MARIA: La que ha Creído

«En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Angel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».

María dijo al Angel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?».

El Angel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios».

María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». Y el Angel se alejó» (Lc 1,26-38).

Actualizando los textos del pasado

Los relatos de la infancia son textos que surgieron en una fase muy desarrollada de la tradición evangélica. Están ausentes en Marcos y en Juan, que presenta en su lugar un Prólogo sobre la Palabra hecha carne (1,1-18).

En Mateo y en Lucas los relatos del nacimiento desempeñarían las funciones de prólogo, para definir desde el comienzo la identidad de Jesús como Hijo de Dios.

Hay diferencias notables entre los relatos de la infancia de Mateo y los de Lucas. Los relatos de Mateo no dicen nada de Juan Bautista, ni de la venida de los pastores a Belén, de la presentación de Jesús en el Templo o de su visita a Jerusalén a los doce años.

Además, en Mateo José recibe la comunicación celestial sobre la concepción virginal de María, mientras que en Lucas es María la que recibe el anuncio.

Estos relatos responden más a una motivación TEOLÓGICA que a un interés documental. Se estaría utilizando en ellos un recurso semejante al que encontramos en la literatura judía, llamado MIDRASH, a través del cual se intenta hacer comprensible un texto bíblico del pasado, teniendo en cuenta las circunstancias presentes de los lectores.

El Precursor y el Esperado

Los relatos de la infancia de Lucas están estructurados principalmente mediante el paralelismo entre Juan y Jesús, para destacar la superioridad de aquel a quien el Bautista precedió:

JUAN JESUS
Nace prodigiosamente de padres ancianos (y madre estéril) Nace más prodigiosamente aún de una JOVEN madre virgen, sin intervención de varón.
El Angel le dijo: «No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan. El será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento, porque será grande a los ojos del Señor». (Lc 1,13-15) El Angel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin» (Lc 1,30-33).
[Cuando se circuncidó a Juan] Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios. Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea (Lc 1,64-65). [Cuando nació Jesús] apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él» (Lc 2,13-14).
Síntesis de las ANTIGUAS promesas Inicio del mundo NUEVO esperado

El ángel Gabriel fue enviado por Dios

Lucas sigue un patrón pre-establecido en los relatos bíblicos de Anunciación, que destacan antes del nacimiento la misión que desempeñarán los elegidos de Dios:

  • ISMAEL: Gn 16,7-12
  • ISAAC: Gn 17-18
  • SANSON: Jue 13,3-20
  1. Situación de los personajes, señalando al mismo tiempo una dificultad (esterilidad de Isabel, virginidad de María).
  2. Aparición del ángel del Señor.
  3. Miedo-asombro producido por la aparición y que generalmente se expresa con la fórmula “no temas” (Lc 1,13 y 30).
  4. Anuncio de la llegada, mención del nombre y de la misión, que muchas veces empieza con la expresión técnica “He aquí “(Lc 1,20.31).
  5. Pregunta que plantea la dificultad (Lc 1,18.34).
  6. El mensajero da una señal que apoya y garantiza la anunciación (Lc 1,19-20 y 35-36).
  7. ejecución del signo y realización del anuncio.

La identidad mesiánica de Jesús

El núcleo de la Anunciación está en la declaración de la identidad de Jesús, Mesías prometido por Dios a la casa real de David.

El anuncio del Ángel guarda correspondencia con la profecía de Natán, que promete la asistencia divina y relaciones paterno-filiales para los reyes descendientes de David:

2 Sam 7,9-16 Lc 1,32-33
«voy a hacerte un nombre grande…yo afianzaré para siempre su trono real…Seré un Padre para él, y él será para mí un hijo…

Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y su trono será estable para siempre»

«él será grande y será llamado Hijo del AltísimoEl Señor Dios le dará el trono de David, su padre,  reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».

Con el final de la monarquía se comenzó a esperar el cumplimiento de esa promesa en un rey ideal que Dios suscitaría en el tiempo de la redención definitiva.

El Espíritu Santo vivificador

A diferencia de los otros anuncios de nacimientos prodigiosos en la Biblia, el de Jesús tiene su propia peculiaridad: no interviene ningún ser humano como padre.

El anuncio no es fácil y María intenta comprender. Su pregunta hace repetir el mensaje del ángel. En un nuevo, y solemne anuncio, Gabriel revela que este niño será el Hijo de Dios.

El Espíritu Santo ejercerá en María su papel creador y vivificante, el que tenía desde el origen del mundo (Gn 1,2).

