Hasta pronto Padre VICENTE PALACIOS DEL HOYO -OFM-

No podemos estar felices todos al mismo tiempo… 

Este domingo 21 de enero fue una mezcla de emociones las cuales teníamos que aceptarlas como tal. La emocionante y reconfortante visita del Santo Padre a Nuestro País y la partida de nuestro Padre Vicente Palacios a la Casa del Padre Celestial. 

En conversaciones con hermanos religiosos y laicos, que tuvimos la posibilidad de haber compartido experiencias con Padre Vicente, hemos coincidido en algo: era un Padre BUENO. 

Como se recordaba el día de hoy, al momento de leer su biografía, se resaltaba su bondad cuando trataba con el prójimo. Sus 60 años de sacerdocio y su pasión por las misiones. La ausencia de alguien siempre nos arrancará las lágrimas y dejará un vacío que solamente Dios puede llenar y dar un contenido. 

Nos vendrán las muchas interrogantes al momento de contemplar a un anciano que busca hacer el bien. ¿Qué es lo que veía cuando celebraba la Eucaristía ya que era evidente que la vivía como una experiencia única e irrepetible? ¿Qué es lo que le impulsaba a salir a visitar a los enfermos sabiendo que lo único que queda es asistirle en los últimos momentos de su existencia?

Creo que la respuesta la dio el Papa Francisco: 

Los jóvenes van rápido… los ancianos conocen el camino. 

Otra persona me dijo, es una tristeza que ya no esté con nosotros pero sabemos que ya está en el cielo, pues a otro lado es imposible que pueda haber ido; por eso podemos estar más que alegres. 



Es difícil pronunciar palabras de consuelo cuando estamos cara a cara con la muerte, incluso cuando la persona que murió vivió una vida plena y murió en las mejores circunstancias. Es especialmente duro cuando el que ha fallecido es una persona muy querida, todavía necesitado de cuidados.

Como sacerdote, he tenido que presidir muchos funerales, como resultado de una enfermedad, un accidente o ancianidad. Este tipo de funerales son siempre tristes. 

No hay muchas palabras que ayuden en una situación como esta, pero incluso lo poco que se puede decir, en un día como ese, cuando la muerte es tan cruda, no ofrece demasiado consuelo emocional. ¿Qué se dice cuando se enfrenta una muerte como ésta? Simplemente que esa persona está ahora en unas manos más amorosas, tiernas, suaves y seguras que las nuestras, que hay una madre y un padre que los precedieron al otro lado y ahora saldrán a recibirle, como hubo una a este lado cuando nació. Todos nacemos en los brazos de una madre. Esta es la imagen que necesitamos mantener ante nosotros para imaginar sanamente la muerte.

Cuando morimos, morimos en los brazos de Dios y seguramente somos recibidos con tanto amor, dulzura y ternura como los que seguramente recibimos en los brazos de nuestras madres cuando nacimos. Más aún, seguramente estamos más a salvo que cuando nacimos aquí en la tierra. Sospecho, también, que más de unos pocos santos nos rodearán, esperando su oportunidad para acunar al nuevo niño. Por eso está bien, incluso si morimos antes de que estemos preparados, si aún necesitamos el cuidado de alguien que nos cuide, si todavía estamos necesitados de una madre. Estamos en manos seguras, cuidadoras y tiernas. En las manos de Dios.

Esto es profundamente consolador  porque la muerte nos convierte en huérfanos y diariamente hay personas que mueren porque es la ley de la vida, inesperadamente, sin estar preparados, todavía necesitados de cuidado en sí mismos, en diferentes circunstancias. Todos morimos necesitando una mano maternal de Dios. Por eso tenemos la seguridad que nos da la fe, por la cual creemos que naceremos en unas manos más seguras y cuidadoras que las nuestras.

De cualquier manera éste consuelo no borra el dolor de la pérdida de nuestro P. Vicente. Nada se lo borra porque nada puede. La muerte marca indeleblemente nuestros corazones porque el amor nos hiere de esa manera. Tal y como Dietrich Bonhoeffer dice: “Nada puede disfrazar la ausencia de alguien querido… no tiene sentido decir que Dios llena el hueco; Dios no lo llena, al contrario, Dios lo mantiene vacío de manera que éste vacío nos ayude a mantener viva nuestra comunión con los otros, incluso pagando el precio del dolor… Lo más querido y rico de nuestros recuerdos, la más difícil separación. Pero la gratitud cambia la herida de nuestros recuerdos por una alegría tranquila. La belleza del pasado nace, no como una espina clavada en la carne, sino como un precioso regalo para nosotros mismos.”

