Todos decepcionamos alguna vez en nuestra vida…

  • A. Yo pensé que eras una persona distinta…
  • B. Lo lamento, no fue mi intención
  • A. Hubiese preferido no haberte conocido nunca…
  • B. Es tarde, en la vida no todo es elección
  • A. Me has decepcionado, no quiero saber nada de Ti
  • B. Mil disculpas, espero no volver a tropezar con la misma torpeza.

Es el extracto de una conversación en la que soy B y creo que decepcioné a quienes esperaban algo/mucho de mí.

Recuerda: no todo el tiempo podrás caminar por caminos rectos y sin piedras como para pensar que caminarás sin dar un tropiezo. Todos estamos propensos, mientras vivamos, a decepcionar a las personas que más confianza hayan podido depositar en nosotros. Lo único que podemos hacer es que estos golpes no nos dejen en el suelo y sin ganas de querer levantarnos. Al momento de caer no pierdas de vista que puedes una y mil veces con dignidad y reconociendo tus errores, repararlos y hacer una vida distinta.

Los caminos tienen muchas curvas… y a veces oscuridades que nos hacen tropezar

Creo que la vida nos ofrece la misma piedra de toque con la cual pudimos medir a los demás. Si algún día hubieron personas que nos decepcionaron, mañana nadie nos asegura que podemos ser esos sujetos que decepcionen a los demás. Si hacemos algo en la vida nos pondrá en esa cuerda por donde tendremos que transitar tratando de hacer equilibrio. Mientras estemos caminando sobre la cuerda no miremos la vida de los demás  porque concentrándonos en lo que no nos corresponde nos podemos descuidar de la nuestra y al estar distraídos podemos tambalear y caer.

Si alguien espera mucho de Ti, recomiéndalo que no espere demasiado ya que al estar hechos de un barro muy maleable podemos decepcionar a amigos y conocidos, a extraños y cercanos. 

Pienso que debemos ser mesurados tanto en el esperar de los demás como en el hacer esperar de nosotros mismos a los demás. Cuando se crean muchas expectativas en una persona dejamos de considerarla como es en realidad y la subimos a un pedestal que no le corresponde y cuando comete el inevitable error se nos cae como un chorro de agua fría. Sin embargo, cuando estamos convencidos que la otra persona es tan humana y frágil como nosotros nos decepcionaría menos y con nuestro silencio y sin pararnos a juzgar podríamos ayudar mucho más.

Esta ventana al mundo, mi blog, es uno de mis fieles reflejos de lo que voy pasando por la vida. He decepcionado a muchas personas. Unas veces por motivos que no he estado a la altura de lo que se me exigía y otras veces por que no me gusta verme sobrevalorado ya que si esperan mucho de mi y cuando no encuentran lo que esperaban terminan por desesperarse. 

Vivo con la convicción que todo lo que he hecho ha sido por buena voluntad y aunque en más de una ocasión no me ha quedado otra salida no me excuso echando la culpa a los demás por mis errores. Estoy en la edad que todavía decepcionaré a muchas personas ya que no vine al mundo para colmar expectativas de los demás. Vine para ser feliz y sin en algún momento no estoy a la altura para responder como esperan de mí, tengo la conciencia tranquila de haber dado lo mejor que pude, que quise e hice.

Para muchos estoy a la mitad de mi vida, para otros estoy casi de bajada (como lo dicen en lenguaje coloquial); sin embargo, yo me siento en la edad perfecta de mi vida… de hacer lo mejor sin temor a decepcionar.