También es un eco de la proclamación pascual de los primeros misioneros cristianos:

«Jesucristo Señor nuestro
nacido del linaje de Davids según la carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad
por su resurrección de entre los muertos» (Rom 1,3-4)

La esclava del Señor

Habiendo creído en la palabra del ángel que la concernía, María puede creerlo también cuando éste le anuncia todo lo que Dios ha realizado en su prima. La alusión a Isabel muestra que nada es imposible para Dios. Es suficiente creer en la promesa para que Dios suscite la vida.

María es bienaventurada porque ha creído que iba a ser la madre del Mesías. Así lo confirmará Jesús durante su ministerio. María no es proclamada feliz por haber llevado a Jesús en su seno o por haberlo amamantado, sino más bien por «escuchar la Palabra de Dios y practicarla»  (Lc 11,28).

Al llamarse la esclava del Señor, María que no es tal por status social, expresa su disponibilidad al Señor, de modo libre y responsable. Se pone al servicio del que tomará la condición de Siervo (Fil 2,7).

Demos gracias al Señor por el ejemplo de María. Pidamos que nuestra existencia se configure, como la suya, en el amor gratuito de Dios y en la aceptación de sus planes y proyectos.

Acojamos la gracia de Dios sobre nuestra vida. Alegrémonos con María. Que la experiencia de la gracia nos lleve al compromiso para hacer presente en el mundo el proyecto de Dios.

Comentario al Evangelio de hoy viernes, 5 de agosto de 2016

Aprendí hace muchos años que la mejor razón para vivir es al mismo tiempo la mejor razón para morir. Por paradójico que pueda parecer es así. La razón de vivir de unos padres pueden ser sus hijos. Precisamente por eso darían la vida por ellos. En un momento de sacrificio final y en el día a día hecho de trabajo y servicio por el bien de sus hijos. La darían del todo porque ya la están dando en el día. Y eso no les haría perder ni un ápice de su felicidad. Dan su vida por bien vivida, entregándose por sus hijos. A pesar de que mirado desde fuera, quizá podamos tener la sensación de que esos padres en realidad están “perdiendo” su vida. 

      Hoy Jesús, en coincidencia con lo que acabamos de comentar, habla en el Evangelio a aquellos que hacen todos los esfuerzos posibles por ganar su propia vida, por salvarse. Y les dice que precisamente son ellos los que se están perdiendo. Tanto preocuparse de sí mismos para al final no ganar nada. Es como el que pretende apretar mucho los dedos de la mano para retener agua o arena. Al final, todo se le escapa y se queda con las manos vacías. Precisamente, dice Jesús, es el que pierde su vida por el reino el que la termina encontrando en plenitud.

      Hoy hablamos mucho de auto-estima, de auto-realización. Se dice que cada uno tiene que mirar por su propia felicidad. Se busca el bienestar. Todo es colocarse uno en el centro del mundo, en el centro del universo. Y todo lo que me rodea tiene que servirme para ser yo feliz.  Como decía un sociólogo, hoy en día todo es una prótesis que uso en tanto en cuanto me ayuda a sentirme mejor. Uso gafas porque así veo mejor. Uso una dentadura postiza porque así puedo comer. Tengo amigos porque me ayudan a sentirme acompañado. Tengo una relación de pareja que me hace sentirme feliz y realizado. Tengo hijos por la misma razón. Pero en el momento en que las gafas o la pareja o los hijos no me hacen sentirme bien o suponen una carga, me deshago de ellos y busco otra “prótesis” que me siente mejor, que me haga verme más guapo o sentirme más feliz. 

      La propuesta de Jesús va en la dirección opuesta. Los otros no son la prótesis que me hace falta para sentirme bien. Los otros son mis hermanos, parte de mi propia vida. Sólo en tanto en cuanto soy capaz de compartir mi vida, de “perderla”, de regalarla, por su vida, podré encontrar mi propia plenitud. 

      Sólo al perder la vida, se encuentra la propia plenitud. ¿Suena raro? Quizá sí, pero es así como son las cosas. En el Reino nadie mira en primer lugar por su propio bien sino por el bien de los hermanos. Y ahí es donde encuentro mi propia plenitud. ¿Por qué no hacemos la prueba?motu

Oración Por la vida

Gracias Dios de la Vida
por regalarme la vida, mi familia,
mi vocación, mis amigos.
Gracias por las personas que pusiste en mi camino
(y hago silencio y memoria,
y el recuerdo se hace fiesta y encuentro).
Me ayudaron a descubrir los desafíos del Reino…
Gracias por los dones que me diste
ayúdame a ponerlos al servicio de todos,
partiendo de los más pobres…
Gracias por haber nacido en estos tiempos,
tan ricos en desafíos para construir el Reino…
Gracias porque nos invitas,
permanentemente,
a la utopía de un mundo nuevo;
porque renuevas en mí,
cada mañana,
los deseos de ser mejor,
más bueno, más fraterno, más cercano…
¡Ayúdame a vivirlo! Gracias por el don
de un nuevo año de vida.
En este día quiero
tender de nuevo mi mano hacia Tí,
y descubrir tu mirada,
para encontrarme en el silencio de mi interior,
con esta sola palabra