Les dejo aquí las fotografías de la santa Misa y del Funeral:

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Jesús es buscado para que siga curando

«Cuando salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.

Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él.

Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando».

El les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido».

Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios» (Mc 1,29-39).

Buscando la clave de la misión

En el relato anterior del Evangelio, después de convocar a los primeros seguidores, Jesús realizó su primer prodigio. Allí los testigos del exorcismo se maravillaron por su «doctrina NUEVA» y porque tenía AUTORIDAD, incluso sobre los espíritus impuros, que lo obedecen (Mc 1,27).

Ahora una curación en un domicilio contribuye a que su fama se extienda rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea (Mc 1,28).

Esta actividad sanadora de Jesús superará, en la tradición evangélica, a la de exorcista (15 curaciones frente a 6 expulsiones de demonios).

Sin embargo el Evangelista quiere destacar ante todo la opción de Jesús por la PREDICACIÓN.

Libres para servir

A la escena acontecida en la SINAGOGA (espacio público) sucede otra que tiene lugar en una CASA (espacio privado).

Si bien la anterior trataba de un EXORCISMO y ahora de una CURACIÓN, en ambos casos se da una situación de POSESIÓN, de la cual Jesús libera:

en la SINAGOGA
en la CASA
«El espíritu impuro lo sacudió violentamente, y dando un alarido, salió de ese hombre» (Mc 1,26) «Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó» (Mc 1,31)
Pero en esta escena se inicia también un modo de relación con Jesús que se destaca a lo largo de todo el Evangelio, y que señala el sentido de toda transformación personal. La suegra de Pedro será modelo para otras mujeres:

En el Calvario «había también unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de Joset, y Salomé, que le seguían y le SERVÍAN cuando estaba en Galilea» (Mc 15,40-41).

Anticipando una clave

El sumario resume la actividad que Jesús ha realizado el sábado (Mc 1,21) hasta que este concluyó. Además de ser una síntesis señala también una conclusión que permite iniciar algo nuevo en la narración.

La nueva insistencia en el SILENCIO impuesto por Jesús vuelve a dirigir la atención del lector a un punto distinto de la misión de Jesús. Las menciones de tiempo parecen ser un indicio de orientación hacia la historia de la Pasión (constante en Marcos), que el redactor quiere ofrecer:

Final del Primer sábado
Final del Último sábado
Al atardecer, a la puesta del sol (1,32). Y ya al atardecer, como era la Preparación [de la Pascua] (15,42)
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se LEVANTÓ [anastas] (1,35) Jesús RESUCITÓ [anastas] en la madrugada, el primer día de la semana (16,9).
«Todos te buscan» (1,37). «Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí» (16,6).
El Evangelista quiere orientar desde el comienzo la búsqueda que el creyente hace de Jesús.

Otra anticipación puede ser la actitud de Pedro (y los demás discípulos), caracterizados por tener la «mente embotada» (Mc 6,52; 8,17) y por no comprender «los pensamientos de Dios» (8,33).

Antes de comenzar a predicar
Iniciado su ministerio
el Espíritu le empuja al desierto (1,12). fue a un lugar desierto y allí se puso a hacer oración (1,35)
siendo tentado por Satanás (1,13) reprendió a Pedro, diciéndole: «¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios» (8,33).
Marcos no describió el contenido de la tentación de Satanás. Mateo y Lucas relataron, en cambio, que el tentador pidió a Jesús que demuestre que es Hijo de Dios, sugiriéndole OTRAS ALTERNATIVAS para su misión mesiánica:

TENER
OSTENTACION
PODER
Pero Marcos describe la tentación de Pedro como «pensamientos de los hombres» (8,33).

Y muestra cómo Pedro interrumpe la oración de Jesús para presentar las expectativas de «todos los que lo andan buscando» (1,37).

