Hasta pronto Padre VICENTE PALACIOS DEL HOYO -OFM-

No podemos estar felices todos al mismo tiempo… 

Este domingo 21 de enero fue una mezcla de emociones las cuales teníamos que aceptarlas como tal. La emocionante y reconfortante visita del Santo Padre a Nuestro País y la partida de nuestro Padre Vicente Palacios a la Casa del Padre Celestial. 

En conversaciones con hermanos religiosos y laicos, que tuvimos la posibilidad de haber compartido experiencias con Padre Vicente, hemos coincidido en algo: era un Padre BUENO. 

Como se recordaba el día de hoy, al momento de leer su biografía, se resaltaba su bondad cuando trataba con el prójimo. Sus 60 años de sacerdocio y su pasión por las misiones. La ausencia de alguien siempre nos arrancará las lágrimas y dejará un vacío que solamente Dios puede llenar y dar un contenido. 

Nos vendrán las muchas interrogantes al momento de contemplar a un anciano que busca hacer el bien. ¿Qué es lo que veía cuando celebraba la Eucaristía ya que era evidente que la vivía como una experiencia única e irrepetible? ¿Qué es lo que le impulsaba a salir a visitar a los enfermos sabiendo que lo único que queda es asistirle en los últimos momentos de su existencia?

Creo que la respuesta la dio el Papa Francisco: 

Los jóvenes van rápido… los ancianos conocen el camino. 

Otra persona me dijo, es una tristeza que ya no esté con nosotros pero sabemos que ya está en el cielo, pues a otro lado es imposible que pueda haber ido; por eso podemos estar más que alegres. 



Es difícil pronunciar palabras de consuelo cuando estamos cara a cara con la muerte, incluso cuando la persona que murió vivió una vida plena y murió en las mejores circunstancias. Es especialmente duro cuando el que ha fallecido es una persona muy querida, todavía necesitado de cuidados.

Como sacerdote, he tenido que presidir muchos funerales, como resultado de una enfermedad, un accidente o ancianidad. Este tipo de funerales son siempre tristes. 

No hay muchas palabras que ayuden en una situación como esta, pero incluso lo poco que se puede decir, en un día como ese, cuando la muerte es tan cruda, no ofrece demasiado consuelo emocional. ¿Qué se dice cuando se enfrenta una muerte como ésta? Simplemente que esa persona está ahora en unas manos más amorosas, tiernas, suaves y seguras que las nuestras, que hay una madre y un padre que los precedieron al otro lado y ahora saldrán a recibirle, como hubo una a este lado cuando nació. Todos nacemos en los brazos de una madre. Esta es la imagen que necesitamos mantener ante nosotros para imaginar sanamente la muerte.

Cuando morimos, morimos en los brazos de Dios y seguramente somos recibidos con tanto amor, dulzura y ternura como los que seguramente recibimos en los brazos de nuestras madres cuando nacimos. Más aún, seguramente estamos más a salvo que cuando nacimos aquí en la tierra. Sospecho, también, que más de unos pocos santos nos rodearán, esperando su oportunidad para acunar al nuevo niño. Por eso está bien, incluso si morimos antes de que estemos preparados, si aún necesitamos el cuidado de alguien que nos cuide, si todavía estamos necesitados de una madre. Estamos en manos seguras, cuidadoras y tiernas. En las manos de Dios.

Esto es profundamente consolador  porque la muerte nos convierte en huérfanos y diariamente hay personas que mueren porque es la ley de la vida, inesperadamente, sin estar preparados, todavía necesitados de cuidado en sí mismos, en diferentes circunstancias. Todos morimos necesitando una mano maternal de Dios. Por eso tenemos la seguridad que nos da la fe, por la cual creemos que naceremos en unas manos más seguras y cuidadoras que las nuestras.

De cualquier manera éste consuelo no borra el dolor de la pérdida de nuestro P. Vicente. Nada se lo borra porque nada puede. La muerte marca indeleblemente nuestros corazones porque el amor nos hiere de esa manera. Tal y como Dietrich Bonhoeffer dice: “Nada puede disfrazar la ausencia de alguien querido… no tiene sentido decir que Dios llena el hueco; Dios no lo llena, al contrario, Dios lo mantiene vacío de manera que éste vacío nos ayude a mantener viva nuestra comunión con los otros, incluso pagando el precio del dolor… Lo más querido y rico de nuestros recuerdos, la más difícil separación. Pero la gratitud cambia la herida de nuestros recuerdos por una alegría tranquila. La belleza del pasado nace, no como una espina clavada en la carne, sino como un precioso regalo para nosotros mismos.”

Les dejo aquí las fotografías de la santa Misa y del Funeral:

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Jesús elige a los doce

«Después subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios.

Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre de Pedro; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; luego, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó» (Mc 3,13-19).

Los textos proféticos y otros escritos sapienciales o apocalípticos con frecuencia expresan la esperanza de la reunión futura de las tribus de Israel dispersas. Desde ese contexto se comprende la institución del grupo de los Doce. La restauración de todo Israel constituye el objeto de la misión de Jesús. Y la elección de Doce discípulos es un gesto profético que simboliza tal misión.

Como los gestos de otros profetas, además de estar cargado de significado también está dotado de poder realizador. Lo que los profetas expresaban se ponía en marcha en la historia apenas ejecutado el gesto. De este modo la sola elección de los Doce ponía en marcha la realización de aquella reunión de las tribus, antes que ellos comenzaran a predicar siguiendo el mandato de Jesús.

Hoy también cada discípulo llamado por Jesús debe tomar conciencia de ser un agente en la realización del Reinado de Dios en la historia. No sólo con su acción apostólica, o con su testimonio de vida; también a través de su acogida del mensaje evangélico por la fe está haciendo posible la presencia transformadora de Dios en el mundo.

El Secreto mesiánico

«Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea. Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón.

Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara. Porque, como curaba a muchos, todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo. Y los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies, gritando: «¡Tú eres el Hijo de Dios!».

Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto» (Mc 3,7-12).

 

La multitud que busca a Jesús recurre a él a causa de su fama como obrador de milagros. Esa misma gente es la que contribuye a que la fama de Jesús crezca aún más:

«Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban» (Mc 7,36).

Este amplio radio de transmisión fuera del grupo de los discípulos (Judea, Idumea, la Transjordania y la región de Tiro y Sidón), probablemente se habría interesado por los aspectos más sensacionales de la actividad de Jesús, y habría desatendido los puntos centrales del mensaje del Evangelio, a los que estaban ligados los milagros, como la vinculación entre sanación y conversión.

El Evangelio de Marcos habría integrado algunos relatos de divulgación popular, que reflejaban la creencia general en los milagros. Pero a la vez muestra a un Jesús que se opone a tal tipo de divulgación.

  • El «secreto mesiánico» de Jesús buscaría corregir una imagen suya que fascinaba, no sólo a la multitud del pueblo, sino también a muchos en la comunidad de los discípulos.
  • Marcos integra estas tradiciones populares en su Evangelio, pero combina dichos relatos con la decisión de seguir a Jesús, que incluye la pasión. Sólo así los milagros alcanzan su pleno significado y la curación llega a ser verdadera salvación para el hombre.

Jesús es buscado para que siga curando

«Cuando salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.

Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él.

Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando».

El les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido».

Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios» (Mc 1,29-39).

Buscando la clave de la misión

En el relato anterior del Evangelio, después de convocar a los primeros seguidores, Jesús realizó su primer prodigio. Allí los testigos del exorcismo se maravillaron por su «doctrina NUEVA» y porque tenía AUTORIDAD, incluso sobre los espíritus impuros, que lo obedecen (Mc 1,27).

Ahora una curación en un domicilio contribuye a que su fama se extienda rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea (Mc 1,28).

Esta actividad sanadora de Jesús superará, en la tradición evangélica, a la de exorcista (15 curaciones frente a 6 expulsiones de demonios).

Sin embargo el Evangelista quiere destacar ante todo la opción de Jesús por la PREDICACIÓN.

Libres para servir

A la escena acontecida en la SINAGOGA (espacio público) sucede otra que tiene lugar en una CASA (espacio privado).

Si bien la anterior trataba de un EXORCISMO y ahora de una CURACIÓN, en ambos casos se da una situación de POSESIÓN, de la cual Jesús libera:

en la SINAGOGA
en la CASA
«El espíritu impuro lo sacudió violentamente, y dando un alarido, salió de ese hombre» (Mc 1,26) «Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó» (Mc 1,31)
Pero en esta escena se inicia también un modo de relación con Jesús que se destaca a lo largo de todo el Evangelio, y que señala el sentido de toda transformación personal. La suegra de Pedro será modelo para otras mujeres:

En el Calvario «había también unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de Joset, y Salomé, que le seguían y le SERVÍAN cuando estaba en Galilea» (Mc 15,40-41).

Anticipando una clave

El sumario resume la actividad que Jesús ha realizado el sábado (Mc 1,21) hasta que este concluyó. Además de ser una síntesis señala también una conclusión que permite iniciar algo nuevo en la narración.

La nueva insistencia en el SILENCIO impuesto por Jesús vuelve a dirigir la atención del lector a un punto distinto de la misión de Jesús. Las menciones de tiempo parecen ser un indicio de orientación hacia la historia de la Pasión (constante en Marcos), que el redactor quiere ofrecer:

Final del Primer sábado
Final del Último sábado
Al atardecer, a la puesta del sol (1,32). Y ya al atardecer, como era la Preparación [de la Pascua] (15,42)
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se LEVANTÓ [anastas] (1,35) Jesús RESUCITÓ [anastas] en la madrugada, el primer día de la semana (16,9).
«Todos te buscan» (1,37). «Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí» (16,6).
El Evangelista quiere orientar desde el comienzo la búsqueda que el creyente hace de Jesús.