Caminando sobre las piedras… alguna me hará caer?
  • Me he decepcionado demasiado de mí mismo… y sigo creyendo para ser creíble.
  • Me sorprendo muy poco si los demás se equivocan… aporto más al momento de levantar al caído en vez de dar un rodeo a su vida.
  • Me alegra que hayan personas que quieren seguir caminando después de la caída… son los que merecen la vida, los únicos que hacen historia.
  • Me consuela saber que todos podemos ser mejores… después de los errores.
  • Me tranquiliza ver que muchos llegaron a ser santos… gracias a su conversión. No hay Santo sin pasado ni pecador sin futuro.
  • Me ha tapado la boca, la vida misma, ya que ahora no puedo ser juez de mi prójimo… solo puedo ser abogado.
  • Me sorprendo al verme al lado del acusado en vez de acusador… recibir los golpes es más gratificante que lanzar la primera piedra.
  • Me veo maduro en la medida que acepto mis defectos en vez de negarlos.
  • … … me veo feliz.
  • No juzgo, me basta con juzgar mi vida… poco tiempo me queda en este mundo para concentrarme en lo que no me importa.

Comentario al Evangelio de hoy viernes, 22 de julio de 2016

      ¿Cuál es la imagen más habitual que tenemos de María Magdalena? No hace falta más que mirar a los cuadros de siglos pasados y a las imágenes de muchas iglesias. Se ve casi siempre a una mujer muy austeramente vestida y entregada a la penitencia imaginamos que a causa de sus muchos pecados. 

      No se entiende muy bien la razón por la que se terminó identificando a la pecadora que lava con sus lágrimas los pies de Jesús con María Magdalena. En cualquier caso, María Magdalena pudo haber sido lo que fuera. ¿Quién no tiene una historia guardada en su baúl, en el pasado? ¿Quién puede dar un paso al frente y decir que tiene las manos y el corazón y todo su ser limpio como una patena? A los que iba a apedrear a la mujer a la que habían encontrado en pleno adulterio, Jesús les dijo con mucha tranquilidad que “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. 

      Así que nos da lo mismo lo que fuese o hiciese María Magdalena antes de conocer a Jesús. Es irrelevante. Lo importante fue el momento en que se encontró con él y se convirtió en una de sus discípulas. Y debió ocupar en el grupo de seguidores de Jesús un puesto importante porque el evangelista Juan le hace aparecer como prácticamente la primera misionera, la primera evangelizadora, la primera testigo de la resurrección, la primera a quien se aparece el resucitado. 

      De Pedro y Juan se dice que fueron al sepulcro, que lo encontraron vacío y que creyeron. Pero el relato termina diciendo que “regresaron a casa”. Ahí se quedaron. María se queda fuera. El Maestro se le aparece, resucitado. Y a ella se le hace el encargo de ir a decir a los hermanos que ha resucitado. Y es lo que hace: “fue y contó a los discípulos que había visto al Señor y también lo que él le había dicho.”

      Si queremos ser evangelizadores no tenemos más que imitar a María. Hay que rondar el sepulcro. Nada de “volverse a casa” como Pedro y Juan. Hay que estar ahí. Hay que leer la Palabra. Hay que abrir los ojos. Hay que dejar que Jesús nos encuentre en vela. Y luego ir y decir a los hermanos que hemos visto al Señor y lo que nos ha dicho. No es un mensaje para quedárnoslo en exclusividad. Es para comunicarlo, para regalarlo, para compartirlo. 

      En la Iglesia el mandato primero, fundamental y casi único es “anunciar la buena nueva del Reino.” María Magdalena, mujer, es la primera evangelizadora. ¿Por qué no la imitamos?

Comentario al Evangelio de hoy jueves, 21 de julio de 2016

Desde hace unos años se han puesto de moda novelas y películas con un tema muy parejo: en todas ellas se habla de un misterio muy importante, del que el protagonista tiene que seguir la pista pasando por pruebas y dificultades a cuál más complicada y difícil de superar. El misterio tiene siempre un calado “misterioso” que afecta a la supervivencia de la vida en el planeta, al futuro de la humanidad. El protagonista se constituye en salvador de la humanidad al defender el misterioso secreto de las fuerzas del mal que se intentan apoderar de él para dominarnos y destruirnos. Seguro que la mayoría de los lectores de estas líneas podrían poner ahora mismo sobre la mesa los títulos de varios películas y novelas con un tema muy parecido. 