Enviado para predicar

La actividad de Jesús no se agota en el ministerio de curación, ni tampoco su identidad de Hijo se explica exclusivamente por el poder de hacer milagros. La RELACIÓN con Dios mantenida en su diálogo secreto y sin testigos es lo constitutivo de su condición de Hijo.

Igualmente destaca como dimensión más importante de su misión el PREDICAR. Es el principal motivo de su envío. Porque lo primero que Marcos relató de la actividad de Jesús es que proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo:

«El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia» (Mc 1,14-15).

La fe que propone el Evangelio es una confianza en Dios, que siempre tiene que estar precedida por un compromiso firme de cambiar la propia vida.

Más allá de la búsqueda motivada por las propias necesidades, Marcos nos muestra a un Jesús atento a cumplir su misión profética como anunciador del Reinado de Dios. Los que acepten verdaderamente este anuncio serán los que sean capaces de seguir a Jesús de una manera incondicional; también en su silencio y soledad

Comentario al Evangelio de hoy viernes, 22 de julio de 2016

      ¿Cuál es la imagen más habitual que tenemos de María Magdalena? No hace falta más que mirar a los cuadros de siglos pasados y a las imágenes de muchas iglesias. Se ve casi siempre a una mujer muy austeramente vestida y entregada a la penitencia imaginamos que a causa de sus muchos pecados. 

      No se entiende muy bien la razón por la que se terminó identificando a la pecadora que lava con sus lágrimas los pies de Jesús con María Magdalena. En cualquier caso, María Magdalena pudo haber sido lo que fuera. ¿Quién no tiene una historia guardada en su baúl, en el pasado? ¿Quién puede dar un paso al frente y decir que tiene las manos y el corazón y todo su ser limpio como una patena? A los que iba a apedrear a la mujer a la que habían encontrado en pleno adulterio, Jesús les dijo con mucha tranquilidad que “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. 

      Así que nos da lo mismo lo que fuese o hiciese María Magdalena antes de conocer a Jesús. Es irrelevante. Lo importante fue el momento en que se encontró con él y se convirtió en una de sus discípulas. Y debió ocupar en el grupo de seguidores de Jesús un puesto importante porque el evangelista Juan le hace aparecer como prácticamente la primera misionera, la primera evangelizadora, la primera testigo de la resurrección, la primera a quien se aparece el resucitado. 

      De Pedro y Juan se dice que fueron al sepulcro, que lo encontraron vacío y que creyeron. Pero el relato termina diciendo que “regresaron a casa”. Ahí se quedaron. María se queda fuera. El Maestro se le aparece, resucitado. Y a ella se le hace el encargo de ir a decir a los hermanos que ha resucitado. Y es lo que hace: “fue y contó a los discípulos que había visto al Señor y también lo que él le había dicho.”

      Si queremos ser evangelizadores no tenemos más que imitar a María. Hay que rondar el sepulcro. Nada de “volverse a casa” como Pedro y Juan. Hay que estar ahí. Hay que leer la Palabra. Hay que abrir los ojos. Hay que dejar que Jesús nos encuentre en vela. Y luego ir y decir a los hermanos que hemos visto al Señor y lo que nos ha dicho. No es un mensaje para quedárnoslo en exclusividad. Es para comunicarlo, para regalarlo, para compartirlo. 

      En la Iglesia el mandato primero, fundamental y casi único es “anunciar la buena nueva del Reino.” María Magdalena, mujer, es la primera evangelizadora. ¿Por qué no la imitamos?

Comentario al Evangelio del viernes, 22 de abril de 2016

            (Alejandro Carbajo, cmf) Qué bien suenan esas palabras de Jesús: “Que no tiemble su corazón; creed en Dios y creed también en mí”. Jesús es el Camino. ¿Adónde lleva este camino? Por supuesto, al Padre.



            Una vez, el patriarca Jacob tuvo un sueño: “Y he aquí, había una escalera apoyada en la tierra cuyo extremo superior alcanzaba hasta el cielo; y he aquí, los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Y he aquí, el Señor estaba sobre ella, y dijo: Yo soy el Señor el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac.” ¡Cómo nos gustaría tener esa escalera, para subir con seguridad hacia el cielo! Pero, ¿cuáles serían los escalones? ¿Quizá el guardar fielmente los Mandamientos? La historia del Antiguo Testamento demuestra que ningún mortal podía subir por esa escalera. Por eso Dios mismo vino a nosotros, bajó de los Cielos, para convertirse en nuestro Camino, en nuestra escalera.