Amen

Comentario al Evangelio de hoy jueves, 4 de agosto de 2016

    Señor, dejo resonar en mis oídos este Evangelio de hoy. Dejo que me llegue al corazón. Lo leo entero pero hay una pregunta que se me queda metida en las tripas: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”

      Me da miedo contestarla. Porque la teoría me la sé de memoria. Podría recitar el credo. Podría decir que sé que tú eres el Hijo de Dios, que eres Jesús el que vino a salvarnos, el que con sus palabras y sus actos nos demostró el amor con que Dios nos ama. Podría rellenar unas cuantas páginas diciendo todo aquello en lo que creo. Tu nombre, Jesús, aparecería una y otra vez. He escuchado muchas homilías en mi vida. He leído algunos libros sobre ti. He tenido los Evangelios en mis manos. Sé muchas cosas de ti. 

      Pero me da vergüenza contestar a esa pregunta porque sé que todo eso que sé no lo he hecho vida. Que lo sé pero que no lo vivo. Que mi boca dice unas cosas pero que a veces mi vida dice otras. 

      Y no es que no me esfuerce. De verdad, que muchas mañanas me propongo ser mejor, perdonar, olvidar las ofensas, reconciliarme con aquellos con los que tengo pendencias, compartir con más generosidad las cosas que tengo… Pero luego viene el peso del día y las horas y me sale el egoísmo y la comodidad y tantas cosas que me hacen olvidar esos buenos propósitos. Y, ¿qué queda al final del día de los buenos propósitos de la mañana?

      Por todo ello, Señor, me da miedo responderme y responderte a la pregunta que me haces. Ni siquiera tengo el mismo arrojo, o pura inconsciencia, de Pedro que responde a bote pronto: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.” Quizá porque sé que esa confesión debe estar acompañada no sólo de buenas intenciones sino también de obras. Ya sé aquello del refrán: “obras son amores que no buenas razones.”

      Quiero responderte, Señor. Lo quiero hacer con mi vida. Pero te ruego que comprendas también mi debilidad. Y que emplees conmigo, con todos nosotros, un mucho de tu gran misericordia. Te pido que me mires como mirabas a aquellos que se te acercaban, cuando andabas por los caminos de Galilea, enfermos y heridos por la vida porque veían en ti su esperanza, su única esperanza para sanar. Hoy te miro yo también así, Señor. No hagas caso de mis grandes palabras, de mi fachada, a veces tan llena de meras apariencias. Y mírame como soy, por mucho que me cueste reconocerlo: pobre y necesitado de tu ayuda, de tu mano, de tu gracia, de tu misericordia. 

      Quiero responderte, Señor, pero me hace falta tu gracia. Cuento con ella. Cuento contigo.

Comentario al Evangelio de hoy miércoles, 3 de agosto de 2016

      A veces tenemos una idea de Jesús como si hubiese sido una especie de extraterrestre. Alguien que, aún con apariencia humana, en realidad su ser Dios le evitó todos los proceso normales por los que pasamos las personas. Nada de eso. Dios no hace ninguna cosa a medias. Y, cuando se encarnó, lo hizo de verdad. Es decir, asumiendo todos los procesos humanos en toda su profundidad y anchura. Jesús fue niño con todo lo que eso implica. Jesús vivió sometido a los procesos de crecimiento y maduración normales en su época. Jesús fue hijo de su cultura. Nació judío. Pensó como judío. Hablaba como judío.

      Pero todo eso estaba fecundado por esa presencia de Dios que le hacía vivir de otra manera y atisbar otros horizontes para su vida y para la vida de todos aquellos con los que se encontraba.

      El texto evangélico de hoy es uno de los momentos concretos en los que vemos a Jesús dar el salto más allá de lo normal y situarse en una perspectiva nueva y diferente. No sin dificultad, Jesús es capaz de situarse más allá de los prejuicios culturales. De los que existían entre los judíos, como existen en todas las culturas.

      Seguramente que lo primero que pensaron tanto Jesús como sus discípulos, al oír las palabras de aquella mujer cananea, era que lo normal es que su hijo tuviese un demonio muy malo porque ella misma era un demonio. Esa era la forma normal de pensar de los judíos sobre los paganos, sobre los de fuera, sobre los que adoraban a otros dioses. Tener contacto con ellos era motivo de impureza. Era parte de castigo por el pecado de Israel que su misma tierra estuviese llena de todos esos hombres y mujeres “impuros” que no reconocían al verdadero Dios, al único, al Dios de Israel.

