo va a radicalizar, pero transfiriendo esta alternativa del campo POLÍTICO (Dios – César) al ECONÓMICO (Dios – Dinero). No exigió una opción sin reservas entre Dios y el emperador, pero sí lo hizo entre la adhesión Dios y el servilismo del dinero:

«Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero» (Mt 6,24).

Qué es lo que corresponde a Dios y qué al poder político lo explicitará el Apóstol Pablo:

«DAD A cada cual lo que se debe: a quien impuestos, impuestos; a quien tributo, tributo; a quien temor, temor; a quien honor, honor» (Rom 13,7).

 A la autoridad se le dará respeto y se le pagarán los impuestos. Pero sólo a Dios se deberá la LEALTAD DECISIVA, a través del amor y el temor, cuando la autoridad humana pretenda una obediencia en contra de los mandatos de Dios.

Los Viñadores asesinos… Mt 21, 33-46

«Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. 

Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera. Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: “Respetarán a mi hijo”. 

Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: “Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia”. Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron. 

Cuando vuelve el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?». 

Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo». 

Jesús agregó: «¿No han leído nunca en las Escrituras: “La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos”? Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos».

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta» (Mt 21,33-43.45-46).

Israel, la Viña de YHWH

El comienzo de la parábola es deliberadamente evocador de una imagen usada en la Escritura: DIOS formó al pueblo de ISRAEL como se planta una VID. El Salmista ruega a Dios en su oración que no deje en manos de los enemigos al pueblo que en pasado rescató de la esclavitud y guió hasta Canaán:

«Tú sacaste de Egipto una vid, expulsaste a los gentiles y la plantaste; le preparaste el terreno, echó raíces y llenó toda la región… ¿Por qué has derribado sus cercos para que puedan saquearla todos los que pasan? … Vuélvete, YHWH de los ejércitos, observa desde el cielo y mira: ven a visitar tu vid, la cepa que plantó tu mano, el retoño que tú hiciste vigoroso» (Sal 80,9-10.13.15-16).

Por su parte los profetas describen la infidelidad del pueblo a la Alianza con Dios como una falta de fructificación de una vid muy cuidada:

 «Mi amigo tenía una viña en una loma fértil. La cavó, la limpió de piedras y la plantó con cepas escogidas; edificó una torre en medio de ella y también excavó un lagar. El esperaba que diera uvas, pero dio frutos agrios. La viña de YHWH de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantación predilecta. ¡El esperó de ellos equidad. y hay efusión de sangre; esperó justicia, y hay gritos de angustia!» (Is 5,1-2.7)

Los arrendatarios

Jesús comenzó el relato de modo idéntico a Isaías. Sin embargo introdujo una importante variación en la metáfora: la VIÑA de Dios continúa siendo Israel, pero no carece de frutos ( = buenas obras). En el Evangelio la crítica irá dirigida a los LABRADORES que debían cultivarla.

El tema de la parábola de Jesús refleja una situación frecuente por entonces. Muchas personas debían vender sus tierras a causa de las deudas. Y terminaban trabajando su campo, ya no como propietarios, sino como ARRENDATARIOS de algún terrateniente ausente que lo había adquirido. Así se quejaban ante el gobernador Nehemías unos siglos antes:

«Hemos tenido que hipotecar nuestros campos y nuestras viñas para pagar el tributo al rey. Ahora bien, nuestra carne es como la carne de nuestros hermanos, nuestros hijos son como los de ellos. Sin embargo, nosotros tenemos que someter a esclavitud a nuestros hijos y nuestras hijas, y algunas de nuestras hijas ya han sido abusadas. Y no podemos hacer nada, porque nuestros campos y nuestras viñas pertenecen a otros» (Neh 5,4-5).

Por eso era muy habitual que se juntara un gran RESENTIMIENTO contra aquellos propietarios ausentes. En la parábola los arrendatarios buscan apropiarse de los frutos, primero, y del campo, después.

