El pecado, el arrepentimiento y el perdón

Hace aproximadamente diez años, tomé la espantosa decisión de abortar a mi pequeño hijo, el mismo que fue procreado con un hombre que era casado, al cual me entregué por primera vez. Cuando él lo supo, me pidió que lo abortara. Me dolió mucho que me lo dijera. No quise hacerlo, pero después de unos días le dije que fuéramos a hacerlo. Y así fue que yo maté a mi propio hijo.

Pasó el tiempo, me casé, tuve un hijo, y mi esposo y yo nos separamos. Después de un tiempo nos reconciliamos. Teníamos relaciones de vez en cuando, y sin darme cuenta salí embarazada. Yo le pedí que lo abortáramos, y lo hicimos.

¡Ay, Dios, cómo me duele recordarlo! Y saber que soy una asesina de mis propios hijos. Hubiera querido que nunca pasara eso, que nunca lo hubiera hecho. Sólo le pido a Dios que me perdone. ¡Que me perdone! No sé si Él puede hacerlo, perdonar a una mujer que deliberadamente mató a sus propios hijos en su propio vientre.

Esto yo no se lo había contado a nadie. Es la primera vez que escribo al respecto.

Tantas veces me he confesado de lo mismo… y aún lo sigo haciendo con cada sacerdote que encuentro a mi paso o veo que es nuevo en mi parroquia.

Ahora tengo dos hijos. Amo mucho a mis hijos, y ruego a Dios que ellos nunca pasen por lo que estoy pasando, por este sentimiento de culpabilidad que me atormenta cada día. A veces pienso cómo serían esos niños que aborté, sobre todo cuando acaricio a mis hijos.

Dios mío, ¡perdóname!


CONSEJO

Estimada amiga:

Miles de mujeres sienten el mismo dolor que usted. También ellas sufren todos los días de su vida. ¡Cuánto quisieran poder volver a hacerlo todo de nuevo! Anhelan tener en sus brazos a aquellos niños que perdieron para siempre.

Lo más importante que podemos decirle es que Dios está dispuesto a perdonarla. No importa lo que usted haya hecho. Él está listo, esperando poder limpiarla por completo. Pero usted tiene que pedírselo, creyendo de todo corazón que Cristo vino a este mundo para llevar la culpa del pecado que usted ha cometido. En otras palabras, Dios nuestro Padre celestial puede perdonarla debido a que su Hijo Jesucristo ya sufrió el castigo. Cuando Cristo murió en la cruz hace dos mil años, murió por los pecados de usted y por los nuestros. Así que ahora, cuando usted le pide a Dios que la perdone, en el nombre de Cristo, es como si Dios tomara el pecado que usted ha cometido y escribiera a su lado el nombre de Jesucristo, seguido de: «Cancelado» y «Perdonado».

Allí donde se encuentra, en sus propias palabras, dígale a Dios lo arrepentida que está y pídale que la perdone en el nombre de Cristo. Dígale que usted cree que Cristo murió para que usted pudiera recibir el perdón. Y luego dele gracias a Dios por estar dispuesto a sacrificar a su único Hijo para que todo esto fuera posible.

Confiésese, crea que el sacramento es una realidad no una fantasía, reconcíliese con su historia y voltee la página.

Una vez que haya terminado de orar, el peso del pecado y de la culpabilidad que siente desaparecerán, y se sentirá limpia y libre. ¡Escríbanos y cuéntenos cuán bien se siente al haber sido perdonada! ¡Así podremos compartir su alegría!

Con afecto fraternal

Por Linda y Carlos Rey

Hasta pronto Padre VICENTE PALACIOS DEL HOYO -OFM-

No podemos estar felices todos al mismo tiempo… 

Este domingo 21 de enero fue una mezcla de emociones las cuales teníamos que aceptarlas como tal. La emocionante y reconfortante visita del Santo Padre a Nuestro País y la partida de nuestro Padre Vicente Palacios a la Casa del Padre Celestial. 

En conversaciones con hermanos religiosos y laicos, que tuvimos la posibilidad de haber compartido experiencias con Padre Vicente, hemos coincidido en algo: era un Padre BUENO. 

Como se recordaba el día de hoy, al momento de leer su biografía, se resaltaba su bondad cuando trataba con el prójimo. Sus 60 años de sacerdocio y su pasión por las misiones. La ausencia de alguien siempre nos arrancará las lágrimas y dejará un vacío que solamente Dios puede llenar y dar un contenido. 

Nos vendrán las muchas interrogantes al momento de contemplar a un anciano que busca hacer el bien. ¿Qué es lo que veía cuando celebraba la Eucaristía ya que era evidente que la vivía como una experiencia única e irrepetible? ¿Qué es lo que le impulsaba a salir a visitar a los enfermos sabiendo que lo único que queda es asistirle en los últimos momentos de su existencia?

Creo que la respuesta la dio el Papa Francisco: 

Los jóvenes van rápido… los ancianos conocen el camino. 

Otra persona me dijo, es una tristeza que ya no esté con nosotros pero sabemos que ya está en el cielo, pues a otro lado es imposible que pueda haber ido; por eso podemos estar más que alegres. 



Es difícil pronunciar palabras de consuelo cuando estamos cara a cara con la muerte, incluso cuando la persona que murió vivió una vida plena y murió en las mejores circunstancias. Es especialmente duro cuando el que ha fallecido es una persona muy querida, todavía necesitado de cuidados.

Como sacerdote, he tenido que presidir muchos funerales, como resultado de una enfermedad, un accidente o ancianidad. Este tipo de funerales son siempre tristes. 

No hay muchas palabras que ayuden en una situación como esta, pero incluso lo poco que se puede decir, en un día como ese, cuando la muerte es tan cruda, no ofrece demasiado consuelo emocional. ¿Qué se dice cuando se enfrenta una muerte como ésta? Simplemente que esa persona está ahora en unas manos más amorosas, tiernas, suaves y seguras que las nuestras, que hay una madre y un padre que los precedieron al otro lado y ahora saldrán a recibirle, como hubo una a este lado cuando nació. Todos nacemos en los brazos de una madre. Esta es la imagen que necesitamos mantener ante nosotros para imaginar sanamente la muerte.

Cuando morimos, morimos en los brazos de Dios y seguramente somos recibidos con tanto amor, dulzura y ternura como los que seguramente recibimos en los brazos de nuestras madres cuando nacimos. Más aún, seguramente estamos más a salvo que cuando nacimos aquí en la tierra. Sospecho, también, que más de unos pocos santos nos rodearán, esperando su oportunidad para acunar al nuevo niño. Por eso está bien, incluso si morimos antes de que estemos preparados, si aún necesitamos el cuidado de alguien que nos cuide, si todavía estamos necesitados de una madre. Estamos en manos seguras, cuidadoras y tiernas. En las manos de Dios.

Esto es profundamente consolador  porque la muerte nos convierte en huérfanos y diariamente hay personas que mueren porque es la ley de la vida, inesperadamente, sin estar preparados, todavía necesitados de cuidado en sí mismos, en diferentes circunstancias. Todos morimos necesitando una mano maternal de Dios. Por eso tenemos la seguridad que nos da la fe, por la cual creemos que naceremos en unas manos más seguras y cuidadoras que las nuestras.

De cualquier manera éste consuelo no borra el dolor de la pérdida de nuestro P. Vicente. Nada se lo borra porque nada puede. La muerte marca indeleblemente nuestros corazones porque el amor nos hiere de esa manera. Tal y como Dietrich Bonhoeffer dice: “Nada puede disfrazar la ausencia de alguien querido… no tiene sentido decir que Dios llena el hueco; Dios no lo llena, al contrario, Dios lo mantiene vacío de manera que éste vacío nos ayude a mantener viva nuestra comunión con los otros, incluso pagando el precio del dolor… Lo más querido y rico de nuestros recuerdos, la más difícil separación. Pero la gratitud cambia la herida de nuestros recuerdos por una alegría tranquila. La belleza del pasado nace, no como una espina clavada en la carne, sino como un precioso regalo para nosotros mismos.”

Les dejo aquí las fotografías de la santa Misa y del Funeral:

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PESCADORES DE HOMBRES

«Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia».

Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres». Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.

Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron» (Mc 1,14-20).





Durante su actividad en Galilea comenzó a reunir­se en torno a Jesús un grupo de discípulos entre los que eligió, más tarde, a «doce para que estuvieran siempre con él» (Mc 3,14). No se trataba de una manera nueva o desconocida de proceder, ya que no sólo el Bautista había reu­nido su propio círculo de discípulos, sino que también los maestros de la Ley tenían a su alrededor un grupo de alumnos que los seguían para vivir con ellos.

Sin embargo hay una importante diferencia entre el modo de vinculación de los demás maestros de la Ley y sus respectivos alum­nos, por un lado, y entre Jesús y sus discípulos, por otro. Especialmente porque la ini­ciativa de llegar hasta cualquier rabí partía de los propios discípulos, que se sentían atraí­dos por la autoridad erudita de ese maestro que ellos mismos elegían:

 «Rabán Gama­liel decía: consíguete un maestro, aléjate de la duda» (Mishná, Abot I,16).

 Más tarde ellos podían cambiar libremente de maestro. Pero, en el caso de Jesús, era él quien convocaba per­sonalmente a cada uno de sus seguidores con su autori­dad carismática. Esto sucedía así porque Jesús reunía a sus discípulos como profeta y no como simple rabí.

