Sólo se vive una vez…

Compartir es la mejor forma de vivir. Hace algunos días por Tingo María (lugar donde me encuentro en misión), mis hermanos de la Congregación tuvieron el detalle de acompañarme por algunos días y para mí ha sido un regalo de Dios. Me ha vuelto el sentimiento más noble de sentirme hermano menor entre los menores. En resumidas cuentas podría decir que subo a mi monte Tabor cada vez que vuelvo la mirada al primer Amor. 

Aquí les comparto algunas de las buenas experiencias y vean que sí se puede tener una Vida Buena dentro de la Buena Vida. 

Comentario al Evangelio del viernes, 15 de abril de 2016


La conversión de Pablo es uno de los acontecimientos más grandiosos que han sucedido en la historia de la Iglesia. Lucas menciona tres veces la conversión de Pablo en los Hechos. Pero el mismo Pablo nunca describe el acontecimiento, simplemente lo afirma. Con toda seguridad, su conversión era contada una y otra vez en todas las comunidades cristianas de la época: el perseguidor de nuestra fe se ha convertido en el más dinámico apóstol que lleva la Palabra de Jesús por todo el Imperio Romano.

Para describir esta escena, Lucas utiliza las imágenes bíblicas, tan frecuentes en el Antiguo Testamento, de las intervenciones espectaculares de Dios: se abre el cielo, brilla una gran luz, se oye una voz potente, los presentes caen derribados por tierra. Confusión y aturdimiento de Saulo, quien ciego y derrotado, es conducido de la mano a la ciudad de Damasco.

Mientras tanto, en la ciudad, Jesús pone en movimiento a la comunidad cristiana que esperaba atemorizada ante la llegada del perseguidor. Ananías es quien en nombre de Jesús le comunica la misión a la que está destinado. Saulo acepta la misión, recobra la vista, es bautizado y recupera las fuerzas.

Pablo se sentirá ya hasta su muerte fascinado por Jesús, por Él vivirá y sufrirá siendo su testigo en medio de hombres y mujeres de razas, religiones y culturas diferentes.

Pablo, que tanto ha hecho sufrir a los cristianos, tendrá que sufrir a su vez por el nombre de Jesús en muchas ocasiones. Esta vida y pasión de Pablo, siguiendo las huellas de su Señor, le acompañará hasta consumar su misión evangelizadora con el martirio en Roma.
¿Puede sucedernos a nosotros algo parecido en la vivencia de nuestra fe? De hecho en la historia de la Iglesia muchos cristianos y cristianas recorren también “el camino de Damasco” de la conversión. El Señor Jesús les hace conocer su santa voluntad y se produce un cambio total en su vida. Ojalá encontremos hermanos que como Ananías nos den la mano para llevar a buen término la voluntad del Señor en nuestras vidas.

¿Es cierto que sin conversión no se puede ser cristiano de verdad? Sí, la fe es un don de Dios, un regalo, pero se nos exige vivirla con todas sus consecuencias, y a eso llamamos “conversión”.

En el evangelio hemos escuchado hoy estas palabras de Jesús: “Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”.

Son palabras que acentúan el realismo de la eucaristía, tan real como el alimento que comemos cada día para estar sanos y fuertes. Comiendo la carne gloriosa de Jesús, pan de vida, el creyente recibe la vida divina para transformarse en apóstol y comunicarla a los demás.
Alejandra ha tenido una profunda experiencia de Dios y cuando el periodista le pregunta:

¿Qué consejo les darías a las personas que están alejadas y endurecidas frente a Dios? Ella responde:

“Consejo ninguno, solo decirles que Él cuida de ellas y tiene una historia de amor con cada una de ellas, que las ama con locura, y siempre está con los brazos abiertos, esperando, como la parábola del hijo pródigo. Me recuerda esta situación a la madre que tiene un hijo drogadicto. Ella odia profundamente la droga que la separa de su hijo y le impide disfrutar de todo lo bueno de la vida y, sin embargo, ama con todo su corazón a su hijo y hará todo lo que esté en su mano para sacarlo de ese mundo. Pues de ese modo veo yo la situación de las personas que viven de espaldas al Señor, a nosotros nos queda pedir por ellas, porque Él sabe lo que más les conviene”.