            ¿Por qué solo Jesús es el Camino? Es el único que conoce al Padre, como él mismo nos dijo: “A Dios no lo ha visto nadie nunca,” Jesús nos muestra al Padre. “El que me ve a Mí, ve al Padre”. Él y el Padre son uno. Por eso, el que acepta a Jesús, acepta al Padre. Cristo es el modelo del peregrino que va hacia el Padre. Siguiendo a Jesús, nos hacemos como él y acabamos donde Él está, junto al Padre.

            Jesús es la Verdad. ¿Qué es la verdad? En la Carta a los Corintios, Pablo escribe: “Porque en verdad los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos, y necedad para los gentiles”. ¿No se parece esto a la búsqueda de la verdad en nuestro mundo contemporáneo? Unos se sumergen en la ciencia y la filosofía, otros en la astrología y la esotérica, pero nadie puede alcanzar así la Verdad. Porque la verdad la puede conocer solo el que conoció al Alfa y Omega, la Sabiduría, Creador de todo y de todos.

            Jesús es la Vida. El que era, El que es y El que será siempre. Junto a Él, estamos en la fuente de agua viva. Comulgando el Cuerpo de Cristo, nos llenamos de la vida en Dios. Por eso Jesús dijo: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna”.

            Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida. El que tiene a Jesús, lo tiene todo. Disfruta hoy de este enorme tesoro.

            ¡Señor Jesús, Tú eres mi Camino, mi Verdad y mi Vida! Te amo con todo mi corazón. Hazme uno Contigo en todo momento de mi vida.

Reflexión al 4° Domingo de Cuaresma -Fray Alejandro Wiesse OFM-

Salmo 1 -Lectura en hebreo y comentario-

Captura de pantalla completa 03012016 122727 a.m..bmp

Este es un salmo de instrucción con respecto al bien y al mal, poniendo ante nosotros vida y muerte, bendición y maldición, a fin de que tomemos el camino recto que lleva a la felicidad, y evitemos el que de cierto conduce a la miseria y a la ruina. Nos muestra:

  • I. La santidad y la dicha de una persona piadosa (v v. 1-3).

  • II. La pecaminosidad y la miseria del malvado (v v. 4, 5).

  • III. El fundamento y la razón de ambos casos (v. 6).

Versículos 1-3

El salmista comienza por el carácter y la condición del piadoso.

1. El Señor conoce por su nombre a los que son suyos (Cfr. Nm. 16:5; 2 Ti. 2: 19), pero nosotros hemos de conocerlos por su carácter, el cual se nos presenta aquí mediante las normas que escoge para su conducta:

  • A) El hombre piadoso (v. 1) no anda en consejo de malos, etc. Se pone primero esta parte de su carácter, porque apartarse del mal es el primer paso por el que comienza la sabiduría.

    • (a) Ve en torno suyo malhechores, de los que el mundo está lleno. Se describen aquí por medio de tres epítetos: malos, pecadores, escarnecedores. Primero son malvados, carentes de temor de Dios. Cuando falta este temor de Dios, el hombre muestra ser pecador, en abierta rebelión contra Dios. Las omisiones abren el camino a las comisiones y así se endurece, a la larga, el corazón de tal manera que los pecadores se hacen escarnecedores, despreciando todo lo sagrado, burlándose de la piedad y tomando a broma el pecado. El vocablo hebreo para malos (mejor, malhechores) indica una persona que no se somete a ninguna norma, sino que se deja llevar de todo mal deseo. La persona piadosa no puede menos de ver con tristeza a los tales, cuyos criterios son tan insensatos y tan opuestos a los suyos.

    • (b) Por consiguiente, no anda según los consejos, los criterios, de ellos. No sigue sus principios, ni toma el camino de ellos, ni se sientapara participar en el corro de los burladores, lo cual equivaldría a asociarse con quienes promueven el reino del diablo.