      Jesús no la rechaza directamente pero dice, de entrada, que él sólo ha sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Es la mujer la que, con sus palabras, provoca a Jesús, despierta en él algo más profundo y le hace darse cuenta de que el amor de Dios es para todos, sin excepción y que se expresa y se manifiesta allí donde encuentra un corazón abierto y receptivo.

      En ese momento, Jesús fue capaz de superar los prejuicios de raza y de cultura. En su proceso de crecimiento humano se dio cuenta de que la humanidad es una sola. Y que no hay razón para discriminar por razón de etnia, de origen, de color, de religión, de cultura, de lengua, de nada. Que todos somos hermanos y hermanas y que el amor de Dios es para todos sin que nadie pueda quedar nunca excluido.

      Estaría bien que nosotros, que queremos seguirle, fuésemos también superando los muchos prejuicios que a veces llenan nuestras vidas. Hasta llegar a ver en el otro un hijo/hija de Dios. Un hermano siempre.

Comentario al Evangelio de hoy viernes, 22 de julio de 2016

      ¿Cuál es la imagen más habitual que tenemos de María Magdalena? No hace falta más que mirar a los cuadros de siglos pasados y a las imágenes de muchas iglesias. Se ve casi siempre a una mujer muy austeramente vestida y entregada a la penitencia imaginamos que a causa de sus muchos pecados. 

      No se entiende muy bien la razón por la que se terminó identificando a la pecadora que lava con sus lágrimas los pies de Jesús con María Magdalena. En cualquier caso, María Magdalena pudo haber sido lo que fuera. ¿Quién no tiene una historia guardada en su baúl, en el pasado? ¿Quién puede dar un paso al frente y decir que tiene las manos y el corazón y todo su ser limpio como una patena? A los que iba a apedrear a la mujer a la que habían encontrado en pleno adulterio, Jesús les dijo con mucha tranquilidad que “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. 

      Así que nos da lo mismo lo que fuese o hiciese María Magdalena antes de conocer a Jesús. Es irrelevante. Lo importante fue el momento en que se encontró con él y se convirtió en una de sus discípulas. Y debió ocupar en el grupo de seguidores de Jesús un puesto importante porque el evangelista Juan le hace aparecer como prácticamente la primera misionera, la primera evangelizadora, la primera testigo de la resurrección, la primera a quien se aparece el resucitado. 

      De Pedro y Juan se dice que fueron al sepulcro, que lo encontraron vacío y que creyeron. Pero el relato termina diciendo que “regresaron a casa”. Ahí se quedaron. María se queda fuera. El Maestro se le aparece, resucitado. Y a ella se le hace el encargo de ir a decir a los hermanos que ha resucitado. Y es lo que hace: “fue y contó a los discípulos que había visto al Señor y también lo que él le había dicho.”

      Si queremos ser evangelizadores no tenemos más que imitar a María. Hay que rondar el sepulcro. Nada de “volverse a casa” como Pedro y Juan. Hay que estar ahí. Hay que leer la Palabra. Hay que abrir los ojos. Hay que dejar que Jesús nos encuentre en vela. Y luego ir y decir a los hermanos que hemos visto al Señor y lo que nos ha dicho. No es un mensaje para quedárnoslo en exclusividad. Es para comunicarlo, para regalarlo, para compartirlo. 

      En la Iglesia el mandato primero, fundamental y casi único es “anunciar la buena nueva del Reino.” María Magdalena, mujer, es la primera evangelizadora. ¿Por qué no la imitamos?

Comentario al Evangelio de hoy miércoles, 20 de julio de 2016


Atención a la primera lectura. Es el comienzo del libro del profeta Jeremías y el profeta nos cuenta como se sintió llamado a ser profeta. Él no quería. Él no se sentía digno de semejante encargo. Puso todas las dificultades posibles. Pero el Señor quería y cuando Dios quiere algo, lo suele conseguir. El profeta podía estar seguro de que iba a tener la presencia y la gracia de Dios con él. No tenía nada que temer. Su misión consistiría en “arrancar y arrasar, destruir y demoler, edificar y plantar”. Todo eso y por ese orden. 

      A veces pensamos que ser profeta es conocer el futuro, adivinar lo que va a suceder, los castigos o los premios que van a venir sobre nosotros si nos portamos mal (castigo) o nos portamos bien (premio). En el Antiguo Testamento, el profeta no es el adivino sino simplemente el vocero de Dios. Es una especie de altavoz que tiene como deber fundamental recordar al  pueblo la Palabra y la Ley de Dios. 