      La realidad es mucho más rutinaria. No existe ese gran secreto. No existe ese gran misterio. No hay salvadores en los que confiar ciegamente. Las fuerzas del mal no andan por ahí amenazándonos. En realidad, todo se juega en nuestro corazón y en las relaciones entre las personas. Como Jesús dice en el Evangelio de hoy: “a vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino”.

      ¿Qué misterio es ése? No está escondido ni hay que superar pruebas imposibles para conocerlo. Está ahí. En la vida de Jesús, en sus palabras, en sus hechos. El misterio es el amor de Dios. El misterio es el Reino. El misterio es que la salvación no viene a nosotros ni a nuestro mundo de una forma milagrosa, de golpe o por la intervención de un héroe sino que es fruto del esfuerzo, del compromiso, del trabajo diario en favor del Reino. 

      La salvación no es algo que está en el futuro sino que la vamos actuando ya aquí y ahora cuando nos comportamos como Jesús, cuando trabajamos por la justicia y la fraternidad, cuando acogemos a todos, cuando los marginados y rechazados encuentran en nuestra casa la acogida que les dedicó Jesús. La salvación se nos da cuando somos capaces de amar gratuitamente y sin pedir nada a cambio. 

      El milagro verdadero es el de la fidelidad al Evangelio en el día a día de nuestras vidas. El misterio del Reino se transparenta en las cosas más sencillas del día a día: en el cariño de unos esposos y en la sonrisa de un niño, en el trabajo del juez que se esfuerza por hacer justicia de forma imparcial y en el político (que también los hay) honesto que dedica su vida al servicio del bien común. 

      Se están produciendo miles de milagros de esos cada día. Hay millones de héroes que están salvando al mundo y a mí mismo, que escribo estas líneas y que quizá no hago todo lo que debiera hacer para transparentar con mi vida y mi forma de comportarme el misterio del Reino. Que no seamos de esos que han cerrado los ojos y los oídos a ese despliegue del amor de Dios en nuestro mundo que son los millones de personas que viven comprometidos en crear un mundo mejor y más justo y más hermano.

Comentario al Evangelio de hoy miércoles, 20 de julio de 2016


Atención a la primera lectura. Es el comienzo del libro del profeta Jeremías y el profeta nos cuenta como se sintió llamado a ser profeta. Él no quería. Él no se sentía digno de semejante encargo. Puso todas las dificultades posibles. Pero el Señor quería y cuando Dios quiere algo, lo suele conseguir. El profeta podía estar seguro de que iba a tener la presencia y la gracia de Dios con él. No tenía nada que temer. Su misión consistiría en “arrancar y arrasar, destruir y demoler, edificar y plantar”. Todo eso y por ese orden. 

      A veces pensamos que ser profeta es conocer el futuro, adivinar lo que va a suceder, los castigos o los premios que van a venir sobre nosotros si nos portamos mal (castigo) o nos portamos bien (premio). En el Antiguo Testamento, el profeta no es el adivino sino simplemente el vocero de Dios. Es una especie de altavoz que tiene como deber fundamental recordar al  pueblo la Palabra y la Ley de Dios. 

      Por eso su misión no es sentarse delante de la bola de cristal y adivinar el número de la lotería que va a tocar en el sorteo de dentro de una semana. Su misión es proclamar la palabra de Dios sin acepción de personas (“ante pueblos y reyes”) para ayudar a arrancar las malas hierbas que nacen en nuestros corazones (arrancar, arrasar, destruir, demoler). Pero sobre todo, para promover lo mejor de nosotros, para que seamos conscientes de que Dios está con nosotros, de que nos ama, de que somos su pueblo. El profeta está, sobre todo, para edificar y plantar la nueva ciudad, la nueva Jerusalén, donde todos se sentirán como en casa porque Dios estará en medio de todos. 