Esto se puede advertir en los relatos de vocación de los primeros discípulos, que encontramos en el Evangelio. Los elementos estructurales se asemejan notablemente a los del llamado dirigido por el profeta Elías a Eliseo:

 «Elías partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando con doce yuntas delante de él, y él estaba con la duodécima. Elías fue a donde él estaba y le echó su manto encima. Inmediatamente dejó él los bueyes, corrió tras Elías y dijo: Permíte­me besar a mi padre y a mi madre, entonces te se­guiré. Y él dijo: Vé, vuélvete. ¿Qué te he hecho yo? … Después se levantó y fue tras Elías y le servía» (1 Re 19,19-21).

En ambos casos parecía ser el primer encuentro entre el que llamaba y los que eran llamados; tam­bién la tarea cotidiana era el ámbito en el que eran llamados los discípulos de ambos profetas, y la respuesta era siempre inmediata; la despedida de los padres era también una nota común.

La imagen de la pesca define un nuevo modo de vida, que parte de lo que ellos ya hacen. La vocación supone así CONTINUIDAD y RUPTURA a la vez. Pero también expresa la novedad del Evangelio. Porque la pesca aparecía en los oráculos de los profetas como imagen de la acción de Dios para castigar a los injustos. Nadie se puede escapar de sus anzuelos y redes:

«Yo voy a enviar numerosos pescadores -oráculo del Señor- y ellos los pescarán; después de esto, enviaré numerosos cazadores que los cazarán por todas las montañas y colinas, y hasta en las hendiduras de las rocas. Porque yo tengo los ojos fijos sobre todos sus caminos; ellos no se me ocultan, y su iniquidad no puede esconderse a mis ojos» (Jer 6,16-17).

«Así habla el Señor: Aquí estoy contra ti, Faraón, rey de Egipto, enorme dragón recostado en el cauce de sus Nilos, que dices: «El Nilo me pertenece, yo mismo me lo hice». Yo te pondré garfios en las mandíbulas, pegaré a tus escamas los peces de tus Nilos y te sacaré fuera de sus corrientes, con todos los peces de tus Nilos pegados a tus escamas. Te arrojaré en el desierto, a ti y a todos los peces de tus Nilos; quedarás tendido en pleno campo y no serás recogido ni enterrado. Te daré como pasto a las bestias de la tierra y a los pájaros del cielo» (Ez 29,3-5).

 

Sin embargo la imagen de la pesca tenía un sentido positivo en los oráculos post-exílicos sobre la renovación que Dios realizaría en orden a la santificación de su pueblo.

Según Ezequiel, del costado del Templo Dios haría surgir un torrente de agua purificadora y vivificadora, capaz de transformar la salobridad del Mar Muerto:

«Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes que se mueven por el suelo y habrá peces en abundancia. Porque cuando esta agua llegue hasta el Mar, sus aguas quedarán saneadas, y habrá vida en todas parte adonde llegue el torrente.

Los pescadores se apostarán a su orilla: desde Engadí hasta En Eglaim habrá lugares para tender las redes. Allí habrá tantas clases de peces como en el Mar Grande, y serán muy numerosos» (Ez 47,9-10).

Los enviados de Jesús deberán realizar la misma tarea de búsqueda, revolviendo mares, pero para que los hombres sean encontrados por la misericordia de Dios.

Tréboles de 4, 5, 6, 7, 8 y 21 hojas

Todos en la vida hemos buscado un trébol de 4 hojas para que nos dé buena suerte, es un amuleto, como se acostumbra creer. Generalmente los tréboles tienen sólo 3 hojas, si aparece uno de 4 hojas es por una anomalía de ese individuo. Aunque no se crea posible también hay tréboles con 5, 6, 7, 8 e inclusive 21 hojas. [Ver fotos abajo]

 

CARACTERÍSTICAS DE UN TRÉBOL

Trifolium es un género que comprende unas 300 especies de plantas de la subfamilia de las faboideas, conocidas genéricamente como tréboles, ampliamente extendidas por las regiones templadas del Hemisferio Norte.

Son por lo general hierbas de pequeño tamaño, de hojas característicamente divididas en 3 lóbulos, característica que les da su nombre.

Simbolismo y mitología

Shamrock, el tradicional símbolo irlandés acuñado por San Patricio para la Sagrada Trinidad, comúnmente asociado con el trébol, aunque también con especies de Oxalis, que también son trifoliadas.

A veces el trébol tiene hojas de 4 folíolos, en vez de las usuales 3. Éste, como otras rarezas de las leyendas, es considerado de suerte. Aunque es extraño, también hay tréboles con 5 o 6 folíolos.

TRÉBOL DE 4 HOJAS

El trébol de 4 hojas es una variación infrecuente del trébol de tres hojas comúnmente hallado en el campo. Según la tradición, tales hojas traen buena suerte a sus buscadores, especialmente si es encontrado accidentalmente.

Se ha estimado que hay aproximadamente 10.000 tréboles de la tres hojas por cada trébol de cuatro hojas.

Según leyenda, cada hoja representa algo:

  • La primera es para la esperanza.
  • La segunda es para la fe.
  • La tercera es para el amor.
  • La cuarta para la suerte.

Se discute si la generación de la cuarta hoja está causada por razones genéticas o ambientales. Su rareza sugiere un gen recesivo posible que aparece con baja frecuencia. Alternativamente, los tréboles de 4 hojas podían ser causados por mutación somática o un error de desarrollo de causas ambientales. Podrían también ser causados por la interacción de varios genes que se segregan en la planta individual. Es posible que las cuatro explicaciones podría aplicarse a los casos individuales.

PRODUCCIÓN DE TRÉBOLES DE 4 HOJAS EN MASA

Ciertas compañías producen actualmente tréboles de 4 hojas por diversos medios. Richard Mabey alega, en la Flora Británica, que hay granjas en los E.E.U.U. que se especializan en cultivar tréboles de 4 hojas, produciendo hasta 10.000 al día (envasados en plástico como encantos afortunados) alimentándolos con un ingrediente secreto genéticamente-dirigido a las plantas para animar la aberración. Mabey también indica que los niños aprenden que un trébol de 5 hojas es incluso más afortunado que uno de 4.

Los tréboles pueden tener más de 4 hojas. El mayor número de hojas encontrado jamás en un trébol era de 18 pero ya hay uno de 21.

EL TRÉBOL DE 7 HOJAS DE FRY EN FUTURAMA

En la serie animada Futurama, el protagonista Phillip J. Fry tiene un trébol de 7 hojas, el cual le daba increíble suerte en todo momento. Este luego pasó a manos de su sobrino, quien murió enterrado como un héroe junto con el trébol en un cementerio especial (y espacial) para hombres célebres porque él fue la primera persona en pisar Marte.

EL CINE

Trébol en inglés es Clover, y la película Cloverfield sería: Campo de tréboles.

TRÉBOL DE MAYOR CANTIDAD DE HOJAS: 18 HOJAS SEGÚN GUINNESS

Quien: Shigeo Obara
Que: 18 hojas
Donde: Hanamaki City, Iwate, Japan
Cuando: Mayo 25, 2002

El récord mundial para el trébol con mayor cantidad de hojas en un mismo tallo (Trifolium repens L.) es de 18, este fue descubierto por Shigeo Obara de la ciudad Hanamak, Iwate, Japón.
[Fuente Guinness World Records]

TRÉBOL DE 21 HOJAS

Un agricultor japonés encontró un trébol de 21 hojas en Mayo del 2008. Es un nuevo Récord Guinness, que supera al anterior trébol de 18 hojas encontrado también por la misma persona y en el mismo jardín en Mayo del 2002. Parece ser que este agricultor, el señor Shigeo Obara, lleva más de 50 años plantando y cruzando tréboles en el jardín de su casa. Su afición comenzó cuando descubrió en 1951 un matojo del que siempre crecían tréboles de cuatro hojas en una esquina de su jardín. El objetivo del señor Obara es llegar a conseguir un trébol de 30 hojas, dice que está cerca de conseguirlo.

Trébol de 21 hojas

En occidente cel encontrar un trébol de 4 hojas se supone que da suerte, en Japón un trébol de 4 hojas simboliza felicidad y uno de 5 hojas simboliza riqueza.

[Fuente: Kirai]

Ahora pasemos a ver las prometidas fotos de tréboles de 4, 5, 6, 7 y 8 hojas.

TRÉBOLES DE 3 HOJAS

Trébol de 21 hojas

TRÉBOL DE 4 HOJAS

suerte Trébol de 4 hojas
Mim Eisenberg en Atlanta, Georgia

Trébol de 4 hojas
Matthew J. Stinson en Tianjin, China

Trébol de 4 hojas
Holanda

2 Tréboles de 4 hojas
Vean que salen 2 tréboles de 4 hojas en esta misma foto.

TRÉBOL DE 5 HOJAS

Trébol de 5 hojas
Mim Eisenberg en Atlanta, Georgia

Trébol de 5 hojas
Japón

Trébol de 5 hojas
Japón

Trébol de 5 hojas
Boston, USA

Trébol de 5 hojas

TRÉBOL DE 6 HOJAS

Trébol de 6 hojas
Iwate, Japón

Trébol de 6 hojas
Trébol de 6 hojas
Trébol de 6 hojas
Irlanda
suerte Trébol de 6 hojas

suerte Trébol de 6 hojas
suerte Trébol de 6 hojas

TRÉBOL DE 7 HOJAS

Trébol de 7 hojas
Trébol de 7 hojas encontrado en una montaña.
Trébol de 7 hojas
Trébol de 7 hojas

Philip J. Fry de Futurama estaría orgulloso de aquí en adelante.

