El Secreto mesiánico

«Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea. Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón.

Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara. Porque, como curaba a muchos, todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo. Y los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies, gritando: «¡Tú eres el Hijo de Dios!».

Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto» (Mc 3,7-12).

 

La multitud que busca a Jesús recurre a él a causa de su fama como obrador de milagros. Esa misma gente es la que contribuye a que la fama de Jesús crezca aún más:

«Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban» (Mc 7,36).

Este amplio radio de transmisión fuera del grupo de los discípulos (Judea, Idumea, la Transjordania y la región de Tiro y Sidón), probablemente se habría interesado por los aspectos más sensacionales de la actividad de Jesús, y habría desatendido los puntos centrales del mensaje del Evangelio, a los que estaban ligados los milagros, como la vinculación entre sanación y conversión.

El Evangelio de Marcos habría integrado algunos relatos de divulgación popular, que reflejaban la creencia general en los milagros. Pero a la vez muestra a un Jesús que se opone a tal tipo de divulgación.

  • El «secreto mesiánico» de Jesús buscaría corregir una imagen suya que fascinaba, no sólo a la multitud del pueblo, sino también a muchos en la comunidad de los discípulos.
  • Marcos integra estas tradiciones populares en su Evangelio, pero combina dichos relatos con la decisión de seguir a Jesús, que incluye la pasión. Sólo así los milagros alcanzan su pleno significado y la curación llega a ser verdadera salvación para el hombre.

En la balanza del cielo no pesará lo que acumulaste, sino lo que diste en vida

PIENSO QUE Somos una sociedad imperfecta y por ende consumista:

  • “Adelgaza que estás muy gorda”,
  • “búscate un marido que se te pasa el arroz”,
  • “trabaja más duro o no llegarás a nada”… etc

un sinfín de mensajes que recibimos cada día, no solo de la televisión e internet sino también de los demás, incluso de los más queridos. Hombres y mujeres estamos expuestos a unos duros criterios ficticios para ser mejores estudiantes, hijos, padres, trabajadores y todo lo que se nos pueda ocurrir.

Hemos instaurado un canon para todo y ¡cuidado el que se salga de la norma! Un ideal absurdo que no solo se ha llevado vidas por delante (por culpa de la anorexia o la bulimia nerviosa, el suicidio o la depresión, por ejemplo) sino que, además, es imposible de alcanzar.

Hagas lo que hagas siempre habrá alguien que te critique. SIEMPRE. No importa que creas que estás haciendo lo correcto. 

Una experiencia:

“Hace años cuando compré mi casa mi madre me preguntó justo antes de coger las vacaciones ‘hija ¿cómo es que te vas de viaje si no has cambiado las ventanas de tu casa?’. En ese momento algunas ventanas no cerraban bien y entraba un frío considerable por ellas. Quizás lo ‘sensato’ hubiera sido quedarme, en cambio mi respuesta fue ‘prefiero invertir mi dinero en algo que pueda llevarme al morir’.

»Mis ventanas se quedarán aquí. Mis muebles, mi ropa y todo lo que poseo también. Mis viajes, mis lecturas, mis aprendizajes, mis decisiones, mis atrevimientos, mis relaciones, mis recuerdos… Todo eso me lo llevo donde vaya y es lo que me convierte en lo que soy.

CREO QUE »Estamos en una sociedad que nos da múltiples ideas sobre dónde gastar nuestro dinero, que da importancia a lo banal y nos convence de que somos imperfectos. Deberías quitarte esos kilos de más, deberías de ganar más (como tu hermano), deberías casarte que se te va a pasar el arroz, deberías ser diez centímetros más alto, deberías teñirte el pelo que se te ven las canas, deberías ser mejor madre… Todo a nuestro alrededor indica que ni tú ni yo somos lo esperado, lo perfecto. Y ahora ¿qué hacemos? Una posibilidad es luchar desesperadamente intentando llegar a un ideal absurdo.

»Nos dejaremos un dineral intentando aparentar ser alguien que no somos. Al final de esta carrera estaremos como el hámster en la rueda: en el mismo sitio. Un lugar muy, muy lejos de nuestro verdadero ser.

»Hay que comenzar a tomar decisiones de compra conscientes. Tampoco tiene que ser algo drástico, tómate tu tiempo. Las pequeñas decisiones repetidas en el tiempo son las importantes. La próxima vez que vayas a comprar cremas, comida o ropa pregúntate ¿realmente necesito esto? Y, muy importante, ¿qué emoción me impulsa a hacer esta compra?

Al reflexionar quizás veas que detrás de lo que compras hay miedo, falta de valoración personal o ganas de aparentar. En tal caso, ahórratelo.

»Puedes hacer una hucha donde ir echando todo lo que ahorres en esas compras que evitas. Luego gástalo en ti. En viajes, en cursos de cocina sana o de crecimiento personal, en un masaje, en terapia, en clases de yoga, en unas cervezas con los amigos, en una donación a una causa en la que creas, en un buen libro… En algo que te aporte, en algo que, cuando conectes con la emoción que te impulsa, te llene de alegría, amor o conexión. Hay un dicho que escuché hace años y me encanta: ‘Quien compra lo que no necesita se roba a sí mismo’.

El que fue presidente de Uruguay, José Mujica, lo explica de una manera muy lúcida: ‘Cuando tú gastas, en el fondo lo que estás gastando es tiempo de vida que se te fue’. 

»Quizás no lo hayas visto antes así, lo cierto es que el dinero sale de tu trabajo y ese trabajo son horas de tu vida que dedicaste a eso. Por tanto, al comprar algo estás dando a cambio horas de vida que no volverán ¡que sea por algo que valga la pena!

»Si hay algo que siempre he temido es llegar al momento de la muerte, mirar atrás y darme cuenta de que no entendí lo importante. Bronnie Ware es autora de un libro llamado Los cinco arrepentimientos de los moribundos. Ella ha trabajado años como enfermera en cuidados paliativos, eso la ha hecho estar en contacto con muchas personas en uno de los momentos más importantes de su vida, la muerte. Escuchar sus inquietudes y reflexiones ha cambiado su vida, algo que ha querido compartir en su obra y que resume en los siguientes arrepentimientos:

1. Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer.

2. Ojalá no hubiera trabajado tanto.

3. Ojalá hubiera tenido el coraje de expresar lo que realmente sentía.

4. Ojalá hubiera vuelto a tener contacto con mis amigos.

5. Ojalá hubiera sido más feliz.

»No menciona ‘ojalá hubiera sido más estiloso’, ‘ojalá hubiera tenido un Lamborghini’ y tampoco dice ‘ojalá hubiera tenido un culo más firme’. Menciona lo importante de la vida: escucharte, pasar tiempo con los que amas, expresar tus emociones para conectar mejor y apreciar lo que tienes para ser más feliz.

»Recuérdalo cada día y cuando llegue tu momento de dejar este plano te irás lleno de historias hermosas, de vivencias y, muy importante, de paz”.