      En el Evangelio de hoy se cuenta la parábola del sembrador que siembre la semilla y luego la tierra da su cosecha de acuerdo con su calidad. Pero la parábola no nos cuenta el trabajo que tiene el agricultor antes de sembrar. La tierra hay que roturarla, allanarla, limpiarla. Todo eso es necesario para que esté preparada para recibir la semilla. Y sin ese trabajo no podrá dar su fruto. 

      El profeta es el que prepara la tierra y luego siembra la semilla de la palabra y del amor de Dios para con nosotros. Él no es el protagonista de la historia. El protagonista es Dios mismo, es la semilla, es la palabra que crece en el corazón de cada hombre y mujer. La cosecha será el fruto de amor para la vida del mundo que brotará de esa semilla hecha planta. 

      Cada vez que amamos, que decimos una palabra de consuelo, que actuamos con justicia, que creamos fraternidad en medio del odio, que devolvemos la esperanza al que la ha perdido, allanamos, roturamos, limpiamos y plantamos la semilla. Ese es nuestro deber. Como lo hizo Jeremías. El resultado, la cosecha, ya no depende de nosotros. Crecerá en el misterio del corazón de cada persona. A nosotros sólo nos quedará contemplar agradecidos como va creciendo la mies.

Comentario al Evangelio de hoy domingo, 24 de abril de 2016


Jesús aborda dos temas, favoritos del evangelista: la gloria y el amor.
Acace durante la última cena, tras lavar los pies a sus discípulos, e inmediatamente después de que le diera un trozo de pan mojado al que lo traiciona. El texto litúrgico trae un añadido para poner el contexto: “Cuando salió Judas del Cenáculo…”

Jesús dice que la entrega de su vida -que va a ser “pronto”- manifiesta su gloria (se refiere a sí mismo como “Hijo del hombre”) y la gloria de Dios.

Como le “queda poco tiempo de estar entre vosotros”, da a conocer su última voluntad, a la que llama “mandamiento nuevo”, presentándose así como un nuevo Moisés (que había dado los diez mandamiento). Tal será “la señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos” -por tanto es algo que pide sólo a su comunidad de seguidores- y consiste en el amor mutuo (“unos a otros”, por dos veces insiste en que ha de ser recíproco entre sus discípulos) concretado en el servicio mutuo (“como yo os he amado”, siendo así que nos “amó hasta el extremo” -13,1- expresado con el gesto de “lavar los pies de los discípulos” -13,5-). Ya había hablado antes sobre este servicio recíproco (“también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros” -13,14) y cómo es Él el punto de referencia (“os he dado ejemplo para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros” -13,15).  Por tanto, se modifica el antiguo punto de referencia: “Ama a los demás como a ti mismo”. Este “amor extremo” de Jesús se manifesta en la entrega de su vida, también sus discípulos han de desvivirse unos por otros.

El texto litúrgico omite 13,33b que introduce un tema del que hablará más tarde: “a donde yo voy vosotros no podéis venir”

Al releer este bonito texto del Evangelio, no puedo dejar de acordarme de mi hermana de comunidad Ana (trabaja también en un hospital, como pediatra). Ella está obsesionada por cómo los demás notan que es seglar comprometida y pertenece a una comunidad cristiana. “¿Se me notará en medio del hospital, entre mis amigos, en mi familia?” Nosotros nos reímos a veces por esta obsesión, y algún gracioso le dice que ¡se le nota en los andares!

Sin embargo, haciendo memoria, recuerdo que un día nos contaste que, una noche al estar de guardia, atendiste a una madre con su niño pequeño. Trataste al niño, lo exploraste, le pusiste el tratamiento y le diste de alta. Eran las cuatro o las cinco de la mañana y te retiraste  hasta el siguiente aviso.

De repente se te ilumino el corazón, en la calle estaba diluviando y te acordaste de aquella pobre señora con el niño. Había venido al hospital en una ambulancia y ahora no tenía medios para volver a su casa. Y por lo que comentó anteriormente, ella vivía en un barrio en las periferias.