Los siervos de YHWH

El relato no describe las circunstancias en las que los labradores se convirtieron en arrendatarios. Por eso el oyente no puede contemplarlos como VÍCTIMAS de un sistema social injusto. De haberse incluido ese aspecto, su violencia podía aparecer como justificada.

Pero el interés del narrador, al presentar sólo la REBELDÍA de los arrendatarios, es el de centrar la atención del oyente en la VIOLENCIA de los labradores.

Los destinatarios de la parábola no se sienten involucrados en el relato, como tampoco el rey David se sintió identificado con el rico despiadado que se apropió de la ovejita del pobre (2 Sam 12,1-6). Así expresarán espontáneamente su malestar contra los viñadores, como David lo hizo contra el rico de la parábola que le relató el profeta Natán.

Sin embargo no advierten como el narrador los va involucrando en la historia, como hizo Natán con David. Porque en el lenguaje consagrado de la Escritura los profetas son presentados frecuentemente como SIERVOS de YHWH:

«Desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta el día de hoy, yo les envié a todos mis SERVIDORES los profetas, los envié incansablemente, día tras día» (Jer 7,25).

«YHWH no hace nada sin revelar su secreto a sus SERVIDORES los profetas» (Am 3,7).

«Desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta el día de hoy, yo les envié a todos mis SERVIDORES los profetas, los envié incansablemente, día tras día» (Jer 7,25).

Violencia contra los profetas

La mención de los SERVIDORES proporciona así un carácter ALEGÓRICO al relato, que ya no puede ser leído en su literalidad. No describe un conflicto entre clases sociales en un contexto de crisis económica. Alude a la conocida historia del rechazo de los PROFETAS. Así lo reconocía un piadoso durante el destierro:

«No hemos escuchado a tus SERVIDORES los PROFETAS, que hablaron en tu Nombre a nuestros reyes, a nuestros jefes, a nuestros padres y a todo el pueblo del país» (Dn 9,6).

Los verbos usados evocan el destino de algunos profetas:

  • «Entonces [el sacerdote Pasjur] mandó GOLPEAR a Jeremías, el profeta, y lo hizo poner en el cepo que está en la puerta Alta de Benjamín, en la Casa de YHWH» (Jer 20,2).
  • «Urías, hijo de Semaías, de Quiriat Iearím, profetizó contra esta ciudad y contra este país en los mismos términos que Jeremías… El rey Joaquím lo hizo MATAR con la espada y arrojó su cadáver a la fosa común» (Jer 26,20-23).
  • «Se confabularon contra Zacarías, hijo del sacerdote Iehoiadá, y por orden del rey lo APEDREARON en el atrio de la Casa de YHWH» (2 Cro 24,21).

Ensañamiento contra el hijo

Los personajes del relato pudieron suponer que la aparición del hijo significaba que el propietario había muerto. Si también el HEREDERO moría, la viña ya no tendría dueño y los arrendatarios podrían reclamar la propiedad.

También la expresión HIJO evocaba en la Escritura la condición de verdadero representante de la VOLUNTAD de Dios:

«Tendamos trampas al JUSTO, porque nos molesta y se opone a nuestra manera de obrar; nos echa en cara las transgresiones a la Ley y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida. El se gloría de poseer el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo HIJO del Señor» (Sab 2,12-13).

La parábola ha vuelto a instalar el tema debatido por los sacerdotes del Templo en torno a la AUTORIDAD [de Juan el Bautista y] de Jesús.

Han rechazado a ambos. Jesús los ha comparado entonces como hijos que no han obedecido la llamada de Dios, a diferencia de los publicanos y las prostitutas creyeron en Juan, el mensajero de Dios (Mt 21,32).

Ahora Jesús dispone el relato para insinuar que no sólo son desobedientes. Pueden llegar a ser también homicidas si ven amenazada su autoridad.

Los malvados

La respuesta de los oyentes a Jesús es tan segura y vehemente como la de David al profeta:

«David se enfureció contra aquel hombre y dijo a Natán: «¡Por la vida de YHWH, el hombre que ha hecho eso merece la muerte! Pagará cuatro veces el valor de la oveja, por haber obrado así y no haber tenido compasión».