Fuente original: Hekay

Podemos huir del llamado de Dios, pero de su presencia jamás…

Cada uno de nosotros en algún momento de nuestra vida podemos llegar a encontrarnos en un momento de crisis. Nadie es la excepción. Un momento de crisis saca de ti lo que tú mismo ni siquiera sabes que tienes dentro y es este el punto de partida que define si ves en tu crisis una oportunidad o un problema más sin solución.

Cuando tu vida está envuelta en cualquier tipo de crisis tienes dos opciones: Seguir adelante o escapar.
Huir resulta la más sencilla y por ende es la que con frecuencia escogemos. Hoy debo decir que nuestras excusas han sido las que por mucho tiempo, incluso años, han impulsado nuestros más grandes temores y miedos. Estas son las que nos han sumergido dentro de un inmenso mar oscuro y frío donde parece no haber salida y lo único en que pensamos es en huir… Huir de situaciones adversas, críticas, huir a nuestro mismo llamado y huir de Cristo.

Hace poco, una joven me expresaba una inquietud que tenía en su corazón y me preguntaba si cada uno de nosotros tenía un llamado.  Ella me especificaba que amaba a Dios con todo su ser pero al mismo tiempo no tenía un norte hacia donde dirigir su llamado. Es una mujer apasionada haciendo lo que más le gusta, pero dentro de eso no ha hallado el llamado que Dios tiene para su vida.
En medio de esa conversación yo recordé que yo descubrí mi llamado escapando de Él. Sí, leíste bien: escapando de las manos de Jesús.
Como lo mencioné antes, tú escapas es de los más grandes miedos que tienes dentro de ti. Yo le huí a Cristo, tal vez por mis temores al creer que no era suficiente para construir el sueño de Dios. Es una misión tan grande que en mi mente me ‘’quedaba corta’’ a la hora de empezarla.

Seguramente después de esto hayas obtenido fuerzas para seguir adelante en medio de tus problemas, pero tal vez hayan aumentado tus ganas de huir de tu llamado y de Jesús. En mi caso, descubrí la única clave para escapar de Cristo y quiero compartirla contigo.

FORTALECE TU INCREDULIDAD CON UN CÓMO.

Absolutamente cualquier duda que tengas para confrontar tus situaciones pregúntaselo a Dios con un CÓMO.

  • ¿CÓMO voy a predicar tu palabra si no sé hablar?
  • ¿CÓMO conseguiré este negocio si no tengo influencias?
  • ¿CÓMO influenciar mi trabajo, barrio o universidad si soy muy joven/viejo?
  • ¿CÓMO pastorear sin saber pastorear?

La clave está en el “cómo”.
Siempre que tenemos dudas que no nos dejan avanzar, Dios siempre las responde y descubrirás que cuando empiezas con un cómo Él termina con esto:

  • «No temas, sino habla y no calles’’ – Hechos 18:9
  • «Yo pongo mis palabras en tus labios.
 Hoy te doy plena autoridad’’ – Jeremías 1:9
  • Pero el Señor me dijo:
 «No digas que eres muy joven.
 Tú irás a donde Yo te mande,
 y dirás lo que yo te ordene. – Jeremías 1:7
  •  “Yo no soy profeta, ni hijo de profeta, sino que soy boyero y cultivador de higueras. Pero el Señor me tomó cuando pastoreaba el rebaño, y me dijo: ‘Ve, profetiza a Mi pueblo Israel’’. – Amós 7:14-15

Después de esto encontrarás que cuando intentas fortalecer tu incredulidad, Él deja que tus dudas se mueran de hambre a través de la confirmación de su Palabra en ti.  ES IMPOSIBLE ESCAPAR DE DIOS. Inténtalo, hazlo, pero al fin y al cabo entenderás que Jesús no deja un llamado sin realizar y un don sin descubrir.

 Yo escapé -y he seguido tratando de escapar- de Cristo buscando una salida fácil, pero lo que encontré fue una entrada a la mayor aventura que cualquiera pueda tener.

Sigo creyendo que Dios es el único Absoluto que te quiere para Él y si tratas de escapar Él se encargará de relativizar todo cuanto te ata hasta convertirse en el único Absoluto de tu vida.

Dos años de Sacerdocio… Qué Detalle Señor!!! ¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?

A dos años de sacerdocio me sigo identificando con este gran poeta Lope de Vega, tan humano y tan divino, perfecta conjugación para existir amando y dejándose amar por el amor mismo.

Dato aclaratorio: A medio siglo de ardientes amores, algunas aventuras temerarias y cientos de comedias y romances le siguió una segunda parte en la vida del poeta un poco menos inquieta, aunque no perfectamente sosegada y, eso sí, artísticamente más notable, si cabe. En 1614 se ordenó sacerdote y el 29 de mayo de ese año ofició su primera misa, en la Iglesia de San Hermenegildo en Madrid. También apareció la Cuarta parte de las comedias, que dedicó al duque de Sessa, padrino en el bautizo de su hija Feliciana.

Nos encontramos ante un Lope maduro, arrepentido por no haberse detenido en el pasado a escuchar la voz de Jesús. El poema se ajusta a la temática religiosa propia del Barroco, al tiempo que surge también por la reflexión personal y humana, más allá de estéticas y movimientos. En cuanto a los recursos destacados, podemos decir que apuntan a preparar el final, pues la estructura es notablemente ascendente. Son el quiasmo y el diálogo, entablado entre el alma y el Ángel, los recursos que Lope emplea para que los versos alcancen la máxima intensidad poética.

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

Entre las rimas sacras de Lope, es éste un poema que, por su aparente simplicidad, por la espontánea fluencia de sus versos y la sinceridad de los sentimientos expresados en ellos, ha sonado siempre como sencilla oración popular, lejos de toda afectación y fácil a la inteligencia de cualquier lector. Sus frases transcurren sin tropiezo, sin esfuerzo expresivo alguno, con elocución supuestamente fácil, a pesar de la clásica dificultad de la estructura del soneto. Su facilidad no tiene otra explicación que la que dota a su autor de un dominio total del idioma y una destreza singular en el arte de versificar.

El tema, mil veces vivido por el poeta, tan proclive al desvío como al arrepentimiento, expone una de tantas situaciones de incomodidad interior, ante la sucesión de sus vivencias de hombre pecador que se sabe llamado por Dios, una y otra vez, a la conversión inaplazable. El enfoque compositivo destaca la amorosa y paciente espera silenciosa de Cristo, sujeto a todos los agravios que infiere la infidelidad, con tal de alcanzar al fin una atenta respuesta. En su espiritual desconsuelo, el poeta imagina la dureza de su indiferencia como la actitud de quien sabe a Jesús desamparado a la intemperie fría de la noche, sufriendo el relente tras la puerta, mientras se excusa una y otra vez, sin lograr desalentar por eso las esperanzas de Cristo. Por eso iniciará el poema preguntando ya a Jesús la razón por la que se empeña tanto en procurar su amistad: “¿Qué tengo yo?”, pregunta el poeta.

La expresión afectiva ha elegido, por eso, los recursos patéticos de la pregunta, en el primer cuarteto, y la admiración en el resto de las otras tres estrofas, para destacar mejor la hondura sentimental del alma acongojada por su empecatado extravío. La composición va dando curso a un desarrollo graduado de efectos sensibles que rematan su dramatismo en un diálogo con el ángel de la guarda, de intervenciones contrapuestas, que va de los intentos suplicantes que interpretan a Cristo a los desplantes renuentes y esquivos del hombre de fe, pero tibio cristiano que fue siempre Lope.