Al sentir esto, tu corazón se conmovió, y saliste al encuentro de la madre y el niño. Todavía seguían en la sala de espera, menos mal. La miraste y le pediste una ambulancia para poder regresar a su domicilio. Seguro que alguien a tu alrededor se percató de este hecho. Pues ahí, en esos pequeños detalles de Amor, de acercarse al otro, de ponerse en el lugar del otro, se nos conocerá que somos discípulos, que nos une el Amor de unos a otros.
De este modo somos expresión del Amor con que Dios nos Ama.

El AMOR es el motor del mundo. Y de la familia. Nuestros hijos, que están “al loro” de todo, tienen que percibirlo. Aunque sólo vean la punta de un iceberg que queda oculto a su ingenuidad, ya que no se percatarán del esfuerzo que hay detrás de una mesa puesta, una casa recogida, un uniforme planchado, un carro de la compra del supermercado, un apoyo en la tarea de clase o un rato de escucha en exclusiva, seguramente, hasta que les toque a ellos como padres.

Las cosas se hacen a veces, inevitablemente, rozando la desesperación propia del agotamiento. Pero cuando se hacen desde la perspectiva de que Dios es un miembro más de la familia, incluso en esos momentos extremos, cobran una especial trascendencia.
Una vez más sale a relucir la educación en el ejemplo, en la coherencia, en el entendimiento en la pareja educadora y con la mirada puesta en el Señor.

Comentario al Evangelio de hoy jueves, 14 de abril de 2016


Hoy el libro de los Hechos nos presenta un cambio de escena en la campaña misionera de Felipe. La iniciativa del Espíritu, que es lo que continuamente está resaltando Lucas, aparece aquí más clara todavía. Felipe recibe una orden que lo lleva, no a la ciudad sino al desierto; no a evangelizar multitudes, sino a una sola persona de la que no conocemos ni siquiera su nombre, sólo se nos dice que era etíope, o sea de una región lejanísima. Por primera vez se anuncia el evangelio a un extranjero. Esta narración está dando como un eco al encuentro de Jesús con los dos discípulos  camino de Emaús.

El etíope en su carroza estaba leyendo una profecía de Isaías. El pasaje era éste: «Como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de los vivos.» Parece ser que con este mismo texto del profeta Isaías la comunidad cristiana de aquella época iluminaba el sentido de la pasión y muerte de Jesús. Y partiendo de ese texto Felipe anuncia al etíope el sentido de la pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús. El etíope tiene tanto interés en conocer el sentido de la Palabra de Dios, que con toda sencillez escucha las explicaciones de  Felipe. Y su respuesta inmediata es la fe en Jesús, una fe que se completa y se confirma con el Bautismo. 
Lucas ha embellecido su narración con un hermoso símbolo que da unidad a la narración: del terreno desierto brota una fuente de agua vivificante; del libro incomprensible brota un sentido que ilumina y transforma; y el hombre estéril, el eunuco etíope, recobra una nueva vida.
De pronto, Felipe desaparece de la escena, pero la alegría acompaña al peregrino durante el camino de regreso a su patria.



En el evangelio de hoy  leemos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre”.

Los antiguos Mártires de la Iglesia ya decían que sin la Eucaristía no estaban preparados para el martirio. El mártir cristiano siempre ha buscado en la Eucaristía el pan para vencer el sufrimiento y la muerte. En la película “Un Dios prohibido” hay una escena muy emocionante: ¡cuando les reparten el bocadillo del desayuno aparece encima del trocito de chocolate la sagrada forma para comulgar! ¿Cómo estos jóvenes iban a poder enfrentar solos los sufrimientos y torturas del martirio? El Señor quiso hacerse prisionero con ellos para sostenerlos en la lucha. Y por eso alcanzaron la palma del martirio como verdaderos héroes de la fe.