Entonces Natán dijo a David: «¡Ese hombre eres tú! Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te libré de las manos de Saúl; te entregué la casa de tu señor y puse a sus mujeres en tus brazos; te di la casa de Israel y de Judá, y por si esto fuera poco, añadiría otro tanto y aún más. ¿Por qué entonces has despreciado la palabra de YHWH, haciendo lo que es malo a sus ojos? ¡Tú has matado al filo de la espada a Urías, el hitita! Has tomado por esposa a su mujer, y a él lo has hecho morir bajo la espada de los amonitas» (2 Sam 12,5-9).

La última frase refuerza la acusación de MALVADOS hecha contra los labradores. Reconocen el carácter alegórico del relato, pero hasta el final no «comprendieron que se refería a ELLOS» (Mt 21,45):

«¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados… sino que se complace en la ley de YHWH y la medita de día y de noche! El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce FRUTO a su debido tiempo…No sucede así con los MALVADOS» (Sal 1,1-4).

Sustitución de los labradores

En el momento decisivo de la interpretación no se puede olvidar que Jesús, a diferencia de Isaías, no cuestiona la VIÑA (Israel), sino a los ENCARGADOS de trabajarla. Por falta de frutos (Is 5,4) el profeta amenazaba: «Les haré conocer lo que haré con mi viña; Quitaré su valla, y será destruida, derribaré su cerco y será pisoteada» (Is 5,5).

Jesús no reprocha a la viña falta de frutos, sino a los labradores no haberlos entregado al dueño. No anuncia la plantación de OTRA VIÑA (un Nuevo Israel), sino la sustitución de los viñadores.

El pensamiento es afín al de Jeremías sobre los pastores:

«Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas, de todos los países adonde las había expulsado, y las haré volver a sus praderas, donde serán fecundas y se multiplicarán. Yo suscitaré para ellas pastores que las apacentarán; y ya no temerán ni se espantarán, y no se echará de menos a ninguna -oráculo de YHWH» (Jer 23,3-4).

Según la lógica del Evangelio de Mateo, los Apóstoles de Jesús son los nuevos pastores encargados de reunir «las ovejas perdidas del pueblo de Israel» (Mt 10,6).

Responsabilidad por los frutos

Los encargados del Templo ven confirmadas las preocupaciones surgidas desde el momento que Jesús hizo su entrada en la ciudad. A la pregunta directa sobre su autoridad, Jesús les había insinuado que era semejante a la de Juan. Si bien ellos no la habían aceptado, no se animaban a rechazarlo públicamente por «temor a la multitud, porque todos consideran a Juan un PROFETA» (Mt 21,26).

Ahora Jesús insinúa que esa actitud no es diferente a la de quienes maltrataron a los profetas del pasado, de los cuales él es un sucesor (definitivo).

Lo que impide por el momento que se apoderen de Jesús es, nuevamente, el «temor a la multitud, que lo consideraba un PROFETA» (Mt 21,46).

Este temor siempre limitó la autoridad INSTITUCIONAL que ostentaban, pues «a pesar de llegar al cargo, por necesidad, concedían todo lo que decían los fariseos, por no hacerse insoportables al pueblo» (cf. Josefo, Antigüedades XVIII, 11-25).

Los NUEVOS ARRENDATARIOS no deben olvidar, por su parte, que la VIÑA no es suya, sino del Señor. A él deberán dar cuenta de los frutos producidos:

«Si tenéis en vuestro corazón amarga envidia y espíritu de contienda, no os jactéis ni mintáis contra la verdad. Tal sabiduría no desciende de lo alto, sino que es terrena, natural, demoníaca… En cambio la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía. Frutos de justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz» (Sant 3,14-18).

Los Viñadores Asesinos

Del blog En la Escuela de las Escrituras

El Perú sufre…

LAS IMÁGENES LO DICEN TODO…

UNA REGLA DE ORO, VALIDA PARA TODOS (Lucas 6, 36-38)

36 Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. 37 No juzguéis y no os juzgarán, no condenéis y no os condenarán, perdonad y os perdonarán, 38  dad y os darán: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante; pues la medida que uséis la usarán con vosotros.