La supuesta presencia de Jesús apostado a la puerta, es una imagen asimilable a la que se expresa en la parábola evangélica del buen pastor, en línea con otro soneto suyo que inicia su andadura precisamente invocando a Jesús como pastor de los suyos: “Pastor que tus silbos amorosos…” El poema concluye con un quiasmo bellísimo, lleno de contraste y equilibrio expresivos.

Quienes han recorrido la biografía del genial poeta y dramaturgo, reconocen la sinceridad con que, en su soledad y vejez no siempre feliz, el escritor recurría a la plenitud expresiva del arte poética para confesar confuso por qué atrevidos recovecos se empeñó en conducir su propia montura. La grandeza de su obra con que ha premiado al mundo entero, le redime no poco de sus desatenciones para con Dios y sus semejantes.


Esta es la escena que resume muy de cerca mi vida religiosa… en todos los sentidos.


Visita http://casamuseolopedevega.org/es/lope-y-su-obra/biografia

Hoy me queda decirte Señor

Qué Detalle Señor has tenido conmigo…

Comentario al Evangelio de hoy viernes, 5 de agosto de 2016

Aprendí hace muchos años que la mejor razón para vivir es al mismo tiempo la mejor razón para morir. Por paradójico que pueda parecer es así. La razón de vivir de unos padres pueden ser sus hijos. Precisamente por eso darían la vida por ellos. En un momento de sacrificio final y en el día a día hecho de trabajo y servicio por el bien de sus hijos. La darían del todo porque ya la están dando en el día. Y eso no les haría perder ni un ápice de su felicidad. Dan su vida por bien vivida, entregándose por sus hijos. A pesar de que mirado desde fuera, quizá podamos tener la sensación de que esos padres en realidad están “perdiendo” su vida. 

      Hoy Jesús, en coincidencia con lo que acabamos de comentar, habla en el Evangelio a aquellos que hacen todos los esfuerzos posibles por ganar su propia vida, por salvarse. Y les dice que precisamente son ellos los que se están perdiendo. Tanto preocuparse de sí mismos para al final no ganar nada. Es como el que pretende apretar mucho los dedos de la mano para retener agua o arena. Al final, todo se le escapa y se queda con las manos vacías. Precisamente, dice Jesús, es el que pierde su vida por el reino el que la termina encontrando en plenitud.

      Hoy hablamos mucho de auto-estima, de auto-realización. Se dice que cada uno tiene que mirar por su propia felicidad. Se busca el bienestar. Todo es colocarse uno en el centro del mundo, en el centro del universo. Y todo lo que me rodea tiene que servirme para ser yo feliz.  Como decía un sociólogo, hoy en día todo es una prótesis que uso en tanto en cuanto me ayuda a sentirme mejor. Uso gafas porque así veo mejor. Uso una dentadura postiza porque así puedo comer. Tengo amigos porque me ayudan a sentirme acompañado. Tengo una relación de pareja que me hace sentirme feliz y realizado. Tengo hijos por la misma razón. Pero en el momento en que las gafas o la pareja o los hijos no me hacen sentirme bien o suponen una carga, me deshago de ellos y busco otra “prótesis” que me siente mejor, que me haga verme más guapo o sentirme más feliz. 

      La propuesta de Jesús va en la dirección opuesta. Los otros no son la prótesis que me hace falta para sentirme bien. Los otros son mis hermanos, parte de mi propia vida. Sólo en tanto en cuanto soy capaz de compartir mi vida, de “perderla”, de regalarla, por su vida, podré encontrar mi propia plenitud. 

      Sólo al perder la vida, se encuentra la propia plenitud. ¿Suena raro? Quizá sí, pero es así como son las cosas. En el Reino nadie mira en primer lugar por su propio bien sino por el bien de los hermanos. Y ahí es donde encuentro mi propia plenitud. ¿Por qué no hacemos la prueba?motu

Oración Por la vida

Gracias Dios de la Vida
por regalarme la vida, mi familia,
mi vocación, mis amigos.
Gracias por las personas que pusiste en mi camino
(y hago silencio y memoria,
y el recuerdo se hace fiesta y encuentro).
Me ayudaron a descubrir los desafíos del Reino…
Gracias por los dones que me diste
ayúdame a ponerlos al servicio de todos,
partiendo de los más pobres…
Gracias por haber nacido en estos tiempos,
tan ricos en desafíos para construir el Reino…
Gracias porque nos invitas,
permanentemente,
a la utopía de un mundo nuevo;
porque renuevas en mí,
cada mañana,
los deseos de ser mejor,
más bueno, más fraterno, más cercano…
¡Ayúdame a vivirlo! Gracias por el don
de un nuevo año de vida.
En este día quiero
tender de nuevo mi mano hacia Tí,
y descubrir tu mirada,
para encontrarme en el silencio de mi interior,
con esta sola palabra

Amen

Comentario al Evangelio de hoy miércoles, 3 de agosto de 2016

      A veces tenemos una idea de Jesús como si hubiese sido una especie de extraterrestre. Alguien que, aún con apariencia humana, en realidad su ser Dios le evitó todos los proceso normales por los que pasamos las personas. Nada de eso. Dios no hace ninguna cosa a medias. Y, cuando se encarnó, lo hizo de verdad. Es decir, asumiendo todos los procesos humanos en toda su profundidad y anchura. Jesús fue niño con todo lo que eso implica. Jesús vivió sometido a los procesos de crecimiento y maduración normales en su época. Jesús fue hijo de su cultura. Nació judío. Pensó como judío. Hablaba como judío.

      Pero todo eso estaba fecundado por esa presencia de Dios que le hacía vivir de otra manera y atisbar otros horizontes para su vida y para la vida de todos aquellos con los que se encontraba.

      El texto evangélico de hoy es uno de los momentos concretos en los que vemos a Jesús dar el salto más allá de lo normal y situarse en una perspectiva nueva y diferente. No sin dificultad, Jesús es capaz de situarse más allá de los prejuicios culturales. De los que existían entre los judíos, como existen en todas las culturas.

      Seguramente que lo primero que pensaron tanto Jesús como sus discípulos, al oír las palabras de aquella mujer cananea, era que lo normal es que su hijo tuviese un demonio muy malo porque ella misma era un demonio. Esa era la forma normal de pensar de los judíos sobre los paganos, sobre los de fuera, sobre los que adoraban a otros dioses. Tener contacto con ellos era motivo de impureza. Era parte de castigo por el pecado de Israel que su misma tierra estuviese llena de todos esos hombres y mujeres “impuros” que no reconocían al verdadero Dios, al único, al Dios de Israel.

      Jesús no la rechaza directamente pero dice, de entrada, que él sólo ha sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Es la mujer la que, con sus palabras, provoca a Jesús, despierta en él algo más profundo y le hace darse cuenta de que el amor de Dios es para todos, sin excepción y que se expresa y se manifiesta allí donde encuentra un corazón abierto y receptivo.