Reflexión al 4° Domingo de Cuaresma -Fray Alejandro Wiesse OFM-

Reflexión al Evangelio -Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario-

Lectura del santo evangelio según san Marcos (13,24-32):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»





 

REFLEXIÓN POR FRAY ALEJANDRO WIESSE LEÓN OFM


o escúchalo aquí: XXIX domingo del Tiempo Ordinario


“Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria”. Que no nos sorprenda la petición de estos muchachos. ¿No nos imaginábamos distinto a Juan? – Hijo, aquí tienes a tu madre – le dijo Jesús en la Cruz. Pareciera que estamos delante de una persona suave, acogedora, humilde, hogareña. En realidad el relato de hoy lo presenta buscando el poder, quiere sentarse al lado del Dios todopoderoso. De todos modos este lado oscuro de Juan no debe atraparnos desprevenidos, porque ¿a quién de nosotros no le seduce el poder? ¿Quién de nosotros puede decir: a mi no me interesa mandar? Esta es la parte negativa de Juan y su hermano, el Señor se encarga de ayudarles para que puedan sanarla, porque se trata de eso: una enfermedad. Son hombres enfermos que buscan la gloria, la fama, el poder, por que no pueden aceptar ser, tan sólo, seres humanos como los demás. Cuando Jesús llegue a la Cruz, Juan estará listo para servir y no, como ahora, querer mandar. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré? Jesús está hablando de su propia muerte.

En Marcos 10, 33-34 había anunciado por tercera vez su pasión. San Juan Crisóstomo nos dice: “Él llama aquí cáliz y bautismo a su cruz y a su muerte; cáliz porque se dirige hacia la cruz con ganas, y bautismo, porque, con su muerte, purificaba la tierra entera” (Homilía sobre la incomprensibilidad de Dios, 8. 5). En este sentido leamos la hermosa oración de San Policarpo de Esmirna al momento de entregar su vida al Señor por medio del martirio (Martirio de Policarpo, 14, 1-3):

Señor, Dios todopoderoso,

Padre de tu amado y bendito siervo Jesucristo,

Por el que te hemos conocido,

Dios de los ángeles, de las potencias, de toda la creación

Y de todo el pueblo de los justos que viven en tu presencia.

Te bendigo porque me has juzgado digno de este día y de esta hora,

De tomar parte en el número de los mártires,

En el cáliz de tu Cristo,

Para la resurrección de la vida eterna en alma y cuerpo,

En la incorruptibilidad del Espíritu Santo.

Que hoy sea yo recibido con ellos en tu presencia,

En sacrificio generoso y grato,

Tal como Tú, el Dios verdadero que no engaña,

Lo has preparado de antemano,

Lo anunciaste y lo has cumplido.

Por ello y por encima de todas las cosas te alabo,

Te bendigo, te glorifico,

Por medio de Jesucristo,

Sumo Sacerdote eterno y celeste,

Tu amado siervo,

Por el cual la gloria a Ti junto a Él y al Espíritu Santo,

Ahora y en los siglos venideros. Amén.

Segundo día: Génesis 1-11 “El árbol de la Vida” por P. Alejandro Wiesse OFM

Descárgalo: “El árbol de la Vida 1”

Descárgalo: “El árbol de la Vida 2”

Domingo XIV del Tiempo Ordinario

Alejandro Wiesse -Comentario a los Evangelios dominicales- III Domingo de Pascua

Alejandro Wiesse -Comentario a los Evangelios dominicales- II Domingo de Pascua

El Libro del Apocalipsis