Otra anticipación puede ser la actitud de Pedro (y los demás discípulos), caracterizados por tener la «mente embotada» (Mc 6,52; 8,17) y por no comprender «los pensamientos de Dios» (8,33).

Antes de comenzar a predicar
Iniciado su ministerio
el Espíritu le empuja al desierto (1,12). fue a un lugar desierto y allí se puso a hacer oración (1,35)
siendo tentado por Satanás (1,13) reprendió a Pedro, diciéndole: «¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios» (8,33).
Marcos no describió el contenido de la tentación de Satanás. Mateo y Lucas relataron, en cambio, que el tentador pidió a Jesús que demuestre que es Hijo de Dios, sugiriéndole OTRAS ALTERNATIVAS para su misión mesiánica:

TENER
OSTENTACION
PODER
Pero Marcos describe la tentación de Pedro como «pensamientos de los hombres» (8,33).

Y muestra cómo Pedro interrumpe la oración de Jesús para presentar las expectativas de «todos los que lo andan buscando» (1,37).

Enviado para predicar

La actividad de Jesús no se agota en el ministerio de curación, ni tampoco su identidad de Hijo se explica exclusivamente por el poder de hacer milagros. La RELACIÓN con Dios mantenida en su diálogo secreto y sin testigos es lo constitutivo de su condición de Hijo.

Igualmente destaca como dimensión más importante de su misión el PREDICAR. Es el principal motivo de su envío. Porque lo primero que Marcos relató de la actividad de Jesús es que proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo:

«El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia» (Mc 1,14-15).

La fe que propone el Evangelio es una confianza en Dios, que siempre tiene que estar precedida por un compromiso firme de cambiar la propia vida.

Más allá de la búsqueda motivada por las propias necesidades, Marcos nos muestra a un Jesús atento a cumplir su misión profética como anunciador del Reinado de Dios. Los que acepten verdaderamente este anuncio serán los que sean capaces de seguir a Jesús de una manera incondicional; también en su silencio y soledad

San Esteban Protomartir

Los que, siguiendo a Jesús, han comenzado a transformar su vida, son enviados a los que aún no han escuchado el llamado a acoger la presencia del Reino. Encontrarán seguramente mucha resistencia porque aquellos no siempre estarán dispuestos a cambiar su vida. El discurso apostólico evoca una máxima sapiencial:

«¿Qué tienen de común el lobo y el cordero? Así pasa con el pecador y el hombre bueno» (Eclo 13,17).

Y los seguidores de Jesús deben recordar también el anuncio del profeta:

«El hijo denigra al padre, la hija se alza contra su madre, la nuera contra su suegra, y cada uno tiene como enemigos a los de su casa» (Miq 7,6).

De hecho, unos pocos años antes que se escribiera el Evangelio de Mateo, todo eso se había visto con lamentable frecuencia durante la guerra que terminó con la destrucción de Jerusalén:

«Entre los que incitaban a la guerra y los que reclamaban la paz, se produjo un duro enfrentamiento. La pelea arreció primero en las familias, entre personas que habían vivido en armonía; luego los mejores amigos se lanzaron unos contra otros» (Josefo, Guerra IV,132).

La tradición posterior interpretaría el momento de la llegada de la redención como un tiempo de enfrentamiento aún entre las personas más cercanas, según las palabras de Miqueas 7,6:

«En esa situación, ¿en quién se puede confiar? Solamente en nuestro Padre del Cielo» (Talmud Sanhedrín 97).

Por la misma época ya era conocido el desenlace de las vidas de los apóstoles. Se sabía que el TESTIMONIO (martyrion) tenía un costo alto. Pero los apóstoles deben confiar en la asistencia de Dios, que no dejó solos a enviados tan inseguros como Moisés y Jeremías:

«YHWH respondió a Moisés: «¿Quién dio al hombre una boca? ¿Y quién hace al hombre mudo o sordo, capaz de ver o ciego? ¿No soy yo, el Señor? Ahora ve: yo te asistiré siempre que hables y te indicaré lo que debes decir» (Ex 4,11-12).

Jeremías dijo: «¡Ah, Señor! Mira que no sé hablar, porque soy demasiado joven».

YHWH le dijo: «No digas: «Soy demasiado joven», porque tú irás adonde yo te envíe y dirás todo lo que yo te ordene. No temas delante de ellos, porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor -»

YHWH extendió su mano, tocó mi boca y me dijo: «Yo pongo mis palabras en tu boca» (Jer 1,6-9).

Dichosa tú por haber Creído

«En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».

María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!

Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.

Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.

Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.

Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.

Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre».

María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa» (Lc 1,39-56).



Cuando Isabel recibe el saludo de María, el movimiento de su hijo, Juan el Bautista, es un salto de alegría, un estremecimiento de felicidad (cf. Lc 6,23), mientras que su madre es colmada por el Espíritu Santo y se hace profetisa. La primera voz humana en profetizar en el Nuevo Testamento es una voz de mujer, al igual que las mujeres serán las primeras mensajeras de la resurrección.

La visitación es la escena del contagio del gozo y del don del Espíritu Santo. Apenas ha recibido el mensaje del ángel, María se apresura a visitar a su pariente y vivir con ella una efusión inaugural del Espíritu profético. Su marcha es también una respuesta de su fe a la gracia.

La palabra profética de Isabel es en primer lugar una bendición. Entre todas las mujeres, María es objeto de una bendición especial, la que hace de ella la Madre del Mesías, el Bendito por excelencia. Isabel hace también un acto de fe, porque ve ya en la madre de Jesús la madre de su Señor. Parece reconocer en ella una presencia divina que está portando. Sus palabras recuerdan las de David al recibir el Arca de la Alianza en su casa:

«¿Cómo va a entrar en mi casa el Arca del Señor?» (2 Sam 6,9).

Isabel pronuncia después la primera bienaventuranza, la de la fe: María es bienaventurada porque ha creído que iba a ser la madre del Mesías. Así lo confirmará Jesús durante su ministerio. María no es proclamada feliz por haber llevado a Jesús en su seno o por haberlo amamantado, sino más bien por «escuchar la Palabra de Dios y practicarla» (Lc 11,28).

María, por su parte, proclama en un cántico su lugar en la historia: como humilde sierva del Señor, el Todopoderoso ha hecho grandes cosas en ella. Por eso ella proclama que todas las generaciones la llamarán bienaventurada, por haber creído en las promesas hechas por Dios a su pueblo. Siguiendo la tradición bíblica, proclama que Dios visita a los humildes, los pobres y los hambrientos, para llevar a cumplimiento, en ellos y por medio de ellos, las promesas de los profetas.

Allí se fundamenta la alabanza a Dios que la Iglesia de todos los tiempos ha invitado a cantar cada tarde por el don recibido por María. Ésa es también la razón por la cual tantas personas han buscado en ella consuelo, reconociendo en ella un rostro de maternal ternura y compasión.

MARIA: La que ha Creído

«En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Angel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».

María dijo al Angel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?».

El Angel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios».

María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». Y el Angel se alejó» (Lc 1,26-38).

Actualizando los textos del pasado

Los relatos de la infancia son textos que surgieron en una fase muy desarrollada de la tradición evangélica. Están ausentes en Marcos y en Juan, que presenta en su lugar un Prólogo sobre la Palabra hecha carne (1,1-18).

En Mateo y en Lucas los relatos del nacimiento desempeñarían las funciones de prólogo, para definir desde el comienzo la identidad de Jesús como Hijo de Dios.

Hay diferencias notables entre los relatos de la infancia de Mateo y los de Lucas. Los relatos de Mateo no dicen nada de Juan Bautista, ni de la venida de los pastores a Belén, de la presentación de Jesús en el Templo o de su visita a Jerusalén a los doce años.

Además, en Mateo José recibe la comunicación celestial sobre la concepción virginal de María, mientras que en Lucas es María la que recibe el anuncio.

Estos relatos responden más a una motivación TEOLÓGICA que a un interés documental. Se estaría utilizando en ellos un recurso semejante al que encontramos en la literatura judía, llamado MIDRASH, a través del cual se intenta hacer comprensible un texto bíblico del pasado, teniendo en cuenta las circunstancias presentes de los lectores.

El Precursor y el Esperado

Los relatos de la infancia de Lucas están estructurados principalmente mediante el paralelismo entre Juan y Jesús, para destacar la superioridad de aquel a quien el Bautista precedió:

JUAN JESUS
Nace prodigiosamente de padres ancianos (y madre estéril) Nace más prodigiosamente aún de una JOVEN madre virgen, sin intervención de varón.
El Angel le dijo: «No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan. El será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento, porque será grande a los ojos del Señor». (Lc 1,13-15) El Angel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin» (Lc 1,30-33).
[Cuando se circuncidó a Juan] Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios. Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea (Lc 1,64-65). [Cuando nació Jesús] apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él» (Lc 2,13-14).
Síntesis de las ANTIGUAS promesas Inicio del mundo NUEVO esperado

El ángel Gabriel fue enviado por Dios

Lucas sigue un patrón pre-establecido en los relatos bíblicos de Anunciación, que destacan antes del nacimiento la misión que desempeñarán los elegidos de Dios:

  • ISMAEL: Gn 16,7-12
  • ISAAC: Gn 17-18
  • SANSON: Jue 13,3-20
  1. Situación de los personajes, señalando al mismo tiempo una dificultad (esterilidad de Isabel, virginidad de María).
  2. Aparición del ángel del Señor.
  3. Miedo-asombro producido por la aparición y que generalmente se expresa con la fórmula “no temas” (Lc 1,13 y 30).
  4. Anuncio de la llegada, mención del nombre y de la misión, que muchas veces empieza con la expresión técnica “He aquí “(Lc 1,20.31).
  5. Pregunta que plantea la dificultad (Lc 1,18.34).
  6. El mensajero da una señal que apoya y garantiza la anunciación (Lc 1,19-20 y 35-36).
  7. ejecución del signo y realización del anuncio.