      Por eso su misión no es sentarse delante de la bola de cristal y adivinar el número de la lotería que va a tocar en el sorteo de dentro de una semana. Su misión es proclamar la palabra de Dios sin acepción de personas (“ante pueblos y reyes”) para ayudar a arrancar las malas hierbas que nacen en nuestros corazones (arrancar, arrasar, destruir, demoler). Pero sobre todo, para promover lo mejor de nosotros, para que seamos conscientes de que Dios está con nosotros, de que nos ama, de que somos su pueblo. El profeta está, sobre todo, para edificar y plantar la nueva ciudad, la nueva Jerusalén, donde todos se sentirán como en casa porque Dios estará en medio de todos. 

      En el Evangelio de hoy se cuenta la parábola del sembrador que siembre la semilla y luego la tierra da su cosecha de acuerdo con su calidad. Pero la parábola no nos cuenta el trabajo que tiene el agricultor antes de sembrar. La tierra hay que roturarla, allanarla, limpiarla. Todo eso es necesario para que esté preparada para recibir la semilla. Y sin ese trabajo no podrá dar su fruto. 

      El profeta es el que prepara la tierra y luego siembra la semilla de la palabra y del amor de Dios para con nosotros. Él no es el protagonista de la historia. El protagonista es Dios mismo, es la semilla, es la palabra que crece en el corazón de cada hombre y mujer. La cosecha será el fruto de amor para la vida del mundo que brotará de esa semilla hecha planta. 

      Cada vez que amamos, que decimos una palabra de consuelo, que actuamos con justicia, que creamos fraternidad en medio del odio, que devolvemos la esperanza al que la ha perdido, allanamos, roturamos, limpiamos y plantamos la semilla. Ese es nuestro deber. Como lo hizo Jeremías. El resultado, la cosecha, ya no depende de nosotros. Crecerá en el misterio del corazón de cada persona. A nosotros sólo nos quedará contemplar agradecidos como va creciendo la mies.

¿Qué es el placer?… una visión desde la Filosofía

El tema del placer es algo que atrae la atención de muchos porque es cierto que la mayoría de la gente está educada para avergonzarse o sentirse culpable por ser feliz.

Desde Platón se ha considerado el placer como la principal razón para hacer algo, ya sea a través de los sentidos, la estética, el conocimiento, la creatividad, el juego, etc. Decía que todo lo que cubre una falta produce placer, por ejemplo, la comida porque sacia el hambre.

En su “República”, Platón nos dice que los placeres más grandes son los relacionados con el ejercicio de nuestras facultades más altas, afirmando que estos son placeres mentales preferidos a los físicos; pero en esta afirmación está introduciendo la moral, que es la que hace sentir a los placeres incómodos.

Aristóteles asoció el placer con una actividad bien hecha, porque todos sentimos placer cuando lo que hacemos nos sale bien.

El empirismo nos dice que el placer es cuantificable, que es una sensación del cuerpo que puede estar localizada o no y que se relaciona con los objetos.

Al respecto, Jeremy Bentham distinguió cinco variables para intentar determinar el placer total que produce una experiencia.

La primera es la intensidad, la segunda la duración, la tercera es la posibilidad de generar otros placeres, la cuarta la ausencia de dolor y la quinta la extensión del placer.

Freud reconoce que el placer produce equilibrio porque atenúa la tensión; aunque él se refiere a una descarga emocional relacionada con los afectos.

Para Freud, la meta a la cual tienden las pulsiones sexuales es la de obtener placer de órgano que se opone al placer funcional, que es la satisfacción ligada a la realización de una función vital (por ejemplo comer).

Las pulsiones sexuales, que son muchas, nacen de fuentes orgánicas distintas, actúan en forma independiente unas de otras y solamente se reúnen tardíamente en una síntesis más o menos completa que produce placer.

Cabe destacar que cuando Freud habla de sexualidad no se refiere únicamente a la genitalidad sino a todo lo relacionado con el instinto de vida.

Siguiendo la Encyclopedia, ser libre es un placer, estar saludable, relajado, soñar y fantasear, también; incluso existen placeres inmorales como el asesinato, la tortura, el abuso, el robo o la injusticia.

No solamente los objetos producen placer sino también otros elementos ligados a ellos, como todo lo que rodea a esos objetos.

El juicio y la afectividad que hacen que una experiencia sea o no de interés produce placer y también produce placer la falta de displacer.

Johna Stuart Mill, que fue discípulo de Bentham, sostiene que hay placeres más valorados que otros y coincide con muchos otros al reconocer que existen experiencias placenteras que no son materiales, como los lazos afectivos, el talento, el sentido estético, el gusto por la investigación y la reflexión.