      En ese momento, Jesús fue capaz de superar los prejuicios de raza y de cultura. En su proceso de crecimiento humano se dio cuenta de que la humanidad es una sola. Y que no hay razón para discriminar por razón de etnia, de origen, de color, de religión, de cultura, de lengua, de nada. Que todos somos hermanos y hermanas y que el amor de Dios es para todos sin que nadie pueda quedar nunca excluido.

      Estaría bien que nosotros, que queremos seguirle, fuésemos también superando los muchos prejuicios que a veces llenan nuestras vidas. Hasta llegar a ver en el otro un hijo/hija de Dios. Un hermano siempre.

 ORACIÓN DEL PERDON de: Paulo Cohelo…

Las lágrimas que derramé, yo perdono.
El sufrimiento y las decepciones, yo perdono.
Las traiciones y mentiras, yo perdono.
Las calumnias y las intrigas, yo perdono.
El odio y la persecución, yo perdono.
Los golpes que me dieron, yo perdono.
Los sueños rotos, yo perdono.
Las esperanzas muertas, yo perdono.
El desamor y la envidia, yo perdono.
La indiferencia y la mala voluntad, yo perdono.
La injusticia en el nombre de la justicia, yo perdono.
La ira y el maltrato, yo perdono.
El abandono y el olvido, yo perdono.
El mundo con toda su maldad, yo perdono.

Ella baja los brazos, abre los ojos y coloca sus manos en su rostro.

Me acerco a besarla, pero ella hace una señal con las manos.

  • No he terminado todavía.

Ella cierra sus ojos y mira hacia arriba.

La pena y el resentimiento, los sustituyo con comprensión y entendimiento.
La rebeldía, la sustituyo con la música que sale de mi violín.
El dolor lo sustituyo con olvido.
La venganza, la sustituyo con victoria.

Seré capaz de amar por encima del desamor.
Dar incluso cuando estoy despojada de todo.
Trabajar feliz incluso cuando estoy en medio de todos los obstáculos.
Secar las lágrimas, incluso cuando aún estoy llorando.
Creer incluso cuando estoy desacreditada.

Ella abre los ojos, pone sus manos sobre mi cabeza y dice con la autoridad que viene de arriba:

  • Hágase tu voluntad. Hágase tu voluntad.

Del libro: ALEPH de Paolo Cohelo

Sólo se vive una vez…

Compartir es la mejor forma de vivir. Hace algunos días por Tingo María (lugar donde me encuentro en misión), mis hermanos de la Congregación tuvieron el detalle de acompañarme por algunos días y para mí ha sido un regalo de Dios. Me ha vuelto el sentimiento más noble de sentirme hermano menor entre los menores. En resumidas cuentas podría decir que subo a mi monte Tabor cada vez que vuelvo la mirada al primer Amor. 

Aquí les comparto algunas de las buenas experiencias y vean que sí se puede tener una Vida Buena dentro de la Buena Vida. 

Comentario al Evangelio de hoy viernes, 22 de julio de 2016

      ¿Cuál es la imagen más habitual que tenemos de María Magdalena? No hace falta más que mirar a los cuadros de siglos pasados y a las imágenes de muchas iglesias. Se ve casi siempre a una mujer muy austeramente vestida y entregada a la penitencia imaginamos que a causa de sus muchos pecados. 

      No se entiende muy bien la razón por la que se terminó identificando a la pecadora que lava con sus lágrimas los pies de Jesús con María Magdalena. En cualquier caso, María Magdalena pudo haber sido lo que fuera. ¿Quién no tiene una historia guardada en su baúl, en el pasado? ¿Quién puede dar un paso al frente y decir que tiene las manos y el corazón y todo su ser limpio como una patena? A los que iba a apedrear a la mujer a la que habían encontrado en pleno adulterio, Jesús les dijo con mucha tranquilidad que “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. 

      Así que nos da lo mismo lo que fuese o hiciese María Magdalena antes de conocer a Jesús. Es irrelevante. Lo importante fue el momento en que se encontró con él y se convirtió en una de sus discípulas. Y debió ocupar en el grupo de seguidores de Jesús un puesto importante porque el evangelista Juan le hace aparecer como prácticamente la primera misionera, la primera evangelizadora, la primera testigo de la resurrección, la primera a quien se aparece el resucitado. 

      De Pedro y Juan se dice que fueron al sepulcro, que lo encontraron vacío y que creyeron. Pero el relato termina diciendo que “regresaron a casa”. Ahí se quedaron. María se queda fuera. El Maestro se le aparece, resucitado. Y a ella se le hace el encargo de ir a decir a los hermanos que ha resucitado. Y es lo que hace: “fue y contó a los discípulos que había visto al Señor y también lo que él le había dicho.”

      Si queremos ser evangelizadores no tenemos más que imitar a María. Hay que rondar el sepulcro. Nada de “volverse a casa” como Pedro y Juan. Hay que estar ahí. Hay que leer la Palabra. Hay que abrir los ojos. Hay que dejar que Jesús nos encuentre en vela. Y luego ir y decir a los hermanos que hemos visto al Señor y lo que nos ha dicho. No es un mensaje para quedárnoslo en exclusividad. Es para comunicarlo, para regalarlo, para compartirlo. 

      En la Iglesia el mandato primero, fundamental y casi único es “anunciar la buena nueva del Reino.” María Magdalena, mujer, es la primera evangelizadora. ¿Por qué no la imitamos?

Comentario al Evangelio de hoy jueves, 21 de julio de 2016

Desde hace unos años se han puesto de moda novelas y películas con un tema muy parejo: en todas ellas se habla de un misterio muy importante, del que el protagonista tiene que seguir la pista pasando por pruebas y dificultades a cuál más complicada y difícil de superar. El misterio tiene siempre un calado “misterioso” que afecta a la supervivencia de la vida en el planeta, al futuro de la humanidad. El protagonista se constituye en salvador de la humanidad al defender el misterioso secreto de las fuerzas del mal que se intentan apoderar de él para dominarnos y destruirnos. Seguro que la mayoría de los lectores de estas líneas podrían poner ahora mismo sobre la mesa los títulos de varios películas y novelas con un tema muy parecido. 

      La realidad es mucho más rutinaria. No existe ese gran secreto. No existe ese gran misterio. No hay salvadores en los que confiar ciegamente. Las fuerzas del mal no andan por ahí amenazándonos. En realidad, todo se juega en nuestro corazón y en las relaciones entre las personas. Como Jesús dice en el Evangelio de hoy: “a vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino”.

      ¿Qué misterio es ése? No está escondido ni hay que superar pruebas imposibles para conocerlo. Está ahí. En la vida de Jesús, en sus palabras, en sus hechos. El misterio es el amor de Dios. El misterio es el Reino. El misterio es que la salvación no viene a nosotros ni a nuestro mundo de una forma milagrosa, de golpe o por la intervención de un héroe sino que es fruto del esfuerzo, del compromiso, del trabajo diario en favor del Reino. 

      La salvación no es algo que está en el futuro sino que la vamos actuando ya aquí y ahora cuando nos comportamos como Jesús, cuando trabajamos por la justicia y la fraternidad, cuando acogemos a todos, cuando los marginados y rechazados encuentran en nuestra casa la acogida que les dedicó Jesús. La salvación se nos da cuando somos capaces de amar gratuitamente y sin pedir nada a cambio. 