La identidad mesiánica de Jesús

El núcleo de la Anunciación está en la declaración de la identidad de Jesús, Mesías prometido por Dios a la casa real de David.

El anuncio del Ángel guarda correspondencia con la profecía de Natán, que promete la asistencia divina y relaciones paterno-filiales para los reyes descendientes de David:

2 Sam 7,9-16 Lc 1,32-33
«voy a hacerte un nombre grande…yo afianzaré para siempre su trono real…Seré un Padre para él, y él será para mí un hijo…

Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y su trono será estable para siempre»

«él será grande y será llamado Hijo del AltísimoEl Señor Dios le dará el trono de David, su padre,  reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».

Con el final de la monarquía se comenzó a esperar el cumplimiento de esa promesa en un rey ideal que Dios suscitaría en el tiempo de la redención definitiva.

El Espíritu Santo vivificador

A diferencia de los otros anuncios de nacimientos prodigiosos en la Biblia, el de Jesús tiene su propia peculiaridad: no interviene ningún ser humano como padre.

El anuncio no es fácil y María intenta comprender. Su pregunta hace repetir el mensaje del ángel. En un nuevo, y solemne anuncio, Gabriel revela que este niño será el Hijo de Dios.

El Espíritu Santo ejercerá en María su papel creador y vivificante, el que tenía desde el origen del mundo (Gn 1,2).

También es un eco de la proclamación pascual de los primeros misioneros cristianos:

«Jesucristo Señor nuestro
nacido del linaje de Davids según la carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad
por su resurrección de entre los muertos» (Rom 1,3-4)

La esclava del Señor

Habiendo creído en la palabra del ángel que la concernía, María puede creerlo también cuando éste le anuncia todo lo que Dios ha realizado en su prima. La alusión a Isabel muestra que nada es imposible para Dios. Es suficiente creer en la promesa para que Dios suscite la vida.

María es bienaventurada porque ha creído que iba a ser la madre del Mesías. Así lo confirmará Jesús durante su ministerio. María no es proclamada feliz por haber llevado a Jesús en su seno o por haberlo amamantado, sino más bien por «escuchar la Palabra de Dios y practicarla»  (Lc 11,28).

Al llamarse la esclava del Señor, María que no es tal por status social, expresa su disponibilidad al Señor, de modo libre y responsable. Se pone al servicio del que tomará la condición de Siervo (Fil 2,7).

Demos gracias al Señor por el ejemplo de María. Pidamos que nuestra existencia se configure, como la suya, en el amor gratuito de Dios y en la aceptación de sus planes y proyectos.

Acojamos la gracia de Dios sobre nuestra vida. Alegrémonos con María. Que la experiencia de la gracia nos lleve al compromiso para hacer presente en el mundo el proyecto de Dios.

Y Sobreabundó la Gracia: Inmaculada Concepción

«En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Angel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».

María dijo al Angel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?».

El Angel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios».

María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». Y el Angel se alejó» (Lc 1,26-38).

Un estado de fragilidad moral caracteriza a la condición humana. Se manifiesta como una tendencia que nos empuja a comportarnos de un modo egoísta; con una ambición desmedida que no nos deja ver nuestros propios límites ni las necesidades de otras personas; que nos hace caer fácilmente en el desprecio de nuestros semejantes, y a sentirnos tan superiores a ellos, que nos envuelve en la fantasía de ser omnipotentes; es decir, de ser como Dios mismo… Es la realidad que la teología llama pecado presente desde los orígenes.

Esta realidad que nos afecta a todos se verifica en el hecho de que cueste mucho cultivar las virtudes y que realizar actos buenos nos reclame tanto esfuerzo. Y que por el contrario, no se necesite ninguna dedicación para llenarse de vicios. Simplemente hay que dejarse estar. Y cuando se generaliza la falta de esfuerzo para hacer el bien la situación resultante es la que el libro del Génesis refiere cuando dice que la tierra se llenó de violencias (Gn 6,11). La misma situación que los medios informativos nos describen todos los días.

El pecado tiene siempre un verdadero carácter estructural, que se consolida con el obrar de cada persona. No deberíamos minimizar la pequeña maldad o egoísmo que se da en cada acto personal, simplemente porque medimos que no llega a ser un pecado mortal para nosotros. Sigue siendo nocivo para todos, en la medida en que contribuye, aunque imperceptiblemente, al afianzamiento del “pecado del mundo”, a la extensión de esa corrupción de la que a veces tanto se habla, que no es un mal reciente, sino tan antiguo como el hombre.

Pero el apóstol Pablo extiende ante la situación sombría de la humanidad un horizonte de esperanza. El bien también se propaga. Su influencia es eficaz, aunque no tan llamativa como la del mal. Y la respuesta generosa al don de Dios puede revertir el distanciamiento de la humanidad respecto a la voluntad divina:

“no sucede con el don como con las consecuencias del pecado de uno solo; porque la sentencia, partiendo de uno solo, lleva a la condenación, mas la obra de la gracia, partiendo de muchos delitos, se resuelve en justificación” (Rom 5,16).

La gracia que Dios nos otorga permite revertir la triste historia de injusticia y violencia de la humanidad. Reflexionar en la obra de nuestra Redención tendría que llevarnos a valorar el alcance que pueden tener nuestras buenas acciones. ¿Qué pueden lograr mis modestos actos? ¿Voy a cambiar yo a la humanidad? Así como innumerables malas acciones contribuyen a la consolidación del pecado del mundo, así también cada pequeña buena obra, vivificada por la inspiración y el poder divino, en virtud de una misteriosa solidaridad, hace crecer el Reino de justicia y de paz, iniciado por Dios en nuestro mundo. Jesús lo ha realizado en su vida y en su muerte, y ha abierto para todos nosotros un camino de retorno a Dios.

Esta solidaridad hoy la celebramos en María, la madre de Jesús, aquella de quien el Evangelio afirma que halló gracia delante de Dios (Lc 1,30). Ella nos recuerda que el Poderoso hace maravillas (1,49) y que «toda palabra que viene de Dios nunca deja de ser eficaz» (1,37). En María, la que ha sido «agraciada» por Dios (1,28) nos volvemos a encontrar con la presencia del Dios que no abandonó a los hombres al poder del pecado, sino que tiende siempre su mano a aquellos que con fe abren su corazón, para que se haga la voluntad del que nos ha llamado a la vida y a la felicidad.

Como ella queremos decir un “sí” total a la Palabra que Dios nos dirige. La celebración de hoy nos muestra la primacía de la gracia sobre cualquier iniciativa humana si queremos que se hagan realidad los cielos nuevos y la tierra nueva, que tenemos prometidos, donde habitará la justicia (2 Pe 3,13). Que María nos ayude con su intercesión.

Primer Domingo de Adviento: Estén prevenidos

Jesús dijo a sus discípulos: «Tengan cuidado y estén prevenidos porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela.

Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana.

No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: “¡Estén prevenidos!”» (Mc 13,33-37).

Todo el capítulo 13 de Marcos forma una unidad literaria que se ha llamado el APOCALIPSIS Sinóptico. Como ocurre con los demás textos de este género, se preocupa por el FINAL de la historia, pero contemplada desde la certeza de la justicia de Dios. Ésta pondrá fin al poder tiránico de los reinos mundanos, y establecerá definitivamente el Reinado de Dios, transformando el presente de sufrimiento de los justos.

Por eso la pregunta por la fecha del retorno de Jesús y por las señales de su llegada (Mc 13,4) se comprende a partir de esa esperanza fundamental de los primeros creyentes, que anhelan la redención.

Jesús advierte que, como sucede en todo nacimiento, el surgimiento de toda nueva vida es precedido por un intenso sufrimiento que marca apenas «el comienzo de los dolores del parto» (Mc 13,8).

El comienzo de los dolores del parto

Entonces Jesús comenzó a decirles: «Tengan cuidado de que no los engañen, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: “Soy yo”, y engañarán a mucha gente. No se alarmen cuando oigan hablar de guerras y de rumores de guerras: es necesario que esto ocurra, pero todavía no será el fin. Se levantará nación contra nación y reino contra reino. En muchas partes, habrá terremotos y hambre. Este será el comienzo de los dolores del parto» (Mc 13,5-8).