  • B) En cambio, el piadoso, para hacer el bien, se somete a la dirección de la palabra de Dios, familiarizándose con ella (v. 2). Todos los que se deleitan en que haya un Dios, han de deleitarse también en que haya una Biblia, la revelación de Dios y de su voluntad, y del único camino hacia la dicha en él: En su ley medita de día y de noche (comp. Jos. 1 :8). El estudio y la práctica de la Ley de Dios es la delicia del hombre piadoso, como el autor del Sal. 119. El verbo hebreo para meditarsignifica literalmente musitar, susurrar: leer y dialogar consigo mismo sobre las grandes cosas que la Biblia contiene, fijarlas en la mente y en el corazón y experimentar en la vida el sabor y el poder de ellas.

2. Seguridad que se da al piadoso de que ha de disfrutar de las bendiciones de Dios. El salmo comienza literalmente: «¡Oh, las bendiciones del varón!, etc.» (el hebreo ashrey es plural). La bondad y la santidad no sólo son el camino hacia la felicidad (Ap. 22:14), sino que se identifican con la felicidad misma; aun cuando no hubiese otra vida después de ésta, el hombre que va por el camino del deber es ya un hombre dichoso. Será como árbol, fructífero y floreciente, pues las bendiciones divinas producen efectos reales. El justo es plantado por la gracia de Dios; por naturaleza, todos somos olivos silvestres y continuamos siéndolo hasta que somos injertados por un poder de arriba, celestial. Nunca crece por sí mismo un buen árbol; es plantío de Yahweh para ser árbol de justicia y en ello ha de ser glorificado Dios(Is. 61: 3). Es plantado junto a los medios de gracia, llamados aquí corrientes de aguas; de aquí saca el justo provisión abundante de fuerza y vigor, pero de forma secreta, oculta a las miradas de la gente. De quienes participan de los medios de gracia ha de esperarse que, tanto en sus criterios como en su conducta, respondan a las intenciones de la gracia y lleven fruto. Y su hoja no cae. Su follaje no se marchita, sino que son de hoja perenne. En cuanto a los que muestran solamente las hojas de profesión cristiana, sin fruto alguno, las hojas mismas, al fin, se marchitarán y caerán; pero si la palabra de Dios gobierna el corazón, la profesión se conservará siempre verde y fresca; tales laureles no se marchitan.

Versículos 4-6

1. Se describe ahora el carácter de los malvados (v. 4):

  • (A) En general, son el reverso de los justos, tanto en carácter como en condición: no llevan fruto, sino agraces de Sodoma que inutilizan la tierra.

  • (B) En particular, mientras los justos son como árboles útiles, valiosos y fructíferos, los malvados son como el tamo que arrebata el viento; son como la parte más liviana de la paja, el polvo que el amo de la era quiere ver lejos de allí, puesto que para nada sirve.

2. Se describe luego el destino final de los malvados (v. 5): No se erguirán en el juicio, es decir, serán hallados culpables, y no tendrán ; lugar alguno en la congregación de los justos, pues ninguna cosa manchada ha de entrar en la Nueva Jerusalén. En este mundo, no es cosa difícil para los hipócritas, bajo la máscara de una plausible profesión de fe, penetrar en la congregación de los justos y permanecer allí sin ser descubiertos ni perturbados (v. 1 Jn. 2:19), pero a Dios no se le puede engañar, aunque puedan ser engañados sus ministros.

3. La razón que se da de este final tan distinto de los buenos y los malos (v. 6). Yahweh conoce, es decir, aprueba complacido y remunera la conducta de los justos, por lo que les hace dichosos y prósperos (al menos, espiritualmente), pero está airado contra la senda de los malos, la cual, ya de suyo, lleva a los hombres a la ruina y a la perdición (Ro. 6:23).

Al cantar estos versículos, y orar sobre ellos, dejémonos poseer de un santo temor de la porción del malvado y de una santa diligencia en presentamos a Dios aprobados en todo, buscando su favor de todo corazón.

Viernes de la 1ª semana de Adviento

Lectura del libro de Isaías (29,17-24):

Así dice el Señor: «Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en vergel, el vergel parecerá un bosque; aquel día, oirán los sordos las palabras del libro; sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos. Los oprimidos volverán a alegrarse con el Señor, y los más pobres gozarán con el Santo de Israel porque se acabó el opresor, terminó el cínico; y serán aniquilados los despiertos para el mal, los que van a coger a otro en el hablar y, con trampas, al que defiende en el tribunal, y por nada hunden al inocente.»
Así dice a la casa de Jacob el Señor, que rescató a Abrahán: «Ya no se avergonzará Jacob, ya no se sonrojará su cara, pues, cuando vea mis acciones en medio de él, santificará mi nombre, santificará al Santo de Jacob y temerá al Dios de Israel. Los que habían perdido la cabeza comprenderán, y los que protestaban aprenderán la enseñanza.»