      El milagro verdadero es el de la fidelidad al Evangelio en el día a día de nuestras vidas. El misterio del Reino se transparenta en las cosas más sencillas del día a día: en el cariño de unos esposos y en la sonrisa de un niño, en el trabajo del juez que se esfuerza por hacer justicia de forma imparcial y en el político (que también los hay) honesto que dedica su vida al servicio del bien común. 

      Se están produciendo miles de milagros de esos cada día. Hay millones de héroes que están salvando al mundo y a mí mismo, que escribo estas líneas y que quizá no hago todo lo que debiera hacer para transparentar con mi vida y mi forma de comportarme el misterio del Reino. Que no seamos de esos que han cerrado los ojos y los oídos a ese despliegue del amor de Dios en nuestro mundo que son los millones de personas que viven comprometidos en crear un mundo mejor y más justo y más hermano.

¿Qué es el placer?… una visión desde la Filosofía

El tema del placer es algo que atrae la atención de muchos porque es cierto que la mayoría de la gente está educada para avergonzarse o sentirse culpable por ser feliz.

Desde Platón se ha considerado el placer como la principal razón para hacer algo, ya sea a través de los sentidos, la estética, el conocimiento, la creatividad, el juego, etc. Decía que todo lo que cubre una falta produce placer, por ejemplo, la comida porque sacia el hambre.

En su “República”, Platón nos dice que los placeres más grandes son los relacionados con el ejercicio de nuestras facultades más altas, afirmando que estos son placeres mentales preferidos a los físicos; pero en esta afirmación está introduciendo la moral, que es la que hace sentir a los placeres incómodos.

Aristóteles asoció el placer con una actividad bien hecha, porque todos sentimos placer cuando lo que hacemos nos sale bien.

El empirismo nos dice que el placer es cuantificable, que es una sensación del cuerpo que puede estar localizada o no y que se relaciona con los objetos.

Al respecto, Jeremy Bentham distinguió cinco variables para intentar determinar el placer total que produce una experiencia.

La primera es la intensidad, la segunda la duración, la tercera es la posibilidad de generar otros placeres, la cuarta la ausencia de dolor y la quinta la extensión del placer.

Freud reconoce que el placer produce equilibrio porque atenúa la tensión; aunque él se refiere a una descarga emocional relacionada con los afectos.

Para Freud, la meta a la cual tienden las pulsiones sexuales es la de obtener placer de órgano que se opone al placer funcional, que es la satisfacción ligada a la realización de una función vital (por ejemplo comer).

Las pulsiones sexuales, que son muchas, nacen de fuentes orgánicas distintas, actúan en forma independiente unas de otras y solamente se reúnen tardíamente en una síntesis más o menos completa que produce placer.

Cabe destacar que cuando Freud habla de sexualidad no se refiere únicamente a la genitalidad sino a todo lo relacionado con el instinto de vida.

Siguiendo la Encyclopedia, ser libre es un placer, estar saludable, relajado, soñar y fantasear, también; incluso existen placeres inmorales como el asesinato, la tortura, el abuso, el robo o la injusticia.

No solamente los objetos producen placer sino también otros elementos ligados a ellos, como todo lo que rodea a esos objetos.

El juicio y la afectividad que hacen que una experiencia sea o no de interés produce placer y también produce placer la falta de displacer.

Johna Stuart Mill, que fue discípulo de Bentham, sostiene que hay placeres más valorados que otros y coincide con muchos otros al reconocer que existen experiencias placenteras que no son materiales, como los lazos afectivos, el talento, el sentido estético, el gusto por la investigación y la reflexión.

Es evidente que con respecto al placer aún no está todo escrito.

Fuente: “Elogio del placer”; Marcos Aguinis, Ed.Sudamericana.

Comentario al Evangelio de hoy domingo, 24 de abril de 2016


Jesús aborda dos temas, favoritos del evangelista: la gloria y el amor.
Acace durante la última cena, tras lavar los pies a sus discípulos, e inmediatamente después de que le diera un trozo de pan mojado al que lo traiciona. El texto litúrgico trae un añadido para poner el contexto: “Cuando salió Judas del Cenáculo…”

Jesús dice que la entrega de su vida -que va a ser “pronto”- manifiesta su gloria (se refiere a sí mismo como “Hijo del hombre”) y la gloria de Dios.

Como le “queda poco tiempo de estar entre vosotros”, da a conocer su última voluntad, a la que llama “mandamiento nuevo”, presentándose así como un nuevo Moisés (que había dado los diez mandamiento). Tal será “la señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos” -por tanto es algo que pide sólo a su comunidad de seguidores- y consiste en el amor mutuo (“unos a otros”, por dos veces insiste en que ha de ser recíproco entre sus discípulos) concretado en el servicio mutuo (“como yo os he amado”, siendo así que nos “amó hasta el extremo” -13,1- expresado con el gesto de “lavar los pies de los discípulos” -13,5-). Ya había hablado antes sobre este servicio recíproco (“también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros” -13,14) y cómo es Él el punto de referencia (“os he dado ejemplo para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros” -13,15).  Por tanto, se modifica el antiguo punto de referencia: “Ama a los demás como a ti mismo”. Este “amor extremo” de Jesús se manifesta en la entrega de su vida, también sus discípulos han de desvivirse unos por otros.

El texto litúrgico omite 13,33b que introduce un tema del que hablará más tarde: “a donde yo voy vosotros no podéis venir”

Al releer este bonito texto del Evangelio, no puedo dejar de acordarme de mi hermana de comunidad Ana (trabaja también en un hospital, como pediatra). Ella está obsesionada por cómo los demás notan que es seglar comprometida y pertenece a una comunidad cristiana. “¿Se me notará en medio del hospital, entre mis amigos, en mi familia?” Nosotros nos reímos a veces por esta obsesión, y algún gracioso le dice que ¡se le nota en los andares!

Sin embargo, haciendo memoria, recuerdo que un día nos contaste que, una noche al estar de guardia, atendiste a una madre con su niño pequeño. Trataste al niño, lo exploraste, le pusiste el tratamiento y le diste de alta. Eran las cuatro o las cinco de la mañana y te retiraste  hasta el siguiente aviso.

De repente se te ilumino el corazón, en la calle estaba diluviando y te acordaste de aquella pobre señora con el niño. Había venido al hospital en una ambulancia y ahora no tenía medios para volver a su casa. Y por lo que comentó anteriormente, ella vivía en un barrio en las periferias.

Al sentir esto, tu corazón se conmovió, y saliste al encuentro de la madre y el niño. Todavía seguían en la sala de espera, menos mal. La miraste y le pediste una ambulancia para poder regresar a su domicilio. Seguro que alguien a tu alrededor se percató de este hecho. Pues ahí, en esos pequeños detalles de Amor, de acercarse al otro, de ponerse en el lugar del otro, se nos conocerá que somos discípulos, que nos une el Amor de unos a otros.
De este modo somos expresión del Amor con que Dios nos Ama.