Miércoles de la Tercera Semana de Cuaresma

Con frecuencia el Antiguo Testamento se denomina a sí mismo como la Ley y los profetas. De manera que cuando Jesús habla de la Ley y los profetas, se refiere al conjunto de libros consignados es la Escritura. Las actitudes radicales de Jesús ante el Antiguo Testamento habían hecho que Él fuera considerado por los fariseos, y demás judíos apegados a la letra de la Ley, como un trasgresor de la Escritura. Sin embargo, con su enseñanza en la parte en la parte inicial del sermón de la montaña, Jesús se presenta no como el trasgresor sino como el verdadero cumplidor de la Escritura. Cumplir la enseñanza de la Ley y los profetas de manera exterior es incumplirla en realidad. Por eso, Jesús afirma que no ha venido a abolir la Escritura sino a darle su verdadero cumplimiento. Para Jesús no es suficiente cumplir lo que dice la Biblia de manera literal, sino ir más allá, comprender el llamado profundo que nos hace la Escritura para que nuestro comportamiento exprese el sentido profundo que Dios nos exige.

Jesús, tú que no has venido a abolir la ley y los profetas, sino a darles su verdadero sentido, guíanos con tu Espíritu. 

Lo que pasó, … y está pasando en Siria

Como la cierva anhela los arroyos
así te anhela mi ser, Dios mío.
Mi ser tiene sed de Dios, del Dios vivo,
¿cuándo podré ver tu rostro?

Cuando mi vida se vuelve gris,
cuando me pregunto: ‘¿dónde estás?’
cuando me asalta la nostalgia por tiempos mejores,
cuando desfallezco y me siento apagado,
entonces me vuelvo a ti, Dios mío.
Te preguntaré: ‘¿dónde estás?’
Te diré: ‘no me olvides’,
y tú me responderás.
De día me enviarás tu amor
y de noche cantaré tu canto

Cuando me sienta cansado,
cuando me invada la duda,
cuando me duelan las cosas,
cuando me falte el amor,
entonces me volveré a ti, Dios mío.

Enviarás tu luz y tu verdad
ellas me guiarán,
me llevarán por el camino de la vida
y me darán la alegría profunda,
la esperanza firme,
la luz única.

 
  • Inspirado en los salmos 42 y 43

¿Adaptable o hipócrita?

Una cualidad atrayente que contribuye a que las relaciones humanas sean agradables y que la oratoria fluya hasta el corazón de los oyentes es la flexibilidad; y reflejamos flexibilidad cuando nos adaptamos a las circunstancias hasta el punto de entender cómo piensan los demás, para reaccionar en consecuencia.

Sin embargo, surge la pregunta: ¿No estamos actuando y siendo hipócritas cada vez que nos adaptamos a las personas? ¿No es mejor mostrarnos tal como somos y dejar que los que no disfrutan de nuestra compañía se alejen? ¿Es lo mismo actuar, ser adaptable y ser hipócrita?

Empatía, un sentimiento necesario.  

En primer lugar, ten en cuenta que la empatía es una cualidad fundamental de las relaciones humanas, y como tal, debería manifestarse en todos nuestros actos. Por ilustrarlo, es como respirar con la otra persona o meterte en su pellejo para entender cómo se siente y poder tratarla adecuadamente. Es necesaria tanto para llevarnos bien como para negociar, formar una alianza o lograr acuerdos. Una persona sin empatía puede hacerse progresivamente insensible hasta un grado extremo, tornando la convivencia pacífica en una donde la reconciliación y el trabajo en equipo se vuelvan prácticamente imposibles.

Entendiendo las diferencias.

En segundo lugar, hay que considerar que, aunque las personas hipócritas suelen cultivar la adaptabilidad, hay una diferencia notable entre la adaptabilidad altruista y la mera hipocresía. La hipocresía es un fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente abrigamos, y brota de una motivación egoísta basada en el deseo de promover nuestros propios intereses; mientras que la adaptabilidad ajusta nuestro comportamiento para promover una buena relación y/o procurar un beneficio para la otra persona. Es una manera de mostrar que entendemos las diferencias.

