Miércoles de la Tercera Semana de Cuaresma

Con frecuencia el Antiguo Testamento se denomina a sí mismo como la Ley y los profetas. De manera que cuando Jesús habla de la Ley y los profetas, se refiere al conjunto de libros consignados es la Escritura. Las actitudes radicales de Jesús ante el Antiguo Testamento habían hecho que Él fuera considerado por los fariseos, y demás judíos apegados a la letra de la Ley, como un trasgresor de la Escritura. Sin embargo, con su enseñanza en la parte en la parte inicial del sermón de la montaña, Jesús se presenta no como el trasgresor sino como el verdadero cumplidor de la Escritura. Cumplir la enseñanza de la Ley y los profetas de manera exterior es incumplirla en realidad. Por eso, Jesús afirma que no ha venido a abolir la Escritura sino a darle su verdadero cumplimiento. Para Jesús no es suficiente cumplir lo que dice la Biblia de manera literal, sino ir más allá, comprender el llamado profundo que nos hace la Escritura para que nuestro comportamiento exprese el sentido profundo que Dios nos exige.

Jesús, tú que no has venido a abolir la ley y los profetas, sino a darles su verdadero sentido, guíanos con tu Espíritu. 

Comentario al Evangelio de hoy martes, 16 de febrero de 2016

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,7-15

Dios bien sabe lo que necesitamos. Él nos conoce en lo más profundo. A pesar de ello, no podemos dejar de orar y pedir a Dios aquello que más deseamos. Él no necesita nuestras oraciones, pero nosotros no podemos evitar dirigirnos a él. Es nuestro grito, a veces desesperado, ante aquel de quien lo esperamos todo, porque confiamos en su poder. Nuestra oración es, fundamentalmente pedigüeña. Y lo es porque es expresión de nuestra fragilidad. A su vez, nuestra oración es confiada.

Pedimos a Dios aquello que no podemos darnos a nosotros mismos, con la confianza de que Él, que es quien tiene Poder, nos lo concederá. Cuándo lo hará o cómo lo hará, lo desconocemos. Sin embargo, confiamos en que él obrará el milagro. Así es nuestra fe.

Lo curioso que sucede con la oración es que este deseo de cambiar el corazón de Dios, acaba por cambiar el nuestro. Orar nos hace mejores, nos hace confiados, magnánimos, nos hace más dóciles a la voluntad de Dios, nos hace pacientes… nos hace, en definitiva, misericordiosos. En la escuela de la oración aprendemos a ser como el Padre, asimilamos sus actitudes, sus sentimientos, sus maneras de proceder. En ella encontramos respuestas a nuestros discernimientos, encontramos fuerza para actuar y razones para amar a los demás.

La oración pedigüeña y confiada nos lleva a la oración de alabanza, que reconoce la grandeza de Dios y la pequeñez del hombre. A su vez, esta nos lleva a la adoración, a ese estar ante un misterio de amor infinito que milagrosamente obra en nosotros haciéndonos hijos y hermanos. Por eso orar no es solo pedir favores, sino también dejarse amar y dejarse envolver por ese gran Misterio de amor que un día nos será revelado en su diáfana plenitud.

No hacen falta muchas palabras. La oración, normalmente, brota del silencio, de un corazón pobre y necesitado que se pone ante Dios y en Él espera. La Madre Teresa de Calcuta nos dejó aquella frase tan sabia: “El fruto del silencio es la oración, el fruto de la oración es la fe, el fruto de la fe es el amor, el fruto del amor es el servicio, el fruto del servicio es la paz”. Te invito a que este día la medites y a que, si te parece bien, te la aprendas de memoria para conservarla para siempre.

Tu amigo y hermano,
Fernando Prado, CMF

Comentario al Evangelio de hoy domingo, 17 de enero de 2016

san Juan 2,1-11


Vamos de boda y hay demasiada agua y poco vino. Boda…, vino…, todo en San Juan son símbolos, hasta a los milagros los llama signos. Desde el profeta Oseas, hasta el texto de la primera lectura de hoy: “Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyo; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo”, la relación de Dios con su pueblo se presenta en clave matrimonial. Lo mismos pasa con el vino, que es el signo mesiánico por excelencia, como nos recuerdan los Salmos: “Y vino que alegra el corazón” (104,15). Una boda sin vino es como una vida sin alegría.