El AMOR es el motor del mundo. Y de la familia. Nuestros hijos, que están “al loro” de todo, tienen que percibirlo. Aunque sólo vean la punta de un iceberg que queda oculto a su ingenuidad, ya que no se percatarán del esfuerzo que hay detrás de una mesa puesta, una casa recogida, un uniforme planchado, un carro de la compra del supermercado, un apoyo en la tarea de clase o un rato de escucha en exclusiva, seguramente, hasta que les toque a ellos como padres.

Las cosas se hacen a veces, inevitablemente, rozando la desesperación propia del agotamiento. Pero cuando se hacen desde la perspectiva de que Dios es un miembro más de la familia, incluso en esos momentos extremos, cobran una especial trascendencia.
Una vez más sale a relucir la educación en el ejemplo, en la coherencia, en el entendimiento en la pareja educadora y con la mirada puesta en el Señor.

REFLEXIÓN AL EVANGELIO DEL SÁBADO 23 DE ABRIL DEL 2016

MI AMIGA SIRI LEYENDO EL SIGUIENTE TEXTO:



Del Evangelio según Juan

Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.» Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.

Palabra del Señor… Gloria a Ti Señor Jesús.

 

REFLEXIONEMOS:

Análisis exegético:

La meta:

Jesús, uno con el Padre

Si llegan a conocerme del todo, conocerán también a mi Padre; aunque ya ahora lo conocen y lo están viendo presente.

El término del camino y de la semejanza es el Padre, pero éste está presente en Jesús. Los discípulos poseen ya un conocimiento de Jesús y, por tanto, ven en él al Padre presente. Ese conocimiento, sin embargo, no es algo dado de una vez para siempre. Es progresivo y va revelando más plenamente al Padre. No es meramente intelectual ni exterior, sino relacional, la familiaridad que crea el amor y que se alcanza sólo por la práctica del amor; supone la comunión en el Espíritu, que hace nacer de Dios. Progresar en el conocimiento de Jesús, es decir, ahondar la comunión con él por la práctica del amor, va haciendo al hombre hijo de Dios y dándole a conocer al Padre.

Felipe le dijo: Señor, haznos ver al Padre, y nos basta. La petición de Felipe denota su falta de comprensión. Había sido invitado por Jesús a seguirlo, pero lo identificó con la figura del Mesías que podía deducirse de la Ley de Moisés y de los profetas. No ha comprendido, por tanto, que Jesús es la realización, no de la Ley, sino del amor y la lealtad de Dios. En la escena de los panes mostró no haber entendido la novedad del reino mesiánico; tampoco entiende aún la calidad de Jesús Mesías. Queda estancado en la mentalidad de la antigua alianza. Ve en Jesús al representante de Dios. Bendito el que llega en nombre del Señor, en quien se cumplen las antiguas promesas. No se ha dado cuenta de que Jesús desborda toda promesa, que él es la presencia misma de Dios en el mundo.

Jesús le contestó: Tanto tiempo como llevo con vosotros y ¿no has llegado a conocerme, Felipe? Quien me ve presente a mí, ve presente al Padre; ¿cómo dices tú: Haz que veamos al Padre?.

Jesús le contesta con una queja. La convivencia con él, ya prolongada, no ha ampliado su horizonte. Anclado en la idea tradicional, no puede comprender que el Padre esté presente en Jesús.

Explica aquí Jesús el contenido de la promesa hecha a los discípulos en el episodio de Felipe y Natanael: Veréis el cielo quedar abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar por este Hombre. Como allí se ha explicado, el punto de comparación con Jacob estaba en la presencia de la gloria de Dios en Jesús; la presencia de la gloria-amor es la del Padre. Como los Judíos de Cafarnaún aún separa Felipe a Dios del hombre. No conoce el alcance de su amor ni de su proyecto.

No concibe que en el Hombre esté presente y se manifieste Dios, que el Hombre sea Dios. Como lo ha notado Juan, sólo después de la resurrección de Jesús comprendieron los discípulos ser él el nuevo santuario donde habita la gloria. Dios, por tanto, es visible en Jesús.

¿No crees que yo estoy identificado con el Padre y el Padre conmigo? Las exigencias que yo propongo no las propongo como cosa mía: es el Padre, que, viviendo en mí, realiza sus obras.

La presencia del Padre en Jesús es dinámica; a través de él ejerce su actividad. Jesús, por ser la localización de la presencia del Padre, lo es de su acción creadora.

Las exigencias que Jesús propone reflejan las múltiples facetas de la actividad del amor y no son independientes de su persona. Formulan la acción del Padre en él, que es su acción en favor del hombre. El Padre ha realizado su obra en Jesús y, por medio de las exigencias que éste propone expresando su propia experiencia, realiza su obra en la humanidad. Las exigencias de Jesús concretan y acrecientan el amor, que es el Espíritu: por eso comunican Espíritu y vida y hacen presente a Dios mismo, que es Espíritu. Esta presencia creciente del Padre en el hombre, como principio de vida y actividad, realiza en él su obra, su designio creador. Así salva Dios al hombre.

Creedme: yo estoy identificado con el Padre y el Padre conmigo; y si no, cree dio por las obras mismas. Insiste Jesús en su total sintonía con el Padre, y como último criterio, como hizo con los dirigentes judíos, se remite a sus obras.

Quien considere la calidad de sus obras, tiene que concluir que son de Dios. El último argumento para probar la autenticidad de su misión y su identificación con el Padre es objetivo. Dios creador tiene que estar necesariamente en favor del hombre, su criatura. Si las obras de Jesús están hechas sólo y totalmente en favor del hombre, es evidente que está identificado con el Padre. Sus exigencias, por tanto, que responden a sus obras, son las exigencias del Padre, para el bien del hombre. La muerte de Jesús, su entrega para dar vida al hombre, demostrará su identificación total con el Padre, dador de vida.

Sí, os lo aseguro: Quien me presta adhesión, las obras que yo hago también él las hará, y las hará mayores.

La obra de Jesús ha sido sólo un comienzo, el futuro reserva una labor más extensa. El no se propone a sí mismo como modelo inalcanzable, el único capaz de hacer tales obras. El discípulo podrá hacer lo mismo y aún más. Esto confirma que las señales hechas por Jesús no son irrepetibles por lo extraordinarias, sino que su carácter principal es ser símbolos de la actividad que libera al hombre ofreciéndole la vida.

Con este dicho da ánimos a los suyos para el futuro trabajo. Sus obras no han sido un relámpago momentáneo y deslumbrador, sino el principio de una nueva actividad en favor del hombre, que ha de ser realizada por los que están adheridos a él, viven de su vida y cumplen sus mandamientos. La liberación ha de ir adelante. Su presencia y actividad en el mundo significa un recodo en la historia; Jesús ha venido para cambiar su rumbo; toca a los discípulos continuar la dirección dada por él.

Jesús da la razón de su afirmación anterior: los discípulos harán obras como las suyas, y aun mayores, porque desde su nueva condición en la esfera divina, él seguirá actuando con ellos. Su muerte no va a poner fin al proceso iniciado por él ni significa tampoco que él vaya a desentenderse del mundo. Los discípulos no están solos en su trabajo ni en su camino. A través de Jesús, el amor del Padre (su gloria) seguirá manifestándose en la ayuda a los discípulos para su misión.