La ansiedad no debe llevar a estar pendientes de FALSAS ALARMAS. Conflictos bélicos y catástrofes naturales han ocurrido desde el comienzo de la humanidad, y siempre han sido evocados por predicadores fanáticos. Jesús advierte que no son señales decisivas. En cambio llama la atención sobre sufrimientos que afectan particularmente a los creyentes:

PERSECUCIÓN y JUICIO (Mc 13,9);
ENFRENTAMIENTOS FAMILIARES (13,12-13).
PROFANACION de lo SAGRADO (13,14).
Aparición de FALSOS MESÍAS (13,22).
Es posible que la advertencia sobre los falsos mesías se formulara bajo la impresión de la «campaña propagandística» en favor del nuevo emperador triunfante, hacedor de la paz con el sometimiento de los judíos y legitimado con profecías y milagros. En efecto, los historiadores de la época refieren la atribución a Vespasiano del cumplimiento de los antiguos vaticinios proféticos:

«Entre Judea y Siria esta el Carmelo, así se llama el monte y su divinidad protectora. Esta no posee, según la tradición de los antepasados, ni imagen ni templo, sino un altar donde la gente da culto a la divinidad. Cuando Vespasiano ofreció ahí sacrificios y expresó los deseos íntimos de su corazón, el sacerdote Basílides le dijo después de observar atentamente las entrañas de las víctimas: ‘Todo lo que anhelas, Vespasiano, sea construir un palacio, extender tus dominios o aumentar tu servidumbre, te será otorgado: una gran mansión, un territorio dilatado, multitud de servidores’. Pronto corrió la voz sobre estas palabras un tanto enigmáticas, y pronto fueron interpretadas, y el vaticinio estaba en boca de todo el pueblo» (Tácito, Historias 1,78,3s).

«Uno de los ilustres prisioneros de guerra distinguidos, Flavio Josefo, reiteró mientras lo maniataban que en breve iba a ser liberado por el propio Vespasiano, que para entonces sería ya emperador» (Suetonio, Vida de Vespasiano 5).

«Tú crees, Vespasiano, tener en Josefo a un simple prisionero de guerra, pero yo vengo a ti como vocero de grandes acontecimientos. Tú, Vespasiano, serás emperador y soberano universal, lo mismo que este hijo tuyo. Encadéname ahora más fuerte y resérvame para ti, porque tú, César, además de señor mío, lo serás de la tierra y el mar y de todo el género humano » (Flavio Josefo Guerra III, 400-402)

Los pseudomesías no serían, entonces, los líderes judíos en rebeldía contra los romanos (ni la descalificación iría contra las expectativas despertadas en torno a ellos). Al contrario, el texto criticaría la usurpación de las esperanzas religiosas por parte de los soberanos romanos que habían sofocado la rebelión. Esta interpretación se ajusta más a las tradiciones recogidas en Mc 13. Especialmente Daniel 7 describía el reinado del Hijo del Hombre que desbarataría el dominio de los sacrílegos poderes universales. Será la venida del Hijo del hombre, y no los desesperados intentos de los rebeldes, lo que acabe con la opresión.

El comienzo del Reinado de Dios

Después de mencionar las catástrofes y conflictos, Jesús invita a ver signos más seguros de la llegada del Reino. En una VISIÓN profética, a Jeremías se le mostraba lo que Dios estaba por realizar en la historia:

«¿Qué ves, Jeremías?». Yo respondí: «Veo una rama de almendro». Entonces el Señor me dijo: «Has visto bien, porque yo vigilo sobre mi palabra para realizarla» (Jer 1,11-12).

Al almendro en hebreo se lo llama literalmente VIGILANTE, porque es el primero en florecer, y así es el primer árbol en anunciar que llega la primavera.

Jesús ofrece el ejemplo de la higuera en el contexto de un discurso sobre la venida del Reino de Dios. El almendro da una alerta temprana, pero no infalible, pues avisa el primer calor, que, a veces, es seguido por una helada tardía. La higuera es más segura. Produce los brotes sólo cuando el calor se ha instalado y el verano se aproxima.

«Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta… En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre» (Mc 13,28-32)

Jesús invita a ver que en la generación presente el Reino de Dios comienza a realizarse. Ya hay brotes: por eso no hay que desesperar de los frutos.

Por su parte Marcos evoca la parábola de los servidores que deben permanecer fieles en el trabajo encomendado, porque su señor puede llegar en cualquier momento (cf. Mt 24,43-44). Al portero, en cambio, se le pide permanecer despierto (Mc 13,34). Se estaría evocando implícitamente otra parábola; la del ladrón que llega por sorpresa:

«Si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada» (Mt 24,43-44).

Estar siempre acompañados de Jesús

Pablo usaba la misma imagen del ladrón en la noche:

«Ustedes mismos saben perfectamente que el Día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche. Cuando digan: «PAZ y SEGURIDAD», entonces mismo, de repente, vendrá sobre ellos la ruina» (1 Tes 5,2-3).

La PAZ y SEGURIDAD habían asumido entre los romanos el estado de divinidades, y como tales se les rendía culto en los altares. Pablo desacralizaba así la autocomplacencia humana, afirmando que la tranquilidad sobre la que descansa cualquier ORDEN MUNDIAL (viejo o nuevo) sucumbirá ante un poder mayor.

Quedaría evidenciada la diferencia entre un Imperio humano (conquistador e injusto) y el Reinado divino (pacífico y justo).

Pero Jesús llama a mantenerse despiertos a los discípulos, porque los eligió precisamente para que «para que estuvieran con él» (Mc 3,14).

Cuando sus discípulos no fueron capaces de mantenerse despiertos en el huerto antes de la Pasión, Jesús les había dicho:

«Ahora pueden dormir y descansar… Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores» (Mc 14,41).

Pero después de su resurrección, ellos tienen motivo para despertarse y mantenerse atentos. Quienes se mostraron débiles para acompañar a Jesús en sus sufrimientos son invitados a estar despiertos para acompañarlo definitivamente en su gloria

El Reino de Dios está llegando

«Y Jesús les hizo esta comparación: «Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol. Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca.

Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Lc 21,29-33).

La parábola sobre la higuera no es tanto un producto de la reflexión sapiencial, como de la inspiración profética. Ciertamente las comparaciones con los árboles siempre fueron útiles para describir actitudes humanas, de modo que se pudieran tomar decisiones sabias en la vida.

El libro de los jueces ofrece una parábola irónica sobre un israelita llamado Abimelek, que siente satisfacción por haber sido solicitado por los cananeos para regir su ciudad. Se lo compara con una zarza que es elegida como rey de los árboles, no por sus cualidades (es totalmente inútil), sino porque los árboles valiosos no accedieron al pedido; tenían cosas más importantes que hacer:

«Los árboles dijeron a la higuera: «Ven tú a reinar sobre nosotros». Pero la higuera les respondió: «¿Voy a renunciar a mi dulzura y a mi sabroso fruto, para ir a mecerme por encima de los árboles?» (Jue 9,10-11).

Diverso es el caso de la observación de Jeremías. No es la reflexión contemplativa de un sabio, que saca lecciones para la vida. Es una VISIÓN profética que muestra lo que Dios está por realizar en la historia:

«¿Qué ves, Jeremías?». Yo respondí: «Veo una rama de almendro». Entonces el Señor me dijo: «Has visto bien, porque yo vigilo sobre mi palabra para realizarla» (Jer 1,11-12).

Al almendro en hebreo se lo llama literalmente VIGILANTE, porque es el primero en florecer, y así es el primer árbol en anunciar que llega la primavera. La visión de Jeremías habla de un Dios atento en que se cumpla la palabra que anunció.

Jesús ofrece el ejemplo de la higuera en el contexto de un discurso sobre la venida del Reino de Dios. El almendro da una alerta temprana, pero no infalible, pues avisa el primer calor, que, a veces, es seguido por una helada tardía. La higuera es más segura. Produce los brotes cuando el calor se ha instalado y el verano se aproxima.

Jesús invita a ver signos más seguros que las catástrofes que tanto impresionan a las personas. Jesús invita a ver que en la generación presente el Reino de Dios comienza a realizarse. Ya hay brotes: no hay que desesperar de los frutos.

El Fin no llegará tan pronto…

«Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: «De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido».
Ellos le preguntaron» «Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va suceder?».
Jesús respondió: «Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: “Soy yo”, y también: “El tiempo está cerca”. No los sigan.
Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin» (Lc 21,5-9).
En este pasaje Jesús no refiere el final del Templo, como habían hecho otros profetas y él mismo en otra ocasión, al no reconocimiento del verdadero mensaje de paz. La referencia parece evocar, para los que quedaron deslumbrado por la magnífica construcción, que toda obra humana es perecedera. Así lo reconocería el historiador judío Flavio Josefo, que contempló la destrucción del Templo de Jerusalén:

«Aunque se deplore profunda y justicieramente la pérdida del edificio, la obra más admirable que se haya visto o se haya oído elogiar…, podrá ser un consuelo la idea de que el destino es igualmente inexorable con los seres animales, las obras de arte y los lugares consagrados» (Guerra Judía VI,4,8)

Por otra parte, en la época en que Lucas escribió, ya habían sucedido algunos desastres famosos, muy semejantes a los descritos por el Evangelio:

TERREMOTOS:
• [77 EC] Corinto fue destruida (Malalas 261) y varias ciudades de Chipre dañadas (Orosio 7,9,11).
• [79 EC] Pompeya y Herculano sepultadas por la erupción del Vesubio (Plinio el Joven, Epist. 6,16)

HAMBRE:
• [70 EC] Casos de canibalismo durante el sitio de Jerusalén (Josefo, Guerra VI,193-313).
• [79-81 EC] Una «peste de una magnitud nunca antes conocida» en tiempos de Tito (Suetonio, Tito 8).