Es evidente que con respecto al placer aún no está todo escrito.

Fuente: “Elogio del placer”; Marcos Aguinis, Ed.Sudamericana.

Comentario al Evangelio de hoy miércoles, 20 de abril de 2016

RADIO PALABRA:


Queridos amigos, paz y bien.


            ¡Es increíble cómo la Buena Noticia, expandida gracias a doce Apóstoles, llegó a todo el mundo! Y todo comenzó con Pentecostés, cuando el Espíritu Santo bajó sobre todos los reunidos en el Cenáculo y les llenó con su gracia para anunciar la Palabra de Dios en muchas lenguas. Ese día, tres mil personas escucharon el testimonio y creyeron.

            Muy pronto, después de esto Pedro y Juan curaron a un cojo de nacimiento. Este milagro provocó nuevas conversiones – otros dos mil – entre los judíos. Los Apóstoles empezaron a predicar en el templo, a hacer milagros y todavía más gente les siguió. Después de la muerte de Esteban comenzaron las persecuciones, y los cristianos se extendieron por Judea y Samaría, predicando el Evangelio. Y, por fin, gracias a los esfuerzos misioneros de Pablo y Bernabé, la Palabra de Dios llegó a Éfeso, Corinto, Roma o incluso España.

            Después de dos mil años, la Buena Nueva sigue extendiéndose por todo el mundo. Por todos los continentes, en todas las latitudes, los cristianos siguen testimoniando de qué manera el amor de Dios cambia sus vidas.

            Hoy el Espíritu Santo arde en ti y te empuja a extender el mensaje del amor de Dios por todo el mundo. La Palabra de Dios no retorna nunca a Él vacía, sino que cumple la función para la que fue enviada. Puedes estar seguro de que cada posibilidad que tú uses de anunciar el Evangelio será bendecida. Quizá veas alguna conversión, quizá seas fuente de bendición en la familia, o entre los amigos, o en el trabajo. No importa lo grande o pequeño que sea el fruto de tu esfuerzo. Recuerda que Dios ve todo lo que haces por amor y te recompensará.

            ¡Señor, te doy gracias porque tu Palabra no regresa a Ti vacía! Dame el valor para hablar de tu amor a todos los que encuentro en mi camino. Enséñame a repartir esperanza a todos los que necesitan la luz de Cristo.
 
            Vuestro hermano en la fe, Alejandro, CMF

Psalm 121

El laico pregunta al salir del templo: ¿de dónde me vendrá el auxilio?, y el sacerdote le responde desde dentro: El auxilio te viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.


En árabe:


I lift up my eyes to the mountains; where is my help to come from?
My help comes from Yahweh who made heaven and earth.
May he save your foot from stumbling; may he, your guardian, not fall asleep!
You see*he neither sleeps nor slumbers, the guardian of Israel.
Yahweh is your guardian, your shade, Yahweh, at your right hand.
By day the sun will not strike you, nor the moon by night.
Yahweh guards you from all harm Yahweh guards your life,
Yahweh guards your comings and goings, henceforth and for ever.


en hebreo:

Para un estudio más profundo, visita: https://frpicus.wordpress.com/page/3/

https://frpicus.wordpress.com/2016/02/25/del-senor-me-viene-el-auxilio-comentario-i/

Comentario al Evangelio de hoy jueves, 14 de abril de 2016


Hoy el libro de los Hechos nos presenta un cambio de escena en la campaña misionera de Felipe. La iniciativa del Espíritu, que es lo que continuamente está resaltando Lucas, aparece aquí más clara todavía. Felipe recibe una orden que lo lleva, no a la ciudad sino al desierto; no a evangelizar multitudes, sino a una sola persona de la que no conocemos ni siquiera su nombre, sólo se nos dice que era etíope, o sea de una región lejanísima. Por primera vez se anuncia el evangelio a un extranjero. Esta narración está dando como un eco al encuentro de Jesús con los dos discípulos  camino de Emaús.

El etíope en su carroza estaba leyendo una profecía de Isaías. El pasaje era éste: «Como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de los vivos.» Parece ser que con este mismo texto del profeta Isaías la comunidad cristiana de aquella época iluminaba el sentido de la pasión y muerte de Jesús. Y partiendo de ese texto Felipe anuncia al etíope el sentido de la pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús. El etíope tiene tanto interés en conocer el sentido de la Palabra de Dios, que con toda sencillez escucha las explicaciones de  Felipe. Y su respuesta inmediata es la fe en Jesús, una fe que se completa y se confirma con el Bautismo. 
Lucas ha embellecido su narración con un hermoso símbolo que da unidad a la narración: del terreno desierto brota una fuente de agua vivificante; del libro incomprensible brota un sentido que ilumina y transforma; y el hombre estéril, el eunuco etíope, recobra una nueva vida.
De pronto, Felipe desaparece de la escena, pero la alegría acompaña al peregrino durante el camino de regreso a su patria.