La expresión en unión conmigo formula la experiencia de la comunidad: todos los dones que ésta recibe vienen por Jesús y toda su comunicación con el Padre se hace en Jesús. Es una de las expresiones de la realidad simbolizada bajo la figura de la rampa de Jacob; el cielo va a quedar abierto, es decir, no se interrumpirá ya la comunicación de Dios con los hombres, y el lugar de esa comunicación es Jesús. El mismo es la presencia del Padre y el acceso al Padre.

EN SÍNTESIS:

La oración de la comunidad expresa su vinculación a Jesús; se hace desde la realidad de la unión con él y a través de él. Tal vinculación, que va a definirse como identificación, hace de Jesús centro y miembro de la comunidad cristiana; así pone él su potencia a disposición de los suyos: Lo que pidáis unidos a mí, yo lo haré. Esta fórmula se refiere siempre a un verbo plural, pues dice relación a la comunidad. El contenido de la petición son los intereses de la comunidad en cuanto tal, que son los de Jesús, para realizar su obra.

La comunidad de Jesús tiene que recorrer un camino. La metáfora del camino expresa el dinamismo de la vida, que es progresión. Es un vivir que va terminando al hombre. Pero su término puede ser éxito o fracaso. El éxito es la madurez, el pleno desarrollo de las potencialidades. El fracaso, la decadencia, la ruina. Jesús marca la dirección en que el hombre se realiza: es el camino que él mismo ha abierto y trazado, el de la solidaridad con el hombre y la entrega, el del amor creciente. Ahí se encuentra el éxito de la vida, la vida definitiva. Todo otro camino lleva a la nada, a la muerte. La meta es la máxima solidaridad con el hombre, dándose enteramente por él. En ese amor se encuentra al Padre.

Pero Jesús no es solamente el camino como modelo; al mismo tiempo, la energía que él comunica (el Espíritu) impulsa y desarrolla en su misma dirección. Con el Espíritu, Jesús crea una onda de solidaridad con el hombre, de amor desinteresado que sigue sus pasos y lleva a la humanidad al encuentro final con el Padre. Así se constituirá el reino definitivo. Jesús acompaña siempre a los suyos en ese camino. No es solamente individual, sino comunitario. Su muerte no interrumpe el contacto. El los acompaña, su amor se asocia al itinerario.


o Radio Palabra:


Comentario al Evangelio de hoy martes, 19 de abril de 2016


Queridos amigos, paz y bien.

            Muchas veces, nuestra imagen de la Iglesia se limita a nuestra parroquia o, lo más, a nuestra diócesis. Cuando yo empecé en la vida religiosa, era lo máximo que imaginaba. Mi parroquia, mis grupos, mis jóvenes, mis… En teoría, todos sabemos que la Iglesia es católica, está extendida por todo el mundo. Pero eso no se refleja en nuestra mirada espiritual. Estamos habituados a hacer las cosas de una manera, por ejemplo, tomar la Comunión de rodillas, o en la mano, y nos parece extraño, incluso salvaje, que alguien lo haga de otra manera.

            Por eso es útil visitar la Comunidad de Taizé, por ejemplo, o las Jornadas Mundiales de la Juventud, o lugares como Santiago de Compostela, Lourdes o Fátima, para para rezar junto con miles de personas de diversos lugares. Así se puede sentir que la Iglesia es católica, universal. De todos los colores, razas, etnias y opiniones.

        ¿Cómo sucedió esto? Los cristianos, dispersos por la persecución que tuvo lugar después de la muerte de Esteban, llegaron a Chipre y Antioquia. Hablaban de Cristo a los judíos, y algunos se adhirieron y comenzaron, a su vez, a predicar el Evangelio de Cristo. Y muchos creyeron y se convirtieron al Señor.

            Esto es una señal clara de la acción del Espíritu Santo, que une a gente de diversas edades, culturas y posiciones políticas en el culto al Dios verdadero y único. La Iglesia unida y diversa a la vez. Nuestra unidad la da el Bautismo, que nos hace a todos miembros de una gran familia.

            La próxima vez que vayas al templo, habla con alguien que te parezca extraño. Intenta sentir la unidad que da la misma fe. Si puedes participar en la liturgia de fieles de otra cultura, hazlo, para ver la riqueza de la diversidad de tradiciones cristianas. Haz algo concreto para fortificar la unidad entre los cristianos, y verás la acción del Espíritu Santo, que da vida a la Iglesia.

            Señor Jesús, ayúdanos a aceptar las diferencias y reconocernos en tu único Cuerpo, la Iglesia.


Pastor de tu pueblo,

Tú nos guiaste por mesetas montes y cañadas,

con paciencia, ternura y sabiduría,

como los viejos pastores guían sus rebaños.

Hoy estamos desorientados y sin sueños.

¿Por qué no vienes a estar con nosotros un rato?

¿Por qué no nos sacas de estos apriscos vanos?

¿Por qué sigues sentado en tu trono de nubes?

Andamos errantes por campos agostados

sorbiendo el polvo y nuestro llanto;

nos flaquean el ánimo y las fuerza

y no encontramos un lugar de descanso.

Hemos perdido el horizonte que nos señalaste

y somos víctimas de nuestros miedos,

de nuestros anhelos frustrados en el camino,

de nuestros egoísmos y laberintos diarios.

Tú, que eres buen pastor, con entrañas y corazón…

Tú, que conoces a los tuyos por su nombre…

Tú, que los defiendes de lobos y otros peligros…

Tú, que prometiste darnos vida siempre…

¡Sílbanos tus alegres canciones que motivan,

llévanos por tus caminos preferidos,

condúcenos a los pastos que alimentan

y a las fuentes refrescantes que Tú conoces.

¡Muéstranos tu rostro alegre y luminoso,

como el sol nos ofrece generoso el suyo!

¡Guíanos, en estos tiempos de duda e incertidumbre,

con paciencia, ternura y sabiduría!

¡Reúnenos,

cúranos,

defiéndenos

y danos tu Espíritu!

Florentino Ulibarri

Comentario al Evangelio del viernes, 15 de abril de 2016


La conversión de Pablo es uno de los acontecimientos más grandiosos que han sucedido en la historia de la Iglesia. Lucas menciona tres veces la conversión de Pablo en los Hechos. Pero el mismo Pablo nunca describe el acontecimiento, simplemente lo afirma. Con toda seguridad, su conversión era contada una y otra vez en todas las comunidades cristianas de la época: el perseguidor de nuestra fe se ha convertido en el más dinámico apóstol que lleva la Palabra de Jesús por todo el Imperio Romano.

Para describir esta escena, Lucas utiliza las imágenes bíblicas, tan frecuentes en el Antiguo Testamento, de las intervenciones espectaculares de Dios: se abre el cielo, brilla una gran luz, se oye una voz potente, los presentes caen derribados por tierra. Confusión y aturdimiento de Saulo, quien ciego y derrotado, es conducido de la mano a la ciudad de Damasco.