La segunda parte del discurso del llano va orientada a los oyentes, a todo el pueblo. En primera instancia, Jesús invita a todos a un amor generoso y universal (6,27-38), a fin de llegar a asemejarse del todo al Padre del cielo. De no ser así, si actuamos como lo hacen los paganos y descreídos, ¡vaya gracia! Si pagamos con la misma moneda, quiere decir que no hemos renunciado a sus falsos valores. El hombre que se abre al amor se vuelve generoso como el Dios de la creación; él mismo se fabrica la medida con la que será recompensado.

Ser misericordiosos y no juzgar es uno de los principios más importantes del evangelio, junto a aquel de amarnos los unos a los otros y al prójimo como así mismo. Si nosotros como cristianos lleváramos a la práctica este consejo de Jesús tendríamos en gran parte asegurada una vivencia comunitaria que nos haría crecer y madurar.

Nuestra mentalidad debe ser distinta de la del mundo y debemos asumir la superación que Jesús trajo a la Ley del Antiguo Testamento. En este todos los mandamientos están enunciado en forma negativa, o mejor, prohibitiva: No matarás… no robarás… no usarás el hombre de Dios en vano… etc. Y así nos aprendimos desde pequeños los Mandamientos de la Ley de Dios, pero los discípulos de Jesús no nos debemos contentar con no hacer el mal, sino que debemos procurar hacer el bien y este bien con una medida bien precisa: Bien como lo queremos para nosotros mismo en esa misma medida. Tendríamos que ser un poco enfermos para desearnos el mal a nosotros mismos y seríamos egoístas si no deseáramos, al menos en la misma medida que para nosotros el bien para los demás.

En el evangelio de hoy nos hace un pequeño reto para nuestra vida, deberíamos avanzar un poco más allá de esto que acabamos de decir y llegar a ser como Dios, debería llegar a amar a los demás con el amor de Dios que precisamente no hace distinciones y se conmueve hasta las entrañas cuando de sus hijos e hijas se trata.


Mt 17,1-9. LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS

Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.

De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.

Pedro dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantará aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo».

Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos, y tocándolos, les dijo: «Levántense, no tengan miedo».

Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos» (Mt 17,1-9)

La Transfiguración de Jesús

El Evangelio del 2do Domingo de Cuaresma relata la TRANSFIGURACIÓN (gr. Metamorfosis) de Jesús, que sigue al primer anuncio de la Pasión. Si tal anuncio intentaba corregir las expectativas desmedidas de quienes lo consideraban el Mesías, la manifestación gloriosa en el monte quiere dejar en claro que a los sufrimientos seguirá la exaltación del Elegido de Dios.

En el Monte se reviven las experiencias de Moisés y de Elías en el Horeb.

La Montaña Santa

La escena, presente en los tres Evangelios sinópticos, constituye un relato de Epifanía o «manifestación divina». Guarda semejanzas con la narración de la entrega de la Ley a Moisés, con la cual se buscaría establecer un paralelo:

MONTE No se menciona el nombre «Sube hasta mí, al monte [Sinaí]; quédate allí» (Ex 24,12)
GRUPO SELECTO Pedro, Santiago y Juan «Sube donde YHWH, tú, Aarón, Nadab y Abihú, con setenta de los ancianos de Israel» (Ex 24,1)
ROSTRO BRILLANTE Su rostro resplandecía como el sol «cuando bajó del monte con las dos tablas del Testimonio en su mano, no sabía que la piel de su rostro se había vuelto radiante» (Ex 34,29)
NUBE LUMINOSA una nube luminosa los cubrió con su sombra «La gloria de YHWH descansó sobre el monte Sinaí y la nube lo cubrió por seis días» (Ex 24,16).
VOZ SALIDA DE LA NUBE «Este es mi Hijo muy querido, mi predilecto» «Al séptimo día, llamó YHWH a Moisés de en medio de la nube» (Ex 24,16).
TEMOR DE LOS PRESENTES los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor «Aarón y todos los israelitas miraron a Moisés, y al ver que la piel de su rostro irradiaba, temían acercarse a él» (Ex 34,30).