PRODIGIOS EN EL CIELO:
• « Aparte de las numerosas vicisitudes en el mundo humano, había prodigios en el cielo y en la tierra, avisos mediante rayos, presagios de futuro de signo alegre o triste, dudoso o evidente» (Tácito, Historias I,3,2).

Todo eso sigue ocurriendo hoy. No es ninguna novedad, como pretende la predicación de algunos grupos apocalípticos.
Lo decisivo no serán los episodios de destrucción, sino la aparición de signos de «nueva creación». Tal fue la esperanza de los primeros creyentes. Y tal debe ser la motivación para vivir nosotros nuestro presente:

«Esperamos, según nos lo tiene prometido, nuevos cielos y nueva tierra, en lo que habite la justicia. Por lo tanto, queridos, en espera de estos acontecimientos, esforzaos por ser hallados en paz ante él, sin mancha y sin tacha» (2 Pe 3,13-14).

Conmigo lo hicieron…

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Como el pastor separa las ovejas de los cabritos

Las imágenes de juicio están muy presentes en la literatura apocalíptica. Según ellas se separa a los que ejercieron la tiranía, que son despojados de poder y reciben el castigo merecido.

Los oprimidos encuentran finalmente la justicia que les había sido negada.

«He aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia. A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás… El tribunal se sentará, y el dominio le será quitado [al reino tiránico], para ser destruido y aniquilado definitivamente. Y el reino y el imperio y la grandeza de los reinos bajo los cielos todos serán dados al pueblo de los santos del Altísimo. Reino eterno es su reino, y todos los imperios le servirán y le obedecerán» (Dn 7,13.14.26-27).

«En esos días rogarán los poderosos y los reyes que poseen la tierra a sus ángeles castigadores, a los que habrán sido entregados, que les concedan un breve descanso para prosternarse y adorar al Señor de los espíritus y confesar su pecado ante él. Entonces dirán:

―Saciada está nuestra alma de bienes inicuos, pero no nos libran de bajar al oneroso šeol.

Después de esto se llenarán sus rostros de tiniebla y vergüenza ante aquel Hijo del hombre, y serán expulsados de su presencia, y la espada morará ante su rostro entre ellos» (1 Henoc 63,1.10-11).

La mentalidad del Benefactor

La lápida conmemorativa de un funcionario egipcio reza:

«Yo di pan al hambriento, vestidos al desnudo; desterré sufrimientos y alejé la indigencia… asistí a los ancianos, remedié la necesidad del que nada tenía; fue sombra protectora de los huérfanos, apoyo de las viudas».

Se trata de la “biografía ideal”, que expresa una mentalidad muy extendida en la antigüedad: la “mentalidad del BENEFACTOR”.

A pesar de la semejanza con el texto evangélico de Mateo, su motivación no es la misma. En el Oriente reyes y funcionarios exhibían su asistencia a los pobres y los débiles. En el occidente, en cambio, personas privadas gastaban su dinero para una beneficencia que favorecía a todos los habitantes (libres) de la ciudad, sin el mínimo interés en apoyar a los pobres en particular.

Una y otra actitud consistía en formas de dominio: reyes, aristócratas y funcionarios se aseguran con ese comportamiento la lealtad de los súbditos. No se trata del establecimiento de una identidad moral para obtener fama en este mundo y acceso al otro mundo. Se trata de manifestar un STATUS SOCIAL que mantiene la dependencia entre BENEFICIADO y BENEFACTOR.

La espiritualidad del Servidor

Jesús cuestiona directamente ese comportamiento, en apariencia elogiable, como ideología de dominadores:

«Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los que ejercen el poder sobre ellas se hacen llamar Benefactores; pero no así vosotros, sino que el mayor entre vosotros sea como el más joven y el que dirige como el que sirve» (Lc 22,25-26).

Aquí vemos la diferencia esencial de perspectiva que presenta el Evangelio. En él las buenas obras no están ordenadas a crear lazos de dependencia. Al contrario, las buenas obras en favor de los necesitados se resumen en el término SERVIR (Mt 25,44).

Y la actitud de servicio encuentra su mejor ejemplo en el Hijo del hombre que “no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mt 20,28).

El Evangelio muestra entonces que la actitud básica en la realización del bien debe ser el compromiso de la vida, de la persona entera.

La Presencia Divina

Según la tradición judía y cristiana en la persona extraño se acoge una presencia sobrenatural:

«Es mayor acoger a los viajeros que recibir la divina Presencia» (Talmud Shebu 35,b)

«Cuando existía el templo se usaba el altar de expiación, pero ahora, desde que ya no hay templo para la expiación, se usa la mesa de cada uno» (Talmud Menajot 97a)

«No se olviden de la hospitalidad; gracias a ella algunos [como Abraham] hospedaron, sin saberlo, a ángeles» (Heb 13,2).

En el Evangelio tanto los justos como los reprobados se sorprenden en el juicio. Ninguno había reconocido el rostro del Rey futuro en aquellos a quienes acogieron o rechazaron. Vieron simplemente a personas necesitadas y procedieron de diversa manera con ellas.

El Rey mesiánico llega a identificarse con el necesitado, hasta llamarlo incluso hermano.

Martín de la Caridad

Martín, con el ejemplo de su vida, nos demuestra que es posible conseguir la salvación y la santidad por el camino que Cristo enseña: si ante todo amamos a Dios de todo corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente; y, en segundo lugar, si amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Por lo cual, ante todo, Martín, ya desde niño, amó a Dios, dulcísimo Padre de todos: y con tales características de ingenuidad y sencillez que no pudieron menos que agradar a Dios.

Posteriormente cuando entró en la Orden Dominicana, de tal modo ardió en piedad que, no una sola vez, mientras oraba, libre su mente de todas las cosas, parecía estar arrebatado al cielo. Pues tenia en su corazón bien fijo lo que Santa Catalina de Sena había afirmado con estas palabras: “Es normal amar a aquel que ama. Aquel que vuelve amor por amor puede decirse que da un vaso de agua a su Creador” (Carta número 8 de Santa Catalina). Después de haber meditado que Cristo padeció por nosotros…, que llevó en su cuerpo nuestros pecados sobre el madero, se encendió en amor a Cristo crucificado, y al contemplar sus acerbos dolores, no podía dominarse y lloraba abundantemente. Amó también con especial caridad al augusto Sacramento de la Eucaristía al que, con frecuencia escondido, adoraba durante muchas horas en el sagrario y del que se nutría con la mayor frecuencia posible. Amó de una manera increíble a la Virgen María, y la tuvo siempre como una Madre querida. Además, San Martín, siguiendo las enseñanzas del Divino Maestro, amó con profunda caridad, nacida de una fe inquebrantable y de un corazón desprendido a sus hermanos. Amaba a los hombres porque los juzgaba hermanos suyos por ser hijos de Dios; más aún, los amaba más que a sí mismo, pues en su humildad juzgaba a todos más justos y mejores que él. Amaba a sus prójimos con la benevolencia propia de los héroes de la fe cristiana.

Excusaba las faltas de los demás; perdonaba duras injurias, estando persuadido de que era digno  de mayores penas por sus pecados; procuraba traer al buen camino con todas sus fuerzas a los pecadores; asistía complaciente a los enfermos; proporcionaba comida, vestidos y medicinas a los débiles; favorecía con todas sus fuerzas a los campesinos, a los negros y a los mestizos que en aquel tiempo desempeñaban los más bajos oficios, de tal manera que fue llamado por la voz popular Martín de la Caridad. Hay que tener también en cuenta que en esto siguió caminos, que podemos juzgar ciertamente nuevos en aquellos tiempos, y que pueden considerarse como anticipados a nuestros días. Por esta razón ya nuestro predecesor de feliz memoria Pío XII nombró a Martín de Porres Patrono de todas las instituciones sociales de la República del Perú.

Con tanto ardor siguió los caminos del Señor que llegó a un alto grado de perfecta virtud y se inmoló como hostia propiciatoria. Siguiendo la vocación del Divido Redentor, abrazó la vida religiosa para ligarse con vínculos de más perfecta santidad. Ya en el convento no se contentó con guardar con diligencia lo que le exigían sus votos, sino que tan íntegramente cultivó la castidad, la pobreza y la obediencia que sus compañeros y superiores lo tenían como una perfecta imagen de la virtud.

La dulzura y delicadeza de su santidad de vida llegó a tanto que durante su vida y después de la muerte ganó el corazón de todos, aun de razas y procedencias distintas; por esto nos parece muy apropiada la comparación de este hijo pequeño de la nación peruana con Santa Catalina de Sena, estrella brillante también de la familia dominicana, elevada al honor de los altares hace ya cinco siglos: ésta, porque sobresalió por su claridad de doctrina y firmeza de ánimo; aquél, porque adaptó sus actividades durante toda su vida a los preceptos cristianos.

Venerables hermanos y queridos hijos. Como ya hemos afirmado al comienzo de nuestra homilía, juzgamos muy oportuno el que este año en que se ha de celebrar el Concilio, sea enumerado entre los santos Martín de Porres. Pues la senda de santidad que él siguió y los resplandores de preclara virtud con que brilló su vida, pueden contemplarse como los frutos saludables que deseamos a la Iglesia católica y a todos los hombres como consecuencia del Concilio Ecuménico.