No hay peor ciego que el que no quiere mirar. Y digo “mirar” y no “ver”. El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define “ver” en su primera acepción como:  percibir algo material por medio del sentido de la vista. Y mirar como: dirigir la vista hacia algo y fijar la atención en ello. Lo que quiero resaltar es que “mirar” es un verbo mucho más activo que “ver”. Para mirar no basta con ver, sino que además, se requiere fijar la atención. Pues bien, para ser un buen seguidor de Jesús, hay que mirar. El Adviento nos invita a mirar. Necesitamos re-aprender el arte de la mirada. Mirar una puesta de sol, el vuelo de una pluma, la sonrisa de un anciano… y aprender a mirar lo que no se ve a simple vista.

El hombre y mujer contemporáneo padece una obsesión y justificación que lo persigue angustiosamente: “no tengo tiempo”. En una vida acelerada y estresada como la urbana se hace muy difícil la mirada contemplativa; donde no hay una mirada serena no puede haber una comprensión verdadera, y donde la incomprensión es grande, suelen nacer la mayoría de nuestros conflictos, malentendidos con los demás, suspicacias y susceptibilidades. Si no hay tiempo para mirar, ¿cómo va a haber tiempo para mirar a Dios? Creo que este es el drama de muchos hombres y mujeres: no poder encontrarse con Dios (tener experiencia de Él) porque no lo ven y no lo ven porque no se han parado a mirarlo ni en sí mismos, ni en los demás, ni en los más pequeños, ni en la creación…, ni en ninguna parte. Sin la mirada profunda no puede nacer la comprensión del mensaje ni, en consecuencia, la fe.

La Palabra de hoy nos invita a curar nuestras cegueras: sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos –leemos hoy en el profeta Isaías-. Y en el evangelio de Mateo, Jesús realiza la curación de los dos ciegos. Ver para mirar, ver para creer. Mira en este Adviento más allá de las apariencias, mira con atención, mira a tu interior –que es donde más nos cuesta dirigir la mirada-; mira con detalle, mira con calma, mira con ojos nuevos, mira al desconocido, mira al que no te ve con buenos ojos, mira con profundidad, aguanta la mirada, mira con dulzura, mira con fuerza, mira con amor, mira  a lo alto… y verás a Dios.

Hoy queremos que Jesús cure nuestras cegueras para que miremos más allá. Hoy gritamos con los ciegos del evangelio: ¡Ten compasión de nosotros, hijo de David!

Juan Lozano, cmf.

Fuentes:

Audio: Rezandovoy.org

Texto: Ciudadredonda.org

Evangelio del miércoles, 2 de diciembre de 2015



¿Qué hace Dios? Invitar a la alegría. En muchas culturas sentarse a la mesa es símbolo  de alegría, pues expresa el sentido de fraternidad y de fiesta; en ella uno repone fuerzas disfrutando de los alimentos y conversa de manera distendida disfrutando de la compañía. De hecho, no hay festejo que se precie que no venga acompañado de una buena comida o una buena cena: un cumpleaños, una boda, un aniversario…

Las lecturas de hoy nos muestran dos banquetes donde el Señor quiere compartir con nosotros el alimento de la vida. No son banquetes privados ni exclusivos, sino universales, pues todos están invitados. En el primero Isaías así lo refleja: preparará para todos los pueblos […] un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera.Un banquete lleno de alegría, de salvación, donde no hay tristeza, donde todos están contentos, como en las fiestas auténticas. Un banquete que simboliza la salvación de todos, precisamente por esto último es un banquete de inmensa alegría, porque están todos, porque no se ha quedado nadie fuera. En el segundo banquete, Jesús da de comer a la multitud después de sanar todo tipo de dolencias. Una multitud que, de nuevo, simboliza la diversidad de condiciones sociales y razas. Comieron todos hasta quedar satisfechos. De nuevo, todos; nadie queda excluido.