TRÉBOL DE 8 HOJAS

Trébol de 8 hojas
Encontrado en un jardín.

Trébol de 8 hojas
Matthew J. Stinson en China

Jesús elige a los doce

«Después subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios.

Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre de Pedro; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; luego, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó» (Mc 3,13-19).

Los textos proféticos y otros escritos sapienciales o apocalípticos con frecuencia expresan la esperanza de la reunión futura de las tribus de Israel dispersas. Desde ese contexto se comprende la institución del grupo de los Doce. La restauración de todo Israel constituye el objeto de la misión de Jesús. Y la elección de Doce discípulos es un gesto profético que simboliza tal misión.

Como los gestos de otros profetas, además de estar cargado de significado también está dotado de poder realizador. Lo que los profetas expresaban se ponía en marcha en la historia apenas ejecutado el gesto. De este modo la sola elección de los Doce ponía en marcha la realización de aquella reunión de las tribus, antes que ellos comenzaran a predicar siguiendo el mandato de Jesús.

Hoy también cada discípulo llamado por Jesús debe tomar conciencia de ser un agente en la realización del Reinado de Dios en la historia. No sólo con su acción apostólica, o con su testimonio de vida; también a través de su acogida del mensaje evangélico por la fe está haciendo posible la presencia transformadora de Dios en el mundo.

El Secreto mesiánico

«Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea. Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón.

Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara. Porque, como curaba a muchos, todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo. Y los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies, gritando: «¡Tú eres el Hijo de Dios!».

Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto» (Mc 3,7-12).

 

La multitud que busca a Jesús recurre a él a causa de su fama como obrador de milagros. Esa misma gente es la que contribuye a que la fama de Jesús crezca aún más:

«Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban» (Mc 7,36).

Este amplio radio de transmisión fuera del grupo de los discípulos (Judea, Idumea, la Transjordania y la región de Tiro y Sidón), probablemente se habría interesado por los aspectos más sensacionales de la actividad de Jesús, y habría desatendido los puntos centrales del mensaje del Evangelio, a los que estaban ligados los milagros, como la vinculación entre sanación y conversión.

El Evangelio de Marcos habría integrado algunos relatos de divulgación popular, que reflejaban la creencia general en los milagros. Pero a la vez muestra a un Jesús que se opone a tal tipo de divulgación.

  • El «secreto mesiánico» de Jesús buscaría corregir una imagen suya que fascinaba, no sólo a la multitud del pueblo, sino también a muchos en la comunidad de los discípulos.
  • Marcos integra estas tradiciones populares en su Evangelio, pero combina dichos relatos con la decisión de seguir a Jesús, que incluye la pasión. Sólo así los milagros alcanzan su pleno significado y la curación llega a ser verdadera salvación para el hombre.

Agenda del Papa Francisco en Perú -18 al 21 de enero 2018-

JUEVES 18 DE ENERO: LIMA

5:20 p.m. Llegada del Papa Francisco al Grupo Aéreo N° 8: El presidente Pedro Pablo Kuczynski recibirá al Papa Francisco. Ceremonia de bienvenida
– Av. Faucett
– Av. La Marina
– Av. Sucre
– Av. Brasil
– Plaza Bolognesi
– Av. Guzmán Blanco
– Av. Salaverry
6:20 p.m. Llegada a la Nunciatura Apostólica donde pernoctará

VIERNES 19 DE ENERO: PUERTO MALDONADO – LIMA

8:05 a.m. Salida de la Nunciatura Apostólica rumbo al Grupo Aéreo N°8 para viajar a Puerto Maldonado.
– Av. Salaverry
– Av. Guzmán Blanco
– Av. Colón
– Av. Wilson
– Av. Nicolás de Pierola
– Av. Colonial
– Av. Faucett

8:30 a.m. Llegada Grupo Aéreo N°8 – Salida en avión de Lima para Puerto Maldonado

10:15 a.m. Llegada al aeropuerto de Puerto Maldonado

10:30 a.m. Encuentro con los pueblos de la Amazonia en el Coliseo Regional Madre de Dios. Discurso del Santo Padre

11:30 a.m. Encuentro con la población en el Instituto Jorge Basadre. Saludo del Santo Padre

12:15 p.m. Visita al Hogar Principito. Saludo del Santo Padre

1:15 p.m. Almuerzo con los representantes de los pueblos de la Amazonia en el Centro Pastoral Apaktone

2:35 p.m. Salida en avión hacia Lima

4:10 p.m. Llegada a Grupo Aéreo N°8 (Lima) desde Puerto Maldonado

4:20 p.m. Visita a la capilla de la base aérea
-Salida rumbo a Palacio de Gobierno
– Av. Faucett
– Av.Colonial
– Av. Nicolás de Piérola
– Av. Tacna
-Jirón Conde de Superunda.

4:45 p.m. Llegada a Palacio de Gobierno: Encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático en el patio de Honor del Palacio de Gobierno. Discurso del Santo Padre.

5:15 p.m. Visita de cortesía al Presidente en el Salón de los Embajadores del Palacio de Gobierno.

5:45 p.m. Salida de Palacio de Gobierno rumbo a Iglesia San Pedro.
– Jr. Junín
– Jr. Lampa
– Jr. Áncash
– Plazuela de San Francisco
– Jr. Azángaro

5:55 p.m. Llegada a Iglesia San Pedro: Encuentro privado con los miembros de la Compañía de Jesús en la iglesia de San Pedro.

6:45 p.m. Salida de Iglesia de San Pedro y regreso a la Nunciatura Apostólica.
– Jr. Azángaro
– Jr. Cusco
– Jr. Emancipación
– Av. Tacna
– Av. Wilson
– Av. 28 de Julio
– Av. Salaverry
7:00 p.m. Llegada a la Nunciatura Apostólica

SÁBADO 20 DE ENERO: TRUJILLO – LIMA

7:10 a.m. Salida rumbo al Grupo Aéreo N°8 para viaje a Trujillo
– Av. Salaverry
– Av. Guzmán Blanco
– Av. Colón
– Av. Wilson
– Av. Nicolás de Pierola
– Av. Colonial
– Av. Faucett
7:40 a.m. Llegada a Grupo Aéreo N°8

9:10 a.m. Llegada al aeropuerto de Trujillo

10:00 a.m. Santa Misa en la explanada costera de Huanchaco. Homilía del Santo Padre.

12:15 p.m. Vuelta en papamóvil por el barrio “Buenos Aires”.

3:00 p.m. Breve visita a la Catedral.

3:30 p.m. Encuentro con los sacerdotes, religiosos/as, seminaristas de las circunscripciones eclesiásticas del norte de Perú en el Colegio Seminario SS. Carlos y Marcelo. Discurso del Santo Padre.

4:45 p.m. Celebración Mariana – Virgen de la Puerta en la Plaza de Armas. Discurso del Santo Padre.

6:15 p.m. Salida en avión para Lima

7:40 p.m. Regreso a Lima
– Av. Faucett
– Av. Colonial
– Av. Nicolás de Piérola
– Av. Wilson
– Av. Colón
– Av. Guzmán Blanco
– Salaverry
8:00 p.m. Llegada a Nunciatura Apostólica

DOMINGO 21 DE ENERO: LIMA

8:50 a.m. Salida de Nunciatura Apostólica rumbo a Las Nazarenas
– Av. Salaverry
– Av. Guzmán Blanco
– Av. Colón
– Av. Wilson
– Av. Tacna

9:15 a.m. Llegada a Iglesia de las Nazarenas: Oración de la Hora Media con las religiosas de vida contemplativa en el Santuario del Señor de los Milagros. Homilía del Santo Padre.

10:10 a.m. Partida rumbo a la Catedral de Lima.
– Av. Tacna
– Jr. Conde Superunda

10:30 a.m. Llegada a la Catedral de Lima: Oración ante las reliquias de los santos peruanos en la catedral de Lima. Oración del Santo Padre.

10:50 a.m. Encuentro con los obispos en el Palacio Arzobispal. Discurso del Santo Padre.

12:00 p.m. Ángelus del Santo Padre en la Plaza de Armas.

12:15 p.m. Salida de Catedral de Lima.
– Jr. Carabaya
– Jr. Cuzco
– Av. Tacna
– Av. Wilson
– Av. 28 de Julio
– Av. Salaverry
12:30 p.m. Regreso a la Nunciatura Apostólica: Almuerzo con el séquito papal en la nunciatura apostólica.

MISA EN BASE AÉREA DE LAS PALMAS

3:20 p.m. Partida a la Base Aérea Las Palmas de Surco
– Av. Salaverry
– Av. Cuba
– Av. Petit Thouars
– Av. Diagonal
– Av. Alfredo Benavides
– Av. República de Panamá
– Ovalo Balta
– Av. Balta
– Plaza Butters
– Av. Jorge Chávez
3:40 p.m. Llegada a la Base Aérea de Las Palmas

4:00 p.m. Misa oficiada por el Santo Padre.

6:00 p.m. Salida de La Base Aérea de Las Palmas rumbo a Grupo Aéreo N°8
– Av. Jorge Chavez
– Plaza Butters- Av. Balta
– Ovalo Balta
– Av. República de Panamá
– Vía Expresa
– Av. Javier Prado
– Av. Sánchez Carrión
– Av. La Marina
– Av. Faucett
6:45 p.m. Llegada al Grupo Aéreo N°8 y partida rumbo Salida en avión para Roma/Ciampino.

En sábado SÍ está permitido hacer el bien

«Jesús entró nuevamente en una sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo curaba en sábado, con el fin de acusarlo.

Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: «Ven y colócate aquí delante».

Y les dijo: «¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?». Pero ellos callaron.

Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: «Extiende tu mano». El la extendió y su mano quedó curada.

Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la forma de acabar con él» (Mc 3,1-6).

 

Entre los maestros de la Ley eran frecuentes las discusiones acerca de la interpretación de los mandamientos, porque siempre los preceptos tienen una formulación general que hay que aplicar en lo concreto de cada situación. De ahí que en algunas circunstancias puedan surgir dificultades para cumplir dos preceptos con sus respectivas exigencias. ¿Cuál es la voluntad de Dios, observar el descanso sabático que prescribe la Ley o atender la salud y la vida de las personas, que también es una exigencia de la Ley?

Así se hace necesario establecer una jerarquía de obediencia, donde se privilegia el cumplimiento del precepto que se considera más importante. En el caso del precepto del descanso sabático los maestros de la Ley aceptaban como excepción aquellas situaciones en que peligraba la propia vida o en las que se seguiría la muerte de alguna persona si no se le prestaba ayuda:

«si una persona siente dolores en la garganta, se le puede dar una medicina por vía bucal en día de sábado, ya que hay peligro de vida y todo peligro de vida desplaza el sábado» (Mishná Yomá VIII,6).

Esta interpretación prudente de la Ley se fundaba en un principio, que es muy semejante al que invoca Jesús.

El criterio de la vida hombre como realidad sagrada que debe custodiarse es lo que permite ordenar la prioridad del cumplimiento. Jesús no declara la abolición de los preceptos rituales, pero los subordina a los preceptos de carácter ético, como la misericordia y el amor al prójimo. En este sentido Jesús se situó dentro de la tradición profética:

«Porque yo quiero amor, no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos» (Os 6,6).

Tus pecados te son perdonados

«Unos días después, Jesús volvió a Cafarnaúm y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siguiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra.

Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico.

Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».

Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: «¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?»

Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: «¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o “Levántate, toma tu camilla y camina”? Para que ustedes sepan que el Hijo de hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».

El se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto nada igual» (Mc 2,1-12).



El Evangelio considera las curaciones de Jesús como el comienzo del Reino de Dios que él anuncia. Cada vez que alguna forma de mal (físico o moral) es superada, se va haciendo presente ese nuevo mundo prometido por Dios a través de sus profetas:

«Decid a los de corazón intranquilo: ¡Animo, no temáis! Mirad que vuestro Dios viene vengador; es la recompensa de Dios, él vendrá y os salvará. Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como ciervo» (Is 35,4-6).

Esta salvación, tal como la presentaba Isaías, tiene un carácter integral de superación tanto del mal físico como del moral. En efecto, el anuncio profético continuaba diciendo:

«Habrá allí una senda y un camino, vía sacra se la llamará; no pasará el impuro por ella, ni los necios por ella vagarán» (Is 35,8).

Jesús asume esa vinculación entre enfermedad y pecado. Por eso, a la vez que cura, también quita el pecado. Y ante aquellos que cuestionan su poder para perdonar, que es un ministerio ordinario para los sacerdotes, Jesús les muestra un poder extraordinario. Expresa una orden que es menos fácil de realizar:

«Para que ustedes sepan que el Hijo de hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa» (Mc 2,10-11).

Además de un auxilio humanitario particular para una persona impedida, la acción de Jesús es un testimonio de la irrupción del tiempo de la salvación. El hombre en su totalidad, no sólo parcialmente, es el destinatario de la redención: éste es liberado de la enfermedad del cuerpo y del pecado del espíritu.

Jesús es buscado para que siga curando

«Cuando salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.

Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él.

Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando».

El les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido».

Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios» (Mc 1,29-39).

Buscando la clave de la misión

En el relato anterior del Evangelio, después de convocar a los primeros seguidores, Jesús realizó su primer prodigio. Allí los testigos del exorcismo se maravillaron por su «doctrina NUEVA» y porque tenía AUTORIDAD, incluso sobre los espíritus impuros, que lo obedecen (Mc 1,27).

Ahora una curación en un domicilio contribuye a que su fama se extienda rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea (Mc 1,28).

Esta actividad sanadora de Jesús superará, en la tradición evangélica, a la de exorcista (15 curaciones frente a 6 expulsiones de demonios).

Sin embargo el Evangelista quiere destacar ante todo la opción de Jesús por la PREDICACIÓN.

Libres para servir

A la escena acontecida en la SINAGOGA (espacio público) sucede otra que tiene lugar en una CASA (espacio privado).

Si bien la anterior trataba de un EXORCISMO y ahora de una CURACIÓN, en ambos casos se da una situación de POSESIÓN, de la cual Jesús libera:

en la SINAGOGA
en la CASA
«El espíritu impuro lo sacudió violentamente, y dando un alarido, salió de ese hombre» (Mc 1,26) «Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó» (Mc 1,31)
Pero en esta escena se inicia también un modo de relación con Jesús que se destaca a lo largo de todo el Evangelio, y que señala el sentido de toda transformación personal. La suegra de Pedro será modelo para otras mujeres:

En el Calvario «había también unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de Joset, y Salomé, que le seguían y le SERVÍAN cuando estaba en Galilea» (Mc 15,40-41).

Anticipando una clave

El sumario resume la actividad que Jesús ha realizado el sábado (Mc 1,21) hasta que este concluyó. Además de ser una síntesis señala también una conclusión que permite iniciar algo nuevo en la narración.

La nueva insistencia en el SILENCIO impuesto por Jesús vuelve a dirigir la atención del lector a un punto distinto de la misión de Jesús. Las menciones de tiempo parecen ser un indicio de orientación hacia la historia de la Pasión (constante en Marcos), que el redactor quiere ofrecer:

Final del Primer sábado
Final del Último sábado
Al atardecer, a la puesta del sol (1,32). Y ya al atardecer, como era la Preparación [de la Pascua] (15,42)
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se LEVANTÓ [anastas] (1,35) Jesús RESUCITÓ [anastas] en la madrugada, el primer día de la semana (16,9).
«Todos te buscan» (1,37). «Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí» (16,6).
El Evangelista quiere orientar desde el comienzo la búsqueda que el creyente hace de Jesús.

Otra anticipación puede ser la actitud de Pedro (y los demás discípulos), caracterizados por tener la «mente embotada» (Mc 6,52; 8,17) y por no comprender «los pensamientos de Dios» (8,33).

Antes de comenzar a predicar
Iniciado su ministerio
el Espíritu le empuja al desierto (1,12). fue a un lugar desierto y allí se puso a hacer oración (1,35)
siendo tentado por Satanás (1,13) reprendió a Pedro, diciéndole: «¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios» (8,33).
Marcos no describió el contenido de la tentación de Satanás. Mateo y Lucas relataron, en cambio, que el tentador pidió a Jesús que demuestre que es Hijo de Dios, sugiriéndole OTRAS ALTERNATIVAS para su misión mesiánica:

TENER
OSTENTACION
PODER
Pero Marcos describe la tentación de Pedro como «pensamientos de los hombres» (8,33).

Y muestra cómo Pedro interrumpe la oración de Jesús para presentar las expectativas de «todos los que lo andan buscando» (1,37).

Enviado para predicar

La actividad de Jesús no se agota en el ministerio de curación, ni tampoco su identidad de Hijo se explica exclusivamente por el poder de hacer milagros. La RELACIÓN con Dios mantenida en su diálogo secreto y sin testigos es lo constitutivo de su condición de Hijo.

Igualmente destaca como dimensión más importante de su misión el PREDICAR. Es el principal motivo de su envío. Porque lo primero que Marcos relató de la actividad de Jesús es que proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo:

«El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia» (Mc 1,14-15).

La fe que propone el Evangelio es una confianza en Dios, que siempre tiene que estar precedida por un compromiso firme de cambiar la propia vida.

Más allá de la búsqueda motivada por las propias necesidades, Marcos nos muestra a un Jesús atento a cumplir su misión profética como anunciador del Reinado de Dios. Los que acepten verdaderamente este anuncio serán los que sean capaces de seguir a Jesús de una manera incondicional; también en su silencio y soledad

¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno?

«Jesús entró en Cafarnaum, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar;

«¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios».

Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre».

El espíritu impuro lo sacudió violentamente, y dando un alarido, salió de ese hombre. Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!».

Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea» (Mc 1,21-28).

 

Un modo nuevo de enseñar

 

En el Evangelio de Marcos la misión de Jesús comenzó después de su bautismo y de su prueba en el desierto. Después de convocar a los primeros seguidores, Jesús realiza su primer prodigio. Allí los testigos del exorcismo se maravillan que su «doctrina nueva» tiene autoridad (1,27).

El judaísmo rabínico apoya su enseñanza en una cadena doctrinal sin interrupción que llega hasta el mismo Moisés:

«Moisés recibió la Ley en el Sinaí y la transmitió a Josué. Josué se la transmitió a los antepasados, los antepasados a los profetas, los profetas la transmitieron a los hombres de la Gran Asamblea. Estos decían tres cosas: sed cautos en el juicio, haced muchos discípulos, poned una valla en torno a la Ley» (Mishná, Abot I,1).

Era fundamental que se recurriera a la referencia de los maestros anteriores para poder conservar la transmisión fiel de la Torah Oral de maestro a discípulo:

Yojanam ben Zakkay «nunca dijo nada durante su vida que no hubiera oído decir a su maestro» (Talmud, Sukká 28a).