Porque este santo varón, que con su ejemplo de virtud atrajo a tantos a la religión, ahora también, a los tres siglos de su muerte, de una manera admirable, hace elevar nuestros pensamientos hacia el cielo. No todos, por desgracia, comprenden cómo son precisos estos supremos bienes, no todos los tienen como un honor; más aún, hay muchos que siguiendo el placer y el vicio los desestiman, los tienen como fastidiosos, o los desprecian. ¡Ojalá que el ejemplo de Martín enseñe a muchos lo feliz y maravilloso que es seguir los pasos y obedecer los mandatos divinos de Cristo!

Venerables hermanos y queridos hijos. Tenéis trazada a grandes rasgos la imagen de este santo celestial. Miradla con admiración y procurad imitar en vuestra vida su excelsa virtud. Invitamos a esto especialmente a la juventud animosa que hoy se ve rodeada de tantas insidias y peligros. Y que especialmente el pueblo peruano para Nos tan querido emule sus glorias en la religión católica, y por la intercesión de San Martín de Porres, produzca nuevos ejemplos de virtud y santidad. Amen, Jesús.

De la homilía pronunciada por el Papa Juan XXIII en la Canonización de San Martín de Porres

No den al César lo que es de Dios

«Los fariseos se reunieron entonces para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones. Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque tú no te fijas en la categoría de nadie. Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?».

Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa? Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto».

Ellos le presentaron un denario. Y él les preguntó: «¿De quién es esta figura y esta inscripción?».

Le respondieron: «Del César».

Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios» (Mt 22,15-21).

Se reunieron para sorprender a Jesús

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El Evangelio viene mostrando un episodio en que la AUTORIDAD de Jesús fue CUESTIONADA por sus interlocutores. Las preguntas planteadas constituían un DESAFÍO, al cual Jesús debía responder para conservar la consideración que de él tuviera el público.

Este tipo de relación era frecuente en la sociedad del antiguo Mediterráneo. Constituye un modo de comunicación en la que se quiere COMPARTIR o DISPUTAR el HONOR de otra persona.

Todo esto sucedía públicamente, ya que así se obligaba al que era desafiado a que reaccionara de algún modo. Su falta de REACCIÓN se interpretaría como una incapacidad para responder y quedaría desacreditado delante de todos.

La trampa puesta a Jesús es difícil de evitar, porque tanto la afirmación como la negación lo compromete. Sobre todo cuando se confronta esa respuesta con las ya conocidas declaraciones de un famoso líder rebelde:

[Judas el Galileo] «decía que era una vergüenza aceptar pagar tributo a Roma y soportar, después de Dios, a unos dueños mortales» (Josefo, Guerra de los Judíos II,118).

 La negativa al pago sería usada, pues, como acusación de rebeldía frente a la autoridad romana. Pero, confrontada con esa declaración, una respuesta afirmativa parecería al pueblo una falta de lealtad ante Dios:

[Los seguidores de Judas Galileo] «creen que Dios es el único Dueño y Señor. Les importa poco padecer cualquier tipo de muerte, hasta el más inaudito; el único objetivo que tienen es NO DAR EL NOMBRE DE SEÑOR A NINGÚN SER HUMANO» (Josefo, Antigüedades  XVIII 25).

¿Está permitido pagar el impuesto al César o no? NO El César no es SeñorConflicto con el Imperio
Dios no es el único SeñorConflicto con el Pueblo

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Contra-desafío de Jesús

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Jesús es puesto en la disyuntiva de contradecir la POTESTAD IMPERIAL o contradecir la REALEZA de DIOS que viene predicando.

Por eso devuelve el desafío comprometiendo a los retadores.

ACCIÓN Desafío «¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?»
RECEPCIÓN Manifestación de haber recibido el mensaje «¿por qué me tienden una trampa? Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto».
REACCIÓN Contra-desafío «¿De quién es esta figura y esta inscripción?».«Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios»

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La lealtad Decisiva

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El movimiento revolucionario había radicalizado el PRIMER MANDAMIENTO: la lealtad al emperador era una traición a Dios.

Jesús también lo va a radicalizar, pero transfiriendo esta alternativa del campo POLÍTICO (Dios – César) al ECONÓMICO (Dios – Dinero). No exigió una opción sin reservas entre Dios y el emperador, pero sí lo hizo entre la adhesión Dios y el servilismo del dinero:

«Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero» (Mt 6,24).

Qué es lo que corresponde a Dios y qué al poder político lo explicitará el Apóstol Pablo:

«DAD A cada cual lo que se debe: a quien impuestos, impuestos; a quien tributo, tributo; a quien temor, temor; a quien honor, honor» (Rom 13,7).

 A la autoridad se le dará respeto y se le pagarán los impuestos. Pero sólo a Dios se deberá la LEALTAD DECISIVA, a través del amor y el temor, cuando la autoridad humana pretenda una obediencia en contra de los mandatos de Dios.

Los Viñadores asesinos… Mt 21, 33-46

«Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. 

Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera. Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: “Respetarán a mi hijo”. 

Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: “Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia”. Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron. 

Cuando vuelve el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?». 

Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo». 

Jesús agregó: «¿No han leído nunca en las Escrituras: “La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos”? Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos».

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta» (Mt 21,33-43.45-46).

Israel, la Viña de YHWH

El comienzo de la parábola es deliberadamente evocador de una imagen usada en la Escritura: DIOS formó al pueblo de ISRAEL como se planta una VID. El Salmista ruega a Dios en su oración que no deje en manos de los enemigos al pueblo que en pasado rescató de la esclavitud y guió hasta Canaán:

«Tú sacaste de Egipto una vid, expulsaste a los gentiles y la plantaste; le preparaste el terreno, echó raíces y llenó toda la región… ¿Por qué has derribado sus cercos para que puedan saquearla todos los que pasan? … Vuélvete, YHWH de los ejércitos, observa desde el cielo y mira: ven a visitar tu vid, la cepa que plantó tu mano, el retoño que tú hiciste vigoroso» (Sal 80,9-10.13.15-16).

Por su parte los profetas describen la infidelidad del pueblo a la Alianza con Dios como una falta de fructificación de una vid muy cuidada:

 «Mi amigo tenía una viña en una loma fértil. La cavó, la limpió de piedras y la plantó con cepas escogidas; edificó una torre en medio de ella y también excavó un lagar. El esperaba que diera uvas, pero dio frutos agrios. La viña de YHWH de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantación predilecta. ¡El esperó de ellos equidad. y hay efusión de sangre; esperó justicia, y hay gritos de angustia!» (Is 5,1-2.7)

Los arrendatarios

Jesús comenzó el relato de modo idéntico a Isaías. Sin embargo introdujo una importante variación en la metáfora: la VIÑA de Dios continúa siendo Israel, pero no carece de frutos ( = buenas obras). En el Evangelio la crítica irá dirigida a los LABRADORES que debían cultivarla.

El tema de la parábola de Jesús refleja una situación frecuente por entonces. Muchas personas debían vender sus tierras a causa de las deudas. Y terminaban trabajando su campo, ya no como propietarios, sino como ARRENDATARIOS de algún terrateniente ausente que lo había adquirido. Así se quejaban ante el gobernador Nehemías unos siglos antes:

«Hemos tenido que hipotecar nuestros campos y nuestras viñas para pagar el tributo al rey. Ahora bien, nuestra carne es como la carne de nuestros hermanos, nuestros hijos son como los de ellos. Sin embargo, nosotros tenemos que someter a esclavitud a nuestros hijos y nuestras hijas, y algunas de nuestras hijas ya han sido abusadas. Y no podemos hacer nada, porque nuestros campos y nuestras viñas pertenecen a otros» (Neh 5,4-5).

Por eso era muy habitual que se juntara un gran RESENTIMIENTO contra aquellos propietarios ausentes. En la parábola los arrendatarios buscan apropiarse de los frutos, primero, y del campo, después.

Los siervos de YHWH

El relato no describe las circunstancias en las que los labradores se convirtieron en arrendatarios. Por eso el oyente no puede contemplarlos como VÍCTIMAS de un sistema social injusto. De haberse incluido ese aspecto, su violencia podía aparecer como justificada.

Pero el interés del narrador, al presentar sólo la REBELDÍA de los arrendatarios, es el de centrar la atención del oyente en la VIOLENCIA de los labradores.

Los destinatarios de la parábola no se sienten involucrados en el relato, como tampoco el rey David se sintió identificado con el rico despiadado que se apropió de la ovejita del pobre (2 Sam 12,1-6). Así expresarán espontáneamente su malestar contra los viñadores, como David lo hizo contra el rico de la parábola que le relató el profeta Natán.

Sin embargo no advierten como el narrador los va involucrando en la historia, como hizo Natán con David. Porque en el lenguaje consagrado de la Escritura los profetas son presentados frecuentemente como SIERVOS de YHWH:

«Desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta el día de hoy, yo les envié a todos mis SERVIDORES los profetas, los envié incansablemente, día tras día» (Jer 7,25).

«YHWH no hace nada sin revelar su secreto a sus SERVIDORES los profetas» (Am 3,7).

«Desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta el día de hoy, yo les envié a todos mis SERVIDORES los profetas, los envié incansablemente, día tras día» (Jer 7,25).

Violencia contra los profetas

La mención de los SERVIDORES proporciona así un carácter ALEGÓRICO al relato, que ya no puede ser leído en su literalidad. No describe un conflicto entre clases sociales en un contexto de crisis económica. Alude a la conocida historia del rechazo de los PROFETAS. Así lo reconocía un piadoso durante el destierro:

«No hemos escuchado a tus SERVIDORES los PROFETAS, que hablaron en tu Nombre a nuestros reyes, a nuestros jefes, a nuestros padres y a todo el pueblo del país» (Dn 9,6).