Moisés y Elías

Como en el relato del Éxodo se entabla una conversación donde el que habla con Dios adquiere resplandor en el rostro:

«Los israelitas veían que su rostro estaba radiante. Después Moisés volvía a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba de nuevo a conversar con el Señor» (Ex 34,35).

Moisés y Elías ocupan un lugar fundamental en la historia de Israel. Y el final de la vida de ambos queda rodeado por el misterio. Por eso de ambos se esperaba el retorno en el  final de los tiempos:

MOISES ELIAS
Entrega la Ley al pueblo e inaugura la Alianza (Ex 24,1-8). Profetiza para que el pueblo retorne a la Alianza (1 Re 18,21.39)
Su sepulcro no se encontró (Dt 34,6) Fue elevado al cielo (2 Re 2,1-11)

Al final del relato se relaciona la Transfiguración de Jesús con el destino de Moisés y Elías. Lo que han visto los discípulos tendrá pleno sentido cuando también Jesús sea elevado junto a Dios:

«No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos» (Mt 17,9).

Un anticipo del mundo futuro

Las «tres TIENDAS» intentan perpetuar la presencia divina que se manifiesta en la nube.

Podría ser una evocación de la fiesta de los Tabernáculos, que recuerda cuando Israel habitó en tiendas después de salir de Egipto.

El profeta  Zacarías presentaba el porvenir definitivo bajo la forma de una inmensa fiesta de las Tiendas, a la que serán invitadas las naciones junto con Israel:

«Todos los supervivientes de todas las naciones que hayan venido contra Jerusalén subirán de año en año a postrarse ante el Rey YHWH Sebaot y a celebrar la fiesta de las Tiendas» (Zac 14,16).

Una nube cubre a los presentes como lo hizo en el pasado la Presencia Divina sobre la Tienda del Encuentro:

«Moisés no podía entrar en la Tienda del Encuentro, pues la Nube moraba sobre ella y la gloria de YHWH llenaba la Morada» (Ex 40,35).

Escuchar y poner en práctica.

El mandato divino de escuchar a Jesús tiene correspondencia con el compromiso que Israel asumió con Moisés en el desierto y con Josué al entrar en la Tierra prometida:

«Acércate y escucha lo que dice el Señor, nuestro Dios, y luego repítenos todo lo que el te diga. Nosotros lo escucharemos y lo pondremos en práctica» (Dt 5,27).

«El pueblo respondió a Josué: «Nosotros serviremos al Señor, nuestro Dios y escucharemos su voz» (Jos 24,24).

Cuando «el Hijo del hombre resucite de entre los muertos» (Mc 9,9), los discípulos reconocerán en Jesús al Profeta prometido por Moisés: (Hech 3,23).

«YHWH tu Dios suscitará, de en medio de ti, entre tus hermanos, un profeta como yo, a quien escucharéis» (Dt 18,15).

A imagen de Jesús

El relato anticipa la gloria que recibirá Jesús después de su Pasión.

El verbo trans-figurar (o trans-formar) aparece en el Nuevo Testamento en los Evangelios sólo dos veces: Mt 17,2 y Mc 9,2 (en voz pasiva), aplicado a Jesús

Pero el Apóstol Pablo lo usa en dos ocasiones más, referido a los creyentes:

«Nosotros, con el rostro descubierto, reflejamos, como en un espejo, la gloria del Señor, y somos transfigurados a su propia imagen con un esplendor cada vez más glorioso, por la acción del Señor, que es Espíritu» (2 Co 3,18).

El Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos transforma por la gracia a los creyentes para que sean cada vez más semejantes a Jesús.

«No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfigúrense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto» (Rom 12,2).

Aquellos que escuchan la enseñanza de Jesús se comprometen a configurar su modo de pensar y de obrar de acuerdo a ella.