No necesitamos mucha imaginación, para conectar la boda de Caná, con Jesús, que viene a desposarse con su novia, la humanidad, el pueblo de Dios, que busca el Reino, montones de veces representado por una comida. Banquete, que es eucaristía, en la que se toma el vino de la sangre derramada y en el que están presentes: la comunidad, los discípulos y María. La boda es fiesta, cosa que no siempre tenemos presente los cristianos, que a veces miramos un poco de reojo, lo que es diversión, placer y alegría. Todos están invitados, pero a la hora de brindar: “Faltó el vino”.

Es María la que se da cuenta y se adelanta a buscar una solución: “La madre de Jesús le dijo: No les queda vino. Jesús le contestó: Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora”. La respuesta de Jesús podemos interpretarla de diversas maneras, no la llama madre sino “mujer” y continúa con un: “Déjame, todavía no ha llegado mi hora”, que no es muy alentador. Pero eso no desanima a María que aconseja a los sirvientes ponerse a disposición de Jesús: “Haced lo que él diga”. Es la creyente que es capaz de percibir las cosas y las situaciones, más allá de lo inmediato y sobre todo es la que lleva a Jesús.

El agua debe ser convertida en vino, no se puede aguar la fiesta. Los sirvientes llenan hasta arriba de agua seis tinajas de cien litros, los invitados deben ser numerosos y aquellos novios están a punto de hacer el ridículo. La gente siguió bebiendo y disfrutando, sin darse cuenta del signo. El mayordomo se percata al probarlo, de que este vino del final es bueno y se lo comenta al novio, en caso de apuro igual se le hubiera ocurrido echar agua al vino. Seguimos con el simbolismo, es preciso ponerse al servicio de Jesús, el cuenta con nosotros para hacer sus signos, no debemos aguar la vida, ni aguar el Evangelio. El amor de Dios quiere nuestro bien y el de este matrimonio, pero no olvidemos que necesita de nuestra acción, de nuestra vida, de nuestra disponibilidad: “Y las llenaron hasta arriba”.

Intencionadamente el relato termina con estas palabras: “Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él”. Jesús da la primera señal del amor de Dios, un amor tierno y delicado como el de los novios, (que nos recuerda también la primera lectura: “Te llamarán Mi favorita, Desposada…), que sabe estar en los momentos delicados, que es sensible a cuanto afecta a nuestra vida y a nuestra felicidad. Este primer signo viene a decirnos que Jesús establece un nuevo estado de vida: un matrimonio en que el novio y la novia, Dios y su pueblo, se unen en la felicidad que da el amor.

Hasta el final, nuestra tarea será intentar seguir cambiando el agua en vino, hacer de la vida una fiesta, que al fin y al cabo es el gran objetivo del Evangelio. El cristianismo no es depresión, negativismo, ni pesimismo, hemos sido llamados a crear una comunidad que sea una auténtica fiesta: una fiesta en la que nadie se sienta marginado, aislado u olvidado. Se nos convoca a participar de un banquete de bodas en el que el vino será dado en abundancia. Vivir la Eucaristía, es poner alegría donde hay tristeza, amor donde hay odio, unidad donde hay división. Este es el signo de la presencia de Jesús en nuestra vida. ¡Venid a la boda!, que no nos falte la alegría en la vida y el entusiasmo en la Iglesia.

Evangelio del miércoles, 2 de diciembre de 2015



¿Qué hace Dios? Invitar a la alegría. En muchas culturas sentarse a la mesa es símbolo  de alegría, pues expresa el sentido de fraternidad y de fiesta; en ella uno repone fuerzas disfrutando de los alimentos y conversa de manera distendida disfrutando de la compañía. De hecho, no hay festejo que se precie que no venga acompañado de una buena comida o una buena cena: un cumpleaños, una boda, un aniversario…

Las lecturas de hoy nos muestran dos banquetes donde el Señor quiere compartir con nosotros el alimento de la vida. No son banquetes privados ni exclusivos, sino universales, pues todos están invitados. En el primero Isaías así lo refleja: preparará para todos los pueblos […] un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera.Un banquete lleno de alegría, de salvación, donde no hay tristeza, donde todos están contentos, como en las fiestas auténticas. Un banquete que simboliza la salvación de todos, precisamente por esto último es un banquete de inmensa alegría, porque están todos, porque no se ha quedado nadie fuera. En el segundo banquete, Jesús da de comer a la multitud después de sanar todo tipo de dolencias. Una multitud que, de nuevo, simboliza la diversidad de condiciones sociales y razas. Comieron todos hasta quedar satisfechos. De nuevo, todos; nadie queda excluido.