Los verbos usados evocan el destino de algunos profetas:

  • «Entonces [el sacerdote Pasjur] mandó GOLPEAR a Jeremías, el profeta, y lo hizo poner en el cepo que está en la puerta Alta de Benjamín, en la Casa de YHWH» (Jer 20,2).
  • «Urías, hijo de Semaías, de Quiriat Iearím, profetizó contra esta ciudad y contra este país en los mismos términos que Jeremías… El rey Joaquím lo hizo MATAR con la espada y arrojó su cadáver a la fosa común» (Jer 26,20-23).
  • «Se confabularon contra Zacarías, hijo del sacerdote Iehoiadá, y por orden del rey lo APEDREARON en el atrio de la Casa de YHWH» (2 Cro 24,21).

Ensañamiento contra el hijo

Los personajes del relato pudieron suponer que la aparición del hijo significaba que el propietario había muerto. Si también el HEREDERO moría, la viña ya no tendría dueño y los arrendatarios podrían reclamar la propiedad.

También la expresión HIJO evocaba en la Escritura la condición de verdadero representante de la VOLUNTAD de Dios:

«Tendamos trampas al JUSTO, porque nos molesta y se opone a nuestra manera de obrar; nos echa en cara las transgresiones a la Ley y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida. El se gloría de poseer el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo HIJO del Señor» (Sab 2,12-13).

La parábola ha vuelto a instalar el tema debatido por los sacerdotes del Templo en torno a la AUTORIDAD [de Juan el Bautista y] de Jesús.

Han rechazado a ambos. Jesús los ha comparado entonces como hijos que no han obedecido la llamada de Dios, a diferencia de los publicanos y las prostitutas creyeron en Juan, el mensajero de Dios (Mt 21,32).

Ahora Jesús dispone el relato para insinuar que no sólo son desobedientes. Pueden llegar a ser también homicidas si ven amenazada su autoridad.

Los malvados

La respuesta de los oyentes a Jesús es tan segura y vehemente como la de David al profeta:

«David se enfureció contra aquel hombre y dijo a Natán: «¡Por la vida de YHWH, el hombre que ha hecho eso merece la muerte! Pagará cuatro veces el valor de la oveja, por haber obrado así y no haber tenido compasión».

Entonces Natán dijo a David: «¡Ese hombre eres tú! Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te libré de las manos de Saúl; te entregué la casa de tu señor y puse a sus mujeres en tus brazos; te di la casa de Israel y de Judá, y por si esto fuera poco, añadiría otro tanto y aún más. ¿Por qué entonces has despreciado la palabra de YHWH, haciendo lo que es malo a sus ojos? ¡Tú has matado al filo de la espada a Urías, el hitita! Has tomado por esposa a su mujer, y a él lo has hecho morir bajo la espada de los amonitas» (2 Sam 12,5-9).

La última frase refuerza la acusación de MALVADOS hecha contra los labradores. Reconocen el carácter alegórico del relato, pero hasta el final no «comprendieron que se refería a ELLOS» (Mt 21,45):

«¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados… sino que se complace en la ley de YHWH y la medita de día y de noche! El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce FRUTO a su debido tiempo…No sucede así con los MALVADOS» (Sal 1,1-4).

Sustitución de los labradores

En el momento decisivo de la interpretación no se puede olvidar que Jesús, a diferencia de Isaías, no cuestiona la VIÑA (Israel), sino a los ENCARGADOS de trabajarla. Por falta de frutos (Is 5,4) el profeta amenazaba: «Les haré conocer lo que haré con mi viña; Quitaré su valla, y será destruida, derribaré su cerco y será pisoteada» (Is 5,5).

Jesús no reprocha a la viña falta de frutos, sino a los labradores no haberlos entregado al dueño. No anuncia la plantación de OTRA VIÑA (un Nuevo Israel), sino la sustitución de los viñadores.

El pensamiento es afín al de Jeremías sobre los pastores:

«Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas, de todos los países adonde las había expulsado, y las haré volver a sus praderas, donde serán fecundas y se multiplicarán. Yo suscitaré para ellas pastores que las apacentarán; y ya no temerán ni se espantarán, y no se echará de menos a ninguna -oráculo de YHWH» (Jer 23,3-4).

Según la lógica del Evangelio de Mateo, los Apóstoles de Jesús son los nuevos pastores encargados de reunir «las ovejas perdidas del pueblo de Israel» (Mt 10,6).

Responsabilidad por los frutos

Los encargados del Templo ven confirmadas las preocupaciones surgidas desde el momento que Jesús hizo su entrada en la ciudad. A la pregunta directa sobre su autoridad, Jesús les había insinuado que era semejante a la de Juan. Si bien ellos no la habían aceptado, no se animaban a rechazarlo públicamente por «temor a la multitud, porque todos consideran a Juan un PROFETA» (Mt 21,26).

Ahora Jesús insinúa que esa actitud no es diferente a la de quienes maltrataron a los profetas del pasado, de los cuales él es un sucesor (definitivo).

Lo que impide por el momento que se apoderen de Jesús es, nuevamente, el «temor a la multitud, que lo consideraba un PROFETA» (Mt 21,46).

Este temor siempre limitó la autoridad INSTITUCIONAL que ostentaban, pues «a pesar de llegar al cargo, por necesidad, concedían todo lo que decían los fariseos, por no hacerse insoportables al pueblo» (cf. Josefo, Antigüedades XVIII, 11-25).

Los NUEVOS ARRENDATARIOS no deben olvidar, por su parte, que la VIÑA no es suya, sino del Señor. A él deberán dar cuenta de los frutos producidos:

«Si tenéis en vuestro corazón amarga envidia y espíritu de contienda, no os jactéis ni mintáis contra la verdad. Tal sabiduría no desciende de lo alto, sino que es terrena, natural, demoníaca… En cambio la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía. Frutos de justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz» (Sant 3,14-18).

Los Viñadores Asesinos

Del blog En la Escuela de las Escrituras

Jesús y el odio, Mateo 5:43-48

Mateo  5: 43 – 48 


43 En aquél tiempo les dijo Jesús: «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.
44 Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan,
45 para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos.
46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos?
47 Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles?
48 Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.

Seguramente este párrafo marca el punto culminante en el contraste entre la justicia de los escribas y fariseos, por un lado, y la del reino de los cielos, por otro. No hay otro pasaje como éste en el NT que contenga una expresión tan concentrada de la ética cristiana en cuanto a relaciones personales.

Amarás a tu prójimo (v. 43) es un mandato de la ley (Lev. 19:18). El término “prójimo” significa literalmente “cercano”, o “próximo”. Los judíos entendían que esto se refería a gente de su propio pueblo. Es posible que los fariseos lo limitaban a otros fariseos. De todos modos, la expresión aborrecerás a tu enemigo (v. 43b) no se encuentra en el AT, pero sí, en la literatura de Qumrán, conocida como “Los documentos del mar Muerto”. La cita de Jesús es evidencia de que los rabíes habían corrompido el texto de Levítico, agregando aborrecerás a tu enemigo.

Jesús rechaza la actitud de odio hacia los enemigos, indicando que si somos realmente hijos de Dios, debemos responder al enemigo como Dios lo hace: mandando lluvia y sol sobre buenos y malos. Es decir, hay algunas bendiciones que Dios reparte a todos, sin distinción. Por otro lado, hay bendiciones espirituales que Dios reserva para los que responden en fe y obediencia a su amor: perdón, salvación, paz, esperanza. De otro modo estas bendiciones serían una imposición.

El amor (agape) que Jesús exige a los ciudadanos del reino, es el amor manifestado supremamente en la cruz, el amor sacrificado, que se da a favor de otros, sin reserva y sin considerar los méritos del otro. Jesús intercedió por sus verdugos desde la cruz. Esteban, lleno del Espíritu Santo, imploró a Dios: ¡Señor, no les tomes en cuenta este pecado! (Hech. 8:60). De los cuatro términos griegos que significan amor, agape es el más parecido al amor de Dios. Este amor es una acción de voluntad más que de sentimiento emocional. No es un asunto de sentir sino de actuar en cierta manera: orar por ellos y desearles la bendición de Dios. Los que aman solamente a los que les aman, y a los hermanos amables, no son mejores que los publicanos y gentiles. Estos fueron considerados pecadores miserables, condenados.

El mandato de ser perfectos, como vuestro Padre… es perfecto (v. 48) ha sido motivo de mucha confusión, frustración y aun falsas doctrinas. Por ejemplo, algunos enseñan que el creyente puede, en esta vida, llegar a la perfección moral y espiritual. Otros, con más certeza, enseñan que “perfecto” significa “maduro”. ¿Pero puede uno llegar a ser “maduro” como nuestro Padre en los cielos es “maduro”? Aunque el término téleios (perfecto) puede traducirse “maduro”, el contexto indica que es mejor mantener el sentido básico de la palabra: completo, cumplido, perfecto, íntegro (no dividido) y comprensivo (lo incluye todo). El corazón de David fue íntegro para con JHWH su Dios (1 Rey. 11:4). Algunas versiones traducen el término “íntegro” como “perfecto”. No significa que David fue moralmente perfecto, sino que tuvo un corazón no dividido en su lealtad hacia Dios.