Mientras tanto, en la ciudad, Jesús pone en movimiento a la comunidad cristiana que esperaba atemorizada ante la llegada del perseguidor. Ananías es quien en nombre de Jesús le comunica la misión a la que está destinado. Saulo acepta la misión, recobra la vista, es bautizado y recupera las fuerzas.

Pablo se sentirá ya hasta su muerte fascinado por Jesús, por Él vivirá y sufrirá siendo su testigo en medio de hombres y mujeres de razas, religiones y culturas diferentes.

Pablo, que tanto ha hecho sufrir a los cristianos, tendrá que sufrir a su vez por el nombre de Jesús en muchas ocasiones. Esta vida y pasión de Pablo, siguiendo las huellas de su Señor, le acompañará hasta consumar su misión evangelizadora con el martirio en Roma.
¿Puede sucedernos a nosotros algo parecido en la vivencia de nuestra fe? De hecho en la historia de la Iglesia muchos cristianos y cristianas recorren también “el camino de Damasco” de la conversión. El Señor Jesús les hace conocer su santa voluntad y se produce un cambio total en su vida. Ojalá encontremos hermanos que como Ananías nos den la mano para llevar a buen término la voluntad del Señor en nuestras vidas.

¿Es cierto que sin conversión no se puede ser cristiano de verdad? Sí, la fe es un don de Dios, un regalo, pero se nos exige vivirla con todas sus consecuencias, y a eso llamamos “conversión”.

En el evangelio hemos escuchado hoy estas palabras de Jesús: “Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”.

Son palabras que acentúan el realismo de la eucaristía, tan real como el alimento que comemos cada día para estar sanos y fuertes. Comiendo la carne gloriosa de Jesús, pan de vida, el creyente recibe la vida divina para transformarse en apóstol y comunicarla a los demás.
Alejandra ha tenido una profunda experiencia de Dios y cuando el periodista le pregunta:

¿Qué consejo les darías a las personas que están alejadas y endurecidas frente a Dios? Ella responde:

“Consejo ninguno, solo decirles que Él cuida de ellas y tiene una historia de amor con cada una de ellas, que las ama con locura, y siempre está con los brazos abiertos, esperando, como la parábola del hijo pródigo. Me recuerda esta situación a la madre que tiene un hijo drogadicto. Ella odia profundamente la droga que la separa de su hijo y le impide disfrutar de todo lo bueno de la vida y, sin embargo, ama con todo su corazón a su hijo y hará todo lo que esté en su mano para sacarlo de ese mundo. Pues de ese modo veo yo la situación de las personas que viven de espaldas al Señor, a nosotros nos queda pedir por ellas, porque Él sabe lo que más les conviene”.

Comentario al Evangelio de hoy jueves, 14 de abril de 2016


Hoy el libro de los Hechos nos presenta un cambio de escena en la campaña misionera de Felipe. La iniciativa del Espíritu, que es lo que continuamente está resaltando Lucas, aparece aquí más clara todavía. Felipe recibe una orden que lo lleva, no a la ciudad sino al desierto; no a evangelizar multitudes, sino a una sola persona de la que no conocemos ni siquiera su nombre, sólo se nos dice que era etíope, o sea de una región lejanísima. Por primera vez se anuncia el evangelio a un extranjero. Esta narración está dando como un eco al encuentro de Jesús con los dos discípulos  camino de Emaús.

El etíope en su carroza estaba leyendo una profecía de Isaías. El pasaje era éste: «Como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de los vivos.» Parece ser que con este mismo texto del profeta Isaías la comunidad cristiana de aquella época iluminaba el sentido de la pasión y muerte de Jesús. Y partiendo de ese texto Felipe anuncia al etíope el sentido de la pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús. El etíope tiene tanto interés en conocer el sentido de la Palabra de Dios, que con toda sencillez escucha las explicaciones de  Felipe. Y su respuesta inmediata es la fe en Jesús, una fe que se completa y se confirma con el Bautismo. 
Lucas ha embellecido su narración con un hermoso símbolo que da unidad a la narración: del terreno desierto brota una fuente de agua vivificante; del libro incomprensible brota un sentido que ilumina y transforma; y el hombre estéril, el eunuco etíope, recobra una nueva vida.
De pronto, Felipe desaparece de la escena, pero la alegría acompaña al peregrino durante el camino de regreso a su patria.



En el evangelio de hoy  leemos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre”.

Los antiguos Mártires de la Iglesia ya decían que sin la Eucaristía no estaban preparados para el martirio. El mártir cristiano siempre ha buscado en la Eucaristía el pan para vencer el sufrimiento y la muerte. En la película “Un Dios prohibido” hay una escena muy emocionante: ¡cuando les reparten el bocadillo del desayuno aparece encima del trocito de chocolate la sagrada forma para comulgar! ¿Cómo estos jóvenes iban a poder enfrentar solos los sufrimientos y torturas del martirio? El Señor quiso hacerse prisionero con ellos para sostenerlos en la lucha. Y por eso alcanzaron la palma del martirio como verdaderos héroes de la fe.

Reflexión al 4° Domingo de Cuaresma -Fray Alejandro Wiesse OFM-

Viernes de la Tercera Semana de Cuaresma

La profundidad de las enseñanzas de Jesús despertó la curiosidad de los escribas, que eran las personas más expertas y con mayor autenticidad sobre la Biblia. En diálogo con uno de estos expertos expone cuáles son los mayores mandamientos: el amor radical a Dios y el amor al prójimo. Toda la vida cristiana debe estar subordinada a estos dos mandamientos. El escriba concuerda con Jesús y lo elogia, porque también él considera que son más valiosos el amor a Dios al prójimo que las expresiones rituales por sí mismas. Por su parte, Jesús manifiesta que está cerca del reino de los cielos quien considera más importante el amor a Dios y al prójimo que los holocaustos y sacrificios. Jesús nos pide que pongamos en práctica sus enseñanzas para que realmente con nuestra vida podamos convertirnos en instrumento del amor de Dios a nuestros semejantes. 

Señor, acepta nuestra alabanza que consiste en obras concretas de amor al prójimo porque te amamos con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas. 

Jueves de la Tercera Semana de Cuaresma

Las acciones de Jesús despertaban sentimientos de admiración por parte de la mayoría de la gente. Su modo de actuar era entendido como consecuencia de su envío por parte del Padre. Sin embargo, también existieron personas que se negaron a entender a Jesús y a su mensaje y, en vez de seguirlo, respondieron con hostilidad. Estas personas lo acusaron y trataron de explicar el poder de Jesús sobre los demonios porque Jesús no habría sido enviado por el Padre sino por Belzebú, príncipe de los demonios. Con la maestría propia de Jesús, él explica el equívoco de sus opositores y deja ver con absoluta claridad su propia autenticidad. Además de responder la grave acusación que se le había hecho sino que Él mism0 se convierte en acusador de sus propios acusadores y en todos aquellos que no aceptan su mensaje. Ante Jesús no se justifica la indiferencia. Sus palabras y acciones exigen una toma de posición, pues como él mismo lo afirma: “El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama” (Lc 11, 23)

Padre de bondad que nos has mostrado tu amor mediante las palabras y acciones de tu Hijo, concédenos superar la indiferencia ante su mensaje.