En los países del llamado “primer mundo”, celebraremos la Navidad con demasiadas comidas y cenas: comidas de empresa, de amigos, de familia… En ocasiones son celebraciones con excesivo derroche, exageradas comidas. Tan excesivas que cuando terminan las fiestas, no faltan los reclamos publicitarios de gimnasios y dietas de adelgazamiento para corregir los excesos. Ojalá nuestros excesos fuesen no de calorías, sino de alegría, de gozo, de fraternidad. Quizá de estos dones estamos más anémicos y de ellos nos quiere saciar Dios. Este es su banquete, esta es su invitación.  Pero para que este gozo sea pleno, al menos tienen que estar todos invitados. Una mesa donde falten hermanos, nunca disfrutará de una alegría auténtica. ¿Quizá por ello nos cuesta ser felices de verdad? ¿A quién podría invitar a mi mesa?

Juan Lozano, cmf.

Fuentes:

Audio: Rezandovoy.org

Texto: Ciudadredonda.org

El secreto de la alegría, perseverancia y servicio… de Papa Francisco

  • Para conseguir la paz se necesita valor, mucho más que para hacer la guerra.

  • No cierren la salvación de las personas dentro de las constricciones del legalismo. El derecho está orientado a la salvación del hombre.

  • Al mundo de hoy le falta llorar, lloran los marginados, lloran los que son dejados de lado, lloran los despreciados, pero aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar.

  • Hay que despertar la palabra, porque cada palabra tiene dentro de sí una chispa de vida y este es el primer deber del comunicador.

  • ¿Que cómo lo estoy viviendo? Con gran dolor, con grandísimo dolor. Pero la verdad es la verdad y no se puede esconder (sobre los presuntos casos de pederastia en Granada).

  • Aquellos que durante su vida han escogido la vía del mal, como los mafiosos, no están en comunión con Dios, están excomulgados.

“¡Dios nos libre de las monjas lloronas!”, dijo el Papa Francisco en Cuba

LA HABANA, 20 Sep. 15 / 08:19 pm.- En su encuentro con sacerdotes, religiosas, religiosos y seminaristas en la Catedral de La Habana para el rezo de las Vísperas este domingo, el Papa Francisco expresó “¡Dios nos libre de las monjas lloronas que siempre se están lamentando!”.

En el discurso que improvisó, en su segundo día en Cuba, el Santo Padre recordó que esa frase proviene de Santa Teresa de Jesús, que le decía a sus monjas “guay de aquellas monjas que anda todo el día lamentándose porque me hicieron una injusticia”.

“En el lenguaje castellano de la época decía ‘guay de la monja que anda diciendo hiciéronme sin razón’”, explicó el Papa.

A diferencia de estas “monjas lloronas”, Francisco destacó el testimonio de la joven religiosa Sor Yailenys Ponce Torres, de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl.

“Gracias por los que hacés y en voz gracias todas estas mujeres y a tantas mujeres consagradas al servicio de lo inútil porque no se puede hacer ninguna empresa, no se pueda ganar plata, no se puede llevar adelante absolutamente nada ‘constructivo’ con esos hermanos nuestros, con los menores, con los más pequeños”.

“Ahí resplandece Jesús y ahí resplandece mi opción por Jesús, gracias a vos y a todos los consagrados y consagradas que hacen esto”, indicó.

A veces, destacó el Papa, los religiosos y religiosas no entienden la misión encomendada al servicio de los más necesitados, pero “qué bien que hace a uno por ejemplo la sonrisa de un espástico (N.R. condición neurológica que se manifiesta con espasmos) que no sabe cómo hacerla o cuando te quieren besar y te babosean la cara, esa es la ternura de Dios, esa es la misericordia de Dios”.

“O cuando están enojados y te dan un golpe, y quemar mi vida así con material de descarte a los ojos del mundo, eso nos habla solamente de una persona, nos habla de Jesús que por pura misericordia del Padre se hizo nada, se anonadó, dice el texto de Filipenses capítulo dos: ‘Se hizo nada’”.

“Y esta gente a quien vos dedicas tu vida, imitan a Jesús, no porque lo quisieron,  sino porque el mundo los trajo así, son nada y se les esconden, no se los muestra o no se los visita, y si puede y todavía se está a tiempo se los manda de vuelta”, dijo.

Pakistán: queman vivos a dos cristianos

Cuántas veces nos quedamos en el quejido enfermizo de “no me quiere, no me entiende, no puedo, … y todo el rosario de dificultades que aumenta nuestra miseria”. Sin embargo, en éstos momentos, en éste mundo y en este tiempo están muriendo nuestros hermanos cristianos en Medio Oriente. Cuándo seremos capaces de mirar más allá de nuestro propio ombligo y pensar en aquellas personas que de verdad sufren. 