En el evangelio de hoy  leemos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre”.

Los antiguos Mártires de la Iglesia ya decían que sin la Eucaristía no estaban preparados para el martirio. El mártir cristiano siempre ha buscado en la Eucaristía el pan para vencer el sufrimiento y la muerte. En la película “Un Dios prohibido” hay una escena muy emocionante: ¡cuando les reparten el bocadillo del desayuno aparece encima del trocito de chocolate la sagrada forma para comulgar! ¿Cómo estos jóvenes iban a poder enfrentar solos los sufrimientos y torturas del martirio? El Señor quiso hacerse prisionero con ellos para sostenerlos en la lucha. Y por eso alcanzaron la palma del martirio como verdaderos héroes de la fe.

Reflexión al 4° Domingo de Cuaresma -Fray Alejandro Wiesse OFM-

Viernes de la Tercera Semana de Cuaresma

La profundidad de las enseñanzas de Jesús despertó la curiosidad de los escribas, que eran las personas más expertas y con mayor autenticidad sobre la Biblia. En diálogo con uno de estos expertos expone cuáles son los mayores mandamientos: el amor radical a Dios y el amor al prójimo. Toda la vida cristiana debe estar subordinada a estos dos mandamientos. El escriba concuerda con Jesús y lo elogia, porque también él considera que son más valiosos el amor a Dios al prójimo que las expresiones rituales por sí mismas. Por su parte, Jesús manifiesta que está cerca del reino de los cielos quien considera más importante el amor a Dios y al prójimo que los holocaustos y sacrificios. Jesús nos pide que pongamos en práctica sus enseñanzas para que realmente con nuestra vida podamos convertirnos en instrumento del amor de Dios a nuestros semejantes. 

Señor, acepta nuestra alabanza que consiste en obras concretas de amor al prójimo porque te amamos con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas. 

Cantar de los Cantares: Introducción

El amor en el Cántico rebosa de una espiritualidad que comunica la intensa necesidad de buscar el amor que ansiamos, la avidez de poseer lo amado, entroncando así con la percepción amorosa platónica, tal como se entendía en el Renacimiento. Al contrario de lo que sucede en el Cantar, cuyo núcleo es el amor humano entre hombre y mujer, San Juan no plantea la búsqueda de una determinada expresión del amor, sino la búsqueda mística del contacto con lo Absoluto (Norbert Ubarri, 2001, p. 29), y puesto que Dios es amor, se trata de un contacto con el Amor Absoluto:

El Cántico Espiritual interpreta la vida como parábola de amor y así revela y canta su despliegue, en notas de pasión enamorada, pasión en la que Dios mismo aparece inmerso en el amor de comunión, como fondo y garantía, como verdad y «esencia» (en sentido radical, no ontológico, en sentido platónico) del amor enamorado (Pikaza, 2010, p. 112)

Jueves de la Tercera Semana de Cuaresma

Las acciones de Jesús despertaban sentimientos de admiración por parte de la mayoría de la gente. Su modo de actuar era entendido como consecuencia de su envío por parte del Padre. Sin embargo, también existieron personas que se negaron a entender a Jesús y a su mensaje y, en vez de seguirlo, respondieron con hostilidad. Estas personas lo acusaron y trataron de explicar el poder de Jesús sobre los demonios porque Jesús no habría sido enviado por el Padre sino por Belzebú, príncipe de los demonios. Con la maestría propia de Jesús, él explica el equívoco de sus opositores y deja ver con absoluta claridad su propia autenticidad. Además de responder la grave acusación que se le había hecho sino que Él mism0 se convierte en acusador de sus propios acusadores y en todos aquellos que no aceptan su mensaje. Ante Jesús no se justifica la indiferencia. Sus palabras y acciones exigen una toma de posición, pues como él mismo lo afirma: “El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama” (Lc 11, 23)

Padre de bondad que nos has mostrado tu amor mediante las palabras y acciones de tu Hijo, concédenos superar la indiferencia ante su mensaje. 