El término “perfecto” debe entenderse como “comprensivo”, o “lo incluye todo”. En este contexto significa que el súbdito del reino debe amar con un amor comprensivo, que encierra a todos en su afecto y expresión de buena voluntad.

En resumen, podemos decir que Jesús de ninguna manera abroga la ley (5:17), sino ratifica la ley moral del AT. Además, se siente con autoridad para ampliar conceptos y desafiar las interpretaciones oficiales de la ley con habéis oído que fue dicho a los antiguos…, pero yo os digo. El pronombre personal “yo” es enfático en cada una de las seis ilustraciones.

Comentario al Evangelio de hoy viernes, 5 de agosto de 2016

Aprendí hace muchos años que la mejor razón para vivir es al mismo tiempo la mejor razón para morir. Por paradójico que pueda parecer es así. La razón de vivir de unos padres pueden ser sus hijos. Precisamente por eso darían la vida por ellos. En un momento de sacrificio final y en el día a día hecho de trabajo y servicio por el bien de sus hijos. La darían del todo porque ya la están dando en el día. Y eso no les haría perder ni un ápice de su felicidad. Dan su vida por bien vivida, entregándose por sus hijos. A pesar de que mirado desde fuera, quizá podamos tener la sensación de que esos padres en realidad están “perdiendo” su vida. 

      Hoy Jesús, en coincidencia con lo que acabamos de comentar, habla en el Evangelio a aquellos que hacen todos los esfuerzos posibles por ganar su propia vida, por salvarse. Y les dice que precisamente son ellos los que se están perdiendo. Tanto preocuparse de sí mismos para al final no ganar nada. Es como el que pretende apretar mucho los dedos de la mano para retener agua o arena. Al final, todo se le escapa y se queda con las manos vacías. Precisamente, dice Jesús, es el que pierde su vida por el reino el que la termina encontrando en plenitud.

      Hoy hablamos mucho de auto-estima, de auto-realización. Se dice que cada uno tiene que mirar por su propia felicidad. Se busca el bienestar. Todo es colocarse uno en el centro del mundo, en el centro del universo. Y todo lo que me rodea tiene que servirme para ser yo feliz.  Como decía un sociólogo, hoy en día todo es una prótesis que uso en tanto en cuanto me ayuda a sentirme mejor. Uso gafas porque así veo mejor. Uso una dentadura postiza porque así puedo comer. Tengo amigos porque me ayudan a sentirme acompañado. Tengo una relación de pareja que me hace sentirme feliz y realizado. Tengo hijos por la misma razón. Pero en el momento en que las gafas o la pareja o los hijos no me hacen sentirme bien o suponen una carga, me deshago de ellos y busco otra “prótesis” que me siente mejor, que me haga verme más guapo o sentirme más feliz. 

      La propuesta de Jesús va en la dirección opuesta. Los otros no son la prótesis que me hace falta para sentirme bien. Los otros son mis hermanos, parte de mi propia vida. Sólo en tanto en cuanto soy capaz de compartir mi vida, de “perderla”, de regalarla, por su vida, podré encontrar mi propia plenitud. 

      Sólo al perder la vida, se encuentra la propia plenitud. ¿Suena raro? Quizá sí, pero es así como son las cosas. En el Reino nadie mira en primer lugar por su propio bien sino por el bien de los hermanos. Y ahí es donde encuentro mi propia plenitud. ¿Por qué no hacemos la prueba?motu

Oración Por la vida

Gracias Dios de la Vida
por regalarme la vida, mi familia,
mi vocación, mis amigos.
Gracias por las personas que pusiste en mi camino
(y hago silencio y memoria,
y el recuerdo se hace fiesta y encuentro).
Me ayudaron a descubrir los desafíos del Reino…
Gracias por los dones que me diste
ayúdame a ponerlos al servicio de todos,
partiendo de los más pobres…
Gracias por haber nacido en estos tiempos,
tan ricos en desafíos para construir el Reino…
Gracias porque nos invitas,
permanentemente,
a la utopía de un mundo nuevo;
porque renuevas en mí,
cada mañana,
los deseos de ser mejor,
más bueno, más fraterno, más cercano…
¡Ayúdame a vivirlo! Gracias por el don
de un nuevo año de vida.
En este día quiero
tender de nuevo mi mano hacia Tí,
y descubrir tu mirada,
para encontrarme en el silencio de mi interior,
con esta sola palabra

Amen

Comentario al Evangelio de hoy miércoles, 3 de agosto de 2016

      A veces tenemos una idea de Jesús como si hubiese sido una especie de extraterrestre. Alguien que, aún con apariencia humana, en realidad su ser Dios le evitó todos los proceso normales por los que pasamos las personas. Nada de eso. Dios no hace ninguna cosa a medias. Y, cuando se encarnó, lo hizo de verdad. Es decir, asumiendo todos los procesos humanos en toda su profundidad y anchura. Jesús fue niño con todo lo que eso implica. Jesús vivió sometido a los procesos de crecimiento y maduración normales en su época. Jesús fue hijo de su cultura. Nació judío. Pensó como judío. Hablaba como judío.

      Pero todo eso estaba fecundado por esa presencia de Dios que le hacía vivir de otra manera y atisbar otros horizontes para su vida y para la vida de todos aquellos con los que se encontraba.

      El texto evangélico de hoy es uno de los momentos concretos en los que vemos a Jesús dar el salto más allá de lo normal y situarse en una perspectiva nueva y diferente. No sin dificultad, Jesús es capaz de situarse más allá de los prejuicios culturales. De los que existían entre los judíos, como existen en todas las culturas.

      Seguramente que lo primero que pensaron tanto Jesús como sus discípulos, al oír las palabras de aquella mujer cananea, era que lo normal es que su hijo tuviese un demonio muy malo porque ella misma era un demonio. Esa era la forma normal de pensar de los judíos sobre los paganos, sobre los de fuera, sobre los que adoraban a otros dioses. Tener contacto con ellos era motivo de impureza. Era parte de castigo por el pecado de Israel que su misma tierra estuviese llena de todos esos hombres y mujeres “impuros” que no reconocían al verdadero Dios, al único, al Dios de Israel.

      Jesús no la rechaza directamente pero dice, de entrada, que él sólo ha sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Es la mujer la que, con sus palabras, provoca a Jesús, despierta en él algo más profundo y le hace darse cuenta de que el amor de Dios es para todos, sin excepción y que se expresa y se manifiesta allí donde encuentra un corazón abierto y receptivo.

      En ese momento, Jesús fue capaz de superar los prejuicios de raza y de cultura. En su proceso de crecimiento humano se dio cuenta de que la humanidad es una sola. Y que no hay razón para discriminar por razón de etnia, de origen, de color, de religión, de cultura, de lengua, de nada. Que todos somos hermanos y hermanas y que el amor de Dios es para todos sin que nadie pueda quedar nunca excluido.

      Estaría bien que nosotros, que queremos seguirle, fuésemos también superando los muchos prejuicios que a veces llenan nuestras vidas. Hasta llegar a ver en el otro un hijo/hija de Dios. Un hermano siempre.

Comentario al Evangelio de hoy viernes, 22 de julio de 2016

      ¿Cuál es la imagen más habitual que tenemos de María Magdalena? No hace falta más que mirar a los cuadros de siglos pasados y a las imágenes de muchas iglesias. Se ve casi siempre a una mujer muy austeramente vestida y entregada a la penitencia imaginamos que a causa de sus muchos pecados. 

      No se entiende muy bien la razón por la que se terminó identificando a la pecadora que lava con sus lágrimas los pies de Jesús con María Magdalena. En cualquier caso, María Magdalena pudo haber sido lo que fuera. ¿Quién no tiene una historia guardada en su baúl, en el pasado? ¿Quién puede dar un paso al frente y decir que tiene las manos y el corazón y todo su ser limpio como una patena? A los que iba a apedrear a la mujer a la que habían encontrado en pleno adulterio, Jesús les dijo con mucha tranquilidad que “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. 

      Así que nos da lo mismo lo que fuese o hiciese María Magdalena antes de conocer a Jesús. Es irrelevante. Lo importante fue el momento en que se encontró con él y se convirtió en una de sus discípulas. Y debió ocupar en el grupo de seguidores de Jesús un puesto importante porque el evangelista Juan le hace aparecer como prácticamente la primera misionera, la primera evangelizadora, la primera testigo de la resurrección, la primera a quien se aparece el resucitado. 

      De Pedro y Juan se dice que fueron al sepulcro, que lo encontraron vacío y que creyeron. Pero el relato termina diciendo que “regresaron a casa”. Ahí se quedaron. María se queda fuera. El Maestro se le aparece, resucitado. Y a ella se le hace el encargo de ir a decir a los hermanos que ha resucitado. Y es lo que hace: “fue y contó a los discípulos que había visto al Señor y también lo que él le había dicho.”

      Si queremos ser evangelizadores no tenemos más que imitar a María. Hay que rondar el sepulcro. Nada de “volverse a casa” como Pedro y Juan. Hay que estar ahí. Hay que leer la Palabra. Hay que abrir los ojos. Hay que dejar que Jesús nos encuentre en vela. Y luego ir y decir a los hermanos que hemos visto al Señor y lo que nos ha dicho. No es un mensaje para quedárnoslo en exclusividad. Es para comunicarlo, para regalarlo, para compartirlo. 

      En la Iglesia el mandato primero, fundamental y casi único es “anunciar la buena nueva del Reino.” María Magdalena, mujer, es la primera evangelizadora. ¿Por qué no la imitamos?

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