“En Pakistán queman vivos a dos cristianos en un horno de ladrillos, al ser acusados de blasfemia”

Por Redacción

ROMA, 04 de noviembre de 2014 (Zenit.org) – Una pareja cristiana, él de 26 años Shahzad, y ella de 24 años, Shama, fueron quemados hasta la muerte por una turba musulmana, de cinco aldeas al sur de Lahore (provincia de Punjab), que los habían acusado de haber cometido blasfemia, al quemar unas páginas del Corán.

Lo ha informado hoy la agencia de noticias Fides, precisando que ha recibido la comunicación del abogado cristiano Sardar Mushtaq Gill, defensor de los derechos humanos, que ha sido llamado por otros cristianos y ha visto la escena del trágico suceso, en el pueblo “Chak 59”, cerca de la ciudad de Kot Radha Kishan, al sur de Lahore.

Ambos, que trabajaba en una fábrica de arcilla, fueron secuestrados y mantenidos como rehenes durante dos días, a partir del 2 de noviembre, en el interior de la fábrica. Esta mañana a las 7.00 horas fueron empujados dentro de un horno donde se cuecen los ladrillos.

Según ha explicado a Fides el abogado Gill, el episodio que desencadenó la acusación de la supuesta blasfemia, está referido a la muerte reciente del padre de Shahzad. Hace dos días, Shama, al limpiar la casa del hombre, tomó algunos artículos personales, documentos y hojas que consideró inútiles, y hizo un pequeño fuego.

Según un hombre musulmán que fue testigo de la escena, en ese fuego había páginas del Corán. El hombre extendió la voz en los pueblos de los alrededores y una multitud de más de 100 personas tomaron como rehenes a los dos jóvenes. Esta mañana se ha producido el trágico final. La policía, alertada por otros cristianos, intervino señalando la muerte y arrestando, para una primera entrevista, a 35 personas.

El abogado Gill dijo a Fides: “Es una tragedia, un acto bárbaro e inhumano. El mundo entero debe condenar enérgicamente este episodio que demuestra que en Pakistán se ha incrementado la inseguridad entre los cristianos. Basta sólo una acusación para ser víctimas de ejecuciones extrajudiciales. Veremos si alguien será castigado por este asesinato”.

Piden la intervención de la ONU para revisar la ley sobre blasfemia

“Estamos consternados y preocupados. Los cristianos en Pakistán se preguntan hoy: ¿en qué país vivimos? La ejecución horrible y bárbara de dos esposos cristianos, acusados de blasfemia, es un acto que ofende a la justicia, los derechos humanos, la dignidad humana, la civilización, y es contrario al Estado de Derecho. Hoy nos manifestamos por la Justicia y los Derechos Humanos en Lahore. Sobre la ley de la blasfemia, pedimos a la ONU que intervenga”; declaró en una entrevista con la Agencia Fides el padre James Channan OP, dominico, director del “Centro de la Paz” en Lahore, centro de estudios que participa en el diálogo interreligioso, al comentar el asesinato de los dos cónyuges cristianos, quemados vivos en el distrito de Kasur en Punjab.

“Estoy convencido de que el matrimonio no había cometido blasfemia. E incluso si se demostrara que la acusación era real, existen procedimientos que deben seguirse. No podemos permitir que una turba linche o realice una ejecución en masa creyendo estar por encima de la ley. Esto es un fuerte reclamo para el gobierno”, señala el padre Channan.

De hecho, “en este tipo de episodios de violencia ocurridos en el pasado no fueron condenados ninguno de los culpables. La impunidad genera violencia. Pedimos que el Comité Especial creado por el Gobierno de Punjab presente un informe con rapidez y haya un castigo ejemplar”, añade el sacerdote.

Para expresar su indignación y exigir justicia y respeto a la ley, hoy muchas organizaciones cristianas y grupos de la sociedad civil que defienden los derechos humanos, junto con ciudadanos musulmanes, se están reuniendo en las calles de Lahore.

El dominicano concluye: “Vamos a pedir también la intervención de la ONU. Para que realice un examen objetivo de la ley de la blasfemia, de su explotación y sus consecuencias, es urgente realizar un cuidadoso análisis y que sea neutral. Pedimos que una comisión especial de la ONU venga a Pakistán. Si esta ley no es detenida y corregida, habrá más episodios y tragedias como esta”.

Fuente: http://amigosdeirak.verboencarnado.net/

Exclusivo: Entrevista a Papa Francisco