En los países del llamado “primer mundo”, celebraremos la Navidad con demasiadas comidas y cenas: comidas de empresa, de amigos, de familia… En ocasiones son celebraciones con excesivo derroche, exageradas comidas. Tan excesivas que cuando terminan las fiestas, no faltan los reclamos publicitarios de gimnasios y dietas de adelgazamiento para corregir los excesos. Ojalá nuestros excesos fuesen no de calorías, sino de alegría, de gozo, de fraternidad. Quizá de estos dones estamos más anémicos y de ellos nos quiere saciar Dios. Este es su banquete, esta es su invitación.  Pero para que este gozo sea pleno, al menos tienen que estar todos invitados. Una mesa donde falten hermanos, nunca disfrutará de una alegría auténtica. ¿Quizá por ello nos cuesta ser felices de verdad? ¿A quién podría invitar a mi mesa?

Juan Lozano, cmf.

Fuentes:

Audio: Rezandovoy.org

Texto: Ciudadredonda.org

3 de noviembre: San Martín de Porres -Reflexión-

San Martín de Porres (Lima, 9 de diciembre de 1579 – 3 de noviembre de 1639) fue un santo peruano de la orden de los dominicos y el primero de raza negra en América.

Lo que más se recuerda de San Martín de Porres en la Ciudad de Lima son sus numerosos milagros. Según los testimonios de la época, a veces se trataba de curaciones instantáneas, en otras bastaba tan sólo su presencia para que el enfermo desahuciado iniciara un sorprendente y firme proceso de recuperación. Muchos lo vieron entrar y salir de recintos estando las puertas cerradas.

Todos, grandes señores y hombres sencillos, no tardaban en recurrir al socorro del santo mulato: “yo te curo, Dios te sana” decía San Martín. Sin moverse de Lima, fue visto sin embargo en China y en Japón animando a los misioneros que estaban desanimados.

El 3 de noviembre de 1639 falleció en la Ciudad de los Reyes, capital del Virreinato del Perú. Su muerte causó aún más conmoción en la ciudad.

El santo de la escoba fue declarado Beato en 1837 por Gregorio XVI y canonizado por el Papa Juan XXIII en 1962 con las siguientes palabras del Santo Padre: “Martín excusaba las faltas de otro. Perdonó las más amargas injurias, convencido de que el merecía mayores castigos por sus pecados. Procuró de todo corazón animar a los acomplejados por las propias culpas, confortó a los enfermos, proveía de ropas, alimentos y medicinas a los pobres, ayudo a campesinos, a negros y mulatos tenidos entonces como esclavos. La gente le llama ‘Martín, el bueno’.”

Sus restos descansan en la Capilla de Santa Rosa de Lima, en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Lima.

Patronazgos

  • Patrón de los enfermos

  • Protector de los pobres (junto a San Vicente de Paul y San Camilo de Lelis)

  • Patrón de los barberos

  • Patrón de la intercesión de los animales

  • Patrón de la Hermandad de Caballeros de San Martín de Porras y San Juan Macías O.P en Lima Perú. -Patrón de los químicos farmacéuticos.

  • Santo Patrón de la Compañía de Bomberos Voluntarios San Martín de Porres Nº 65 del distrito del mismo nombre en la ciudad de Lima, Perú

  • Santo Patrono del Mercado Limoncillo en el Rímac.

REFLEXIÓN DIARIA



 

Oración para Hoy -19 de octubre-

Las imágenes en exclusiva del reconocimiento de los restos mortales de San Francisco de Asís

Tv2000 ha transmitido en exclusiva las imágenes del reconocimiento de los restos mortales de San Francisco de Asís, llevado a cabo el pasado 25 de marzo. La tumba fue abierta con la máxima discreción lejos de los reflectores y curiosos.

La emisora de la CEI (Conferencia Episcopal Italiana) muestra en el vídeo exclusivo los restos, reducidos al esqueleto, del santo.

En las imágenes se pueden ver la losa del travertino del sepulcro que contiene el ataúd en bronce que, desde 1820, por voluntad de Pío VII, custodia los restos, y la caja en plexiglás en la que, durante el reconocimiento de 1978, el oxígeno fue sustituido por nitrógeno, para volver neutro el ambiente de conservación. Al solemne momento, en la cripta de la Basílica inferior de Asís, asistieron 150 frailes franciscanos entonando el canto Laudato Sii en honor a su “padre”.