¿Y la actuación? En tercer lugar, la actuación pudiera tener su lugar cuando tenemos que interpretar una obra. Por ejemplo, al escenificar una dramatización con el fin de ilustrar los efectos o resultados de una enseñanza. Cada uno de los participantes toma a su cargo un personaje y se desarrolla una escena. Luego todos la comentan y sacan interesantes conclusiones de valor práctico. Pero cualquier actuación sería una hipocresía la causara una motivación egoísta, es decir, la finalidad de promover nuestros propios intereses. Si lo que queremos es cultivar relaciones humanas edificantes, más bien evitamos colocar como fundamento una actuación. Cuando se descubren las verdaderas intenciones de un hipócrita, todo el tinglado se viene abajo. En tal sentido, la adaptabilidad es una expresión de la empatía, mientras que la hipocresía, del egoísmo. Ser adaptable, en el buen sentido de la palabra, significa mostrarnos flexibles teniendo en mira no solo una buena relación con los demás, sino el bienestar y beneficio mutuo. Y la clave para determinar si se trata de adaptabilidad, actuación o hipocresía está en la motivación. Decimos que si la motivación es egoísta, se trata de hipocresía; pero si es altruista, de adaptabilidad, y no debería incomodarnos ninguna forma de empatía. Ahora bien, ¿cómo saber si una persona se está mostrando adaptable o hipócrita con nosotros? Observando si su actitud es considerada, flexible y comprensiva.

Salmo II. Miguel de Unamuno

Fe soberbia, impía,
la que no duda,
la que encadena Dios a nuestra idea.
-Dios te habla por mi boca-,
dicen, impíos,
y sienten en su pecho:
-¡por boca de Dios te hablo!-
No te ama, oh Verdad, quien nunca duda,
quien piensa poseerte,
por que eres infinita y en nosotros,
Verdad, no cabes.
Eres, Verdad, la muerte;
muere la pobre mente al recibirte.
Eres la Muerte hermosa,
eres la eterna Muerte,
el descanso final, santo reposo;
en ti el pensar se duerme.
Buscando la verdad va el pensamiento,
y él no es si no la busca;
si al fin la encuentra,
se para y duerme.
La vida es duda,
y la fe sin la duda es sólo muerte.
Y es la muerte el sustento de la vida,
y de la fe la duda.
Mientras viva, Señor, la duda dame,
fe pura cuando muera;
la vida dame en vida
y en la muerte, la muerte,
dame, Señor, la muerte con la vida.
Tú eres el que eres,
si yo te conociera
dejaría de ser quien soy ahora,
y en ti me fundiría,
siendo Dios como Tú, Verdad suprema.
Dame vivir en vida,
dame morir en muerte,
dame en la fe dudar, en tanto viva,
dame la fe pura luego que muera.
Lejos de mí el impío pensamiento
de tener tu verdad aquí en la vida,
pues sólo es tuyo
quien confiesa, Señor, no conocerte.
Lejos de mí, Señor, el pensamiento
de enterrarte en la idea,
la impiedad de querer con raciocinios
demostrar tu existencia.
Yo te siento, Señor, no te conozco,
tu Espíritu me envuelve,
si conozco contigo,
si eres la luz de mi conocimiento
¿cómo he de conocerte, Inconocible?
La luz por la que vemos
es invisible.
Creo, Señor, en ti, sin conocerte.
Mira que de mi espíritu los hijos,
de un espíritu mudo viven presos,
libértalos, Señor, que caen rodando
en fuego y agua;
libértalos, que creo,
creo, confío en Ti, señor; ayuda
mi desconfianza.

¿PARODIA? O ¿FALTA DE RESPETO?

La tontería es infinitamente mas fascinante que la inteligencia. La inteligencia tiene un límite, la tontería no.

CUÁL ES TU OPINIÓN SOBRE ESTE VÍDEO:

“Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corruptos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios pero con sus hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra.”Esto dice la palabra de Dios en Tito 1:15-16.