Miércoles de la Tercera Semana de Cuaresma

Con frecuencia el Antiguo Testamento se denomina a sí mismo como la Ley y los profetas. De manera que cuando Jesús habla de la Ley y los profetas, se refiere al conjunto de libros consignados es la Escritura. Las actitudes radicales de Jesús ante el Antiguo Testamento habían hecho que Él fuera considerado por los fariseos, y demás judíos apegados a la letra de la Ley, como un trasgresor de la Escritura. Sin embargo, con su enseñanza en la parte en la parte inicial del sermón de la montaña, Jesús se presenta no como el trasgresor sino como el verdadero cumplidor de la Escritura. Cumplir la enseñanza de la Ley y los profetas de manera exterior es incumplirla en realidad. Por eso, Jesús afirma que no ha venido a abolir la Escritura sino a darle su verdadero cumplimiento. Para Jesús no es suficiente cumplir lo que dice la Biblia de manera literal, sino ir más allá, comprender el llamado profundo que nos hace la Escritura para que nuestro comportamiento exprese el sentido profundo que Dios nos exige.

Jesús, tú que no has venido a abolir la ley y los profetas, sino a darles su verdadero sentido, guíanos con tu Espíritu. 

Martes de la Tercera Semana de Cuaresma

El perdón es una característica esencial de la vida cristiana. Sin embargo, es una de las exigencias más difíciles de poner en práctica. Porque tiene que ver con todo tipo de ofensas recibidas por los demás. La paciencia humana tiene límites; por eso Pedro pregunta por el límite del perdón. El mismo Pedro se atreve a sugerir un límite amplio para el perdón y por eso indica el siete. que en el mundo judío equivale a la perfección, como número máximo de veces para perdonar al hermano. Jesús no está de acuerdo con el número planteado por Pedro. Para Jesús hay que perdonar setenta veces siete; es decir siempre. El perdón no tiene límites, pues el cristiano que lleva las cuentas de cada vez que obedece a Jesús, muestra que no lo hace de corazón. Con la parábola del hombre que pide perdón pero que no está dispuesto a perdonar a sus semejantes, Jesús nos pone de manifiesto la necesidad de perdonar de corazón, así como el Dios de la misericordia siempre nos perdona. 

Padre de misericordia, infunde tu espíritu en nosotros para que podamos personar de corazón a nuestros hermanos. 

Lunes de la Tercera Semana de Cuaresma

Del santo evangelio según san Lucas 4,24-30

Los paisanos de Jesús pensaban que por el simple hecho de compartir sus orígenes tenían derecho a la salvación de Dios que llegaba a través de Él. Sin embargo, lo que Jesús exige no es la cercanía cultural sino la disposición de un corazón abierto. Paradójicamente, en un contexto de desprecio a los que no comparten la cultura judía, pone como ejemplo de la benevolencia de parte de Dios a dos extranjeros. El primero se trata de Naamán, general del rey de Siria, quien mediante la intervención del profeta Eliseo fue sanado de la lepra. Jesús también recuerda el caso de la viuda de Sarepta que fue preferida sobre muchas viudas e Israel, y gracias a su generosidad a favor de Elías fue bendecida por Dios y librada de la hambruna. Con estos ejemplos, Jesús nos invita a no creernos ya salvados y a librarnos de cualquier falsa pretensión. Los paisanos se sintieron ofendidos por Jesús; ¿también nosotros queremos despeñarlo de nuestro corazón? O ¿acogemos con humildad su invitación a la conversión?

Señor Dios, míranos siempre con tu bondad, para que también nosotros podamos ser dignos de compasión y misericordia salvadora. 

Tercer domingo de Cuaresma -Por Alejandro Wiesse León OFM-

3° Domingo de Cuaresma

Dije a mi alma,
quédate quieta y espera sin esperanza,
pues la esperanza sería esperanza en lo erróneo.
Espera sin amor,
pues el amor sería amor por lo erróneo.
Aún está la fe,
pero la fe
y el amor
y la esperanza
están todos en la espera.
2700(T.S. Elliot)

En el mundo bíblico la muerte violenta era considerada un castigo por los pecados cometidos. Por eso, Jesús advierte a los que creen que no necesitan conversión, que hay que demostrar el buen comportamiento mediante frutos concretos, acordes con el camino de Dios. El Padre Dios es paciente y deja que cada uno de nosotros desarrolle su propio proceso de conversión. Pero la espera no  es infinita y, aunque postergue el juicio definitivo, espera que demos fruto, para no ser cortados fuera de su reino. Con frecuencia hacemos propósitos de cambio y conversión. Sin embargo, aunque las intenciones son muy buenas, posponemos su ejecución. Con la parábola de la higuera que no daba frutos, Jesús nos invita a no dejar pasar en vano esta cuaresma y que aprovechemos la nueva oportunidad de conversión que nos brinda Dios.

Señor, tú que eres paciente, regálanos tu espíritu decidido, para que sin más tardanza, demos los frutos de conversión que esperas de nosotros.