Pero Jesús no hacía referencia a ninguna tradición recibida ni citaba la autoridad de otro maestro para apoyar sus palabras. Ellas tenían una fuerza propia, al margen de toda tradición interpretativa de la Ley que conectara a los maestros actuales con el mismo Moisés:

  • «Habéis oído que se dijo a los antepasados: …
  • Pues yo os digo…» (Mt 5,21-22.27-28).

Apartándose de la cadena de transmisión de la Ley revelada, daba la impresión de que el mismo Dios hablaba por su boca. Y eso resultaba una pretensión inaceptable (Cf. Jacob Neusner, Un rabino habla con Jesús)

 

Los demonios tienen fe y tiemblan (Sant 2,19)

 

Las preguntas suelen tener un carácter defensivo. Quien pregunta qué tiene que ver con otro no quiere tener nada en común con él, como la viuda de Sarepta al morir su hijo:

La mujer dijo a Elías: «¿Qué tengo que ver yo contigo, hombre de Dios? ¡Has venido a mi casa para recordar mi culpa y hacer morir a mi hijo!» (1 Re 17,18).

Se habla de Jesús de modo semejante a los profetas que obraron milagros:

Una mujer dice de Eliseo: «Me he dado cuenta de que ese que pasa siempre por nuestra casa es un santo hombre de Dios» (2 Re 4,9).

El espíritu advierte que el anunciador del Reino de Dios está comenzando el final del reinado demoníaco:

«Y entonces se manifestará el reinado de Dios sobre toda la creación, y no existirá ya Satanás, y con él desaparecerá la tristeza» (Ascensión de Moisés 10,1).

 

Obrando, demostrar la fe (Sant 2,18)

 

Durante toda la primera parte del Evangelio, Marcos va presentando a Jesús como un hombre semejante a cualquier otro, pero que hace cosas extraordinarias que crean interrogantes en la multitud. Sin embargo, Jesús no responde a estos interrogantes, sino que mantiene un constante silencio.

Los que presencian los milagros y enseñanzas de Jesús, al principio se entusiasman. Pero poco a poco van perdiendo su interés por él. Los discípulos también participan en cierto modo de este clima de incredulidad.

Para destacar la misteriosa identidad de Jesús y la poca disponibilidad de las personas (discípulos incluidos) para comprenderlo, Marcos recurre a lo que los estudiosos han llamado el SECRETO MESIÁNICO, que está presente a lo largo de todo el Evangelio. Solamente revela el misterio de su persona en dos momentos culminantes:

  • En la TRANSFIGURACIÓN: «Este es mi Hijo amado, ¡escúchenlo!» (Mc 9,7).
  • En la PASION: «Jesús, lanzando un fuerte grito, expiró. El centurión que estaba frene a El, al ver que había expirado de esa manera dijo: «verdaderamente este hombre era Hijo de Dios» (15,37.39).

El lector es invitado a responder a cada una de las preguntas que suscita el poder de Jesús. Pero para eso debe seguirlo hasta la cruz. Sólo entonces, cuando ya no se aprecie ninguna obra prodigiosa, el verdadero creyente podrá confesar, como el centurión, que Jesús es el Hijo de Dios.

Más importante que la fácil repetición de una tradicional formula dogmática es la capacidad para seguir los pasos de Jesús y vivir hasta el final su fidelidad de Hijo tal como él lo hizo.

Todos pasamos por momentos Difíciles…

Hay momentos en nuestra vida en los que creemos que todo está perdido, nos duele el corazón, nos sentimos perdidos, sentimos que no valemos nada y que nadie puede ayudarnos, son experiencias en la que nuestra finitud se hace presente demasiado fuerte. Son momentos tristes y, normalmente, tenemos que enfrentarlos solos…

Hay momentos en nuestra vida en los que creemos que todo está perdido, nos duele el corazón, nos sentimos perdidos, sentimos que no valemos nada y que nadie puede ayudarnos, son experiencias en la que nuestra finitud se hace presente demasiado fuerte. Son momentos tristes y, normalmente, tenemos que enfrentarlos solos, pues como dice el poeta: “en momentos de mayor dificultad o de frustración la gran mayoría de los que están a nuestro alrededor se alejan y nos dejan solos”. Recuerdo aquí que el Jesús de Marcos lo sintió en la cruz: “Entonces todos sus discípulos lo abandonaron y huyeron” (Marcos 14,50) y también se sintió así de su Padre Dios al que le obedeció en todo: “Padre porque me has abandonado” (Marcos 16,34). El también vivió esos momentos terribles y devastadores que nos invitan a no seguir adelante.

Todos pasamos por esas situaciones y también, todos experimentamos la tentación de tirar todo a la basura y de decir ya no vale la pena seguir adelante. Son instantes de la vida en los que uno se pregunta para qué nació o para qué estar vivo; ideas de muerte pasan por nuestras mentes y se nos presentan como una oportunidad. Es obvio que la solución no es tirar todo a la basura y dejarse morir, eso no es solucionar un problema sino generar uno que no sabemos de qué dimensión es. Son los momentos en los que hay que animarse, fortalecerse, motivarse y estar dispuesto a que todo sea mejor. Hay que hacer algo, tenemos que seguir batallando.

He tenido muchos momentos de esos. Tengo que darle gracias a Dios que he podido salir delante de cada uno de ellos. Muchas veces las derrotas, las soledades, las frustraciones, etc., me han puesto en situaciones límites que me han producido angustias, depresiones y tristezas. Seguro que mi experiencia de Dios y los valores en los que he sido formado han sido fundamentales para salir adelante. Les comparto unas reflexiones al respecto, por lo menos es lo que hago cuando estoy en esas situaciones.

1. Hay que asumir la derrota, la frustración, el error, el resultado negativo. Esto es, hay que aceptar que estamos viviendo un momento duro y difícil. Negarlo es una manera de darle más poder para que nos acabe. Eso forma parte de la vida. Si hay que sufrirlo tendrás que hacerlo. Usar el mecanismo de defensa de la racionalización da algo de paz, pero no quita el problema; por ello, lo mejor es enfrentar la realidad tal cual es y vivir el momento con la total pasión. Embriagarse, drogarse y huir de la situación no es una buena solución, ya que no soluciona nada y sí nos aleja de la preparación necesaria para enfrentar la realidad.

2. Hay que tener claro que siempre hay una oportunidad y hay que aferrarse a ella trabajando duro por alcanzarla. Es muy seguro que en medio de la dificultad no se vea ninguna luz pero siempre la hay y la tenemos que alcanzar. Es decir, asumo mi dolor y mi tristeza, sé que todo está mal, pero estoy seguro de que se puede salir adelante. Esa es la mejor auto-motivación. Es como cuando mi sobrino está haciendo un rompecabezas y ante una pieza que no podemos ubicar siempre me dice, ¡tranquilo, tio, siempre cabe en algún lugar! Te juro que aunque no lo creamos siempre hay una solución.

3. Hay que seguir luchando. La única manera de alcanzar la salida es caminar hacia ella. Cuando peor nos sentimos es cuando más tenemos que trabajar y luchar con más fuerza. Nadie sale de un mal momento sentado y esperando que pase hay que estar en actitud de lucha y tratar de motivarnos en cada momento para encontrar la mejor salida.

4. Hay que mantenerse firme en los valores fundamentales que rigen la vida. Muchas veces esos son los momentos más tentadores para traicionar los valores y salir corriendo a vivir los que se muestran como una inmediata solución. Es el momento de ser fuertes y coherentes con lo que hemos pensado y hemos elegido como fuerzas que coordine nuestra vida.

5. Hay que aferrarse a Dios. Al Dios del amor. Sin fanatismos, sin rezos exagerados sin cultos con lógica comercial –de oro y me das aquello-. Tratando de encontrarlo como el que más nos ama y siempre quiere para nosotros lo mejor. Seguro que con el salimos adelante (Isaías 43,1-7)

Lo importante es entender y comprender que se puede salir adelante, que no todo está perdido y que siempre somos capaces de reír en el futuro de lo que en el presente nos ha hecho llorar.

SI ESTÁS ENAMORADO ¡NO TE CASES!

El enamoramiento es un estado gratificante, pleno, pasajero y de una total idealización de la otra persona. Por eso, no puede ser el estado ideal para tomar una decisión tan importante como la de casarse. Quien está enamorado no conoce realmente a la otra persona, sino que la ha idealizado como aquella que realiza todas sus expectativas. No hay capacidad crítica, no se tiene conciencia de los errores y se cree que ella es la perfección bajada del cielo. Quien está enamorado corre el riesgo de vivir un estado psicótico de pérdida de sentido de la realidad. Por eso no puede casarse en ese estado, sino que tiene que esperar conocer realmente y aceptar la realidad de su pareja.

El amor es una decisión. Es la preferencia de compartir mi vida con alguien real, con errores y virtudes, con quien me agrada estar y con quien siento que me complemento. El amor es realidad, sé quién es la otra persona y decido estar con ella en medio de todas las circunstancias de la vida. Sé que no ha sido creado para mí y que tiene su propia autonomía, que tengo que aceptar y valorar. La amo con sus defectos, la amo desde sus valores y quiero estar con ella para siempre. Creo que un sacramento tan importante como el matrimonio necesita esta realidad del amor para poder darse.

Cuando no ves errores en tu pareja es porque no la conoces y estás enamorado. Cuando sabes qué la caracteriza y tienes claro sus errores, pero aún así quieres estar con ella es porque la amas.