FUENTE: Domingo Cosenza

Viernes 10 de marzo: LOS PRIMEROS PUESTOS EN EL SERVICIO…

17 Mientras iba subiendo a Jerusalén se llevó Jesús aparte a los Doce y les dijo por el camino: 

18 – Mirad, estamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y letrados: lo condenarán a muerte 19 y lo entregarán a los paganos, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; pero al tercer día resucitará. 

20 Entonces se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos para rendirle homenaje y pedirle algo. 21 Él le pregunto: 

-¿Qué deseas? 

Contestó ella: 

-Dispón que cuando tú reines estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. 

22 Pero Jesús replicó: 

-No sabéis lo que pedís: ¿sois capaces de pasar el trago que voy a pasar yo? 

Le contestaron: 

-Sí, lo somos. 

23 Él les dijo: 

-Mi trago lo pasaréis, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no está en mi mano concederlo más que a aquellos a los que mi Padre se lo tenga preparado. 

24 Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. 

25 Jesús los reunió y les dijo: 

-Sabéis que los jefes de las naciones las dominan y que los grandes les imponen su autoridad. 26 No será así entre vosotros; al contrario, el que quiera hacerse grande sea servidor vuestro 27 y el que quiera ser primero sea siervo vuestro. 28 Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por todos.


Como es frecuente en los relatos de anuncio de la pasión, lo sigue un malentendido de los discípulos, en este caso un reclamo de “primeros puestos”. La unidad termina regresando al comienzo y dando sentido a la muerte de Jesús, presentado como Hijo del hombre: una muerte presentada como “rescate”. 

Ya es conocida la predilección de Jesús por Santiago y Juan, por eso no extraña totalmente que pretendan sentarse en los tronos de mayor cercanía para el juicio que se avecina. Que el pedido lo haga, en este caso la madre, sirve para comparar con otra madre que también pide, que también se postra, pero que en este caso obtiene lo que solicita: la mujer Cananea, es que una cosa es pedir movido por la compasión y ante el dolor ajeno, y otra para obtener beneficios y ser considerado “de los primeros”. 

La pretensión de primeros puestos , propia de “los jefes” no es coherente con la actitud que Jesús refleja al decir “de la misma manera” . No debemos modelar nuestra vida y estructuras como “los jefes de las naciones” sino en base al criterio superador del “servicio”, como el de Jesús. El sentido cristológico de la unidad muestra que la vida, ejemplo, servicio y muerte del hijo del hombre dan sentido a nuestras actitudes y es esa dinámica, la del reino, y no la de “las naciones” la que nos debe mover en lo cotidiano, como personas, y como comunidades. Este “no así entre ustedes” nos revela que estas actitudes parecen repetirse también en la comunidad cristiana, como a su vez lo indica el paralelismo con Mt 23,1-12. Habrá que ser claros, y lamentar que “el giro constantiniano haya llevado a la Iglesia a una identificación con la sociedad cerrada de occidente, lo que ha hecho que los sucesores de los apóstoles terminaran siendo príncipes de esta sociedad ” (J. Ratzinger).

Martes de la primera semana de Cuaresma 2017

Creatividad desde el amor.

EL AMOR ES CREATIVO Y LA BELLEZA CAUTIVA EL ALMA.2047178172_62dadf0677_b

Cuando amamos, somos capaces de inventar miles de formas para demostrar nuestro amor. Amor a la persona amada o amado. Amor a tu familia, a tus amigos, a tu lugar favorito. Amor a todo aquello que te rodea! Amor a la creación, y por ende, a su Creador. Es importante vivir enamorados por que se habla con entusiasmo solo de lo que se está enamorado. Al corazón llega solamente lo que parte del corazón.

Decía San Vicente de Paúl: EL AMOR ES CREATIVO HASTA EL INFINITO.

Aquí unas frases y un vídio que describe el amor y la belleza de una hermosa ciudad.

“Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta”. ( Mariano José De Larra)

“Te has parado alguna vez a ver los colores que estallan en Madrid cuando, al salir del metro en una tarde otoñal, el sol se va?” ( Juaquín Sabina)

Madrid, te comería a versos. (Leiva, vídeo oficial)

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