La definición de fanatismo es: apasionamiento excesivo por una creencia, idea, doctrina u opinión. Hay muchos fanáticos del fútbol, que son capaces de perder todo, por un partido de fútbol, especialmente cuando se trata de su equipo favorito, (yo fui uno de ellos) aunque el equipo sea mediocre o el más malo de todos, todo fanatismo es malo, pero el peor es el fanatismo religioso, Dios nunca ha buscado fanáticos para su reino, Dios busca adoradores, que le adoren en espíritu y en verdad, a continuación la diferencia entre el fanático religioso y el adorador de Dios.

Diferencia #1
El fanático religioso: habla más de su religión, que de Jesucristo, el salvador del mundo, su religión lo esclaviza, lo controla, y corrompe tanto su mente, como su conciencia, “profesa conocer a Dios, pero con sus hechos lo niega, se vuelve abominable y rebelde, reprobado en cuanto a toda buena obra”. Lea por favor Tito 1:16. También La palabra de Dios dice: en Santiago1:26-27; “Si alguno de ustedes se cree religioso, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana, la religión pura y sin macula delante de Dios el padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.”
El adorador: conoce a Dios, exalta a aquel que lo llamó de las tinieblas, a su luz admirable.
A Jesús de Nazaret, lo ama, le sirve, le es fiel, se presenta él mismo, como ejemplo de buenas obras, en integridad, seriedad, con palabras sanas e irreprochables, procurando adornar en todo la doctrina del Dios vivo. Lea Tito 2:7-8.

Diferencia #2
El fanático religioso: Hace de su líder un ídolo, habla más de su líder, que del señor Jesús, se esfuerza para quedar bien con su líder, mas que con Dios, si su líder es fariseo, él se vuelve también fariseo; todo le parece mal, todo critica, su líder religioso en todo tiene la razón (aunque este desviado de la fe de Jesús) y se enoja si alguien quiere hacerle ver su error por la palabra de Dios.
La palabra de Dios hablando del Pastor, en Hebreos 13:7 dice: “consideren cuál haya sido el resultado de su conducta, e imiten su fe. Conozca la forma de conducirse de su líder, si vive en el temor de Dios y si su fe está puesta en Jesús, porque así lo manda Dios, cuando dice: “puestos los ojos en Jesús el autor y consumador de la fe.”
El adorador: el motivo de su adoración es Jesucristo, y es prudente en conocer la fe que profesa su líder, si está basado en la palabra de Dios.
El apóstol Pablo dijo: “sed imitadores de mí como yo lo soy de Cristo”. Con esto no quiero decir que usted no debe someterse a la autoridad que Dios ha establecido; por el contrario usted debe obedecer y someterse a su líder (pastor),siempre y cuando esté viviendo conforme a la palabra de Dios. Así dice en Hebreos 13:17, “obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta.”

Diferencia #3
El fanático religioso: descuida su casa. Se vuelve desobligado. Pone como excusa que está ocupado en asuntos religiosos. No provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, niega la fe y es peor que un incrédulo” Lea 1ª. de Timoteo 5:8

  • El adorador: tiene cuidado de su casa para agradar a Dios.
  • Es responsable, ama a su esposa, la sustenta, la cuida, así como Cristo a la iglesia, los hijos son guiados en disciplina y amonestación del señor.
  • Sirve de buena voluntad al señor y no a los hombres. Así dice la palabra de Dios en Efesios capítulos 5 y 6.

Mi oración es que por medio de el estudio de la palabra de Dios, seamos sinceros y analicemos detenidamente dónde estamos fundamentados, en el fanatismo religioso del hombre, ó somos verdaderos adoradores que “adoramos a Dios en espíritu y en verdad”, ya que el padre tales adoradores busca que le adoren. Esto dice en Juan 4:24. Recuerde: “el entendido en la palabra hallará el bien”. Proverbios 16:20.