El amor es una decisión que debe sostenerse a diario con nuevas decisiones. Es una experiencia que exige buena comunicación, buena capacidad de resolución de conflictos, soñar juntos, sacrificarse por el otro y dar lo mejor de sí para que el otro sea feliz. Es buscar ser uno sin dejar de ser dos.

El enamoramiento es la fase inicial del amor, pero no es el amor. El enamorado tiene que trascender hasta amar y así sí vivir una relación plena. Cuando las mariposas se han muerto en el estómago, pero aún se quiere estar al lado de esa persona, es porque el enamoramiento ha dado paso al amor.

Esa es la condición para el matrimonio. Quienes se aman así tendrán muchas menos posibilidades de separarse y de fracasar en su relación que aquellos que sin conocerse, enajenados por las emociones, han decidido casarse. El sacramento exige como condición de posibilidad el amor. Un amor real que va más allá de los emocionalismos y está encarnado en la realidad.

Creo que el Espíritu Santo es una gran ayuda para vivir el sacramento del matrimonio. Creo que el amor de Dios que llena los corazones puede generar las actitudes que se requieren para vivir amándose y felices el resto de la vida. Propiciar una experiencia espiritual en la que el Espíritu Santo los mueva a dar lo mejor de sí es fundamental para vivir este sacramento que pide eternidad. Por eso los invito a estar este lunes 9 de mayo, en el Estadio Metropolitano, a partir de la una de la tarde, en la fiesta de Pentecostés. Estoy seguro que eso los animará en su experiencia de creyentes y en su experiencia de pareja.

San Esteban Protomartir

Los que, siguiendo a Jesús, han comenzado a transformar su vida, son enviados a los que aún no han escuchado el llamado a acoger la presencia del Reino. Encontrarán seguramente mucha resistencia porque aquellos no siempre estarán dispuestos a cambiar su vida. El discurso apostólico evoca una máxima sapiencial:

«¿Qué tienen de común el lobo y el cordero? Así pasa con el pecador y el hombre bueno» (Eclo 13,17).

Y los seguidores de Jesús deben recordar también el anuncio del profeta:

«El hijo denigra al padre, la hija se alza contra su madre, la nuera contra su suegra, y cada uno tiene como enemigos a los de su casa» (Miq 7,6).

De hecho, unos pocos años antes que se escribiera el Evangelio de Mateo, todo eso se había visto con lamentable frecuencia durante la guerra que terminó con la destrucción de Jerusalén:

«Entre los que incitaban a la guerra y los que reclamaban la paz, se produjo un duro enfrentamiento. La pelea arreció primero en las familias, entre personas que habían vivido en armonía; luego los mejores amigos se lanzaron unos contra otros» (Josefo, Guerra IV,132).

La tradición posterior interpretaría el momento de la llegada de la redención como un tiempo de enfrentamiento aún entre las personas más cercanas, según las palabras de Miqueas 7,6:

«En esa situación, ¿en quién se puede confiar? Solamente en nuestro Padre del Cielo» (Talmud Sanhedrín 97).

Por la misma época ya era conocido el desenlace de las vidas de los apóstoles. Se sabía que el TESTIMONIO (martyrion) tenía un costo alto. Pero los apóstoles deben confiar en la asistencia de Dios, que no dejó solos a enviados tan inseguros como Moisés y Jeremías:

«YHWH respondió a Moisés: «¿Quién dio al hombre una boca? ¿Y quién hace al hombre mudo o sordo, capaz de ver o ciego? ¿No soy yo, el Señor? Ahora ve: yo te asistiré siempre que hables y te indicaré lo que debes decir» (Ex 4,11-12).

Jeremías dijo: «¡Ah, Señor! Mira que no sé hablar, porque soy demasiado joven».

YHWH le dijo: «No digas: «Soy demasiado joven», porque tú irás adonde yo te envíe y dirás todo lo que yo te ordene. No temas delante de ellos, porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor -»

YHWH extendió su mano, tocó mi boca y me dijo: «Yo pongo mis palabras en tu boca» (Jer 1,6-9).

Lc 1,57-66. «¿QUÉ SERÁ ESTE NIÑO?»

«Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella.

Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar Juan».

Le decían: «No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre». Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase.

El pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos quedaron admirados.

Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: «Pues ¿qué será este niño?» Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él» (Lc 1,57-66).

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En la época de Jesús el antiguo profetismo se había extinguido desde hacía tiempo en Israel. En el lugar de la palabra viva de algún profeta el pueblo alimentaba su esperanza con los libros de los grandes profetas del pasado.

Se fue haciendo cada vez más común la convicción de que desde la desaparición de los últimos profetas (Ageo, Zacarías y Malaquías), los cielos se habían cerrado y el Espíritu se había extinguido.

Esto quería decir que había quedado interrumpida la comunicación entre Dios y su pueblo y que no bajaba ya el Espíritu para inspirar a los profetas. Una tradición del martirio de Zacarías, que pereció entre el altar y el Santuario (Lc 11,51), señalaba el momento en que habían finalizado las revelaciones:

«Zacarías, de Jerusalén, hijo de Yodaé, sacerdote, fue matado junto al altar, por Joás el rey de Judá; la casa de David derramó su sangre en el centro cerca del vestíbulo. Los sacerdo­tes lo recogieron y lo sepultaron junto a su padre. Desde entonces, hubo en el templo prodigios extra­ños: los sacerdotes no pudieron ya ver en visión a los ángeles de Dios, dar oráculos desde el Santo de los Santos, ni echar suertes para dar respuestas al pueblo tal como se había hecho hasta entonces» (Las vidas de los profetas 21,1-2).

El don de la profecía se presentaba, entonces, cada vez más como un fenómeno que sólo reaparecería al final de los tiempos.

Por eso el relato del Evangelio sobre la visión que tuvo el padre de Juan en el Santuario (Lc 1,11) quiere mostrar que con el nacimiento Bautista reaparecía el antiguo profetismo. Porque no se había dado ninguna visión de los ángeles de Dios desde los días en que el profeta Zacarías había sido martirizado en el Templo.

Jesús responderá a las preguntas que se hacen quienes contemplan las señales que acompañan al nacimiento y a la infancia de Juan. No sólo lo confirma como profeta, sino que lo identifica con el Elías esperado:

«Este es de quien está escrito: «He aquí que envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino». Os digo: Entre los nacidos de mujer no hay ninguno mayor que Juan; sin embargo el más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él» (Lc 7,27-28).

Juan es el precursor del Mesías que da comienzo al Reinado de Dios.

¿Prefiero estar solo y no mal acompañado? o ¿prefiero estar mal acompañado que estar solo?

“Prefiero estar mal acompañado que estar solo”
Hay muchas expresiones de amor, que evidentemente no tienen nada que ver con amor, en el tanto causan dolor y desazón. He venido planteando semana a semana, el fundamento central de cualquier relación humana es el bienestar y la construcción de la felicidad, no hay otro, pero nos cuesta asumir que múltiples expresiones de amor no son sanas, porque le damos cabida a la negación, a la fantasía o a justificar nuestras motivaciones cuando sabemos que éstas desde el inicio estaban mal.

Quise darle la vuelta a este refrán, en lugar de decir prefiero estar solo que mal acompañado, porque tristemente hay muchísimas relaciones estructuradas sobre el aguante, el soporte, la anulación. Lo que desgasta día a día, usted lo sabe, la pregunta es ¿Por qué se lo permite?

No importa el dolo, lo mal que la esté pasando hay personas que se dicen a sí mismas “ya estoy en esto, no lo voy a dejar así”, entonces construimos relaciones que no funcionan, simplemente porque están impregnadas de un enorme conjunto de malos hábitos, que lo único que hacen es joder la vida, fastidiar el proceso de relación en pareja, pero no hacemos nada por cambiarlos.

¿Esta seguro de que amar es sufrir?
¿De verdad vos crees que amar es aguantar?
¿Se te ha ocurrido que puede haber otras formas de amar?

El propósito
El propósito de una relación es la felicidad, es el eje que no se puede perder, es el norte que nos debe guiar, es la vela que se debe izar. Si esto se deja de lado nada tiene sentido. No cabe estar en una relación por miedo a la soledad, no cabe estar mal, por miedo a no tener a alguien al lado.

Cuando usted en una relación de pareja, opta por tener hábitos poco constructivos, ¿Hacia dónde va? Entonces, ¿Qué espera?, ¿Qué sentido tiene esto en su vida? Usted está en una relación de pareja, lo hace bien, o no tiene sentido.

Si usted decide actuar con indiferencia, con ella construye frialdad. Si decide caminar en su relación con intransigencia, ¿Qué construye? Si avanza en el tiempo al lado de su pareja cargado de orgullo y resentimiento, todo esto a flor de piel ¿Qué espera?, ¿Qué sentido tiene esto en su vida? Nada de esto crea empatía.

Sí usted propone estupideces, si se vive en medio de discusiones, nada se resuelve. Si usted asume actitudes inmaduras ¿Cómo espera un diálogo justo?. Si usted es de los que pega gritos, hace caras, pasa cargando su relación de celos, inseguridades, usted sabe que no actúa bien. ¿Qué espera? ¿Qué sentido tiene esto en su vida?

¿Esta seguro(a)?
Entonces si este es el cóctel, la fórmula que usted ofrece a la relación, que aburrida, fea y disfuncional es su propuesta. ¿Por qué quedarse al lado de alguien que huele a complicación, tensión? Resulta casi irracional decir, “prefiero esto a la soledad” ¿Esta seguro(a)?