Un evento poco común que se ha llevado a cabo sólo cuatro veces en ocho siglos.

Domingo XIV del Tiempo Ordinario

¿Qué cosa es la TAU (T)?

Origen antiguo
 
La Tau es la última letra del alfabeto hebreo y se utilizó con valor simbólico desde el Antiguo Testamento; se habla de ella en el Libro de Ezequiel: “Recorre toda la ciudad de Jerusalén y marca con una T la frente de los hombres que gimen y se lamentan por todas las abominaciones que se cometen en medio de ella” (Ez 9,4). La Tau es el signo puesto en la frente de los pobres de Israel, salvándoles así del exterminio.
 
Fue después adoptada por los primerísimos cristianos por un doble motivo:
 
1. Como última letra del alfabeto hebreo, era una profecía del último día y tenía la misma función de la letra griega Omega, como aparece en el Apocalipsis: “Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tiene sed le daré gratis de la fuente de agua viva… Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin” (Ap 21,6; 22,13).
 
2. Los cristianos adoptaron la Tau, porque su forma les recordaba la cruz, sobre la que Cristo se inmoló para la salvación del mundo.Tau
 
Lo que no es
 
La Tau no es un amuleto mágico.
 
No es un fetiche, ni mucho menos un juguete cualquiera.
 
No da buena suerte ni hay que colgarlo porque “trae el bien “.
 
De qué es signo
 
Es el signo concreto de una devoción cristiana, pero sobre todo un compromiso de vida en el seguimiento de Cristo pobre y crucificado.
 
Es el signo de reconocimiento del cristiano, es decir, el hijo de Dios, del hijo salvado del peligro, del Salvado. Es un signo de poderosa protección contra el mal (Ez 9,6).
 
Es un signo querido por Dios para mi, es un privilegio divino (Ap 9,4; Ap 7,1-4; Ap 14,1).
 
Es el signo de los redimidos por el Señor, de los sin mancha, de quienes se fían de Él, de quienes se reconocen hijos amados y que saben que son preciosos para Dios (Ez 9,6).
 
Es símbolo de la dignidad de los hijos de Dios, porque es la Cruz que ha sostenido a Cristo.
 
Es un signo que me recuerda que debo yo también ser fuerte en las pruebas, dispuesto a la obediencia del Padre y dócil en la sumisión, como lo fue Jesús a la voluntad del Padre.
 
San Francisco y la cruz
 
San Francisco de Asís, por la semejanza que la Tau tiene con la cruz, tuvo mucho cariño a este signo, tanto que éste ocupó un lugar relevante en su vida y también en sus gestos. En él, el viejo signo profético se actualiza, se vuelve a colorear, vuelve a adquirir su fuerza salvadora y expresa la bienaventuranza de la pobreza, elemento sustancial de la forma de vida franciscana.
 
“Con este sello, san Francisco firmaba cada vez que, bien por necesidad, bien por espíritu de caridad, firmaba alguna carta” (FF 980); “Con este comenzaba sus acciones” (FF 1347). La Tau era por tanto el signo más querido para Francisco, su sello, el signo revelador de una convicción espiritual profunda de que sólo en la cruz de Cristo está la salvación de todo hombre.
 
Así la Tau, que tiene a sus espaldas una sólida tradición bíblico-cristiana, fue acogida por san Francisco en su valor espiritual, y el Santo de Asís se apoderó de ella de forma tan intensa y total hasta convertirse él mismo, a través de los estigmas de su carne, al final de sus días, en la Tau viviente que él tanto había contemplado, dibujado, pero sobre todo, amado.
 
¿Por qué de madera?
 
La madera es un material muy pobre y dúctil, y los hijos de Dios son llamados a vivir de manera sencilla y en pobreza de espíritu (Mt.5,3). La madera es un material que se trabaja fácilmente, y también el cristiano bautizado debe dejarse plasmar en la vida de todos los días por la Palabra de Dios, ser Voluntario de Su Evangelio.

Reflexión para Hoy miércoles

Reflexión para Hoy





un corazon que escucha

San antonio de Padua