Que esto es mejor que la soledad, vea la realidad, hay ira, resentimiento, impaciencia, impulsividad, no se ha preguntado ¿Por qué su pareja sigue a su lado? Quizá, dentro de muchas otras variables, tenga que ver con el hecho de que él o ella prefiere estar mal acompañado que estar solo, esto solo es un reflejo de la mala integración emocional que tiene una persona, esto es admisible en el amor.

Este es un acto de conciencia para usted, para mi, para todos. Si estar bajo una propuesta es mala se abraza como un estilo de vida, hay dos personas que requieren sanar sus emociones.

Todos y todas sabemos reconocer el lenguaje frío, las expresiones indiferentes, sabemos cuando causamos tristezas profundas a nuestra pareja ¿Seguir igual, es una opción? ¿Le parece que debe estar ahí al lado de una propuesta tan carente y vacía?

Esto solo se explica por motivaciones que no tiene que ver con el amor, quizá tenga mucho que ver con el pseudoamor, que se alimenta de muchas presiones emocionales, sociales, religiosas, económicas, de carencias emocionales, que nos mantiene atados a una persona cuya propuesta es deplorable.

Si usted esta en una relación de pareja
Si usted esta en una relación de pareja, así, porque en lugar de sufrir, no hacen ambos un trabajo interno muy fuerte, consciente, maduro para asumir lo que hay que arreglar por dentro para proponer y llevar a la despensa emocional de esa vida de pareja una relación diferente, que sea gratificante, realizante, en definitiva que le haga a usted y a su pareja felices.

Los amores son sanos o no sirve.

Es acá donde quiero proponerle varias cosas importantes:

Primero no busque la perfección de su pareja ni usted, ni yo, ni la otra persona somos perfectos, no podemos buscar perfección, pero esto no significa que no podamos aprender formas sanas de estar en una relación.

¿Pregúntese por qué reacciona tan mal ante los problemas de la vida de pareja?
Recuerde aquel momento, aquel día ,aquel lugar, en el que usted dijo, a “te voy amar siempre”, quiero que recuerde ese momento en el que usted le dijo “pasemos la vida juntos” ¿Qué pasó? ¿Qué sucedió? ¿En qué momento su despensa emocional se lleno de productos vencidos que huelen y saben tan mal?

Recuerde que usted hizo una promesa, ambos hicieron una promesa, porque no mantener esa promesa activa, bajo esquema de conciliación muy positivo y sano, en el que palabras como: perdón, lo siento, te escucho, tienes la razón, te explico, necesito tu apoyo, por favor, me comprometo, y mil frases, que bien usadas podrían cambiar el norte, rumbo, el curso de su relación.
¿Dónde quedó aquella persona detallista? Que con tiempo o sin él, con dinero o sin él, marcaba la diferencia en el día a día ¿Dónde quedo?¿Qué sucedió?
Dense cuenta, usted y su pareja perdieron esto, si lo que han hecho es cargarse problemas, que los llevan a explotar una y otra vez ¿Cuándo va hacer resolver? Dar el brazo a torcer para dejar de lado el orgullo y abrirse al bienestar, puede ser profundamente liberador.
No podemos pensar y dar por sentado que el amor se puede mantener activo solo, el amor solo se mantiene activo en una relación de pareja sin hacer las cosas bien. ¿Realmente no sabía esto?

Les propongo este decálogo, quise llamarlo la La declaración del auto-respeto en el amor”
Te amo, porque no me duele.
Te amo, porque disfruto.
Te amo, porque nos hace bien.
Te amo, porque siento paz.
Te amo, porque siento confianza.
Te amo, porque no hay angustia.
Te amo, porque tu molestia no me maltrata.
Te amo, porque ambos nos comprometemos igual.
Te amo, porque vamos en la misma dirección.
Te amo, porque las cosas son claras, cero confusión

Dichosa tú por haber Creído

«En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».

María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!

Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.

Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.

Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.

Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.

Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre».

María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa» (Lc 1,39-56).



Cuando Isabel recibe el saludo de María, el movimiento de su hijo, Juan el Bautista, es un salto de alegría, un estremecimiento de felicidad (cf. Lc 6,23), mientras que su madre es colmada por el Espíritu Santo y se hace profetisa. La primera voz humana en profetizar en el Nuevo Testamento es una voz de mujer, al igual que las mujeres serán las primeras mensajeras de la resurrección.

La visitación es la escena del contagio del gozo y del don del Espíritu Santo. Apenas ha recibido el mensaje del ángel, María se apresura a visitar a su pariente y vivir con ella una efusión inaugural del Espíritu profético. Su marcha es también una respuesta de su fe a la gracia.

La palabra profética de Isabel es en primer lugar una bendición. Entre todas las mujeres, María es objeto de una bendición especial, la que hace de ella la Madre del Mesías, el Bendito por excelencia. Isabel hace también un acto de fe, porque ve ya en la madre de Jesús la madre de su Señor. Parece reconocer en ella una presencia divina que está portando. Sus palabras recuerdan las de David al recibir el Arca de la Alianza en su casa:

«¿Cómo va a entrar en mi casa el Arca del Señor?» (2 Sam 6,9).

Isabel pronuncia después la primera bienaventuranza, la de la fe: María es bienaventurada porque ha creído que iba a ser la madre del Mesías. Así lo confirmará Jesús durante su ministerio. María no es proclamada feliz por haber llevado a Jesús en su seno o por haberlo amamantado, sino más bien por «escuchar la Palabra de Dios y practicarla» (Lc 11,28).

María, por su parte, proclama en un cántico su lugar en la historia: como humilde sierva del Señor, el Todopoderoso ha hecho grandes cosas en ella. Por eso ella proclama que todas las generaciones la llamarán bienaventurada, por haber creído en las promesas hechas por Dios a su pueblo. Siguiendo la tradición bíblica, proclama que Dios visita a los humildes, los pobres y los hambrientos, para llevar a cumplimiento, en ellos y por medio de ellos, las promesas de los profetas.

Allí se fundamenta la alabanza a Dios que la Iglesia de todos los tiempos ha invitado a cantar cada tarde por el don recibido por María. Ésa es también la razón por la cual tantas personas han buscado en ella consuelo, reconociendo en ella un rostro de maternal ternura y compasión.

MARIA: La que ha Creído

«En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Angel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».

María dijo al Angel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?».

El Angel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios».

María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». Y el Angel se alejó» (Lc 1,26-38).

Actualizando los textos del pasado

Los relatos de la infancia son textos que surgieron en una fase muy desarrollada de la tradición evangélica. Están ausentes en Marcos y en Juan, que presenta en su lugar un Prólogo sobre la Palabra hecha carne (1,1-18).

En Mateo y en Lucas los relatos del nacimiento desempeñarían las funciones de prólogo, para definir desde el comienzo la identidad de Jesús como Hijo de Dios.

Hay diferencias notables entre los relatos de la infancia de Mateo y los de Lucas. Los relatos de Mateo no dicen nada de Juan Bautista, ni de la venida de los pastores a Belén, de la presentación de Jesús en el Templo o de su visita a Jerusalén a los doce años.

Además, en Mateo José recibe la comunicación celestial sobre la concepción virginal de María, mientras que en Lucas es María la que recibe el anuncio.

Estos relatos responden más a una motivación TEOLÓGICA que a un interés documental. Se estaría utilizando en ellos un recurso semejante al que encontramos en la literatura judía, llamado MIDRASH, a través del cual se intenta hacer comprensible un texto bíblico del pasado, teniendo en cuenta las circunstancias presentes de los lectores.

El Precursor y el Esperado

Los relatos de la infancia de Lucas están estructurados principalmente mediante el paralelismo entre Juan y Jesús, para destacar la superioridad de aquel a quien el Bautista precedió:

JUAN JESUS
Nace prodigiosamente de padres ancianos (y madre estéril) Nace más prodigiosamente aún de una JOVEN madre virgen, sin intervención de varón.
El Angel le dijo: «No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan. El será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento, porque será grande a los ojos del Señor». (Lc 1,13-15) El Angel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin» (Lc 1,30-33).
[Cuando se circuncidó a Juan] Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios. Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea (Lc 1,64-65). [Cuando nació Jesús] apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él» (Lc 2,13-14).
Síntesis de las ANTIGUAS promesas Inicio del mundo NUEVO esperado

El ángel Gabriel fue enviado por Dios

Lucas sigue un patrón pre-establecido en los relatos bíblicos de Anunciación, que destacan antes del nacimiento la misión que desempeñarán los elegidos de Dios:

  • ISMAEL: Gn 16,7-12
  • ISAAC: Gn 17-18
  • SANSON: Jue 13,3-20
  1. Situación de los personajes, señalando al mismo tiempo una dificultad (esterilidad de Isabel, virginidad de María).
  2. Aparición del ángel del Señor.
  3. Miedo-asombro producido por la aparición y que generalmente se expresa con la fórmula “no temas” (Lc 1,13 y 30).
  4. Anuncio de la llegada, mención del nombre y de la misión, que muchas veces empieza con la expresión técnica “He aquí “(Lc 1,20.31).
  5. Pregunta que plantea la dificultad (Lc 1,18.34).
  6. El mensajero da una señal que apoya y garantiza la anunciación (Lc 1,19-20 y 35-36).
  7. ejecución del signo y realización del anuncio.

La identidad mesiánica de Jesús

El núcleo de la Anunciación está en la declaración de la identidad de Jesús, Mesías prometido por Dios a la casa real de David.

El anuncio del Ángel guarda correspondencia con la profecía de Natán, que promete la asistencia divina y relaciones paterno-filiales para los reyes descendientes de David:

2 Sam 7,9-16 Lc 1,32-33
«voy a hacerte un nombre grande…yo afianzaré para siempre su trono real…Seré un Padre para él, y él será para mí un hijo…

Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y su trono será estable para siempre»

«él será grande y será llamado Hijo del AltísimoEl Señor Dios le dará el trono de David, su padre,  reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».

Con el final de la monarquía se comenzó a esperar el cumplimiento de esa promesa en un rey ideal que Dios suscitaría en el tiempo de la redención definitiva.

El Espíritu Santo vivificador

A diferencia de los otros anuncios de nacimientos prodigiosos en la Biblia, el de Jesús tiene su propia peculiaridad: no interviene ningún ser humano como padre.

El anuncio no es fácil y María intenta comprender. Su pregunta hace repetir el mensaje del ángel. En un nuevo, y solemne anuncio, Gabriel revela que este niño será el Hijo de Dios.

El Espíritu Santo ejercerá en María su papel creador y vivificante, el que tenía desde el origen del mundo (Gn 1,2).

También es un eco de la proclamación pascual de los primeros misioneros cristianos:

«Jesucristo Señor nuestro
nacido del linaje de Davids según la carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad
por su resurrección de entre los muertos» (Rom 1,3-4)

La esclava del Señor

Habiendo creído en la palabra del ángel que la concernía, María puede creerlo también cuando éste le anuncia todo lo que Dios ha realizado en su prima. La alusión a Isabel muestra que nada es imposible para Dios. Es suficiente creer en la promesa para que Dios suscite la vida.

María es bienaventurada porque ha creído que iba a ser la madre del Mesías. Así lo confirmará Jesús durante su ministerio. María no es proclamada feliz por haber llevado a Jesús en su seno o por haberlo amamantado, sino más bien por «escuchar la Palabra de Dios y practicarla»  (Lc 11,28).

Al llamarse la esclava del Señor, María que no es tal por status social, expresa su disponibilidad al Señor, de modo libre y responsable. Se pone al servicio del que tomará la condición de Siervo (Fil 2,7).

Demos gracias al Señor por el ejemplo de María. Pidamos que nuestra existencia se configure, como la suya, en el amor gratuito de Dios y en la aceptación de sus planes y proyectos.

Acojamos la gracia de Dios sobre nuestra vida. Alegrémonos con María. Que la experiencia de la gracia nos lleve al compromiso para hacer presente en el mundo el proyecto de Dios.

Y Sobreabundó la Gracia: Inmaculada Concepción

«En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Angel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».

María dijo al Angel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?».

El Angel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios».

María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». Y el Angel se alejó» (Lc 1,26-38).

Un estado de fragilidad moral caracteriza a la condición humana. Se manifiesta como una tendencia que nos empuja a comportarnos de un modo egoísta; con una ambición desmedida que no nos deja ver nuestros propios límites ni las necesidades de otras personas; que nos hace caer fácilmente en el desprecio de nuestros semejantes, y a sentirnos tan superiores a ellos, que nos envuelve en la fantasía de ser omnipotentes; es decir, de ser como Dios mismo… Es la realidad que la teología llama pecado presente desde los orígenes.

Esta realidad que nos afecta a todos se verifica en el hecho de que cueste mucho cultivar las virtudes y que realizar actos buenos nos reclame tanto esfuerzo. Y que por el contrario, no se necesite ninguna dedicación para llenarse de vicios. Simplemente hay que dejarse estar. Y cuando se generaliza la falta de esfuerzo para hacer el bien la situación resultante es la que el libro del Génesis refiere cuando dice que la tierra se llenó de violencias (Gn 6,11). La misma situación que los medios informativos nos describen todos los días.

El pecado tiene siempre un verdadero carácter estructural, que se consolida con el obrar de cada persona. No deberíamos minimizar la pequeña maldad o egoísmo que se da en cada acto personal, simplemente porque medimos que no llega a ser un pecado mortal para nosotros. Sigue siendo nocivo para todos, en la medida en que contribuye, aunque imperceptiblemente, al afianzamiento del “pecado del mundo”, a la extensión de esa corrupción de la que a veces tanto se habla, que no es un mal reciente, sino tan antiguo como el hombre.

Pero el apóstol Pablo extiende ante la situación sombría de la humanidad un horizonte de esperanza. El bien también se propaga. Su influencia es eficaz, aunque no tan llamativa como la del mal. Y la respuesta generosa al don de Dios puede revertir el distanciamiento de la humanidad respecto a la voluntad divina:

“no sucede con el don como con las consecuencias del pecado de uno solo; porque la sentencia, partiendo de uno solo, lleva a la condenación, mas la obra de la gracia, partiendo de muchos delitos, se resuelve en justificación” (Rom 5,16).

La gracia que Dios nos otorga permite revertir la triste historia de injusticia y violencia de la humanidad. Reflexionar en la obra de nuestra Redención tendría que llevarnos a valorar el alcance que pueden tener nuestras buenas acciones. ¿Qué pueden lograr mis modestos actos? ¿Voy a cambiar yo a la humanidad? Así como innumerables malas acciones contribuyen a la consolidación del pecado del mundo, así también cada pequeña buena obra, vivificada por la inspiración y el poder divino, en virtud de una misteriosa solidaridad, hace crecer el Reino de justicia y de paz, iniciado por Dios en nuestro mundo. Jesús lo ha realizado en su vida y en su muerte, y ha abierto para todos nosotros un camino de retorno a Dios.

Esta solidaridad hoy la celebramos en María, la madre de Jesús, aquella de quien el Evangelio afirma que halló gracia delante de Dios (Lc 1,30). Ella nos recuerda que el Poderoso hace maravillas (1,49) y que «toda palabra que viene de Dios nunca deja de ser eficaz» (1,37). En María, la que ha sido «agraciada» por Dios (1,28) nos volvemos a encontrar con la presencia del Dios que no abandonó a los hombres al poder del pecado, sino que tiende siempre su mano a aquellos que con fe abren su corazón, para que se haga la voluntad del que nos ha llamado a la vida y a la felicidad.

Como ella queremos decir un “sí” total a la Palabra que Dios nos dirige. La celebración de hoy nos muestra la primacía de la gracia sobre cualquier iniciativa humana si queremos que se hagan realidad los cielos nuevos y la tierra nueva, que tenemos prometidos, donde habitará la justicia (2 Pe 3,13). Que María nos ayude con su intercesión.

La muerte física… parte del ciclo humano

Por Marialexandra Gutierrez.— Hay situaciones, momentos y cosas en la vida que son para todos que no excluyen al contrario incluyen, que no importa la clase social, cultura, raza, ideologías, religión… Es para todos, que ni con todo el oro del mundo puedes evitar que pase… La Muerte (terrena)

Si no eres tú, es tu familia, o un amigo, o un conocido… ¨Todo es posible en la vida menos vencer la muerte¨. ¿te da miedo la muerte? ¿Te da miedo morir? … la muerte es parte de la vida… parte del ciclo humano. Si me hicieran esas preguntas diría: no se si decir que es miedo creo que sería doloroso. – ¿me da miedo morir? No, mi muerte no me da miedo, pero sí de las personas que amo…

Quien no ha estado en un velorio acompañando a una familia por la partida de alguien o quizás a ti te han acompañado… y se escucha siempre…Pero estaba bien, era tan joven, estaba sano, o porque él hay gente mala y justo el que es tan bueno… La muerte no conoce de bondad o de maldad, ni de salud o enfermedad, ni de tristeza o alegría, ni de buena vida o mala… la muerte simplemente aparece y ya! Sin duda alguna a veces buscamos aliviar o mitigar el dolor con razones que muy bien pueden ser validas (hablando de cómo era la persona) pero que no responden nada a la muerte.

…Tienes que prepararte -cuando un familiar está enfermo- pues en cualquier momento fallece. Yo creo que nadie se puede preparar…Sabes que pasara pronto, pero no prepararte para asumirla sin dolor, si llanto… La muerte parece ser algo malo, siempre la identificamos con maldad. La muerte no es mala al contrario…recuerdo un pasaje de la escenificación del tránsito (el paso a la vida eterna) de San Francisco de asís.- La muerte le decía a Francisco: diles que no soy mala que soy quien los lleva al padre – desde ese entonces me di cuenta que no es mala al contrario es buena. Nosotros los cristianos creemos en la vida eterna, a la que Jesús nos llama – ya decía San pablo: Si Cristo no hubiera resucitado vana seria nuestra fe – La muerte no es perdida es ganancia, es muerte terrenal pero que da pasó a la vida eterna, en donde podremos contemplar la grandeza de Dios en plenitud.

La muerte no debe causarnos miedo, porque confiamos en la promesa que hace Jesús a todos los que cumplen la voluntad del padre. Sin duda alguna causara dolor y será inevitable e incluso será necesario… a veces el dolor se vuelve más grande y parece incontrolable cuando no hemos compartido bien nuestra vida con aquel o aquella que ya no está físicamente, cuando nos arrepentimos de no haber hecho esto o aquello , de no haber estado en sus malos y buenos momentos, por eso sin duda alguna lo mejor que podemos hacer en esta vida es compartir con nuestros seres queridos nuestra propia vida, es darles tiempo no del que sobra si no del que vale la pena, decirles que los amamos ,con palabras gestos y sobre todo con la propia vida … ¨solo Dios sabe que pasara mañana ….

Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal, de la que ningún hombre vivo puede escapar. ¡Ay de los que morirán en pecado mortal! ¡Dichosos los que encontrará en tu santísima voluntad, pues la muerte segunda no le hará mal.
San Francisco de Asis.